La lucha pendiente del feminismo Participa

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Elena Abel Pascual, Alba Alvarez Pérez, Marina Baquero Zazo, Lara Ramírez Erustes, Celia Reina Fernández, Patricia Sanz Ruiz

AraInfo | Diario Libre d’Aragón |
25N día contra violencias machistas | Licencia Creative Commons | Vía Flickr

La Real Academia Española define el feminismo como el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. Sin embargo, en pleno 2019 este principio no siempre se materializa, como es el caso de la violencia de género o acoso sexual callejero, una de las luchas pendientes del feminismo. Pasado un mes desde las movilizaciones del Día de la Mujer, reflexionamos sobre el punto en el que nos encontramos.

Numerosos colectivos feministas de todo el mundo, ya cansados de tanto tiempo silenciados, han alzado la voz en estos últimos tres años ante datos tan alarmantes como que entre el 40% y 60% de las mujeres declaran haber sufrido acoso verbal e intimidatorio en espacios públicos, datos recogidos en un estudio realizado por Organización de Naciones Unidas Mujeres en el año 2017. Además, en un informe llevado a cabo por Psicothema en 2012, se muestran los resultados de 48 encuestas realizadas por todo el mundo las cuales señalan que entre el 10% y el 69% de las mujeres han sido agredidas físicamente por su pareja en algún momento de sus vidas; esta violencia suele acompañarse de maltrato psíquico y en 1/3 de los casos también de abuso sexual.

Begoña, limpiadora, nos cuenta lo sucedido un día mientras trabajaba. “Yo tenía como unos 18 años cuando estaba trabajando como limpiadora en el Banco Santander, en las antiguas oficinas del Paseo de la Castellana. En una de las plantas que me tocaron ese año había un tipo, uno de los directores, que era literalmente un cerdo. Te preguntarás por qué. Bueno, pues esto se debe a que, de tanto en cuanto, orinaba en la papelera y no había día que no tuviese que limpiar los escupitajos que dejaba en esa basura. Hubo un momento en el que yo le dije que no le limpiaba más la papelera […]. Unas semanas después, tuve que preparar a dos personas nuevas de limpieza que harían mis turnos mientras yo me iba de vacaciones, un chico y una chica. Íbamos haciendo la ruta que yo hacía y entonces al llegar al despacho del susodicho, les expliqué que esa papelera yo no la limpiaba. Entonces en este momento el se debió mosquear y empezó a llamarme de todo, me llamó puta, me llamó cerda, me dijo que yo estaba allí como mujer para limpiar todo lo que él tirase sin rechistar. Terminó amenazándome y diciendo que cuando me encontrase por la calle lamentaría no haberle limpiado la papelera. Le denuncié, pero todo quedó en aguas de borraja”.

Este hecho sucedió en la capital de España, Madrid. Sin embargo, estas situaciones se repiten cada día en distintas partes del mundo y no son casos aislados. En consecuencia, 144 países han aprobado leyes contra la violencia y el acoso, que para la gran parte de la sociedad resultan insuficientes, según ONU Mujeres. Una de las razones es que, durante los últimos tres años ha crecido la conciencia social en este ámbito, y los colectivos que estaban actuando a pequeña escala se han movilizado. Un reflejo de ello es la manifestación del ocho de marzo (8M) en Madrid, en la que se pasó de los 170.000 participantes en 2018 a 350.000 en 2019. Sin embargo, en otros países no se ha conseguido alcanzar estas cifras, como en Italia, Alemania y Bélgica, que tienen participaciones menos significativas con alrededor de 10.000 asistentes.

Uno de los casos en los que podemos ver el limitado impacto del feminismo en la sociedad occidental, a pesar de la creencia popular, es París. Adrián, Gloria y otros tres españoles que residen allí durante su Erasmus y Au Pair, acudieron a la manifestación del día de la mujer. “Cuando llegamos a la Place de la République, había pancartas de distintos partidos políticos, les gilets jaunes, todo muy reivindicativo, pero muy pocas personas. Para ser el doble de población en París que en Madrid, me da la impresión de que no están concienciados, había hasta pancartas en contra del cambio climático. No sé si llegamos a las 300 o 500 personas”, cuenta Adrián.

