Internet y las redes también son nuestras Análisis, En red

El patriarcado, de la misma manera que regula y controla nuestros cuerpos en el mundo físico, intenta regular y controlar nuestros dispositivos y nuestras prácticas cibernéticas. Las compañeras de AkelarreCiberfeminista nos ofrecen claves para lograr un internet feminista y para practicar la autodefensa ciberfeminista.

 

Escriben Perrine Deschellete, Virginia Díez y M4rtu, de #AkelarreCiberfeminista

Ilustración de Silvia F. Antón.

Pensemos en internet como una calle o una plaza. Si lo hacemos, llegamos a la conclusión de que los feminismos necesitan poner en marcha estrategias de acción directa en la red, y de que internet necesita devenir feminista. Los espacios virtuales deberían ser tan abiertos y seguros para las mujeres y las identidades de género no normativas como nos gustaría que lo fuera cualquier otro lugar de tránsito, encuentro o socialización.

La Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) ha definido en Malasia, junto a un grupo de activistas feministas, colectivas LGBTQI, defensoras de los derechos digitales y los derechos humanos, 15 principios que nos sirven para imaginar una internet feminista. Esa internet deseada debe cumplir características como el acceso universal, asequible, irrestricto e igualitario; el derecho a la privacidad y al autocontrol de los datos que generamos en la red; o la formulación de un sistema de gobernanza de internet basado en los intereses colectivos, la solidaridad y la apertura.

Los feminismos necesitan poner en marcha estrategias de acción directa en la red e internet necesita devenir feminista Clic para tuitear

Entender internet como bien común es un buen punto de partida. Elinor Ostrom fue la primera mujer (¡en 2009!) en recibir el Premio Nobel de Economía y, junto con la investigadora Charlotte Hess, pone de manifiesto que “la acción colectiva […] constituye un ingrediente clave en la compresión de los bienes comunes” (1) y de su gestión. Las alianzas creadas desde el ciberfeminismo son, por tanto, cruciales para preservar el bien común que es el conocimiento en su forma digital y para diseñar mecanismos de distribución de poder y de igualdad en la red. En su variante virtual, el conocimiento sufre tensiones entre un acceso más abierto que nunca y nuevas vulnerabilidades que surgen de las políticas que afectan a internet.

La patriarcalización de internet representa una amenaza (in)visible para las habitantes de la red. Impone restricciones a la participación de las mujeres y de personas queer a través de prácticas y comportamientos machistas en la red. Propone una expansión de la censura a través de políticas como la reforma del copyright, la mercantilización o la pérdida de la neutralidad de la red, y atenta contra internet como espacio de libertad. El patriarcado, de la misma manera que regula y controla nuestros cuerpos en el mundo físico, intenta regular y controlar nuestros dispositivos y nuestras prácticas cibernéticas. El patriarcado y el capitalismo cognitivo invisibilizan y precarizan también nuestro trabajo y nuestras aportaciones en la red.

Movimientos como la cultura, el conocimiento o el software libre proponen alternativas a la gestión de internet y su gobernanza, sirviéndose de redes distribuidas y autogestionadas. Estas comunidades son, posiblemente, las primeras en las que deberíamos reivindicar nuestros derechos digitales. Deberían ser las primeras en sumarse a nuestra internet feminista, una internet para todas.

Maitena Monroy dice en sus talleres: “La autodefensa no se trata sólo de conocer estrategias para responder a una posible agresión, sino también de estar preparadas y ocupar nuestro espacio”. Debemos practicar la autodefensa feminista, también en internet y entendida en una versión expandida, más allá de la contingencia a ataques de machitrolls. La autodefensa ciberfeminista pasa por posicionarnos, por hacernos leer y por reivindicar el mantra: “Mis dispositivos, mis reglas”. El ciberfeminismo nos ayuda a crear redes de sororidad en internet: montemos nuestros propios servidores, escribamos nuestro código e implantemos estrategias de resistencia al patriarcado digital desde los cuidados y los afectos, tal y como hacemos en el resto de espacios que habitamos.

