“La huelga feminista es una excusa para generar movimiento” Crónica, En red

Integrantes de la Comisión 8M de Madrid, del movimiento Ni Una Menos de Argentina y del activismo negro brasileño analizan las luchas en sus territorios y la importancia de un feminismo internacionalista.

Haizea Miguela, Leire Groven (de Feministalde), Verónica Gago y Luciene da Silva (de izda. a dcha.) / Foto: Ecuador Etxea

Haizea Miguela, Leire Groven (de Feministalde), Verónica Gago y Luciene da Silva (de izda. a dcha.) / Foto: Ecuador Etxea

2008. Florece la crisis, que no es económica que es un ataque del capital contra la vida.

2009. Jornadas feministas estatales. 3000 mujeres se reúnen en Granada para hablar de feminismo.

2011. Estalla el 15M. “La revolución será feminista o no será”, recordaron algunas, pancarta en Sol colgada, para los despistados.

2014. Alberto Ruiz Gallardón dimite como ministro del Gobierno del Partido Popular. La respuesta intensa y callejera del movimiento feminista ante su propuesta de retroceso en la ley del aborto le obliga a dejar la vida política.

2015. Masivas manifestaciones del 7N que cambian el discurso sobre las violencias machistas. “El miedo va a cambiar de bando” o “no queremos ser valientes, queremos ser libres” son lemas replicados hasta hoy.

2016. En Argentina, México y Polonia se convocan multitudinarias marchas que germinan en alianzas feministas internacionales: deslocalizas globalmente, localizadas en las redes sociales.

“La huelga feminista es un proceso que reconoce el trabajo hecho desde hace años. Hemos ido mojando el terreno para ser tormenta”. Haizea Miguela Álvarez, de la Comisión 8M de Madrid, optó por tirar de imágenes fijas, de hitos de la última década, de fechas, para visibilizar el trabajo de largo recorrido del movimiento y desbancar esa idea que sobrevuela de que el feminismo es una moda. “Es importante construir genealogía feminista de manera colectiva”, explicó la activista en la charla ‘Hacia un nuevo internacionalismo feminista’, organizada por el colectivo Feministalde en Bilbao.

¿Hubiera sido posible el éxito del 8M de 2018 en el Estado español sin las manifestaciones masivas de las argentinas gritando “ni una menos”? ¿Hubiese salido tanta gente a las calles el 8M de 2017 si las mujeres de Islandia no hubieran demostrado la fuerza de una huelga? ¿Hemos reconocido y recordado lo suficiente que la idea inicial de hacer un parón surgió en Argentina y en Polonia y que las redes sociales llevaron el testigo a infinidad de territorios?

Muchas más que contar víctimas

“El 3 de junio de 2015, las calles de Buenos Aires fueron tomadas al grito de ‘Ni una menos’. Un año después, la marcha contra la violencia machista volvió a ser masiva. Y se repicó el 19 de octubre de 2016, al calor del horror que provocó el brutal asesinato, violación y tortura de la adolescente Lucía Pérez”.

Así arranca un artículo de Nazaret Castro publicado en Pikara Magazine en diciembre de 2016. El texto cita varias veces a Verónica Gago, académica y activista: “Las marchas del 3 de junio fueron inesperadas, nadie se imaginaba una convocatoria tan masiva; pero eso fue posible porque había una trama que se venía tejiendo como una especie de caldo que ahí hizo emergencia, pero tiene que ver con una construcción en los territorios”.

Más de dos años después, en Bilbao, Gago recuerda cómo hubo un momento en que las mujeres salieron de la victimización, del “conteo de la necropolítica de los feminicidios”, para ser un sujetas activas, sin desconocer el duelo ni el dolor. Y así, con ese aprendizaje tiñeron de verde medio planeta el año pasado, con unos pañuelos que exigían la despenalización del aborto, algo que al final no se logró. “El proceso desbordó la cuestión legislativa. Fue una discusión colectiva, más de 800 personas participaron en los debates parlamentarios que se siguieron en vivo a través de internet”, apuntó Gago, autora del libro La razón neoliberal.

