No cuestiones mi tránsito Cuerpos, Opinión

La autora escribe en primera persona sobre las relaciones que encuentran las mujeres trans en espacios feministas y lésbicos

Ilustra Cynthia Veneno

Ilustra Cynthia Veneno

Yo conecté con el movimiento feminista cuando canté un “Vermut Trans”. El día antes había cantado en una fiesta de bolleras, donde me sentí como una intrusa. En el vermut, me pareció raro ver a tantas bolleras pero no a trans. Canté y ese día sí vinieron a hablar conmigo. Yo pensaba que estaba ligando un montón, porque me invitaron a todo. Incluso llamé a mi mejor amiga: “Vente al bar, que estoy ligando un montón, estoy flipando”. Aunque luego me di cuenta que no se trataba de eso. Necessitem una trans femenina, ¡qué bien! ¿Bollera? ¡Genial! Y así es como conocí a la peña. Y aunque no me sienta incluida en algunos aspectos, encontré mi sitio en Barcelona, como nunca antes. La colla d’amics, que es diu.

Como mujer trans en el entorno feminista me siento muy cuestionada con el tema de la feminidad. Creo que se junta “chica trans” y feminidad, y es como que te quita aún más puntos. Es peor en algún sentido. Ser chico trans está más a la orden del día y muchos chicos trans ya eran feministas antes, pero mi tránsito es desconocido. Tener que explicar si estás operada o no. Yo pensaba que eso ya no sería necesario porque había pasado a otra fase al conocer gente de mente súper abierta. Escucho un discurso sobre “el deseo como algo fluido”, pero en la práctica no lo siento tan así. Siento que hay una especie de adoración hacia mí pero no soy una persona que provoque un deseo del todo. Hay tonteo, pero deseo… creo que no.

Es como si el 'gueto' transfeminista fuese el 'gueto coño', pensado y hecho para el coño Clic para tuitear

A las tías trans de entrada nos ven como heteros, sobre todo si somos femeninas. Yo quizá me pondría más vestidos y tacones cuando hay una fiesta, pero no lo hago porque siento que así encajo más. No hace falta que te maquilles, que ya eres muy guapa. Cada vez que he hablado de operaciones, a la gente es como que le molesta o lo entiende como una muestra de debilidad. ¿No aceptas tu cuerpo? Ahora todo es más andrógino… Bueno cariño, cada una tiene su manera de hacerlo, yo lo he hecho de esta manera.

Fuera del entorno feminista ya no tengo tantos problemas con eso. En mi trabajo no se ha oído la palabra trans. Me han visto como mujer. Dentro de nuestros propios colectivos el tema está más politizado y se pone más atención al cuerpo: a qué te gusta, qué quieres ser… Hay mucho vocabulario. Tanto, que a veces hablo con gente y no me entero de nada. Fuera eso no pasa y si tienes confianza en ti misma (antes no la tenía y aquello era un mundo), todo es más sencillo. Así que cuando opinan sobre mi transición me sienta fatal, porque no saben el proceso que llevo. A mí si alguien me viene y me dice: “Cuéntame, ¿por qué eres tan femenina? Cuéntame tu historia”. ¡Yo se la explico! Creo que hace falta profundizar. Cuando empecé mi tránsito, a los 15 años, mis ídolas eran La Veneno, la Nova, Amanda Lepore y cuatro más que salían en televisión. Mujeres trans superoperadas o tías muy… como Alaska. Alaska era la diosa. Ese era el modelo y lo sigue siendo para mujeres trans de 40 o 50 años. Cuando empecé, quise ser el modelo de chica cis, hasta que me di cuenta que Godzila no puede ser Bambi, así que mis referentes fueron cambiando y yo también.

La primera vez que me lié con una chica tenía 16 años. Al día siguiente me miré al espejo pensando “¡Nicole, qué has hecho, tú eres trans!”. Tenía un susto de muerte porque era una “tía trans súper hetero” ya que en ese momento ser mujer trans lesbiana no estaba a la orden del día para mí. Ahora he cambiado mucho: salgo a la calle sin maquillarme, he dejado de hormonarme un año entero porque estaba hasta el coño y he vuelto porque me apetece, porque hay algunas sensaciones que no tengo cuando no lo hago.

Es como si el gueto transfeminista fuese un “gueto coño”, pensado y hecho para el coño. Esto es lo que hace que yo no me sienta incluida y lo que habría que replantearse. Me jode muchísimo cuando escucho expresiones del tipo “las pollas no se qué”. Incluso la frase “polla violadora a la licuadora” lo siento, pero a mí me jode mucho. Porque la polla puede violar y todo lo que quieras; pero la polla no viola sola, es un tipo al que le da la gana y viola, y puede violar con un brazo, con una pierna o con lo que sea. Me afecta porque también hay pollas trans. Tampoco veo bien que se diga “mujeres, lesbianas y trans” si no hay ninguna chica trans. Que se diga “mujeres y bolleras” o “chicos trans”, pero no algo que no está: yo quiero aportar mi granito de transexualidad al feminismo, que me ha empoderado como mujer.


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No cuestiones mi tránsito
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