El beso | Las exterminadoras Participa

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LADES CONOCIDA

Episodio 1

Episodio 2

Episodio 3

4to episodio

EL BESO

A Sinjuicio le había caído esa semana el san Benito del verano: cinco violadores de fiesta.

-Pero…qué fiesta?- Se preguntaba a sí misma -Cómo que de fiesta? el caso había dado la vuelta al país: Cinco chavales jóvenes habían violado a una chica en grupo cuando volvía a su casa después de haberse despedido de sus amigxs en unas famosas fiestas patronales. Lo peor es que parece que ahora, los medios decían que habían aparecido pruebas de que la relación sexual de aquellos tipos podía haber sido consentida, entre ellas…, un beso de la víctima.

-¿Pero dónde me meto yo con esto si estos cinco deberían estar ya en la trena? ¿Por qué me mandan a mí ahora a mirar estas pruebas de mierda? Pero que asquerosos. Habrase visto y…, vaya estómago que tiene que tener el abogado que lleve el caso. ¿Y qué es eso de presunta violación? Pero es que no hay un periódico con vergüenza en todo el país? Cómo que la chica es la culpable? Pero es que este país no va a avanzar nunca? Que no me los pongan delante que no respondooooo!!

El caso es que dos semanas después se los sentaron en el banquillo y no hubo piedad. Sinjuicio dictó sentencia:¡TODOS A LA CÁRCEL!.

Se tomó el café de su vida a la salida del juzgado. En sus sueños, les habría cortado las pelotas. Este tipo de individuos no reunían los requisitos para mejorar la especie. Eran escoria. Debían ser exterminados. Respiró hondo. Había recibido críticas de muchos compañeros varones tras la sentencia y había escuchados cientos de chistes baratos y sexistas en ascensores y pasillos, de muchos profesionales a los que ella situaba en la izquierda política. -Que desengaño!!!

Los cinco pobrecitos hijos de un entorno de machotes, fútbol y toros, llegaron a la cárcel juntitos. Les metieron en el patio de segundo grado con el resto de presos comunes que ya les esperaban con los “brazos abiertos” para darles un paseo por las flamantes instalaciones de un presidio español de los años veinte, “con todo lujo de comodidades”. Ellos, que ya creían que se habían hecho amiguitos de los kíes más selectos del talego, no sabían lo que les esperaba al día siguiente.

Ni los funcionarios más experimentados de prisión, pudieron hacer nada. Los cinco imputados aparecieron malheridos en sus celdas, con sendos tatuajes caseros en la cara revelando su delito. Relieves de pollas de dudosa calidad, adornarían su rostro para siempre.

Mientras afinaban su destreza artística nocturna, los mismos presos mencionaron a “las exterminadoras”. Cada uno de ellos se hubiera cargado a sus vergonzosos nuevos amiguitos de celda, pero muchos se jugaban el tercer grado. Todas las acciones y las entrevistas de la tele a las vengadas (grabadas religiosamente en VHS), se habían convertido en las películas más demandadas de los talleres de video fórum educativo, del centro penitenciario.

Tras esa mención a las heroínas, en el baño del presidio y…, a base de jabón del bueno, apareció un escrito en letras grandes y espumosas:

¡RESISTE. YA LLEGAMOS!

Iré por partes:

Gas y Veneno dejaron dormidos a todxs lxs trabajadorxs de prisión. Se hicieron pasar por panaderas con una furgo blanca que encontraron en el pueblo de al lado. Ya empezaron torcidas. Nada más pasar los controles, enharinadas hasta la cabeza, tuvieron que aguantar los silbidos de los guardias de seguridad: -Estáis como panes…, bonitas-. Veneno estaba llena de ira. Decidió cargárselos sin miramientos. Quedaron secos y en posición croissant adornados con el chocolate calentito que gas sacó de su trasero. -Quizá deberíamos probar con la repostería más adelante amiga- dijo Veneno. -Cuando todo esto acabe…, abrimos tienda en las ramblas- sentenció la pequeña Gas.

Casquería, Palillos, Bazoca y Calasnicov, entraron en la cárcel por la puerta grande, escondidas en cajas de bollos a ritmo de Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, Sarri….

-Menudo festival vamos a montar!- pensaron.

-Las cárceles del Salvador se quedan cortas-, contaba un famoso marero ante la prensa -Un estruendo de humo cegó el patio central. De pronto, todo eran explosiones. Todos nos metimos en las celdas con el rabo entre las piernas. Todo era metralla, luego todo sangre. Eran ellas. Eran mujeres. Eran de este mundo?-

Cuando el ruido terminó…los cadáveres de los cinco violadores colgaban de la torre de control empalados en mangos de escoba. Nada ni nadie pudo salvarles.

En el suelo, escrito con su propia sangre podía leerse:

VALE POR UN BESO

“Las exterminadoras” volvían a convertirse en trending topic de las redes sociales. Habían franqueado los controles de máxima seguridad de una prisión española y la noticia daba la vuelta al mundo.  Tenían alborotado al Ministerio de interior. Generaban manifestaciones de simpatizantes a lo largo de todo el estado. De seguir así, el tema podía generar una auténtica crisis internacional. ¿Dónde estaban y quiénes eran?

Por primera vez, atendían una llamada masculina. Ellos entraban en su órbita.

Sinjuicio visitó a la joven víctima de la violación. La muchacha estaba confundida. Con toda la tensión de los últimos meses, ni siquiera había deparado en “las exterminadoras”. Había sido vengada de manera transversal, pensó la jueza.

Sinjuicio no pudo hablar con los presos que se encontraban en shock, atendidos por unidades psiquiátricas de urgencia.

Lxs funcionarixs no recordaban nada.

 

El beso | Las exterminadoras
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