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“El auge de la extrema derecha puede suponer la discriminación de las mujeres” En red, Entrevista

La socióloga estadounidense Arlie Russell Hochschild, que ha estudiado las emociones que subyacen a la política, considera vital encontrar fórmulas para la escucha y el diálogo.

Arlie Russell Hochschild, durante una conferencia en la Universidad de Stanford. / Foto: Paige Parsons

Arlie Russell Hochschild, durante una conferencia en la Universidad de Stanford. / Foto: Paige Parsons

“Cuando comencé esta investigación, hace cinco años, me estaba empezando a preocupar la división, cada vez más hostil, que se estaba produciendo en nuestro país entre dos bandos políticos. Para mucha gente de izquierdas el Partido Republicano y Fox News parecían empeñados en desmantelar gran parte del Gobierno federal, recortar las ayudas a los más necesitados, y aumentar el poder y el dinero de los que ya eran ricos: el 1% que está en lo más alto. Para muchas personas de derechas, el propio Gobierno era una élite dedicada a amasar poder, a inventar causas que les permitieran aumentar su control y a repartir limosna a cambio de votos demócratas leales. En ese momento fue cuando ambos partidos rebasaron sus límites tradicionales y Donald Trump irrumpió en escena, lo que acelera las pulsaciones de la vida política estadounidense. Yo entendía, hasta cierto punto, al sector liberal de izquierdas, pero ¿qué estaba pasando en la derecha?”.

Arlie Russell Hochschild es una socióloga y académica estadounidense, profesora emérita de Sociología en la Universidad de California en Berkeley, autora del ensayo recientemente traducido al castellano y publicado por Capitán Swing Extraños en su propia tierra: Réquiem por la derecha estadounidense; una investigación que, como la propia autora apunta en el prefacio, supone una inmersión en el ámbito de las emociones que subyacen a la política y que responden a una manera de ver la existencia. Cómo percibe la vida, su vida, la ciudadanía de derechas es la pregunta que lleva a Hochschild a invertir cinco años de la suya en entender los mecanismos de estas emociones y sus motivaciones, compartiendo tiempo y espacio, poniéndose en su lugar y contrastando las “verdades sentidas” con los datos científicos disponibles. Hochschild considera importantísimo el trabajo de campo para tener la oportunidad de hacer preguntas, empatizar y comprender al otro para, a partir de ahí, hacer causa común en cuestiones capitales como la sanidad, la educación o el medio ambiente.

La pregunta última que sostiene su investigación es nítida: ¿cómo podemos acometer el cuidado de las personas desde el concepto mismo de cuidado? Con el propósito de darle respuesta recorrió el llamado cinturón industrial de Lake Charles, en Luisiana, una de las zonas más pobres y contaminadas de todo Estados Unidos cuya población, paradójicamente, vota republicano. Consciente de que cruzar la línea que separa ambos bandos no resuelve la crisis, Hochschild confía, a raíz de esta experiencia, en poder imaginar, poco a poco, una reconstrucción donde símbolo y economía vayan de la mano; un país en el que ninguna persona, sea de izquierdas o de derechas, se sienta extraña en su propia tierra.

Reflexiones estas que pueden encontrarse en Extraños en su propia tierra: Réquiem por la derecha estadounidense, un superventas en Estados Unidos desde su publicación, en 2016, cuyo subtítulo original —Ira y luto en la derecha americana: Un viaje al corazón de nuestra división política— da cuenta del ánimo en el que vio la luz. Han pasado, como apuntábamos, casi tres años desde su publicación original, así como de que Donald Trump accediera a la Casa Blanca, y algunos analistas apuntan la posibilidad de que el magnate disfrute de un segundo mandato como presidente de Estados Unidos, previsión que Hochschild ve lógica. Según la socióloga, las claves que ha sabido gestionar en esta presidencia y que, presumiblemente, mantendrá para seguir suscitando el apoyo de los estadounidense, son cristalinas: “Es visto como un presidente que está ‘intentando’ llevar a cabo todas sus promesas y que, a su vez, lo reclama como un éxito; siempre está arengando a sus bases; se percibe como una respuesta ‘heroica’ a la prensa liberal (demócrata); y, para colmo, los demócratas en estos momentos son débiles y están divididos”.