Desbordar es un verbo que últimamente conjuga muy bien con la acción feminista en las calles: las respuestas a la sentencia de La Manada, la huelga del año pasado o la manifestación del 25N, por ejemplo, han demostrado la fortaleza de un movimiento que ha sorprendido a muchos, pero no a quienes llevan trabajando años en la construcción de relatos, de alternativas e incluso apropiándose de elementos tradicionales para cuestionarlos. “La huelga es una innovación, es la reinvención de una herramienta clásica del obrero, hombre, blanco”, explicó Gago; “en la huelga feminista cada una puede participar como pueda, aquí no hay esquirolas. Hemos ampliado el concepto de huelga porque, si no, muchas militantes no podrían participar”, recordó Haizea Miguela.

Trabajo, consumo, cuidados y movilización fueron tres esferas que interpelaron a muchas mujeres y que hicieron que formaran parte, de una forma u otra. “La huelga es una excusa para generar movimiento, generar confianza y movilización en los barrios”, añadió en unos días de efervescencia ante la inminencia de la cita de este año. Porque, si las previsiones se quedan cortas, ya hay nuevas ideas de acción: “¿Y si hacemos una acampada previa?”, respondió alguien en una asamblea argentina ante la afirmación de que el paro de 24 horas ya se ha quedado corto. Las risas de las asistentes a la charla, al recordar Gago la anécdota, se mezclaron con esas caras de ¡tomen nota!

El feminismo, imposible sin antirracismo

“Sabemos por qué mataron a Marielle Franco pero no quién; le mataron no por lo que ella era, sino por lo que podía ser. Ha sido semilla, ahora tres mujeres negras, que trabajaban con ella, han llegado al Parlamento”. La brasileña Luciene da Silva, de la Coordenação de Ações Feministas do Instituto Búzios y del Fórum Estadual de Mulheres Negras, introdujo en el debate de manera clara y directa el auge de la extrema derecha y del fascismo en diferentes partes del mundo. El asesinato de la concejala lesbiana y favelada de Sao Paulo hace un año es un doloroso ejemplo de la importancia de un feminismo interseccional, o la suma de luchas que nunca pueden analizarse de manera aislada. ¿Es casualidad que el actual presidente brasileño, Jair Bolsonaro, esté atacando de manera directa a las mujeres, a la población LGTBI, a los pueblos indígenas y las personas negras?

“¿Por qué poner negras si somos todas mujeres?” Esta pregunta, formulada en un lejano 1988, cuestionaba la celebración de la primera marcha de las mujeres negras en Brasil. “¿Por qué mujeres si somos todas negras?”, fue la respuesta. Como dijo Angela Davis, “en una sociedad racista no basta con estar en contra del racismo. Es necesario ser antirracista”. En un feminismo que cada vez llega a más personas y espacios, y que tiene “su densidad en la micropolítica cotidiana”, como apuntó Gago, no se puede desatar el nexo de unión: “Apostamos por un feminismo de lo común y autónomo, pero recordando que los procesos de despojos están presentes para construir nuestras apuestas políticas. Juntas seguimos avanzando frente al ‘no pasarán’ y al ‘ni un paso atrás’”, finalizó Haizea Miguela. Y citó a Audre Lorde y a eso de que no se puede ser libre mientras otras están oprimidas.

Restan días para la cita de 2019, marcada y remarcada en morado desde hace meses en muchos calendarios, y hay inquietud por ver la fuerza, confirmar si es posible seguir usando el verbo desbordar y tener la certeza de quién participa (y quién no). “El feminismo es un vector de radicalización de cada lucha y en cada territorio. Es una forma de acumulación política”, subrayó Gago.

El grito de “Marielle presente” cerró el debate.

 

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Mª Ángeles Fernández

Periodista. Aprendiz. Caminante. Web: www.desplazados.org

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