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La prensa española, ¿cómplice de trata? Participa

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Ilustración: Señora Milton

Ilustración: Señora Milton

Miryam García de Muro

La problemática de la prostitución se mantiene en segundo plano. Su crecimiento constante no supone ninguna novedad para el lector de prensa en España o en cualquier otro país. La esclavitud sexual es un tema incómodo que conduce a un debate (regulación, prohibición o abolición) que gran parte de la población ni se ha planteado, ya que la mayoría de las prostitutas se encuentran en una situación de marginalidad, excluidas del colectivo de mujeres que participan en la vida social y, por tanto, en las movilizaciones como la del 8 de marzo.

La prostitución en España se encuentra en un vacío legal (alegalidad). No obstante, el proxenetismo, la prostitución de menores de edad o personas incapacitadas, y la trata de personas para su explotación sexual sí se contemplan en el Código Penal. Unas leyes laxas que no evitan que España se consolide, desde 2016, como el primer país de tránsito y destino de mujeres con fines de explotación sexual de toda Europa (y el tercero del mundo por detrás de Tailandia y Brasil), donde el 90% de las prostitutas son esclavas según datos de la Red Española contra la Trata de Personas (RECTP).

Alarmante resulta también la existencia de más de 1.500 locales de alterne legales, sin contabilizar los pisos de prostitución, donde el 39% de los varones españoles ha pagado por sexo según informa Naciones Unidas. Unos datos al alcance del público que, sin embargo, son ignorados deliberadamente por algunas empresas editoriales.

Anuncios sexuales como fuente de financiación 

Tal y como recoge Eulalio Ferrer Rodríguez en su libro ‘La Historia de los Anuncios Por Palabras’, los anuncios por palabras “constituyen un testimonio del hombre y su tiempo” (Ferrer, 1989: 20), pues responden a las demandas de la sociedad y “reproducen las tendencias y preferencias de la gente, conforme a la época y país en que se vive” (Ferrer, 1989: 75). Este tipo de publicidad hizo su aparición en la prensa española en la década de 1980. Y aún hoy se mantiene en algunos medios que obtienen una media de 50 céntimos por palabra publicada.

Al publicar estos anuncios, los medios de comunicación no solo favorecen el consumo de prostitución, sino que reproducen estereotipos y actitudes machistas como la disponibilidad durante las 24 horas del día de variedad de cuerpos femeninos, la sumisión de la mujer y la falta de protección en las relaciones sexuales. Desde Acción Contra la Trata aseguran que “el 98% de los anuncios de contactos que aparecen en prensa pueden ser trata”.

Encontramos un caso en el verano de 2010: la Policía Nacional liberó a 350 mujeres que eran obligadas a prostituirse en chalets y edificios de lujo de Madrid, “pero ellas vivían hacinadas en literas apiladas en un pequeño cuarto trastero sin luz esperando a que llegasen los clientes”. En esta operación se detuvo a 105 proxenetas que “controlaban el 50% de los anuncios de contactos bajo la apariencia de masajes y quiromasajes”, e invertían 30.000 y 45.000 euros mensuales en cada periódico, “pero obtenían beneficios que superan los 700.000 euros al mes”.

A pesar de los hechos, algunos medios defienden su derecho a publicarlos debido a tres factores: la alegalidad de la prostitución en España, el ejercicio de la libertad de expresión y el sostenimiento económico de los grupos editoriales.  Pero ¿dónde queda la deontología periodística?

Incumplimiento del código deontológico

En el Código Europeo de Deontología del Periodismo (1993, Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa) encontramos referencias a la responsabilidad social del ejercicio periodístico con relación a los problemas sociales contemporáneos (art.1). Pero, al hablar de anuncios de prostitución, entendemos que la responsabilidad no recae sobre el periodista sino sobre la empresa informativa, “cuyos objetivos empresariales deben quedar limitados por las condiciones que deben hacer posible la prestación de un derecho fundamental” (art.11). 