Extraños en su propia tierra es un ensayo que interesa por ser una de las pocas obras venidas desde la izquierda que se preocupa por las consecuencias futuras de las polarizaciones y que, sobre todas las cosas, apela al encuentro. Un ensayo en el que se percibe una gran generosidad y falta de prejuicios al acercarse a un Estados Unidos que representa muchos valores con los que Hochschild no está de acuerdo como ensayista y ciudadana, pero en los que profundizó respirando muy hondo, “tomando el mismo aire que una psiquiatra, una historiadora o una fotógrafa cuando intenta entender otra verdad emocional”.

«Vivimos un momento en el que se propicia aislarnos en nuestros espacios seguros» Clic para tuitear

Tu investigación supone una manera de salir de una zona de confort ideológico…

Hay que preguntarse si hemos perdido la capacidad crítica de ver al otro, pero, sobre todo, de vernos a nosotros mismos en los otros. Yo soy de la opinión de que no la hemos perdido, de que somos capaces de atravesar el muro de la empatía. Por desgracia, estamos viviendo un momento de la sociedad y la cultura que propicia lo contrario, el aislarnos en nuestros espacios seguros. Y eso tiene que cambiar. Hoy por hoy, unos y otros confunden la empatía con la debilidad, lo que me parece un gran malentendido.

En tu opinión, ¿quiénes se benefician de los enfrentamientos y de las polarizaciones?

Los medios, desde luego, alimentan la discordia. La armonía no vende periódicos ni consigue visitas. Y Trump también juega a lo mismo: necesita proyectar una imagen del mundo antagónica a él, como si tuviese en su contra a las instituciones, a la prensa, a los inmigrantes, a los musulmanes. Con esa estrategia, se gana el beneplácito de los votantes y legitima lo que en el fondo no es sino respaldo para su propia figura. Hemos llegado a un punto de discordia tal que necesitamos tener un debate nacional real, profundo, sobre el tema. Es vital encontrar fórmulas para la escucha y el diálogo. Y cualquier aspecto que se interponga en ese diálogo, como el referirse al otro de entrada como persona detestable porque no piensa como tú, es un problema.

¿Qué papel juega el feminismo en tu ensayística?

En un momento del libro apunto que tenía la sensación de que ser blanca, mujer, y tener ya el pelo cano, me ayudó a la hora de franquear la línea divisoria que me separaba de personas que piensan distinto a mí y a las que, sin embargo, también preocupa esa separación entre unos y otros. El feminismo siempre ha sido transversal en mi trabajo, al dirigir mi atención a las dificultades que entorpecen la igualdad y el reconocimiento del universo de los cuidados. De hecho, la igualdad está bien, pero siempre que sea una igualdad que también abarque los cuidados. Ahora afrontamos una situación grave debido al auge de la vertiente más extrema de la derecha, que, de consolidarse, supondría de nuevo la discriminación de las mujeres, la remilitarización de Estados Unidos y el robo de nuestros derechos sobre la reproducción. Hay otras cuestiones, como las que abordé en otro de mis libros, Mercantilización de la vida íntima (Katz Editores, 2008): una nueva generación de feministas toma parte en la opinión pública y en las políticas gubernamentales de todo el mundo, mientras que, en la esfera privada, se ha producido una comercialización de actitudes y actividades que no parece vayan a cambiar en un corto plazo, aunque quiero pensar que medidas gubernamentales e iniciativas de sindicatos pondrán freno a ese capitalismo del pensamiento y la fuerza de trabajo.

