Quiero ser española Participa

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Alina Petryk

En estos momentos de polémicos e inútiles debates sobre diferentes Españas del pasado, presente y futuro, yo apuesto por el presente y declaro que quiero ser española, aunque no me dejen. Porque para mí España es mucho más que las manifestaciones por un pasado mejor.

Llevo 16 años en España. Ucrania, mi país de nacimiento, solo me acogió durante mis primeros 14 años de vida. España ha sido el país donde crecí, donde se forjaron mis ideas, mis intereses, mi personalidad. España es el país en el que aprendí la bondad y la empatía, y en el que se formaron mis principios y valores. Es el país en el que hubo tantas primeras veces como en la temprana infancia de un bebé. Nací en Ucrania pero volví a nacer en España. Aquí es donde acabé el instituto, el bachillerato, la universidad, donde trabajé por primera vez, por segunda y así sucesivamente. España es mi país y yo me siento más de aquí que de allí, me siento más española que ucraniana y la lengua española es más mi lengua materna que el ucraniano o el ruso que solo uso con mis padres y a medias.

Nunca proclamo a los cuatro vientos que me siento española y que España es mi país. Pero como señalaba Laura Moreno de Lara en su texto que se hizo viral hace un tiempo: ardí cuando ardió Doñana y temblé cuando tembló Lorca; me creo las historias de meigas de Galicia y aunque no me guste, he probado la queimada en más de cinco ocasiones; no siento rabia por leer carteles en catalán en Barcelona, mi ciudad más querida, pero sí me siento orgullosa de que Lanzarote, mi próximo destino anhelado, no tenga nada que envidiar a la lejana Islandia. También sufro por no haber vivido la movida madrileña en primera persona, después de haberme devorado todas las películas y libros del tema, habidos y por haber; amo el Mar Mediterráneo porque rodea las montañas y nos brinda la posibilidad de no tener que elegir: ¿playa o montaña? Me siento de aquí porque conozco la geografía española mejor que de ningún otro país del mundo, en teoría y en persona, porque hice el Camino de Santiago a pie, el Camino del Cid en bici, bajé del Veleta en una tabla de snowboard y aprendí a hacer surf en Asturias. Porque voté a La Alhambra como una de las maravillas del mundo, porque amo los paisajes del País Vasco y también sus pintxos, porque San Juan de Gaztelugatxe es uno de los lugares más maravillosos del mundo para mí, junto con el Paseo de los Tristes de Granada y la noria de Málaga y sus batidos de frutas del Mercado de Atarazanas. Me siento española porque en el pasaporte de mis mejores amigos figura que ellos también lo son, porque mi alma gemela artística es de Sevilla y porque solo he regalado “te quieros” en español. Me siento española porque amo la cervecica con una marinera los días calurosos de verano, porque me gusta acompañar las cenas con una copita de vinico de Jumilla, porque no hay mejores frutas y verduras que las que tenemos en la huerta murciana. Me siento española porque sé lo que es “acho” y conozco todos y cada uno de sus usos. Me siento española porque me duele cuando los guiris critican a los españoles y españolas, me duelen los casos de corrupción y la injusticia que reina en este país.

En julio de 2014 solicité la nacionalidad española después de cumplir los 10 años obligatorios de residencia legal en España. Hice el examen de cultura y lengua española en diciembre de 2015 siguiendo la ley anterior. Mi expediente llegó al Ministerio de Justicia a finales de enero de 2016. Desde entonces no se supo nada más del tema. Pero, ¿cómo es el proceso de la nacionalización en España?

Se dice que hace años la nacionalidad se concedía a diestro y siniestro, a quienes se la merecían y a los que no tanto, solo en 2014 España fue el país de la UE que más extranjeros nacionalizó. El criterio rozaba los límites de lo irracional. También dependía mucho del lugar en el que se solicitaba la anhelada nacionalidad. En las ciudades grandes como Madrid o Barcelona no solía tardar más de un año. Sin embargo, desde principios de 2015 los archivos del Ministerio de Justicia están saturados. En esta era digital, que no lo era tanto antes del año 2014, la documentación se aportaba en papel y después había que digitalizarla, por lo que se trata de un proceso complejo y largo en el tiempo. Estamos en 2018 y hay expedientes de 2013 que se perdieron en la nada, en aquel vacío burocrático y silencio administrativo, en aquel fallo informático admitido, que dejó casi 410.000 solicitudes pendientes. Nadie sabe nada.