El ciberfeminismo nos ayuda a crear redes de sororidad en internet Clic para tuitear

Presencia en línea

Cuando se trata de analizar internet y las redes con una perspectiva de género, nos encontramos —a primera vista— con datos alentadores. La búsqueda “mujeres en las redes” devuelve artículos que celebran el romance entre las mujeres y las redes sociales. “Las mujeres utilizan las redes sociales un 7% más que los hombres”, “Las mujeres usan más [las redes sociales] y son más participativas que los hombres”, “Las redes sociales suponen el fin de las divisiones por género”. Respiros de alivio.

Pero, por atrayente que sea, esta visión desatiende varias realidades menos relucientes de internet y de las redes. Primero, cuando adoptamos una visión menos occidentalizada y analizamos informes de organizaciones como la International Telecommunications Union (ITU) observamos que, en el mundo, 200 millones menos de mujeres que de hombres tienen acceso a internet. Segundo, hace falta subrayar la presencia minoritaria de las estudiantes y de trabajadoras cualificadas en el sector TIC. Sí que hay mujeres haciendo tecnología, pero a menudo tienen puestos mal remunerados (el ensamblaje de piezas electrónicas, por ejemplo) y tampoco alcanzan los puestos reconocidos. Por último, si los hombres también pueden padecer violencias en línea (sobre todo, de otros hombres), conviene recalcar que las mujeres y disidentes sexuales y de género se exponen a más violencia en línea y a formas de violencia más graves, con consecuencias más fuertes en la vida real. Además, la violencia a la que se enfrentan las mujeres y otras identidades no normativas es a menudo interseccional, es decir, que al sexismo se añaden otras dimensiones: sexismo y racismo, sexismo y homofobia, sexismo y odio religioso, etc. De manera general, y desafortunadamente, se puede decir que “las redes sociales replican en el mundo online los sistemas de privilegios y relaciones de poder del mundo offline”. (2)

El acoso de género y el discurso de odio son las agresiones machistas en línea más expandidas. Muchas veces provocan estrés y ansiedad y, en el 80% de los casos, las víctimas deciden cambiar su comportamiento virtual, en concreto, autocensurándose en las redes sociales. Mujeres y disidentes de género también son objeto de los principales focos de chantaje y de extorsión a través de violencias como la sextorsión o la pornografía no consentida. Un término específico que conviene conocer es el doxing: “compilar información detallada acerca de alguien”. Los machitrolls hacen pública la información con la intención de que esta persona reciba agresiones, en ocasiones masivas. Y aquí no para. El robo de identidad, el flaming (comentarios hostiles y no constructivos), la ciberviolencia de género grupal, el reclutamiento, los programas espías, el crackeo de cuentas, el Google bombing (ataques al posicionamiento en buscadores), etc., también pertenecen a la larga lista de las agresiones machistas en línea.

A estas agresiones se suma una violencia más estructural, como la minimización de las violencias machistas y consejos del tipo desconectarse de Twitter o apagar el móvil, así como la tendencia de culpabilizar a las mujeres, en lugar de denunciar al agresor. Del lado institucional, también notamos una clara falta de recursos para analizar las violencias cibernéticas de género o adaptar los dispositivos legales a estas nuevas formas de violencias.

Frente a ellas, muchas colectivas desarrollan diferentes formas de autodefensa ciberfeminista siguiendo la consigna feminista: “ninguna agresión sin respuesta”. Probablemente, no de la misma manera que hacían las primeras ciberfeministas en los años 90 —pero no sin perderlas de vista—, sino que se introducen nuevos términos y enfoques, como “hackfeminismo”, “transhackfeminismo” o el imparable “ciberfeminismo poscolonial” que plantean las compañeras de América Latina (3) y que se puede conocer mejor en el documento Latin America in a Glimpse de 2017.

A fin de intentar arrojar un poco de luz sobre eso que llamamos “autodefensa ciberfeminista” o “autodefensa digital feminista”, ponemos sobre la mesa algunas de las estrategias de respuesta frente a agresiones machistas en línea que las compañeras de Ciberseguras nos han ayudado a enumerar en la compilación Violencia contra las mujeres y tecnología: Estrategias de respuesta, también de 2017.