En tu libro destacas en muchas ocasiones que el Estados Unidos conservador se mueve entre muchas ambigüedades de pensamiento.

Sí, en temas como el racismo, la pena de muerte y otros temas delicados, los estadounidenses conservadores no son sobre el papel tan estrictos como se piensa desde fuera, y, si finalmente abrazan los lugares comunes ideológicos por los que son criticados, en muchas ocasiones se debe al mero pragmatismo y por confort intelectual. También lo que podríamos denominar como izquierdistas o liberales son presa de sus propias contradicciones. Creo —y trato de reflejarlo en el libro— que unos y otros tienen potencial para, a partir de esas ambigüedades que planean sobre sus creencias, ver el mundo de una manera más abierta. Pero, para que eso sea factible, necesitamos recordar lo que son la empatía y el respeto, y entender por qué el mundo tiene sentido para nuestros contrarios en sus términos. Hay que empezar por comprender, por atender a sus símbolos y escuchar con interés lo que nos dicen. Es algo muy sencillo y, por supuesto —como observamos a nuestro alrededor a diario—, muy complicado a la vez.

¿Cómo explicas el distanciamiento de los demócratas y otras facciones liberales por los condicionantes reales o percibidos que marcan la economía de la clase media?

Es obvio que una gran mayoría moral siente resentimiento ante la supuesta falta de atención que le dedica la esfera mediática y un sector de la política. La ironía es brutal, por supuesto, dado que el partido demócrata se supone que es el más cercano tradicionalmente a las mujeres y los hombres de la clase trabajadora. Lo cierto, en cualquier caso, es que, de una manera u otra, ambos partidos, el demócrata y el republicano, han sido negligentes a la hora de prestar atención a la ciudadanía que se ha visto perjudicada por la globalización.

En tu libro haces hincapié en el carácter utilitarista de la religión para el Estados Unidos profundo.

Sí, lo espiritual tiene para ese Estados Unidos un carácter adaptado a su estilo de vida, más que fundamentalista. Las confesiones religiosas aúnan dos aspectos complementarios: un conjunto de creencias y un conjunto de servicios y compromisos con la comunidad que satisfacen necesidades de la gente. Creo que muchos ensayistas de izquierda recalcan el primer aspecto y dan de lado el segundo, cuando, si el Gobierno, que se supone está para servir a la población, falla en su cometido, como ha sucedido en recientes catástrofes naturales o industriales, es la Iglesia la que proporciona auxilio.

Manejas en el libro un concepto interesante, el de deep story [relato profundo].

Los analistas políticos y los propagandistas suelen hablar del storytelling, el relato fabulado que presta consistencia a una visión de la realidad, y esa noción funcionó para la presidencia de Barack Obama, pero no lo ha hecho para las aspiraciones de Hillary Clinton. La deep story, la base emocional de nuestras convicciones políticas, tiene más importancia hoy y eso ha sabido administrarlo con más eficacia Donald Trump. La gestión de las motivaciones y las emociones de los individuos es un factor esencial para conseguir el poder, y la deep story es una de las claves.

¿Qué queda del llamado “sueño americano”?

Después del 11-S y la recesión económica, queda poco —en mi opinión— del “sueño americano”, se ha perdido mucho de lo que le aportaba consistencia. Si se pretende continuar apelando a ello para construir una sociedad, hay un trabajo enorme para refundarlo y que abarque todos los sectores sociales y corrientes de pensamiento vigentes.

 

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“El auge de la extrema derecha puede suponer la discriminación de las mujeres”
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Elisa McCausland

Periodista, activista e investigadora madrileña especializada en analizar la cultura popular desde la perspectiva de género. Autora del ensayo 'Wonder Woman: El feminismo como superpoder' (errata natura, 2017). Forma parte del fanzine sonoro Sangre Fucsia. Es una de las promotoras del Colectivo de Autoras de Cómic (AC).

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