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Resistencias comunitarias sanan la tierra arrasada. Diario de viaje en Honduras. Crónica, Planeta

Una crónica de viaje en primera persona desde territorios defendidos por sus propios habitantes. Una serie de relatos fragmentados acerca de las defensoras de las tierras, los cuerpos y las ideas en Honduras.

Una acción de la misión 'El abrazo' en Chinda. / Foto: Florencia Goldsman

Una acción de la misión ‘El abrazo’ en Chinda. / Foto: Florencia Goldsman

Día 1

Me levanta una compañera porque la alarma se rebela en suelo en resistencia.
Estoy en Honduras por segunda vez. Tras mi primera visita a este país, para cubrir las elecciones de 2013, quedé enganchada en un loop de pesadillas que me colocaban en las carreteras, siempre detenida por retenes de militares armados hasta los dientes. En sueños transito el mismo camino que hice para llegar a las resistencias campesinas amenazadas, comunidades que luchan con la certeza de que la vida no vale nada.

Esta vez será diferente, me prometo antes de salir de Guatemala. Esta vez seremos ¡50 activistas!, entre periodistas y defensoras de los territorios y los derechos de las mujeres. Estas son las notas y reflexiones mentales que amasé durante mi participación de la misión ‘El abrazo’, coordinada por la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos.

El viaje reúne entre el 22 y 26 de enero a 52 activistas, entre ellas periodistas, sanadoras y defensoras de los derechos humanos. Con objetivos humanitarios mezcla, como un caldo nutritivo, a representantes de por lo menos 28 organizaciones sociales, feministas, campesinas, indígenas y negras y de la comunidad LGTBI+ de 13 países que recorren los territorios que muestran focos de resistencia, desobediencia civil y defensa de la vida en este país de nueve millones de habitantes. La caravana se dividió en dos grupos que tomaron diferentes rutas y que tuvieron diversas vivencias, todas aunadas por la aproximación a las defensoras del territorio y la constatación de la represión que se vive en Honduras.

En la cabina de conducción de la van viaja una chamana que, según dicen, nos abrirá los caminos en el concreto hondureño, para evitar los controles militares a los lados del camino. Al finalizar el trayecto confirmamos que a nuestra caravana no la detuvieron los hombres de negro armados que vigilan el movimiento en Honduras. El grupo que viaja rumbo norte sufre el acoso del Ejército.

En este país la institucionalidad comenzó en 2009 un proceso de quiebre que afecta directamente a los derechos humanos de la población. Por poner un ejemplo: la Píldora de Anticoncepción de Emergencia (PAE), cuya prohibición el expresidente Mel Zelaya había vetado, fue cooptada por el Gobierno militar encabezado por Roberto Micheletti, quien prohibió la promoción, divulgación y utilización de la PAE. Hasta el momento vigente.

La militarización se expandió en Honduras al mismo ritmo que los permisos para que las empresas extractivistas. Clic para tuitear

La militarización se expandió así como los permisos para que las empresas extractivistas sigan exprimiendo de las fuentes de riqueza natural hondureñas. La criminalización de movimientos sociales y feministas y una mayor injerencia de Estados Unidos en la política interna son notables. Son comunes las propuestas legislativas cargadas de dogmas religiosos que violan el derecho al libre culto, la igualdad, así como el ejercicio pleno de la ciudadanía tomando en cuenta el sexo y orientación sexual.

Antes de salir se reparten libros para las visitantes: informes de violaciones de derechos humanos a las defensoras. Tomo uno de los libros: ‘Defender para vivir. Informe sobre la situación de las defensoras en Honduras 2016/2017’. A contracorriente de lo que podría esperarse, el informe comienza con una canción y cierra con una poesía. No somos números, no somos estadísticas. Nos atraviesan historias, sentimientos, deseos. Y los politizamos.

Este es mi territorio
Si alguien tiene que irse no soy yo
Que se vayan toditos
Los que roban y matan sin dolor.

Cierro el libro y me recuerdo que todas estamos aquí por el derecho a defender derechos. Y en esa frase que en principio suena cacofónica se revela una cadena de protección infinita. Somos todas gotas del mismo río.

Nuestra primera parada es en Chinda, Santa Barbara, donde nos esperan con café orgánico, elotes y unas torrejas inolvidables. Las mujeres más pobres, lo son sólo en término de recurso económico pues ostentan generosidad en las comidas, justeza en sus palabras y calidez en los abrazos que ellas nos dan a nosotras.

Hacemos una ronda informativa acerca de los atentados que viven cada día. Las mineras las atacan, las hidroeléctricas quieren avanzar más allá de lo acordado. Sus tristezas, sinceridades y actos políticos me ayudan a no perder la esperanza en la especie humana que cuida el medio ambiente como un ser fundamental en nuestras vidas. La vida de ellas pende de un hilo y no puedo más que usar mi grabador y estas palabras que escribo. El verde nos abraza. Los árboles son discretos confidentes de la lucha.