Por su parte Gloria señala: “No veo que sea un tema que preocupe a nivel social, no se habla apenas sobre feminismo ni sobre los derechos de la mujer en París. La poca lucha que hay no es ni duradera ni resistente. En el 8M solo una cuarta parte eran mujeres francesas. Había colectivos y asociaciones de todo el mundo que son las que se quedaron hasta el final (dos horas de huelga aproximadamente), pero las francesas dejaron de reivindicar y se marcharon al poco de empezar”.

En Ámsterdam, el día de la mujer no hubo ninguna huelga convocada. Fue un grupo de feministas latinoamericanas viviendo en la capital las que decidieron salir a la calle. A ellas se sumaron otras organizaciones de distintos ámbitos, también feministas, pero no llegaron a las 150 personas. Decidieron hacer el paro y la marcha el 8M: un paro por la explotación, por las tareas domésticas que no son remuneradas, etc. Tomaron esta decisión entendiendo que tenía sentido realizar la marcha el mismo día en el que estaba convocado el paro mundial. El gobierno que preside actualmente pone más trabas a las condiciones de la mujer. “Es por esto que la marcha se celebra el sábado y no el viernes, laboral, por las condiciones…”, declaró la portavoz la portavoz del movimiento feminista en Ámsterdam.

Este grupo feminista considera que la visión del 8M no debe ser distorsionada: “para nosotras no es tanto un día de celebración sino de lucha. Nos preocupa que se está convirtiendo en un día de celebración. Como latinoamericanas, nos preocupan los altos grados de violencia que se han generado, que han llevado a una cantidad inmensa de muertes. En Holanda se registran cinco casos de violencia o violación al día”.

Si el feminismo no está consolidado en el norte global, en el sur global nos encontramos un entorno con respecto a este tema mucho más alarmante. Según un estudio cartográfico de Cándida Gago en el año afirma que más de un 20% de mujeres padecen violencia a manos de sus parejas o exparejas, tanto en países de nivel económico elevado, como de desarrollo intermedio o bajo. Este dato queda demostrado gracias al sondeo realizado por Thomson Reuters Foundation a los 193 estados miembros de la ONU, que muestra que los países más peligrosos para la mujer son India, Afganistán y Siria, en cuestión de violencia sexual y acoso, prácticas culturales y tradicionales y tráfico de personas.

En unas vacaciones de verano en la India, Adrián y su madre experimentaron un choque de culturas estremecedor. Cuenta como una madre con su hijo en brazos corría delante de su marido por mitad de una calle llena de gente. Éste le estaba persiguiendo, gritando, mientras alzaba una vara con la intención de agredir: “había un policía al lado y dije, bueno, pues cuando pasen por aquí al lado, el policía les parará. Y cuando se iban acercando hacia nosotros de repente veo que lo que está haciendo el policía es apartar a la gente para que no molesten, pero no intentó pararlo en ningún momento. Entonces el señor siguió y desaparecieron por el fondo. Yo me sentí impotente…”.

Como se menciona anteriormente, países con alto nivel económico como Estados Unidos, uno de los más desarrollados del norte global, también se encuentra en el Top 10 de los países más peligrosos del mundo.

En pleno 2019, una gran parte de la humanidad todavía no tiene interiorizado el feminismo. El reflejo de todos estos actos es el de un mundo que sigue siendo machista y patriarcal, aunque muchas veces se produzca de forma inconsciente. La educación y las diferentes formas de vida del norte global han hecho que el feminismo haya tomado fuerza, lo cual no implica el cese radical de conductas sexistas. El contexto es todavía peor cuando se mira más allá de la cultura occidental.

En los países del sur global ni siquiera se reflexiona sobre el papel de la mujer en la sociedad, relegándolo y dando por sentado que es inferior al hombre.

Amnistía Internacional informa de una serie de países orientales en los que la mujer sigue siendo discriminada en numerosos ámbitos de su vida. Por ejemplo, en Afganistán las mujeres son obligadas a contraer matrimonio cuando son menores de edad y en Arabia Saudí no pueden viajar, tener trabajos remunerados o recibir educación superior sin el permiso de su tutor varón.