 

  • Documentar y perfilar al agresor. Realizar un registro de los incidentes y ataques es muy útil cuando nos enfrentamos a violencia directa: tomar capturas de pantalla, registrar fecha y hora, plataforma, url, contenido, nivel de riesgo. También se recomienda recopilar información de los agresores, lo que algunas llaman “doxxear al agresor”, siempre con cuidado de no dejar rastro ni desvelar información sobre nosotras. Toda esa información nos ayuda a evaluar mejor la situación, la magnitud de la violencia y a decidir mejor las próximas acciones. También es clave de cara a futuras denuncias públicas o legales. Algunas personas piden ayuda a otras compañeras para llevar a cabo la documentación, ya que en ocasiones puede ser muy estresante y doloroso.
  • Bloquear y reportar. Se han desarrollado algunas herramientas para el bloqueo masivo de trolls, como Blocktogether, que permite generar listas de machitrolls para compartirlas con tus amigas. También permite el bloqueo automático de perfiles de reciente creación y con menos de 15 followers. Esta herramienta está sólo para Twitter y no reporta o denuncia a la red social, sólo bloquea. Ojo: bloquear no siempre es la mejor opción, depende de cada caso: a veces puede activar a los agresores. También hay que considerar que bloquear impide seguir monitorizando a los agresores.
  • Contracampañas. En ocasiones, difundir la versión propia y exhibir al agresor es una posible respuesta. Evaluar previamente alianzas con colectivas y medios, decidir ante quién vale la pena dar a conocer los hechos y limpiar tu huella digital antes empezar la contracampaña puede ayudar en esa estrategia. Las oleadas de mensajes de apoyo, solidaridad y contradiscurso cuando una compañera está siendo atacada nos emocionan y reconfortan. Por desgracia, algunas veces las personas que apoyan se vuelven un nuevo blanco para los agresores; frente a esta situación es bueno valorar el uso del nombre real o no y qué personas con más poder o privilegios pueden ser la cara más visible del apoyo. Algunas compañeras han optado también por el humor y han desarrollado campañas y bots para reírse de los trolls, como la iniciativa Alerta Machitroll, de Fundación Karisma.
  • Autocuidado y acompañamiento. Tomarse descansos de los espacios virtuales, suspender nuestros perfiles temporalmente, darnos tiempo para pensar en nuestro siguiente paso, cuidarnos en lo físico y en lo emocional, hablar con las amigas, crear un grupo de apoyo que pueda ir acompañando en el proceso, pedir ayuda: no lo dudes, las agresiones que suceden en entornos digitales, también son violencia. Acompañar a otras tampoco es tarea sencilla, querida hacker: recuerda que la mejor solución no siempre es la solución más tecnológica.

 

Estas sólo son algunas estrategias de autodefensa que pueden ser útiles cuando afrontamos violencia machista en línea. Como feministas sabemos que la lucha es cotidiana y que necesitamos implementar estrategias de valoración y de mitigación de riesgos todos los días. Para empezar y continuar se puede consultar el repositorio de manuales de seguridad con perspectiva de género de gendersec.tacticaltech.org. Para estar al tanto de las novedades ciberfemisnistas en castellano, la app para android de Ciberseguras es un buen canal de información

De sur a norte, de este a oeste, colectivas e iniciativas desarrollan estrategias para responder a las violencias machistas que se producen, se reproducen y se amplifican mediante el uso de medios digitales, ¡y eso es imparable!

Recordad, hermanas: ¡la red, la noche y las calles también son nuestras!

 


REFERENCIAS

1. Charlotte Hess y Elinor Ostrom (edis.): Los bienes comunes del conocimiento, Traficantes de Sueños, Madrid, 2016.

2. Núria Vergés Bosch (coord.): Redes sociales en perspectiva de género: guía para conocer y contrarrestar las violencias de género online, Instituto Andaluz de Administración Pública, 2018.

3. Binder, Inés: [ciberfeministaslatam] Identidad y agencia colectiva del movimiento ciberfeminista en América Latina, Universidad de Salamanca 2017.

 


Pikara Magazine, #PeriodismoFeminista online y en papel
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