Betty Vásquez, coordinadora del Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS), señala que las mujeres en esta región son, principalmente, constructoras de vida. “Son las mujeres las que están dando la cara en la defensa. Como movimiento de mujeres somos parte del MAS que es mucho más visible que la red de mujeres, hay agendas mixtas que demandan los problemas ambientales. Se están violentando áreas protegidas. Tenemos una lucha muy grande ante el sistema legal. Las empresas instaladas en nuestra zona se encargan de ejercer el control, el miedo, el poder y la desmovilización”.

Día 2

Dormimos en un extraño hotel situado entre las montañas. El dueño, un judío-hondureño con al contextura de un oso, secundado por un perro-caballo y un arma escondida en el sótano, no duda en explayarse sobre “las mujeres y todo eso”. Comentario que lo confirma: el mejor plan es partir. A las 5 de la mañana estamos todas, calor humano mediante, subidas a la van.

Aún puedo sentir el aroma del día de ayer. En una ronda, antes de plantar árboles en las orillas del río Ulúa, nos perfumamos con una pócima, un aceite delicado con tantos ingredientes que de los que solo recuerdo la canela, y unas hierbas que según nuestra chamana se llaman “seguime” “quereme”. ¡Con esos nombres cómo no querer rociarse! Es una compañera afro colombiana la que lo comparte. Al momento de frotarnos unas gotitas del óleo se nos habla del amor como fuerza revolucionaria. El amor como respuesta a los enemigos. Estoy mareada: a veces no sé desanudar lo que siento frente al concepto de “amor”.

Para mí, en cualquier caso, la expresión más amorosa es la mujer parada a mi lado que, a sus 26 años,carga tres hijas y las ideas bien puestas: reclama controles vinculados a salud sexual y reproductiva para todas las mujeres de su comunidad. María Magdalena Ruiz pertenece a Chinda y en su defensa de los derechos reclama el acceso a la salud sexual y reproductiva para las mujeres. “En Chinda muchas mujeres padecen de cáncer de mama. Muchas, debido a que no tienen la capacidad para hacerse un examen, han muerto de cáncer en la matriz. Las alcaldías sí hacen la citologías pero luego no les dan seguimiento. Nosotras como red de mujeres nos sentimos desprotegidas. Lo quieren privatizar todo”, había contado en la ronda una joven madre de dos hijas.

El abrazo, el amor, el apoyo, o como sea que lo nombremos, es dado a esas mujeres amenazadas por querer caminar libres las sendas de sus pueblos. Es compartir contención con esas madres que crían a sus hijes solas y luchan por la salud de todas. Paradas en la cima de sus creencias, gritando sus verdades, organizando sus resistencias y desplegando sus rebeldías.

Día 3. Copán

Las mujeres mayas abrazan nuestra visita a las ruinas de su cultura ancestral. Hoy son ellas el testimonio del despojo. Las puertas del lugar sagrado, el más visitado de Honduras, son privadas para ellas también. Solo a cambio de pago, tal como lo pueden hacer solo las turistas, acceden visitar las raíces de su cultura.

Se presentan bajo la sombra de los árboles. Llegaron en camionetas y algunas recorrieron más de cinco horas para encontrarse con nosotras. También nos dan la bienvenida los pájaros hondureños. Un torogoz ostenta su belleza y nos sacude la atención desde una rama lejana. Guacamayas rojas, amarillas y multicolores nos seducen desde lo alto.

Copán es un lugar sagrado y sus ruinas lo demuestran a cada paso. Un templo de una cultura que tuvo su esplendor antes de que la primera colonización la atacara. Aquí los templos son testimonios de piedra que relatan cómo eran los espacios donde tomaban las grandes decisiones comunitarias. En esos mismos espacios las mujeres eran reconocidas como las creadoras de la vida. Hoy aún quedan rastros de una cultura que creó arquitectura, magia, ciencia, astronomía, medicina y tecnologías soberanas, sustentables, en armonía con la naturaleza.

Amenazas, judicialización y persecución son algunas de las consecuencias para quienes luchan contra la minería. Clic para tuitear

El presente político de Copán se dibuja con un trueno: el de la amenaza de la mina cerniéndose sobre la población que hizo que las mujeres y sus familiares pasaran a la acción directa. Amenazas, judicialización y persecución son algunas de las consecuencias para quienes luchan. Madres solteras, mujeres que se enfrentan sin muchos recursos a la justicia, otras que simplemente apoyan acompañando a los juzgados, con una llamada telefónica, un asesoramiento legal.

En Copán hacemos un ritual sagrado liderado por nuestra chamana abre caminos que se llama Margarita. Protegidas por árboles milenarios Margarita llama, convoca, conecta con abuelitos y abuelitas. Se prenden candelas que cargan nuestras intenciones. Se riega guaro en nuestros cuerpos y en el fuego. Nosotras descruzamos brazos, piernas, mentes y dedos. Acariciamos con nuestros pies la alfombra verde. Nos bañamos con la sombra de los árboles. Reconocemos en una reflexión murmurante nuestros errores. Acto seguido nos concentramos las energías que nos permita sembrar, cultivar y cosechar la fuerza para sostenernos en pie. Nos estrechamos las manos, nos cobijamos y el abrazo es este mismo hogar que nos prestan las aves coloridas.

De este lugar me llevo el privilegio de la visita a un lugar sagrado. No obstante cargo conmigo el reclamo de las mujeres defensoras quienes, además de denunciar las arbitrariedades de las empresas extractivistas en estos territorios, señalan la dificultades que aparecen en las organizaciones mixtas a la hora de cuestionar los liderazgos de los varones que ocupan puestos de poder desde tiempos inmemoriales.

Rode Murcia, defensora de los derechos humanos en esta región, así lo explica: “La mayoría de las que estamos enfrente de esas organizaciones somos mujeres, algunas estamos sufriendo el patriarcado y el machismo dentro de las mismas. Y cuando nosotras decidimos tratar de llevar proyectos a las comunidades, los mismos hombres nos ponen tropiezo, nos quieren difamar. Nos están difamando en la zona, y algunas están siendo judicializadas por defender la tierra, sin ninguna prueba en realidad. Pero como mujeres creemos que, como decimos acá, tenemos los ovarios bien puestos”.

Cartel de bienvenida a La Esperanza. / Foto: Copinh.

Cartel de bienvenida a La Esperanza. / Foto: Copinh.

Día 4

Llegamos al COPINH (Coordinadora General del Consejo Nacional de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) cortando camino por un paisaje de tapices verdes, cadenas montañosas y montes frondosos como sueños.

Así es La Esperanza – Intibucá, que además tiene un mercado bien nutrido y bullicioso como corresponde a los mercados en Centroamérica. Llegar a la casa de Berta Cáceres y que nos reciba un cartel amarillo “Bienvenidas al Copinh” refuerza la emoción que nos da estar en esos territorios. De conocer a las personas tercas por vivir una vida sin opresiones, que reclaman con el derecho a la consulta previa, libre e informada sobre los territorios. Pese a las balas y las intimidaciones, en el COPINH se siguen jugando la vida por la defensa de una vida digna y libre de extractivismos.

Las activistas de ‘El abrazo’ arribamos a esta casa del pueblo lenca, la casa donde vivió Berta por muchos años y en donde “las energías que dejó son para todas y en donde las energías que las recién llegadas traen se reparten”. Así nos augura la abuelita que enciende las velas y ofrendas reunidas en torno a una foto de Berta. Ella nos mira desde una foto, en la imagen me imagino la mitad sus piernas danzando en el agua del río Blanco. Disfrutándolo, cuidándolo, conectando con los seres del río.

Son horas de compartir historias, de escuchar las violaciones que las mujeres defensoras resisten. De conocer la forma en que le dan la vuelta al ataque y cómo, pese a las balas e intimidaciones, se mantienen firmes y vivas en las luchas. Marleny Lemus Parada, una integrante activa de la organización, cuenta cómo han sido los días que siguieron al asesinato de Berta Cáceres y el intento de desarticulación del COPINH: “No ha sido fácil pero sin embargo ahí estamos en la lucha en defensa del bosque, de los ríos y la tierra, y de tantas cosas por las que tenemos que luchar aquí para que no nos invadan. Por todo eso fue el pleito para que ellos nos mataran a Berta. Ellos creyeron que matando a Berta mataban a la organización y creyeron que ya no íbamos a hacer nada nosotras”.

La lucha sigue y sigue. Al día siguiente nos muestran orgullosas el espacio de huerta orgánica que recrea el COPINH y que produce para locales con la idea de poder vender en un mercado de precios justos. Nos hablan de la dedicación que le otorgan a las capacitaciones en comunidades, a la vez que hacen un monitoreo local y constante de la situación de las empresas extractivistas en el territorio hondureño para denunciarla.

Honduras sobrevive por la terquedad de su gente que, enfrentándose con ideas a los palos, se opone activamente al saqueo. Clic para tuitear

Visitar Honduras tiene que ver con el abrazo y en ese acto no bajar los brazos en ninguna circunstancia. Este país de diversos verdes violado hasta el cansancio sobrevive por la terquedad de su gente que, enfrentándose con ideas a los palos, se opone activamente al saqueo.

Esta vez ya no tendré pesadillas. Esta vez siento que los movimientos feministas, periodistas, activistas y sanadoras que llegamos a esta tierra honramos la memoria de las mujeres cuyas vidas han sido apagadas. Hay chamanas que nos guían y nos cuidan. Nosotras cuidamos a las demás y tejemos una cuerda invisible de apoyo y solidaridad en este desierto de violencia.

En Honduras los aportes de las luchas de campesinas, lencas, garífunas, mayas Ch’orti’ nos enseñan sobre el enfrentamiento directo al despojo y la política del terror. Damos el abrazo final a las compañeras hondureñas que están en la defensa de los derechos. Estamos atentas, vigilantes y en alerta permanente frente a la represión, criminalización, persecución y violencia que enfrentan.

 


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Licenciada en Comunicación Social (UBA), ciberfeminista (@DominemoslasTIC) y azafata en aterrizajes forzosos (@petalosoy)

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