Cristina es una chica que vive actualmente en la ciudad italiana de Roma, a las afueras, en un barrio humilde de pisos y tiendas de ultramarinos con los típicos cannolliy suplìs romanos. Cada día se desplaza en autobús a la universidad en la estudia ya que se encuentra a varios kilómetros de donde convive con otras dos estudiantes de Erasmus. Durante el trayecto, Cristina ha sufrido en varias ocasiones situaciones de acoso verbal e intimidatorio por parte de hombres que viajaban junto a ella en el autobús: “me retiré, pero él se volvió a acercar a mí, arrimándome el paquete. Esto me obligó a bajarme dos paradas antes de mi destino. No es la primera vez que me pasa”.

De acuerdo con un estudio realizado por el European Union Agency For Fundamental Rights, Italia es uno de los países donde el 90% de las mujeres piensan que pueden ser víctimas de cualquier tipo de violencia contra ellas de forma frecuente.

Parecida a ésta es la historia de Lourdes, una española que lleva viviendo en París siete meses. La primera experiencia machista que vivió en la ciudad fue apenas pasado un mes de su llegada. Una tarde cogió el metro para ir al centro a reunirse con sus amigos. Lourdes iba escuchando música y un hombre se acercó a ella. “Pensando que él quería ayuda para ubicarse, me quité los cascos y me dijo: ‘Bonsoir belle, tu parles français?’Yo no le respondí, le ignoré y cuando crucé por delante de él para salir del metro, literalmente me eructó en la cara”.

Caminar rápido, con el móvil en la mano y sin mirar atrás se ha convertido en una conducta muy habitual entre las mujeres. Una práctica que, paradójicamente, resulta criticada o exagerada por quienes se empeñan en no ver la realidad. Puede haber quien piense que estos momentos incómodos se quedan ahí, en una anécdota y un mal trago. Sin embargo, según ONU Mujeres, el 70% de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia física y/o sexual a lo largo de su vida.

Otra historia sobrecogedora es la de Lidia, una estudiante de Erasmus en Lyon, Francia. “[…] Terminaré con una de las anécdotas que más me ha marcado, apenas un par de semanas después de llegar a Lyon […] Ingenua de mí, volvía sola a casa a la una de la mañana. Hablaba con mis padres por video llamada. Crucé una calle, y a la vuelta de la esquina, al escucharme hablar español, un grupo de tres jóvenes comenzaron a gritarme “guapa”, “tú no puedes ir sola”, “las españolas tan bonitas tienen que ir acompañadas de hombres como nosotros”. […] Oí que cogían sus bicicletas, y quise pensar “son paranoias tuyas, no te va a pasar nada, no tiene por qué tocarte a ti”. Apenas un minuto después noté que una mano me agarraba el brazo. Traté de zafarme de ella y echar a correr, pero unos metros más adelante era otro de ellos el que me cortaba el paso […] Pensaba que ya no había escapatoria y que el final sería trágico. Solo les pedía que me dejaran ir, que les daría todo el dinero que tenía. Supongo que es entonces cuando la mente se da cuenta de que no hay nada en mi mano, y que lo mejor que puedo hacer es “dejarme hacer” y “que pase rápido” […] Afortunadamente el desenlace de esta historia terminó cuando el segurata de un hotel se dio cuenta de la situación. Le pedí ayuda mientras estos tres monstruos trataban de llevarme en dirección contraria. Salieron corriendo. Pasaron un par de horas hasta que me tranquilicé en el hotel y el amable segurata me acompañó a mi casa. A día de hoy, por desgracia, cuento esto con toda la naturalidad del mundo como algo asumido dentro de una cultura que me es ajena y que me toca aceptar al estar en un país que no es el mío”.

Según Eurostat, Francia es uno de los países con mayor tasa de acoso sexual y violaciones de Europa, alcanzando una cifra de 30 mujeres por cada 1.000 y situándose tan solo por detrás de Suecia y Bélgica.

En pleno siglo XXI la sociedad ya no puede conformarse con una igualdad idealizada, es necesario lograr una igualdad de resultado.

La lucha ha comenzado y no acabará hasta que la utopía de la igualdad entre hombres y mujeres deje de serlo para convertirse en una realidad.

La lucha pendiente del feminismo
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