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La invisibilidad de la agresión sexual: Creedme Ficciones, Pikara en serie, Reseñas

La mejor de las series streaming que puedes encontrar ahora trata con excepcional meticulosidad la historia en mayúsculas que da sentido a la lucha feminista: la invisibilidad de la víctima en un sistema confeccionado para la impunidad por defecto del abusador. De paso, renueva el género policiaco y hasta nos ayuda a revisar el estado de la violencia machista en nuestro país.

 

Cartel de la serie.

Soy invisible
(Janet Frame)

Poner palabras y compartir lo impronunciable, aquello que por su excesiva complejidad o peso emocional es rechazado tanto por quien lo padece como por su entorno, no solo es una de las tareas más arduas que existen, sino la que da sentido a la literatura, a la comunicación en sí misma, al desarrollo integral de la sociedad y a mis propias letras. Por eso, lo primero que tengo que deciros es que, aunque en principio el tema de esta serie os resulte incómodo, visionéis como podáis el primer capítulo, el más desasosegante a pesar de (atención) eludir escenas explícitas, y los siguientes os compensarán con creces.

En efecto, esta serie no solo muestra de forma completísima y brillante cómo debe tratarse un caso de violación, sino también cómo debe contarse una historia que trata sobre ello. La guionista Susannah Grant no necesita acudir a lo que hizo Gaspar Noe en Irreversible para dejarnos en shock, para que nos resulte brutal lo que vamos a experimentar con esta serie. Y no lo necesita porque sabe (como tristemente saben la mayoría de mujeres de este planeta) que lo más duro no es la violencia, sino su invisibilidad. La invisibilidad solidifica el acto violento padecido, lo hace permanecer inserto como una roca día tras día, extendiéndose sordamente, hasta acabar de forma inadvertida con todas las defensas de su víctima. Es la forma más silenciosa de exterminio.

Unbelievable (titulada Creedme en castellano) resulta imprescindible (se puede decir que es la mejor de las series streaming que puedes encontrar ahora), entonces, porque su tema constituye la representación más integral del abuso de género existente en nuestras sociedades (la invisibilidad) pero, además, porque describe genial y meticulosamente cuál es su tratamiento más factible. Por fin una opción alternativa al suplicio de Acusados (1988), a la terrorífica Escupiré sobre tu tumba (2010) o a la desquiciada Fóllame (2000), de Virginie Despentes. Acabar con la agresión sexual es una tarea que requerirá generaciones y profundas políticas de educación emocional (la mayor cuenta pendiente de la sociedad moderna), pero poner fin a su invisibilidad, en cambio, es una labor asequible, capaz de lograr transformaciones contundentes en poco tiempo e impedir que esta lacra se fije, se agrave y extienda.

Pero nos habituamos a hablar a la ligera de ciertos términos que resultan claves: ¿en qué consiste la visibilidad o la invisibilidad del abuso, su credibilidad o no? Y os propongo listar algunas de las lecciones que da esta serie al respecto a la vez que repasamos el estado de la cuestión en la realidad que vivimos.

Necesaria revisión del género policíaco

Visibilidad es que el abuso sexual se narre, como lo hace esta serie, desde el punto de vista de las víctimas: no de sus pretendidos salvadores o vengadores, como se ha hecho tantas veces antes, ni desde el prisma del propio criminal. A muchos les puede parecer una tontería, ¿verdad?, pero no lo es. Lo primero, acaba contando otra historia más de poder entre héroes y villanos donde la víctima es solo una excusa; y, lo segundo, termina por reducir el problema a una psicopatía que no solo es difícil de detectar sino imposible de atajar. La investigación periodística en la que se basa la serie, que obtuvo el premio Pulitzer y que acaba de ser publicada en castellano en formato de libro, podía haber acabado siendo otra cosa, pero la guionista y realizadora Susannah Grant lo tuvo claro para dar el salto a la ficción: ¿por qué no poner la atención en donde sí es posible avanzar a grandes pasos? Y la visibilidad, entonces, conlleva hacer una nueva revisión del género policiaco, como ha conseguido mostrar esta serie, que es de lo más brillante que habíamos visto en este formato.

Esta serie narra el abuso sexual desde el punto de vista de las víctimas. Clic para tuitear

La trama ya no se reduce a la tensión de resolver un misterio ni tampoco a adentrarse en la vida y las raíces del criminal, sino que otros factores, hasta ahora apenas apreciables en el género, comienzan a adquirir protagonismo. Los procesos, el saber qué hacer en el momento adecuado, no solo siguiendo con esmero los protocolos profesionales, sino otras normas personales que establecen la diferencia entre el acierto y el error: la bronca incontestable de la inspectora Hendershot a su subalterno para que aumente su exigencia en vez de considerarla una histérica (episodio 2); la lección aprendida “tuve una intuición y no le hice caso. Eso siempre es un error” (episodio 7); la colaboración y admiración recíproca que sienten las dos mujeres al mando del caso…

El ‘cómo se hacen las cosas’ se vuelve el factor clave del éxito en vez de la sobrenatural genialidad del investigador; el contexto social, laboral o la corrupción sistémica de los cuerpos de seguridad pasan a un primer plano y entonces el espectador puede percibir, con más realidad que nunca, no ya por qué ocurren los crímenes, sino por qué a veces se extienden y encadenan como una pandemia. Y, además, puede observar que las víctimas no son solo las mujeres violadas o asesinadas sino todas aquellas que tiene que lidiar día tras día con una estructura infectada de machismo que niega lo evidente y esconde con impunidad el abuso porque lo tiene dentro. Ese giro hacia las formas en que se lleva a cabo la intervención policial (y que hemos podido apreciar también en la segunda temporada de Mindhunter) nos advierte que las cosas están cambiando también en lo que respecta al ámbito narrativo.

Violencia que no existiría si no fuera por el machismo: los datos

Invisibilidad es que el 80% de casos de violaciones no se denuncian porque, como muy descriptivamente muestra esta serie y hemos sido testigos presenciales de ello con el caso de llamada “manada”, el proceso de denuncia conlleva una segunda violación para las víctimas, sometidas a un nuevo castigo en forma de represalias, escarnio, rechazo y a la parcialidad de magistrados no convenientemente formados para paliar el machismo sistémico. Invisibilidad es que, en nuestro país, el pacto de estado para la violencia de género acordado desde 2017 continúe teniendo medidas pendientes y su desarrollo permanezca prácticamente paralizado mientras no haya gobierno y no se aprueben los presupuestos generales del estado tumbados hace un año.

Visibilidad es la actuación policial bien cualificada y controlada como la que señala esta serie o, también, la inspectora madrileña Carolina del Amo; el inicio de una formación especializada obligatoria para los jueces; las sentencias justas y disuasorias (desde el caso de la “manada”, las denuncias por violación han aumentado, nada menos, que en un 30%); o la puesta en marcha de proyectos como el Centro de Crisis 24 Horas ocupado en minimizar la revictimización a la que se ve expuesta la víctima, evitando por ejemplo que ésta se vea obligada a repetir exhaustivamente el relato de la violación…

Invisibilidad es que actualmente, en España, a personajes con notoriedad política se les permite negar públicamente que exista una violencia de género, incluso, convertir este mensaje en proclama de su campaña electoral, y que hacerlo no se considere incitación a la violencia, a pesar del trágico contexto actual y una realidad incontestable: que el 95% de los asesinatos (de cualquier tipo) son llevados a cabo por hombres (y esto es una cifra permanente desde que existen registros de ello); que solo en España, por violencia machista, ya han muerto más de 1000 mujeres en 15 años, pero en este listado solo están registradas aquellas que mueren a manos de sus parejas o exparejas, como si la agresión machista estuviera supeditada exclusivamente a razones pasionales de desamor y no de abuso de poder; como si los culpables fueran individuos aislados y no la cultura machista.

Invisibilidad es, en consecuencia, que inexplicablemente, en España, ni las agresiones sexuales ni el acoso sexual estén contemplados dentro de la ley de violencia de género y no exista un plan nacional para tratarlos; a pesar de que la totalidad de los agresores sexuales son hombres y casi la totalidad de las víctimas son mujeres; que una de cada 20 mujeres en Europa ha sido violada y que una de cada 10 ha sufrido algún tipo de violencia sexual; a pesar también, de que el 55% de las mujeres europeas han sido objeto de acoso sexual y, en concreto, el 75 % de las mujeres que ejercen profesiones que requieren una cualificación específica u ocupan un puesto directivo.

Invisibilidad es que miles de mujeres en España prefieran mentir y derivar sus situaciones de violencia a los juzgados de familia, pretendiendo terminar con el problema al separarse de su pareja pero dejando a sus hijos desprotegidos; que prefieran mentir, como le ocurre a la joven de esta serie, esconder el abuso y sentirse solas, débiles y desconfiadas hacia un entorno incapaz de tomarlas en serio.

 


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La invisibilidad de la agresión sexual: Creedme
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Esther Marín Ramos es Licenciada en Periodismo, Doctora en Sociología de la Cultura y psicodramatista. Aplica la teoría psicoanalítica, la sociológica y de género al análisis de la ficción narrativa. Escribe en diversas publicaciones y es autora del libro “La re-evolución social a través del cine: Argumentos cinematográficos de la crisis de la modernidad” (Valencia, Alfons el Magnánim, 2018).

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