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Los patriarcas coraje Análisis, En red

La participación de los padres de Diana Quer, Mari Luz Cortés y Marta del Castillo en espacios políticos y mediáticos muestra cómo la pérdida de la hija se relaciona en el discurso de estos hombres con el sentido del honor y de la posesión.

Juan José Cortés (izq.) y Juan Carlos Quer en su campaña de recogida de firmas a favor de la prisión permanente revisable./ Fotograma de una noticia en La Sexta

Juan José Cortés (izq.) y Juan Carlos Quer recogieron dos millones de firmas a favor de la prisión permanente revisable./ Fotograma de una noticia en La Sexta

El padre de Diana Quer, el de Mari Luz Cortés y el de Marta del Castillo han sido reclutados por el fascismo y las derechas en general. El PP ha fichado a Juan José Cortés, después de que VOX sumase a sus filas a Antonio del Castillo. Juan Carlos Quer sigue inmerso por su cuenta en una intensa gira mediática para recabar firmas contra la derogación de la prisión permanente revisable. Analizar estas noticias puede ayudarnos a ver cómo se vive, desde la masculinidad hegemónica, la pérdida de una hija víctima de violencia machista. También es una oportunidad para observar cómo las relaciones padre/hija están basadas aún en la posesión (hija como objeto que te roban) y cómo el concepto del honor de la familia sigue estando relacionado con la violación o el asesinato de las mujeres, aún en pleno siglo XXI.

También me parece digno de análisis ver las tan diferentes reacciones de sus esposas. Ellas permanecen en la sombra, sin casi tomar el micrófono y, si lo hacen, muy a menudo no se trata de entrevistas en platós de televisión o en mítines políticos, sino en el salón de sus domicilios y con una fotografía de la hija asesinada cerca.

En este sentido, es especialmente interesante esta entrevista a la madre de Mari Luz, en la que expresa su deseo de poder asistir al juicio, en lugar de su marido, y narra ella misma las diferencias en el duelo masculino y femenino:

Después de tres años de lucha, la llegada del juicio ha hecho que Juan José Cortés se haya derrumbado. «Juanjo no quería que llegara este momento. Yo le decía a los psicólogos que tenía miedo del momento en el que Juanjo se derrumbara», ha explicado Irene, que ha permanecido en un segundo plano durante este tiempo. «Yo lo he pasado aquí en casa, con mis hijos, con mi madre… Él ha estado entretenido y no ha pensado», ha explicado la madre de la pequeña, que ha asegurado que la encantaría declarar en el juicio. «Me encantaría declarar. Pienso que asería un premio estar allí y poder verlo, aunque quizás no te podrías contener.» Fragmento de una noticia en Telecinco.es

La sociedad reserva a las madres de las mujeres y niñas asesinadas un lugar muy preciso, el hogar, y una actitud muy concreta, la discreción. La prensa a menudo no las nombra o, de hacerlo, lo hace sólo con el nombre de pila, sin apellidos.

Las madres de las asesinadas deben sólo llorar o callar o ser invisibles. Incluso desde las izquierdas se recalca esta idea. ¿Recuerdan la polémica por el chiste que Guillermo Zapata hizo en Twitter sobre Marta del Castillo? Una de las cosas que más me llamó la atención de todo aquello fue que el Sr. Zapata sintiera el deber de disculparse sólo con el padre de la asesinada y en ningún momento hiciese mención a la madre, al colectivo de mujeres víctimas de violencias machistas o a la memoria de la propia víctima.

¿Pero las mujeres aceptan a de buen grado quedar relegadas a estas posiciones?

Obviamente no. Nunca lo hicieron. ¿No es la historia de las mujeres un relato de continuas reacciones ante las opresiones impuestas? ¿No es el ser mujer justo eso, querer dejar de ser el segundo sexo?

Las madres de las asesinadas existen y tienen voz propia. Las solteras o viudas tienen más facilidad para hacer las cosas a su manera, pero también muchas casadas consiguen hacerse escuchar. Y cuando hablan, ¿qué dicen? ¿Son reacciones menos punitivistas que las masculinas? No sé si podemos llevar la reflexión por esos lares, honestamente, lo que sí sé es que las madres de las asesinadas que toman el liderazgo del proceso lo hacen desde lugares muy diferentes a los de los padres.

La lucha de las madres es una lucha de calle, de protestas, de activismo, de descenso social e, incluso, de acciones fuera de la ley, mientras que para los padres, si así lo desean, supone un acceso a puestos de poder.

No hay justicia para mujeres ni niñas y, por tanto, los hombres deben ser “pagados”, “recompensados” por la propiedad robada. Las madres en cambio, al ser mujeres, son parte del patrimonio familiar, por eso ellas sí pueden conectar con la necesidad de justicia desde la rebeldía a un sistema que reconocen, a priori, como misógino.

Es el caso de Susana Guerrero, que sufrió abusos en su infancia por parte del padre de su hija y que llegó a estar sentada en el banquillo ¡como acusada! Esto, muy lejos de hacerla callar y rendirse, la ha empoderado aún más si cabe y, hoy por hoy, es una de las activistas más influyentes del país, en continua lucha por los derechos de la infancia y de la mujer. Aquí su historia narrada por ella misma:

Otro ejemplo es el de Mª Carmen García, que quemó vivo al violador de su hija.

El caso de Asun Casasola, madre de Nagore Laffage, evidencia cómo la lectura política que realizan las madres de las asesinadas las hacen relacionar los asesinatos y procesos judiciales de sus hijas con los de otras mujeres, insistiendo siempre en las intervenciones públicas en que existen faltas estructurales a nivel social y judicial. Y es que, como todas sabemos, no es casualidad, es patriarcado:

¿Por qué ocurre esto?

Pues, más allá de la relación de posesión padre/hija, a la que ya hemos aludido en párrafos anteriores, hay que pararse a pensar en otra cuestión importante. Basta hacer un recuento de los asesinatos más seguidos por la prensa para darnos cuenta de que todos tienen un denominador común: el asesino estaba fuera del ámbito familiar. Pero, como ya sabemos, la mayoría de las violencias machistas ocurren dentro de la familia y son ejercidas por hombres. ¿Por qué entonces dar tanta relevancia a las excepciones que confirman la regla? ¿Y por qué hacerlo poniendo el foco en la perspectiva del padre?

Desde mi punto de vista, porque es una oportunidad de oro de ensalzamiento y victimización patriarcal. El padre, la figura social que ejerce la violencia en la mayoría de los casos, ve así un poco más aseada su reputación: “¡Señoras y señores, ladys and gentelmen! Bienvenidos al show, estamos ante el nacimiento de la nueva máquina del sistema misógino, ha nacido el… ¡Patriarca coraje!”.


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Soy la pesadilla de los novios heteroaburridos de mis amigas. Desayuno escroto ibérico a la brasa. Te cuento todo esto y mucho más en mis vídeo-artículos de Píkara. Blog: http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/

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