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“Las mujeres palestinas hemos sido victimizadas, pero nunca elegimos ser víctimas” Entrevista, Planeta

La palestina Amani Aruri, abogada en un centro de asistencia legal para mujeres, lucha para que el final del apartheid israelí vaya de la mano del feminismo.

la cara de una mujer con media melena

Amani Aruri. / Foto: Diego González

Cuando se habla de Palestina, el apartheid israelí se apodera del discurso. Sin embargo, la liberación será feminista o no será. Así lo cree Amani Aruri, abogada de la asociación Women’s Centre for Legal Aid and Counselling (WCLAC), un centro que asesora a las mujeres. “No podemos hablar de estar libres de la ocupación si no dejamos de ser tratadas como esclavas o como ciudadanas de segunda clase”, afirma.

¿Cuál es la situación legal de las mujeres en Palestina?
La fragmentación del sistema legal en Palestina es el principal impedimento para alcanzar la igualdad para todas las mujeres. La ley egipcia que rige en Gaza, la Ley de Estatus Personal, se remonta a los años 50, mientras que la ley jordana bajo la que se encuentra Cisjordania es de 1976. En el caso de Jerusalén la cuestión se complica, ya que dependerá de tu situación de residencia para que te afecte la ley israelí o a la jordana.

¿Cómo es la Ley de Estatus Personal?
Es realmente discriminatoria porque está basada en textos religiosos del Corán, que han sido interpretados de una manera patriarcal, de forma que niegan derechos a las mujeres por el mero hecho de serlo. La interpretación se fundamenta en que las mujeres deben seguir siempre a sus maridos, deben obedecerles. Por eso luchamos contra esta Ley y proponemos una nueva. Sin embargo, en paralelo estamos tratando de modificarla para dar a las mujeres una mayor igualdad y un mayor acceso a la ley.

¿A qué se refiere?
Por poner algunos ejemplos… La edad mínima legal para casarse es de 15 años para las chicas y 16 para los chicos. Reclamamos que sea de 18 años. La custodia es siempre para los hombres y, sin la aprobación de sus maridos, incluso exmaridos, las mujeres no pueden viajar con sus hijos o hijas, ni solicitarles el pasaporte, ni tan siquiera abrirles una cuenta bancaria. El padre debe estar presente o, en su lugar, un tío o abuelo. Según esta ley, todas las mujeres, da igual la posición legal que tengamos, debemos tener un tutor legal del que necesitamos la aprobación. No podemos solicitar el divorcio, y en caso de hacerlo, debemos renunciar a nuestros derechos: económicos, la dote, la custodia… Es realmente vergonzoso e injusto, además de una enorme violación. Tenemos muchas cuestiones en la Ley de Estatus Personal contra las que luchar.

¿Y a largo plazo?
Trabajamos para formar una coalición que impulse una ley desligada de la religión y únicamente basada en la igualdad que garantizan los tratados internacionales, a los que la Autoridad Nacional Palestina se adscribió, sin ninguna reserva, en 2014, tales como la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Hablamos también del Código Penal, que no proporciona medidas de protección frente a los feminicidios, las violaciones o el acoso.

¿Qué acciones habéis llevado a cabo para promover cambios?
El 8 de marzo de 2018 promovimos una campaña para abolir el artículo 308 del Código Penal por el cual un violador puede evitar la condena si se casa con su víctima. Consideramos que esto es una maniobra para que violar les salga gratis. La víctima es castigada y el perpetrador es recompensado. Preparamos informes sobre las consecuencias sociales de esta ley, y especialmente de este artículo, probando que atenta contra los derechos humanos y los derechos de las mujeres. Y lo hicimos presionando al Primer Ministro para que aprobase un decreto.

¿Cuál es el papel actual de las mujeres?
Ahora mismo, las Cortes no están teniendo en cuenta los testimonios de las mujeres porque cuestionan nuestra credibilidad. Mientras la interpretación sea religiosa nosotras siempre estaremos por debajo de los hombres. No importa la posición o profesión. No estamos peleando contra los hombres, luchamos por que se nos trate de forma igualitaria.

¿Hay datos sobre el número de feminicidios?
Están incrementando año tras año. En WCLAC publicamos cada dos años un informe con los casos documentados en los que se analiza el contexto legal, social y cultural. La mayoría se atribuyen al “comportamiento” de las mujeres porque las familias tienen miedo de que pongan en peligro su reputación. El sistema legal no está garantizando el acceso de las mujeres a la justicia y tampoco está proporcionándoles de medidas de protección contra estos asesinatos. En muchos casos, estos feminicidios ni tan siquiera se castigan.

¿Cómo se afronta a esta realidad?
Estamos trabajando sobre la base del derecho a vivir. Es muy simple: todos los seres humanos tienen derecho a la vida y este derecho debe ser asegurado. Si no hay castigo, sino más bien una justificación para los asesinos, no se acabarán. Por eso luchamos para cambiar el Código Penal y que se incluyan artículos que protejan a las mujeres y castiguen estos crímenes. Solo así terminaremos con los feminicidios.

imagen del monográfico sobre defensoras de Pikara Magazine que se puede comprar por cinco euros en la tienda.

¿Cuál es la situación laboral de las mujeres?
Si hablamos de la participación de las mujeres en el mercado laboral apenas alcanzamos el 19 por ciento. Además, cobramos menos que los hombres por el mismo trabajo. Por un lado, el empleo se restringe a sectores específicos como el de servicios; por otro lado, se limita a los puestos más bajos de la escala salarial. Sólo un porcentaje muy pequeño ocupa posiciones de decisión en las grandes empresas u organizaciones. La discriminación es clara.

¿Qué estrategias utilizáis?
Utilizamos todos los métodos y estrategias posibles. Redactamos informes que enviamos a Comités como la CEDAW, documentamos casos de violencia, recurrimos a los tribunales, damos seguimiento a cualquier cambio en el Código Penal, trabajamos en el ámbito de la educación, nos valemos de las redes sociales. También lanzamos campañas de concienciación, organizamos eventos, hemos creado una coalición para redactar un borrador de ley y sugerir enmiendas, que después llevaremos ante el Gobierno.

¿A quién se refiere cuando habla en plural?
Hablo del movimiento feminista en su totalidad. Somos muchas organizaciones de mujeres y de defensoras de los derechos humanos poniendo mucha energía y haciendo grandes esfuerzos. No hay otra forma si queremos tener influencia en las instituciones gubernamentales. Necesitamos un movimiento fuerte.

¿Abortar es legal?
Es uno de nuestros retos, pero hay un gran rechazo, que conecta directamente con cuestiones culturales y, sobre todo, religiosas. Actualmente las mujeres no tienen derecho a abortar, tampoco aquellas que han sido violadas. Además, no existe la posibilidad de practicar un aborto seguro por lo que algunas se suicidan, otras son asesinadas por sus familias…

¿Hay mujeres que han muerto como consecuencia de abortos ilegales?
Sí, pero no tenemos ningún caso documentado dada la oposición que tiene.

El contexto político de Palestina está condicionado por la ocupación israelí. ¿Está logrando el movimiento feminista trasladar su agenda?
Desde una perspectiva feminista creemos en una liberación interna. La liberación social es una liberación política, son inseparables. No podemos hablar de estar libres de la ocupación si las mujeres no dejan de ser tratadas como esclavas o como ciudadanas de segunda clase. Hablar de liberación implica hablar de cambios sociales y políticos. Juntos, en paralelo. Las mujeres debemos estar en la primera línea de todas las luchas y revoluciones.