Lo curioso es que uno de los documentos clave en todo este deseado proceso es el certificado de antecedentes penales del país de origen que caduca a los tres meses desde su expedición. ¿Qué pasa si el o la solicitante de la nacionalidad comete un delito penal en todo ese tiempo de espera entre el momento de la expedición del certificado y el fallo? No pasa absolutamente nada. Nadie se entera de nada porque no se le solicita nunca más el citado documento. De hecho, es el documento más importante a aportar, ya que la presencia de los demás documentos obligatorios como el certificado de nacimiento, el pasaporte, la tarjeta de residencia permanente, la solicitud debidamente cumplimentada y el justificante del pago de la tasa, a partir de la entrada en vigor de la nueva ley sobre la nacionalidad en octubre de 2015, son vagos e insignificantes. Eso sí, en caso de haber presentado la solicitud en 2014 se les realizaba a los solicitantes una prueba oral y escrita en el mismo Registro Civil sin coste alguno. Ahora, en cambio, a partir de 2015, es preciso demostrar el conocimiento de la lengua y cultura españolas, acreditándolo con un certificado del Instituto Cervantes, siendo inválidos cualquier otra prueba como cursos de español impartidos en la Escuela Oficial de Idiomas u otros Servicios de Idiomas, públicos y privados, y ni tan siquiera una Licenciatura de Filología Hispánica o Traducción e Interpretación, finalizadas en cualquier universidad del territorio español, estudios a los que se haya accedido tras realizar la Selectividad, no para alumnos extranjeros, sino para los españoles, después de haber acabado Bachillerato, a veces incluso con matrícula de honor. Todo eso no cuenta. Lo que cuenta es abonar las tasas: la tasa del examen de A2 en el Instituto de Cervantes de unos 120 euros, la de la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de 85 euros, más la tasa del procedimiento de solicitud de nacionalidad por residencia de 100 euros. El precio total de este capricho sale por unos 300 euros por persona.

Y así, intentando ser optimistas, supongamos que abonando los 300 euros estipulados, habiendo aprobado todos los exámenes y pruebas, habiendo acreditado la solvencia y un alto grado de arraigo en la sociedad española desde hace años, el proceso de estudio y concesión de esa anhelada nacionalidad española debería ser más rápido. De hecho, debería ser casi inmediato. ¿Qué más se puede pedir? Pues no es así, el Ministerio de Justicia permanece callado, el retraso en la digitalización de expediente es más patente que nunca, ya que no solo les quedan los expedientes anteriores a la nueva ley de 2015, sino también los posteriores a esa ley que se presentan en formato digital directamente. Se escudan en un error informático que ya dura más de un año. Los funcionarios del Registro Civil no saben nada y los del Ministerio no contestan. Lo más doloroso e injusto es que según el apartado 3 del artículo 11 de la citada ley: “… el plazo para resolver y notificar la resolución será de un año desde que la solicitud haya tenido entrada en la Dirección General de los Registros y del Notariado, si transcurrido este plazo no ha recaído resolución expresa, la solicitud se entenderá desestimada por silencio administrativo”.

Es entonces cuando decido desistir por falta de ilusión y ganas de luchar, porque tras cumplir un mínimo de diez años de residencia, tras haber acabado todos mis estudios, tras haber obtenido el permiso de conducción en España, tras empezar a soñar y a hablar con mi perra en español y escribirme con mi hermana también en español, haciendo del español mi lengua materna, tras haber donado mi sangre 0- para salvar vidas, no importa de la nacionalidad que fueran, desisto, porque no me quedan más fuerzas para luchar contra la necia y paralizante burocracia y el silencio administrativo. Porque lo que más duele es el silencio, aunque sea administrativo.

Y en uno de esos momentos de desesperación cae en mis manos un artículo sobre la adquisición de la nacionalidad en Islandia, donde tan solo necesito presentar un escrito justificando mi deseo de adquirir la nacionalidad islandesa tras residir 7 años en el país. Y pienso: “¿por qué no habré ido a Islandia antes?”. Pero ya es demasiado tarde, España se ha convertido en mi país, la quiero, la echo de menos, es ese lugar reconfortante en mi pensamiento cuando estoy lejos, es mi hogar. Y aquí estoy. Esperando una respuesta.

Quiero ser española
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