fbpx

Vale ya, joder Crónicas desde el sofá, En red, Opinión

Un debate sobre prostitución en las jornadas feministas de Euskal Herria incendia las redes y nos obliga a preguntarnos si fue un error transmitir lo que estaba sucediendo en Durango

En la imagen se ve, en primer plano, a tres ponentes de la mesa sentadas de espaldas y con las 3.000 asistentes sentadas de frente en un pabellón.

Tres ponentes de la primera mesa de las Jornadas, destinada a poner las vidas en el centro. / Foto: Teresa Villaverde

Hace unos días se celebraron las V. Jornadas Feministas de Euskal Herria, organizadas por el movimiento feminista autónomo. Las primeras se celebraron en 1977 y, desde entonces, todo ha cambiado mucho aunque a veces parezca que nada ha cambiado nada. Todas las convocatorias que han hecho los grupos feministas autónomos aquí han sido siempre un éxito. Más de 3000 mujeres nos reunimos en Durango para tratar de trazar cuál será la agenda del movimiento para los próximos años, para buscar la manera de llegar a acuerdos, consensuar posturas y establecer líneas de diálogo. A mí me parece increíble que se pueda organizar algo así, que pueda darse un encuentro de tal envergadura, que seamos capaces de dialogar desde el respeto, a pesar de las enormes y evidentes diferencias entre los diferentes grupos feministas. Por supuesto, desde Pikara queríamos estar presentes para ayudar en la difusión de un evento de una magnitud difícil de explicar en un artículo. El hecho es que, ahora, unos días después, me tengo que preguntar si ha sido un error. 

Las jornadas arrancaron el viernes, 1 de noviembre, con una mesa de diálogo que buscaba poner en el centro los cuidados. Hasta ahí, todo bien: tuit arriba y tuit abajo, alguna publicación en Facebook, stories de Instagram para que nadie se pierda nada. Después de cada una de las mesas centrales, las asistentes corríamos de un lado para otro para conseguir sitio en alguno de los talleres o de los debates que se daban, de manera simultánea, en distintas localizaciones de Durango. El viernes a la tarde, en el salón de actos del instituto, se celebraba uno de los debates más esperados: Diálogos feministas sobre la prostitución, con la participación de Medeak, Lanbroa, Feministalde y Amar. Si me lees desde fuera de Euskal Herria probablemente no entiendas lo importante que era que esos grupos, tan distintos entre sí, se sentaran a dialogar en una mesa. Yo llegué tarde, pero llegué. Tuit arriba, tuit abajo, intenté transmitir desde la cuenta de Pikara Magazine algunas de las ideas que estaban lanzando las compañeras. Más allá de alguna crítica por la escasa de representación de la postura abolicionista, el debate se dio con mucho respeto. Josebe Iturrioz es activista transfeminista en el grupo Medeak. Es muy conocida, entre otras cosas, porque aparece habitualmente en la televisión pública vasca. Teresa Maldonado forma parte de Feministalde y es un rostro muy conocido también el activismo. Ha sido directora general de Promoción de la Igualdad y No Discriminación, Área de Políticas de Género y Diversidad del Ayuntamiento de Madrid. En representación del colectivo Amar participó Tania Siriany, activista feminista y antirracista. De Lanbroa, un grupo feminista abolicionista, estuvo presente Idoia Montegi Agirrezabala. Entre todas ellas hay posturas que están claramente encontradas, pero la voluntad de entenderse fue evidente en Durango. El caso es que yo pensaba –y pienso– que estábamos ante un hecho histórico: un debate entre feministas sobre prostitución sin faltas de respeto, sin insultos, con el objetivo de evitar otros 40 años inmovilismo e inacción. Me entraron muchas ganas de contárselo a todo el mundo: tuit arriba, tuit abajo. El hecho es que, ahora, unos días después, me tengo que preguntar si ha sido un error. 

