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Reflexión sobre el Alarde de Hondarribia (Gipuzkoa) Participa

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Mariví Eizaguirre

Celebración del alarde de Hondarribia con motivo de la celebración de sus fiestas patronales | Fuenterrabía (Guipúzcoa), 1927 | Pascual Marín | Licencia Wikimedia Commons

Historia breve del Alarde. Se celebra cada 8 de septiembre un cumplimiento del Voto a la Virgen de Guadalupe, por su apoyo en la liberación de las tropas francesas en 1.638, con una procesión cívico-religiosa, escoltada por Paisanos Armados y que popularmente es conocida como El Alarde.

En 1993 (hace ya 25 años) un grupo de mujeres se organizó porqué querían desfilar en la fiesta, el Alarde Anual, tradicionalmente representado por hombres. Solicitaban la participación activa en su fiesta en el papel que les apeteciera, sea de cantinera, tambor, flauta o con las armas de soldado, no exclusivamente como cantineras, papel que representa la femineidad tradicional dentro de la fiesta, sino hacerlo en el papel que desearan.

Desde entonces los y las defensoras del alarde tradicional argumentan la pureza de la fiesta, perpetuar la cultura y las tradiciones, pero esta fiesta al igual que muchas, que no vamos a analizar aquí, sólo mantiene el modelo de masculinidad hegemónica, así como el sistema patriarcal, que poco a poco deberíamos todos y todas desear que desapareciera.

La mayoría de la población recibe a la compañía mixta Jaizkibel mostrando su rechazo, insultándolas a su paso, usando silbatos, cubiertas con plásticos negros o dándoles la espalda, para intentar invisibilizar el desfile mixto y paritario, año tras año durante 25 años. Son bombardeadas con un discurso antifemenino y ahora además lgtbfóbico, con agresiones verbales e insultos constantes: No sois mujeres, putas, marimachos, bolleras… estas palabras son constantes y a gritos a lo largo del desfile. Resulta muy agresivo, desagradable y entristece.

Este año y muy preocupantemente, sobre todo por encontrarnos en un momento de avances importantes en la igualdad en términos generales, la violencia en Hondarribi ha alcanzado niveles peligrosos para las participantes y muestra una actitud más retrógrada si cabe.  Se percibe  un arriesgadísimo y claro discurso de odio que pretende intimidar, prejuiciar e incitar a la violencia a unas personas contra otras por motivos, en este caso de género o de opinar diferente en el modelo de participación en una fiesta.

Este discurso debe preocuparnos y obligarnos a una reflexión profunda sobre este retroceso, sobre la urgente necesidad de que todas nuestras instituciones deban posicionarse de una vez y que paren, de una vez, este discurso del odio que va en aumento.

Además estas agresiones no se pueden confundir con la libertad de expresión (argumento escuchado repetidamente) porqué si la hubiera, las personas de la compañía Jaizkibel podrían desfilar sin problemas en su fiesta, que también les pertenece.

¿Os imagináis la situación al revés? Que se recibiera al alarde no mixto, con silbatos, plásticos negros, insultos y escoltados, sintiéndose rechazados a su paso?

Para finalizar, ¿para cuándo un referéndum local, aparentemente sencillo y viable, sobre cómo quieren las personas en Hondarribi su propia fiesta?

 

Reflexión sobre el Alarde de Hondarribia (Gipuzkoa)
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