La marea verde inunda Latinoamérica En red, Reportaje

El Senado argentino rechazó el pasado agosto el proyecto de despenalización del aborto. Pero ese reclamo ha reforzado la lucha feminista atravesando fronteras. Conversamos con feministas de distintos países de Abya Yala sobre el alcance de esta onda expansiva.

Los pañuelos verdes siguen la tradición de las Madres de la Plaza de Mayo

Los pañuelos verdes se han convertido en nuevo icono, siguiendo con la tradición de las Madres de la Plaza de Mayo

El proceso de despenalización de la interrupción del embarazo nunca había llegado “tan lejos” en Argentina. De marzo a junio hubo comisiones en las que cada diputado o diputada presentó “expertos” para argumentar su postura. Una marea verde multitudinaria en Buenos Aires acompañó el primer paso [satisfactorio]: la aprobación en el Congreso. En el segundo paso, la ratificación en el Senado, la ley fue paralizada. Pero las calles estaban desbordadas de gente que dejaron claro que la cámara alta, retrógrada y elitista, no les representaba.

El movimiento se consolida políticamente en un lugar históricamente atravesado por las desigualdades sociales, raciales y de género. Sólo uno de cada cuatro abortos en el continente se practica de forma segura y tiene la tasa más alta del mundo de embarazos no planeados. Casi la mitad de ellos acaban en aborto.

En el resto de América Latina sólo Cuba, Uruguay y la Ciudad de México tienen despenalizado el aborto libre, sin causales. En el resto del continente la Iglesia y élites conservadoras lo entorpecen empujando a las clases más desfavorecidas al aborto clandestino.

Estamos en una cafetería al sur de Buenos Aires y afuera llueve. Los ecos de lo sucedido en Argentina nos reúnen para conversar sobre esa onda expansiva feminista. ¿A qué países ha llegado y de qué forma? Ante la situación de visibilidad global del movimiento nos preguntamos si el aborto es el denominador común del feminismo y si ese feminismo engloba a todas las mujeres. Profesionales de las Ciencias Sociales, investigadoras sobre Estudios de Género, comunicadoras, filosófas e integrantes de colectivos feministas de Costa Rica, Chile, Uruguay, Ecuador y Brasil rodean la mesa. Por mensajería instantánea, Daniela desde Colombia. Y por email, Gabriela desde México.

“Seguimos de cerca y con mucho interés lo que pasa en otros países a partir de lo que se dio acá”, introduce orgullosa Ana Mercado, socióloga argentina de la Universidad de Buenos Aires, feminista e investigadora de las derechas en América Latina.

El movimiento feminista en Argentina comenzó a popularizarse en 2015 con la primera manifestación Ni Una Menos, en contra de la violencia machista. En un país donde la protesta ciudadana está muy generalizada, “el feminismo se ha masificado y se ha conseguido llegar a la opinión pública”.

COSTA RICA

La imagen de la Campaña por el Aborto Legal en Costa Rica es una “guarivulva”: una orquídea que es flor nacional y tiene forma de vulva./ Beatriz Hernández

La imagen de la Campaña por el Aborto Legal en Costa Rica es una “guarivulva”: una orquídea que es flor nacional y tiene forma de vulva./ Beatriz Hernández

Marisa Batalla estudió Comunicación Social en Buenos Aires. Cuando terminó la universidad volvió a casa, Costa Rica, donde comenzó a trabajar como asesora de la diputada Paola Vega. Especializada en feminismo y temas de derechos humanos, con nosotras habla como portavoz de la campaña Aborto Legal Costa Rica.

Para meternos de lleno al escenario costarricense, nos cuenta cómo las elecciones dividieron el país en dos. La decisión estaba entre Fabricio Alvarado, un predicador evangélico y Carlos Alvarado, un candidato joven “de un partido más progresista que él”, aclara para explicar que además de la influencia argentina, él fue uno de los detonantes de la organización del movimiento feminista. Carlos Alvarado, quien fue elegido como presidente en segunda vuelta el pasado abril, dijo que “la regularización del aborto no era un tema prioritario para el Gobierno y que quienes hablan de esto sólo lo hacen para visibilizarse”. Imagínense.

“Las compañeras argentinas nos impulsaron a unirnos”, dice Batalla. La primera gran manifestación fue el 8 de agosto de este año, el mismo día que en Argentina se votaba en senadores la ley para despenalizar el aborto.

COLOMBIA

“Argentina evidencia la importancia de los colectivos feministas para hacer incidencia en lo público. Ellas consiguieron una lucha masiva”, dice Daniela [un nombre ficticio que no revela su identidad] desde Bogotá. Ella participa en el grupo de Estudios de Género de la Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia.

—El día de la votación de la ley en el Senado colectivos feministas colombianos fueron a la embajada Argentina con sus pañuelos verdes y sus cánticos: “América Latina va a ser toda feminista”.

Colectivos feministas en Bogotá./ Óscar Burgos

Colectivos feministas en Bogotá./ Óscar Burgos

CHILE

Al otro lado de los Andes, en Chile, también han llegado los impulsos de la revolución feminista. A partir de la convocatoria en medios de comunicación y redes sociales que consiguió el feminismo en Argentina, el movimiento estudiantil de secundarios y universidades en Chile se organizó para denunciar la violencia de género.

Desde el año 2000, 28 países cambiaron su ley de aborto ―todos menos uno ampliaron las causales que permiten abortos para proteger la salud de la mujer, por razones socioeconómicas o sin restricción en cuanto a razón. El único país que endureció sus leyes prohibiéndolo totalmente fue Nicaragua en 2006.
El gobierno de Bachelet fue uno de los que dio luz verde al aborto terapéutico. Hasta ese momento Chile era uno de los pocos países en los que no se contemplaba el aborto bajo ningún concepto. Las tres causales contempladas por la ley actual para interrumpir el embarazo de forma legal son “una migaja”, concluye Fabiana Rivas, feminista y socióloga de la Universidad de la Frontera, al sur de Chile.

Piñera, el actual presidente de Chile, además, ha facilitado el proceso por el que los médicos pueden presentar su objeción de conciencia. Es decir, un retroceso en la ley porque complica que puedan llevarse a cabo esas causales en la práctica.

—En ningún caso se considera la decisión de la mujer sobre el propio cuerpo: quienes deciden son médicos o jueces. — dice Amanda Sandoval, también feminista y socióloga chilena de la Universidad Católica.

MÉXICO

En Ciudad de México la interrupción legal del embarazo fue legalizada en 2007, sin embargo el aborto inseguro sigue siendo la cuarta causa materna del país y siguen siendo las mexicanas más vulnerables las más criminalizadas por delito de aborto, en ocasiones hasta con penas de prisión.

“El impacto de la campaña argentina fue importantísimo para reposicionar en la agenda de estos nuevos feminismos el apoyar políticamente a una mayoría de mujeres mexicanas que, por vivir lejos de la Ciudad de México o por otras razones como el estigma y la discriminación del personal médico o las instituciones, carecen de acceso real a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE)”, contaba Gabriela Méndez Cota, filósofa de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. Ella identifica como “primavera violeta” esta oleada mundial del feminismo asumiendo un lugar en el espacio público, a la que se han adscrito sobre todo mujeres jóvenes a través de redes sociales.

El acontecimiento argentino y el cambio de administración presidencial en México [con la asunción de López Obrador, que camina en dirección contraria al giro a la derecha de América Latina] han abierto la oportunidad de que la justicia reproductiva recupere visibilidad, y con ella el trabajo del feminismo mexicano de la segunda ola. Especialmente ahora que muchas mexicanas jóvenes se identifican enérgicamente como feministas en respuesta a formas extremas de violencia como los feminicidios.

ECUADOR

“Con el movimiento que se ha dado en Argentina ha habido una replica total en el Ecuador”, nos cuenta Gissela Hurtado, socióloga de la Universidad Central del Ecuador miembro de la Coordinadora Juvenil por la Equidad de Género. “La manifestación del 28 de septiembre fue una marea verde, como la argentina, y se copiaron hasta los cánticos”, interviene emocionada de que esta lucha se esté dando en su país.

Desde el movimiento de Vivas Nos Queremos y Ni una menos, que también llegó desde Argentina, el feminismo comenzó a ocupar una parte de la opinión pública, de las redes sociales y los medios de comunicación. “Pero también — añade— las reacciones en contra han sido muy fuertes, por lo que vemos muy necesario seguir trabajando contra el machismo y el patriarcado”.

En Ecuador se puede abortar en casos de malformación genética o en caso de violación de mujeres con algún tipo de “discapacidad mental”. Antes de la oleada feminista llegada desde Argentina ya existían grupos “clandestinos”—en los que ella participó antes de mudarse a Buenos Aires—que trabajaban en torno a la despenalización total del aborto a partir de pastillas, con información, educación sexual y acompañamiento en la toma de decisión. “Pero la fuerza que llegó desde Argentina reactivó la lucha y nos unió”, comparte con el resto de compañeras entre café y café.

“El aborto viene a ser una consigna de lucha muy grande que termina unificando muchas de las diversidades del movimiento feminista”, con esto Hurtado concluye que el tema crea espacios de mujeres necesarios para hablar de otras áreas del feminismo: violencia, educación…

URUGUAY

—La consigna del aborto logra unir a muchas personas, pero justamente ahí es donde está el desafío del movimiento feminista: no dejar que “el aborto” invisibilice otras luchas — añade Malena Zunino. Ella es socióloga de la Universidad de la República en Uruguay, y está especializada en estudios de género en América Latina.

Las diferencias dentro del movimiento feminista en América Latina, como señala Zunino, son vitales. Por eso, las movilizaciones del aborto podrían ser “un arma de doble filo” en un continente con una población tan heterogénea. Las barreras del racismo, la discriminación y la intoleroncia ideológica también han intoxicado el movimiento feminista. Es un movimiento fragmentado, aunque su tema fundamental es la lucha por la equidad hombre-mujer. El feminismo panamericano, a partir de los años 80 entró en una fase “pluralista” necesaria para incluir a todas las colectividades no-blancas. Por eso las pensadoras Claudette Rojas [de Bolivia] y Marla Arce Pimiento [de México] enfatizaban sobre la necesidad de un “feminismo global”. Su idea era que ante los diferentes tipos de feminismos, había que crear un movimiento inclusivo para mujeres de diferentes generaciones e identidades sexuales.

Este año, en el 33 Encuentro Nacional de Mujeres celebrado en Chubut (territorio mapuche de la patagonia argentina), las mujeres representantes de las naciones Kolla, Aymara, Quechua, Maya quiché, Charrúa, Selk Nam y Guaraní irrumpieron reclamando plurinacionalidad y reconocimiento. Sin duda, el taller que protagonizaron fue uno de los más multitudinarios —más de mil personas. Cuestionaron, con la dirigente mapuche Moira Millán guiándolo, el feminismo con el enfoque blanco de descendientes de europeos, de clase media acomodada y centrado en las sociedades urbanas que posiciona la despenalización del aborto como el centro de la lucha que encabezan las mujeres. Ellas pintaron otro escenario: la necesidad de reconocer a los pueblos originarios el papel que juegan a lo largo y ancho del continente en defensa de los bienes comunes ante el despojo del capitalismo. Además del hecho, no menor, de que al frente de estas luchas territoriales suelen encontrarse mujeres.

Stencyl-arte urbano de colectivos feministas en las calles de Trelew(Chubut) durante el 33 Encuentro Nacional de Mujeres

Stencyl-arte urbano de colectivos feministas en las calles de Trelew(Chubut) durante el 33 Encuentro Nacional de Mujeres./ Beatriz Hernández

Aunque haya ganado tanta relevancia a nivel regional y mundial, “no podemos permitir que la lucha feminista se concentre solamente en la despenalización del aborto”, advierte la socióloga uruguaya.

Desde la separación de la Iglesia y el Estado en 1918 a la Ley Trans de este año, Uruguay se desmarca de las líneas políticas que dominan América Latina. El aborto libre hasta las 12 semanas fue legalizado en 2012. Sin embargo, nos cuenta Zunino, esta ley tiene varios problemas. El primero es que infantiliza y victimiza a la mujer en la toma de decisión ya que tiene que pasar por un grupo multidisciplinar y un periodo de reflexión de cinco días. La segunda es que es posible apelar objeción de conciencia y por ello hay departamentos (provincias) enteras en las que ningún médico practica abortos.

BRASIL

—¡Resiste Uruguay! — interviene Rebeca Ávila, comunicadora social del nordeste brasileño, ante la reciente victoria del ultraconservador Jair Bolsonaro. Nos cuenta que habla en nombre de Agnes de Jesus del Coletivo MuPsi en Santa Catarina y militante feminista radical independiente.

“Lamentablemente la cuestión del aborto en Brasil está en un segundo plano. Estamos más cerca de un retroceso en relación a estos (pocos) derechos”, nos cuenta Ávila, a pesar de que el días después de la aprobación de la media sanción argentina algunas brasileñas salieran a las calles con sus pañuelos verdes bajo el lema “Si Argentina puede, nosotras también”.

Se suma la cuestión de que Brasil es un país históricamente aislado del resto de América Latina y la ola de conservadurismo tan fuerte que se está dando. “Nos encantaría pero no es el momento”, dice Ávila y acto seguido comienza a relatar la violencia que se está viviendo en las calles, la polarización política de la población. “Si no luchamos por impedir que el fundamentalismo religioso llegue al poder ahora, después no vamos a tener como luchar por el aborto”, concluye Ávila. Y con ello no solo se refiere al caso en el que Bolsonaro sea presidente, sino porque el Congreso brasileño tiene una gran representación religiosa: más del 50% de los diputados están conectados a partidos cristianos.

A los dos años de aprobar una ley que obligaba a todos los médicos de la sanidad pública a practicar los abortos que la ley contemplaba, comenzaron a tramitar una reforma de dicha ley para que se pudiera aplicar de nuevo la objeción de conciencia. El movimiento feminista se movilizó mucho por esta ley.

—¿A que no saben quién fue uno de los coautores de la ley? — dice con cara irónica Ávila.

—¿Bolsonaro?— adivinaron el resto de las chicas.

—En efecto.

El movimiento feminista fue quien “dio la cara” internacionalmente durante la primera vuelta contra Bolsonaro bajo el lema “Ele Nao” (Él no).

¿El aborto monopoliza la agenda feminista?

Malena Zunino habla en nuestra reunión en Buenos Aires. FOTO: BEATRIZ HERNÁNDEZ

Malena Zunino, activista uruguaya, habla en nuestra reunión en Buenos Aires./ Beatriz Hernández

“La lucha por el aborto está buenísima, pero nos están matando. Están matando la tierra, acabando con los pueblos originarios. Hay una discriminación racial tremenda y muchas problemáticas más que están siendo opacadas por el aborto”, señala Rivas [de Chile] como lo peligroso de la cuestión. Y añade que el discurso por el aborto está muy “higienizado”, muy “occidentalizado”, muy dentro de la modernidad europea: en el hospital o con fármacos.

“Yo no creo que el tema del aborto esté invisibilizando las otras luchas feministas”, dice Daniela [de Colombia]. “Pero es un tema que ha tenido muy buena acogida, ha sido masivo, y eso tenemos que aprovecharlo”, y añade la idea del que el derecho al aborto se asienta sobre algo fundamental: el derecho de cada quien a decidir sobre su cuerpo. “Esta falta de derecho evidencia las estructuras que nos impiden ser dueñas de nosotras”.

En la opinión de Daniela, el tema del aborto se está dando en paralelo con otras luchas feministas que también atraviesan mujeres indígenas y afrodescendientes. “Pero la cuestión del aborto es común: poder abortar de una manera segura es una cuestión de clase, y por lo tanto de raza”. “Para pueblos originarios de Colombia la práctica del aborto ha sido ancestral, con hierbas medicinales como la ruda, se ha venido dando desde hace muchísimo tiempo”, relata Daniela con el objetivo de incluir la perspectiva histórica a la lucha feminista.

—El aborto no es sólo un tema de “feminismo blanco” que toma la palabra del movimiento en general, si no que debemos incluir todos los debates y todas las perspectivas.

Daniela se pregunta en alto qué hacer para no caer en un feminismo racista. “Es importante articular las diferentes luchas indígenas y afro que ha habido”, dice mientras piensa que debemos hablar desde las reivindicaciones históricas que se vienen dando en cada lugar. No dejar siempre las “voces principales” a las mujeres blancas.

—Me resulta muy interesante que se perciba una relación de competencia entre la lucha por el aborto y esas otras luchas— señala Méndez [de México]. “Mi impresión es que, por el contrario, los movimientos de mujeres indígenas y mujeres rurales de México y de otros países del Sur Global reciben más atención que nunca, y que esa atención es un fenómeno ambiguo debido a una combinación de factores estructurales y coyunturales”.

Como en otros países latinoamericanos, desde el siglo XIX en México se ha dado un conflicto ideológico entre feminismos, a menudo descalificados como “blancos” o “urbanos” [Méndez especifica que para ella serían más bien como de izquierda liberal, de orientación cosmopolita e instituyente] y feminismos “otros” [que ella entiende como militancias culturalistas o autonómicas que se construyen alrededor del término “mujeres”]. La polarización entre estas dos orientaciones es una tendencia derivada de la historia colonial de las sociedades latinoamericanas que se ha configurado y reconfigurado todo el tiempo con las dinámicas de la globalización económica, política y cultural.

Batalla [de Costa Rica] interviene remarcando que la lucha por el aborto nos unifica a todas las personas con útero y ovarios: “con capacidad de gestar”. Por eso, dice, “la cosa se complica”. Debemos centrarnos en hablar no sólo de mujeres sino de cuerpos con capacidad de gestar: desde las comunidades mapuches hasta Ciudad de México. “Desde que tenemos la posibilidad de quedar embarazadas debemos tener la posibilidad de elegir si llevar a término la gestación o no”, concluye.

 

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Beatriz Hernández Pino es nómada desde hace bastantes años. Es de Madrid pero vivió en Reino Unido, Bulgaria, Uruguay y Brasil. No le gustan los “ismos” ni las clasificaciones burdas y superficiales. Seguidora del realismo mágico de una tierra llena de historia, ahora hace una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Buenos Aires, además de escribir y hacer muchas, muchas fotos. Instagram: @beatriz.hernanpino

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