¿Estáis haciendo informes con perspectiva de género sobre cómo afecta la ocupación israelí a las mujeres?
Hacemos trabajo de campo y recopilamos las violaciones de derechos humanos y de las leyes internacionales a las que son sometidas las mujeres en el marco de la ocupación israelí. Utilizamos los datos recogidos como base para hacer informes sobre cómo les afecta la violencia y la ocupación. Y lo hacemos en diferentes ámbitos, por ejemplo, en prisión. Las mujeres palestinas en las prisiones israelíes están siendo puestas en situaciones terribles, en un entorno insalubre, en condiciones malísimas, están siendo torturadas en las detenciones, en los registros y en los traslados, y sus derechos básicos están siendo negados, sus demandas están siendo rechazadas. No son provistas de las condiciones mínimas.

¿Y en el día a día?
Hay policías que golpean la puerta en mitad de la noche, abusan de ellas delante de sus hijos, siempre se hace con el máximo nivel de violencia, de amenaza y de intimidación. Muchas veces maltratan a los niños delante de sus madres. Las constantes provocaciones y el castigo colectivo a la gente palestina que vive en Jerusalén están orientados a separar y destruir a las familias palestinas. Hay muchos casos de mujeres que han sido arrestadas o asesinadas en check points, mujeres que son desnudadas y registradas enfrente de hombres. Lo mismo sucede en prisión. Al salir, los hombres son héroes, mientras que a las mujeres se les cuestiona su virginidad. Siempre habrá un signo de interrogación sobre las mujeres, somos castigadas socialmente. Así, la ocupación tiene un efecto doble sobre las mujeres palestinas.

¿Cómo contrarrestáis estas violencias?
Tratamos de visibilizar la capacidad de resiliencia de las mujeres, demostrar que tenemos suficiente fuerza, suficiente poder, suficiente determinación como para mantenernos en la lucha, para no rendirnos, para ser fuente de inspiración, para ser la fuente de apoyo para la familia y la sociedad. Estamos intentando tener más participación política y estar en los espacios de toma de decisión. Las mujeres palestinas creemos que un día tendremos libertad. Puedes ver la inspiración, la fuerza, la determinación en nuestros ojos. Y la esperanza. Si algo caracteriza a las mujeres palestinas es que nunca perdemos la esperanza. Y por eso continuamos en la lucha. Las mujeres palestinas no somos patéticas ni víctimas. Hemos sido victimizadas, pero nunca elegimos ser víctimas, hemos sido puestas en la situación de tener más y más presión, más violaciones, más intimidaciones, pero tenemos estrategias para superar la mayoría. Siempre encontramos una razón para permanecer en nuestra tierra y construir una nueva casa cuando es destruida. Si hubiéramos perdido la esperanza, nos hubiéramos rendido y nos hubiéramos ido.

¿Qué le dirías a una feminista que nos esté leyendo para que entienda que estamos en la misma lucha?
Ser mujer es suficiente para conectar con las demás. Quizá una mujer que vive al otro lado del planeta no vive bajo la ocupación pero sufre violencia de género, vive en una familia que abusa de ella, o en una sociedad patriarcal que la estigmatiza. Como mujeres y como feministas compartimos los valores, los objetivos, la lucha. Esto es el feminismo. Debemos apoyarnos, elevar las voces de las otras, conectar las luchas y creer en la fuerza de otras mujeres para cambiar las cosas. Cambiar es duro, lento, es un proceso. Pero debemos empezar a trabajar el cambio porque la esperanza es algo que nos mantiene en la lucha. Creo que el feminismo se está expandiendo, hay una mayor conciencia sobre el feminismo, sobre el poder del feminismo para alcanzar la igualdad, porque la igualdad no beneficia solo a las mujeres, sino al mundo entero.

 

#Defensoras
Este texto forma parte del #PikaraLab de Defensoras,

realizado con el apoyo de Calala Fondo de Mujeres  y financiado por el Ayuntamiento de Barcelona.  

 

 

 


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Virginia Enebral

Periodista y arquitecta. Dicen que enterré a la segunda al diseñar un tanatorio como proyecto fin de carrera, aunque nunca se sabe. Curiosa, inconformista y protestona —culo inquieto, vaya— así que a saber dónde acabo el viaje. En la mochila llevo ganas de lucha y de redescubrir el mundo con palabras o imágenes. ¡Pero con el desayuno incluido!

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