Pero si los grupos editoriales consideran que la publicidad de prostitución no vulnera los derechos humanos por ejercerse esta de forma mayoritariamente voluntaria (ignorando los datos aportados anteriormente), también se podría denunciar la publicación de anuncios sexuales explícitos. Según el artículo 35 del Código Europeo de Deontología Periodística, “se evitará la difusión de programas, mensajes o imágenes relativas a la exaltación de la violencia, el sexo y el consumo, y el empleo de un lenguaje deliberadamente inadecuado”.

“Hemos insistido mucho con notas de prensa de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la FAPE, con guías sobre tratamiento informativo… (…) No es una buena reputación para los medios mantener estos anuncios”-asegura Elsa González, expresidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). “Por otra parte, algunas instituciones han empezado actuar de manera firme para poner este negocio en tela de juicio” -concluye.

¿Qué periódicos mantienen los anuncios de contactos?

Público es el único periódico escrito que nació sin anuncios de contactos. Otros como 20 Minutos y La Razón nacieron con ellos pero los eliminaron en 2007 y 2009, respectivamente. Con el paso de los años, las denuncias hacia este tipo de publicidad han crecido, provocando que cada día más medios la excluyan de sus páginas. 

El País comunicó el 15 de julio de 2017 el cese de estas publicaciones en todas sus ediciones “por respeto a sus lectores, que llevaban años mostrando su rechazo”. Por otra parte, El Mundo dejó de publicar anuncios explícitos de prostitución en su edición de Madrid el 6 de enero de 2018, pero siguió anunciando sospechosos masajes relajantes al igual que los periódicos La Rioja y Abc (este último desde el 16 de noviembre de 2017).

Algunos de los medios escritos que mantienen la publicidad sexual explícita son El Periódico edición Extremadura, El Progreso, Segre, La Vanguardia, La Voz de Galicia, La Opinión de Zamora, La Gaceta, Nueva Alcarria, Diari de Girona, Diari de Tarragona, Diari de Terrasa y el Diario de León. En este tipo de anuncios prima la novedad, la diversidad étnica y la juventud de las mujeres, y emplean un lenguaje sexual vulgar, acompañado a veces de fotos de mujeres en ropa interior.

La Ley General de Publicidad, aprobada en 1988 y modificada por la Ley de Igualdad, ya establece en su tercer artículo que «se considerará ilícita la publicidad que utilice la imagen de la mujer con carácter vejatorio o discriminatorio», pero esta prohibición no afectaría a los anuncios de prostitución que prescindan de imágenes y textos vejatorios para la mujer.

La explotación sexual es violencia de género

Al hablar de trata es inevitable hablar de violencia machista, pues el 97% de las víctimas son mujeres según datos de APRAMP (La Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida).

Por su parte, la docente y filósofa Ana de Miguel afirma que “definir escuetamente la prostitución como <<el intercambio de sexo por dinero>> encubre dos características fundamentales: el hecho clave de que las prostituidas son mujeres y el no menos importante de que no es sexo, es un cierto tipo de sexo que consiste en que el varón tenga un orgasmo usando como medio el cuerpo de otra persona” (2016: 163). De Miguel insiste también en lo que aprenden los jóvenes de la prostitución: “El hecho de que los varones busquen y encuentren placer sexual en personas que obviamente no les desean en absoluto es, sin duda, una importante materia de reflexión sobre el abismo que se abre bajo la aparente igualdad y reciprocidad en las expectativas y vivencias sobre la sexualidad entre las y los jóvenes” (De Miguel, 2016: 172).

En cuanto a la implicación de la prensa en este asunto, “ahora la situación es distinta” -declara Nemesio Rodríguez, presidente de FAPE y vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM)-, “los medios no se han recuperado de la crisis pero han cambiado su estrategia y han llegado a la conclusión de que en este nuevo modelo no caben este tipo de anuncios, sobre todo en un momento en el que la reivindicación de las mujeres acerca de la desigualdad salarial, de los techos de cristal…ha explotado finalmente.  Es muy difícil seguir manteniendo la hipocresía de denunciar la explotación sexual y, unas páginas más adelante, publicar anuncios de contactos”.

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