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Las que sujetan la industria cinematográfica Ficciones, Reportaje

Los cines están en horas bajas pero cuentan con un gran apoyo: las mujeres de más de 60 años, el público con mayor curiosidad e interés cultural.

varias personas esperan en la calle para entrar al cine

Colas de gente en el Cine Paz de Madrid. / Foto cedida por Cine Paz

 

Las salas de cine no pasan por su mejor momento actualmente. El público se reduce, aunque hay apuestas que no fallan. Quien es fan de los superhéroes y superheroinas irá a ver las nuevas entregas de la Fase 4 de Marvel, o cómo es la nueva adaptación del Joker al cine. Lo mismo pasa con la horda de fieles de Tarantino.

Sin embargo, hay un público más numeroso, más silencioso y más asiduo a los cines que no se rigen por los títulos anunciados con meses de antelación, que vive ajeno a los blockbusters. Lo suyo es una cuestión de fidelidad, de comunión y de ir en busca de una aventura, como cualquier asistente a una sala de cine. ¿Quién forma esta comunidad cinéfila? Seguramente las conozcan, aunque están más escondidas porque la sociedad las ha “invisibilizado”. Son el grupo de mujeres de más 60 años, un sector del público muy numeroso que asiste al cine con total devoción y con apetito de interés cultural.

Las cinéphilas’ es la ópera prima de la cineasta argentina María Álvarez. Recoge la vida de seis mujeres jubiladas, dos de Montevideo, dos de Buenos Aires y dos de Madrid que van al cine todos los días. Álvarez no hace un homenaje a las películas, sino al cine en sí, empapándose de la vida de estas ancianas, cada una con su personalidad, pero todas salen de su casa por las tardes para entrar en una sala. A su directora le interesaba el cine “como lugar de contención de la soledad y el paso del tiempo”. Cada una de estas mujeres tiene sus motivos para ir al cine. Viven lo que ofrece la gran pantalla a su manera, y la misma Álvarez reconocía que veía en ellas su propio futuro. Con seis muestras forja una disección sobre este sector tan olvidado dentro de la comunidad cinéfila. ¿Qué harían ellas si no hubiera salas?

 

Las consumidoras de la cultura

Rut Suso, directora de estrategia de la agencia de comunicación Volando Vengo Moviethinking, donde incorporan el género y las diversidades como cultura de empresa en cada proyecto, asegura que las mujeres consumen más cultura. “Las estadísticas lo dicen”, indica. “Aunque sea estereotipado, arrastramos algunas cosas como esta dentro de los roles de género”. También comenta que se debe a un tema de proyección. “Las mujeres necesitamos soñar más, ver que otros mundos son posibles. Somos más inconformistas con la vida que no ha tocado vivir, y esto se acentúa más en el público femenino con más edad. El cine es esa ventana abierta al mundo que permite contemplar otras vidas, culturas y posibilidades. Los hombres por haber tenido ciertos privilegios son menos curiosos”, afirma. La escritora Elvira Lindo comentaba en un artículo que estas mujeres “tienen hambre de esa cultura que les fue negada en su juventud”.

“Aunque me encanta lo que dice Elvira, yo prefiero destacar el presente de estas mujeres porque están manteniendo una industria. Tendrán el título despectivo de “señoras”, pero son las primeras en algo: en salvar un colectivo, el cine. No solo están hambrientas de cultura, sino que ellas ahora sujetan una industria”, manifiesta Suso.

A pesar del despectivo señoras son las primeras en algo: en salvar un colectivo el cine. Clic para tuitear

Bien se conoce esta realidad en los Cine Paz de Madrid, sala que acoge a este público tan numeroso. En sus pantallas no se ve nada de acción, monstruos, superhéroes ni cine muy estruendoso. Hay géneros más allá de la ciencia ficción y la acción: biopics, comedias y dramas. “Llevamos ya dos décadas con esa dinámica, es nuestra seña de identidad y es por lo que se nos conoce en Madrid y en España, como referente. Han adaptado sus horarios a los que realizan estas mujeres”, declara Carolina Góngora. La encargada de los céntricos cines madrileños tiene muy claro que su público busca historias con valor humano y que tengan presente la emoción “para que salgan contentas. Es gracias a esos principios por lo que nuestro público valora tanto que sigamos con esta línea”.

¿Por qué se las infravalora?

Como cualquier otro espectador, estas mujeres van al cine a evadirse un rato de la realidad y a vivir otras experiencias. Sin embargo, dentro de los marcos autoimpuestos por los cinéfilos, parece que un acto tan inocente como ir a ver una historia bonita es demasiado trivial. ¿Tiene menos valor el dejarse llevar por una historia pequeña que ir a ver un thriller?¿A qué se debe esa mofa tan generalizada del cine más intimista?

“El ciudadano que no va al cine tiene una visión del mismo distorsionada”, explica Góngora. “Al final tú vas al cine a emocionarte. Estas mujeres tienen tiempo, interés, inquietud y buscan en las películas, como en los conciertos o en las óperas, su pasatiempo para pasar la tarde. Para ellas es un valor que la película sea bonita. Sin palabrotas y sin excesivo sufrimiento. Se denosta por desconocimiento”, añade. “Creo que a partir de cierta edad se buscan otras historias”, apostilla. Algo que asevera Rut Suso: “Las tramas de acción llevan esquemas más simples. Yo apelo más a la inteligencia de estas mujeres”.

Es muy típico categorizar una película como “cine de señoras” para infravalorar una historia. “Todavía dentro de la cultura nos seguimos rigiendo por la mirada del hombre, el androcentrismo es la vara de medir para la cultura universal”, apunta Suso. “Para descategorizar y situar algo como un producto cultural de segundas no hay más que decir que es femenino. Si quieres desvalorizar algo di que va a gustar a las mujeres”, subraya.

«Todavía dentro de la cultura nos seguimos rigiendo por la mirada del hombre, el androcentrismo es la vara de medir para la cultura universal» Clic para tuitear

“Lo del “cine de señoras” es un mecanismo que han utilizado tradicionalmente para menospreciar cualquier película que no tenga como público principal al hombre blanco cis y heterosexual”, matiza Rebeca Gracia, la coordinadora de programación de la Muestra internacional de cine realizado por mujeres de Zaragoza. “Las mujeres, y más aún de mediana edad en adelante, son irrelevantes y no merecen tener productos específicamente diseñados para que ellas los disfruten. Nos movemos en un marco cultural que ha priorizado ciertas narrativas y a ciertos tipos de público por encima de otros y lamentablemente es un argumento que les ha funcionado siempre, de ahí que todavía tengamos que estar peleando por visibilizar otros tipos de historias”.

Cine de mujeres para todas y todos

La Muestra Internacional de Zaragoza, al igual que la de Bilbao (Zinemakumeak Gara!), o más recientemente el de Madrid (Festival Cine por Mujeres), han tenido como misión visibilizar otros discursos más allá del dominante y demostrar que la producción hecha por mujeres no es secundaria, sino que está integrado dentro de lo que es el cine.

Ana Gutiérrez, directora de la muestra bilbaína, recuerda que Zinemakumeak Gara! muestra “la mirada de las mujeres y no cine de mujeres y para mujeres, nos interesan todas las miradas, las mujeres están en el cine con voz e historia propia y es lo que mostramos”.Desde Zaragoza, Rebeca Gracia afirma lo que hacen estos certámenes es demostrar que hay otro tipo de visiones y otras realidades que requieren espacio en el celuloide.

“Podríamos preguntar a un montón de cinéfilos si quieren seguir burlándose de las mujeres que hacen posible que la industria siga moviéndose. Porque quizá son ellas las que tiene una mirada más transgresora que nosotros”, finaliza Rut Suso.

 


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María Aller

Redactora, presentadora, bonne vivante. Me encanta escribir y hablar sobre cine. Instagram: @llesterday

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