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La familia, a veces también mata Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Rosa Romero

@rosa_sagan

¿Por qué no hablamos cuando somos niñas de las violencias que sufrimos en casa? Porque la familia es un sistema aún sagrado en nuestra sociedad, porque “madre no hay más que una” y porque cómo te vas a atrever a traicionar a esas personas que todo el mundo te dice que son las únicas que estarán ahí cuando las necesites, que siempre estarán para ayudarte  y que te quieren más que a nada en el mundo y más de lo que nadie te querrá. ¿Qué pasa cuando te quieren mal, cuando no te cuidan y no atienden tus necesidades emocionales sino que son la fuente de tus mayores sufrimientos? Dónde acude una niña en ese momento. Esa niña crece aprendiendo que está sola, que no puede contárselo a nadie. 

Estamos encerrando a las niñas en casas de tortura y absoluta soledad, sin ningún espacio de huida en el que pedir socorro. Los niños, acaban creyendo que eso que les sucede es normal, una exageración o peor aún, culpa suya (maldita culpa). 

Es más que urgente que revisemos este concepto de familia si realmente queremos que nuestros servicios de protección de menores, nuestras leyes, nuestra policía y nuestros servicios sociales, entre otros, estén al servicio de las menores y no de nuestro miedo a cuestionarnos estructuras y cuartos mandamientos.  

Tenemos dos casos sangrantes muy recientes, Juana Rivas (que, por cierto, siempre estuvo en mi casa) y que ha sido condenada por secuestro para evitar que dos menores, sus hijos, para más inri, pasaran más tiempo a solas con un maltratador, su padre biológico. El segundo, la horrible noticia que nos llega de Godella y de dos peques muertos, con conocimiento de policía y servicios sociales de la preocupación de la abuela, de los problemas de salud mental de la madre, de indicios que por separado no son suficientes para la retirada de menores a sus familias. No seré yo, trabajadora social, quien diga que con un solo indicador, podemos juzgar la situación de una menor. Lo que me preocupa es cuánto nos cuesta creer que una madre o un padre pueda cometer abusos, negligencias o incluso matar a su hija. Difícil de entender basándonos en los sentimientos que tenemos muchas por los niños que tenemos en la familia, pero ¿no sería este un motivo mayor para que nos saltara una alarma escandalosa cuando vemos algo que no encaja?

Cuidado, que la idea de familia como algo sagrado, igual que la idea del amor romántico bajo el cual todo es válido, MATA.

La familia, a veces también mata
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Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

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