Hice un hilo sobre el debate en el que creo, sinceramente, que recogí con bastante acierto lo que se estaba tratando. Cómo iba a imaginarme yo que aquel ejercicio iba a suponer el escarnio y el señalamiento después de las compañeras que estaban participando en una mesa tan respetuosa. Es evidente que el Twitter descontextualiza, que no se puede recoger en una línea una idea que alguien desarrolla durante minutos, pero también es evidente que hay cierto sector del feminismo, vinculado a las posturas abolicionistas –donde, por otro lado, yo misma me sitúo–, que ha optado por  imponer sus ideas. Es más: estoy convencida de que poca gente ha leído el hilo completo, porque ¿qué más da lo dijeran exactamente? Se han hecho decenas de pantallazos que, aún, descontextualizan más lo que pasó en esa mesa, se han tergiversado las intervenciones, se ha mentido, se ha faltado al respeto y se ha ridiculizado un espacio de debate histórico, envidiable en cualquier otro territorio. El afán por señalar a quien no piensa lo mismo que ellas ha llegado ya demasiado lejos para muchas feministas. El señalamiento, el machaque y el lobby que pretenden generar desde un sector del activismo feminista es insoportable. Y digo activismo feminista porque a mí no se me ocurre negar a nadie la condición de tal. Mucho menos a compañeras que, esté o no de acuerdo con ellas, han hecho aportaciones valiosísimas al pensamiento feminista en las últimas décadas. Una anécdota: la compañera de Lanbroa, el grupo que mostró una postura más claramente abolicionista, dijo en un momento que “Denok gara putak”. Significa que todas somos putas y entiendo que quería poner sobre la mesa que a todas nos han tratado alguna vez como tal. Una compañera abolicionista lo tradujo con Google Translate y se puso verde a sí misma. La osadía.

La gran cruzada ha sido contra Josebe Iturrioz, que vinculó en su discurso la institución de la prostitución con el matrimonio y la heterosexualidad, alegando que no pueden entenderse una sin la otra. Entiendo que todas estaremos de acuerdo en que la prostitución como institución se basa en un sistema de dominación, el patriarcado, que se sustenta, entre otras cosas, en la familia tradicional, en el mito del amor romántico, la monogamia como única opción legitimada y aceptada socialmente y en una manera de entender la sexualidad masculina violenta y hegemónica. En cualquier caso, ¿alguien puede defender que se machaque a una activista por exponer una idea de la que la única referencia que tienes es un tuit? Llevo toda la semana sientiéndome una mierda, creyendo que por haber tratado de recoger las principales ideas, quizá demasiado rápido, quizá sin entender el alcance de Pikara, he puesto en el ojo del huracán a muchas compañeras. No solo a ellas. Llevamos toda la semana recibiendo insultos, mensajes insultantes, faltas de respeto. Se nos atribuyen a nosotras palabras que recogemos de otras, se dice que somos proxenetas, que vivimos de la explotación de las mujeres. Pero, ¿cómo os atrevéis a algo así? ¿Dónde tenéis el límite? ¿Hasta dónde vais a llegar? Las críticas han sido feroces y están generando grandes hilos en redes sociales sin que la mayoría de la gente que está opinando haya visto el debate porque ¡no está colgado en ningún lado! No sé si me honra o me horroriza pensar que un hilo que escribí sin darle demasiadas vueltas pueda haber causado tanto debate. Me sorprende lo fácil que resulta para muchas debatir sobre un debate en el que no han participado. No sólo eso: muchas se han atrevido a cuestionar la legitimidad de unas jornadas que ha organizado el movimiento feminista autónomo. Lo que nos faltaba.

La manipulación es salvaje y cruel. Ha sido tal el escarnio que el debate interno, que no tendría que haber salido de Durango, traspasó las fronteras de nuestro pequeño micromundo en redes sociales. Saltó a foros de machirulos, a webs de partidos de extremaderecha. Yo escribí un tuit en el que decía que la irresponsabilidad de cierto sector abolicionista nos había lanzado a una jauría de fascistas. Ahora se me acusa de haber acusado a las feministas de las pintadas fascistas que nos hicieron la semana pasada en el local, pero, por dios, parad ya. Vale que vosotras no queráis debatir. Vale que no tengáis ninguna voluntad de que nos encontremos, vale que vuestra línea argumental sea tan sólida (sic) que hayáis decidido no debatir, pero, por favor, dejadnos al resto en paz. Dejadnos respirar, construir, debatir. No podemos permitirnos más años de inacción ante uno de los debates feministas más importante de nuestro tiempo. En Durango se llegaron a acuerdos muy importantes, pero ninguna ha preguntado por ellos.

Vale ya, joder
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Andrea Momoitio

Periodista. En la coordinación de Pikara Magazine. Adicta a los macarrones con tomate. Extímida, incombustible e indomable. Lesbiana y feminista, en ese orden. Contacto: andreamomoitio@pikaramagazine.com

Uso de cookies

Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies