¡Necesitamos más ‘Cuentos de amigas’! Ficciones, Para más señas

Yo no sé si te gusta leer, yo no sé si tienes amigas, lo que sí sé es que si te haces con una copia de esta antología editada por Laura Freixas, vas a sentir que tienes un cachito de vida de gente en tus manos. Sentirás que estás ante una obra narrativa no mixta de mujeres con sustancia, con las que podemos identificamos y que bien podemos universalizar.

 

Hace unas semanas escribí una vomitona nada elaborada y absolutamente básica sobre por qué no veo a mis amigas tanto como me gustaría. Como es evidente en ese texto (surprise!), EXAGERO. En ella digo que no leo, pero como cualquier ser que pasee la vista por esta sección habrá podido apreciar, lo cierto es que de media me meto entre pecho y espalda alrededor de dos libritos al mes (sin contar los que empiezo y no termino). Pero no leo TANTO COMO ME GUSTARÍA. (Y dejo claro que voy de guay con el puñetero tema de la lectura porque soy una clasista asquerosa de mierrrrrda. Porque siendo profesora -otra vez voy de guaaaaaay- de secundaria SÉ DE SOBRA que leer no te hace mejor persona, ni más lista, ni nada del estilo, pero con esta línea piojosa quiero ganar la aprobación de quiénes creen que leer me hace ser menos mala. Dantesco espectáculo el mío. Uff. Y es que mira, en realidad, yo leo bastante pero por alguna extraña razón sigo sin asentar en mi cabeza los usos de la v y b, g y j, ll e y y la maldita h. ¿Qué hago? ¿Me arranco la piel a tiras? No. Miro en Google cómo se escribe lo que no sé o en su defecto si no tengo Google elijo otra palabra. O chica, voy y lo escribo mal, que como decía alguien en Facebook de una manera supermega lúcida (cito libremente): “Anda y no me jodas, si te sangran los ojos cuando ves que he escrito b en vez de v y no sabes descifrar mi mensaje, igual es que el tonto eres tú”. Soy fan de esta persona. Si alguien sabe su nombre que me lo diga para que la cite.  Y por cierto, no, no soy disléxica. Y por cierto, sí, soy profesora de Lengua y considero que la ortografía no es TAN importante. En cambio, hablar con amigas, saber entender cómo te sientes o aprender a  pensar, sí me parece VITAL. Dejad de obligar a leer. Es contraproducente. (¿Y ahora quién se acuerda de lo que estábamos hablando? Yo no). Con ver a mis amigas pasa exactamente igual. El artículo en cuestión dice literalmente que no veo a mis amigas (repito por el megáfono)  TANTO COMO ME GUSTARÍA. ¿Queda claro o lo pongo en Times New Roman 72? Añado además, DIOSA ME PERDONE, que en esta catarsis verborreica se me olvidaron las amigas que no viven aquí: las que viven en Perú, Reino Unido, Canadá o Bélgica, porque el Reino de España no tenía nada que ofrecerles y no encontraron más que precariedad. Asimismo, (PÉGAME) se me olvidó mencionar a mi amigo del alma, al que sólo veo si voy  yo a Estados Unidos, porque como no tiene papeles, si sale no le dejarían volver a entrar. Evidentemente con esta última hornada de personas (compañeros de fatigas, amigas de la universidad o mejor amiga de la ikastola) la relación es telefónica o epistolar. Y nos vemos de Pascuas a Ramos cuando ellas vienen o yo voy.

Me lo tengo prohibido porque soy muy sentida y me afecta todo mucho, pero al ver tanto salseo de comentarios sobre el susodicho ladrillo sin párrafos, hice la soberana gilipollez de leer un par de comentarios de gente que decía que yo no tenía amigas o que lo que enumeraba no eran más que excusas. A ver, almas de cántaro: YO VEO A MIS AMIGAS SEMANALMENTE. Repito por señales de humo: NO HAY SEMANA QUE NO VEA A MIS AMIGAS. Nunca. Never ever. Y subo selfis. Y las etiqueto y pongo corazones. Por poner un ejemplo: a mis amigas de teatro todos los lunes. O con las de Laredo como los miércoles. ¿Mentiendes? Y es que sucede que yo tengo varios grupos de amigas: uno de la tierna infancia, otro de la adolescencia, otro de la temprana edad adulta y el último de hace unos años a esta parte. (¿Estoy siendo tan patética de enumerar mis grupos de amigas? Pues mira, sí. Así de insegura soy. Hay gente que farda de coche o de pelazo, yo fardo de amigas). También tengo amigas sueltas y unos cuantos grupos de compañeras de trabajo con las que me veo. Estas últimas, si me pongo técnica, no son mis amigas-amigas, pero mantenemos el contacto. Digo esto porque me da la sensación de que la gente no se entera de la fiesta: quienes no tenemos (expectativas de) pareja a largo plazo, y quienes solemos ir disfrutando de relaciones de duración X con estadios de soltería de la misma duración, guardamos como oro en paño las relaciones con nuestras amigas. ¿Por qué? En primer lugar (igual flipáis) porque a mí me gusta estar con mis amigas. (¿Cómo te quedas?) Me caen bien, me hacen gracia, y aunque a veces me cague en su padre, en general las admiro. Vamos, que cuando escucho a la gente decir cosas tipo: “no hay que dejar de lado las amistades” me quedo un poco de pasta de boniato. ¿Hola? Obvio. ¿Por qué iba a dejar de lado a mis amigas, si son la hostia? Una vez, tuve una compañera de trabajo que a su vez fue mi profesora allá cuando Franco era corneta, y hacía mucho hincapié en esta frase. Yo la miraba con curiosidad. ¿Por qué insistirá tanto esta buena mujer? Pues luego entendí que porque se divorció de su exmarido y al haber centrado toda sus energías en hacer funcionar su familia nuclear comodiosmanda, se vio más sola que la una al separarse. Ahí vi la luz. Eureka, ya lo pillo: quienes más insisten en esa frase son quienes han experimentado de primera mano lo que es verte aislada y sin red que te sostenga. Como cuando yo hablo de DESOBEDIETA y soy la primera que se ha criado a dieta desde que tengo recuerdos, hasta que me entró el juicio. Hay quien no habla de dietas ni desobedietas, simplemente come inteligentemente para nutrirse (incluso sin asesinar animales vilmente), porque sabe que las conductas de ingesta restrictiva de alimentos sólo crean malestar, ansiedad y el famoso efecto yoyo. Pero algunas tenemos que repetírnoslo todo el tiempo por si se nos olvida. Y tratamos de avisar a quienes vienen por detrás para que no vivan la misma mierda que nosotras. La típica: “Sé la adulta que tu yo adolescente hubiera necesitado conocer”. Suena a película de sobremesa de Divinity, pero es verdad.

“A ver, reina, ¿y a quién le importa tu vida?” Perdón. Bien. Voy acabando y empiezo con la reseñita. El caso es que yo puedo admitir y admito, con un brillito de orgullo incluso, que he tenido MUCHA suerte con mis amigas. Siempre. No creo que sea todo mérito mío, pero sí creo que en distancias cortas me muevo bien. No soy de grandes multitudes, pero disfruto el petit comité si la gente que tengo delante es genuina. Y mis amigas son raras como ellas solas y tienen poco en común. Pero son todas SUPER DE VERDAD. Si cojo a cualquiera y le digo: “¿oye, eso que dijiste ayer delante de Menganita era mentira y lo dijiste porque lo piensas o para ir de guay?” La mayoría de la gente que he conocido que no es mi amiga, se pondría a la defensiva y jamás admitiría tal cosa, pero cualquiera de mis amigas, si la he pillado en una trola para ostentar sabiduría o lo que fuere,  respondería meándose de la risa y sin despeinarse: “Claro que sí guapi, para ir de guay”. Adoro a mis amigas. Son lo mejor del mundo. Y si volviera a nacer, volvería a elegirlas. Tengo mucha suerte.

En fin. Al grano. La conocida escritora Laura Freixas, en el año 2009 decidió hacer una compilación de escritoras españolas del siglo XX en castellano. Y yo con todo este embrollo amistoso hace poco recordé que por aquel entonces, sentada en el borde de la piscina pública de Toledo, viviendo en casa de my friend Pepe, devoré esta fabulosa obra repleta de historias escritas por mujeres, sobre mujeres, en las que se exaltaba precisamente el tema que nos compete: la amistad. Freixas escribe un prólogo en el que se hace preguntas muy lícitas (cito libremente): “¿Si las mujeres se han relacionado entre sí desde siempre, creando vínculos de todo tipo, por qué la literatura lo ha plasmado tan pocas veces?”, “¿por qué las mujeres son personajes que cobran importancia en tanto en cuanto se relacionan con personajes hombres?”.  Y al hilo de estas preguntas surge Cuentos de amigas. Porque como dice la actriz y productora de cine Resee Whiterspoon, en vez de preguntar a quien tengas al lado “¿qué hacemos ahora?” ante una situación de crisis, lo mejor es que te remangues y te pongas tú misma manos a la obra. Dicho y hecho. Laura Freixas ha puesto la semillita. Esta joya de Anagrama de 270 páginas y quince historias de quince escritoras diferentes, es una estampa preciosa, realista y entretenidísima sin precedente, que yo no he visto que haya vuelto a ocurrir. Pasa el test Bechdel con sobresaliente.

Deja de buscar, ESE libro que buscas está aquí. Es ESTE. Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Josefina R. Aldecoa, Esther Tusquets, Cristina Peri Rossi, Cristina Fernández Cubas, Soledad Puértolas, Nuria Amat, Paloma Díaz-Mas, Clara Sánchez, Juana Salabert, Flavia Company, Luisa Castro, Lucía Etxebarria y Espido Freire hacen las delicias de cualquier lectora que quiera pasar un buen rato y, como bien dice Freixas en el prólogo, “lo leído sirve para entender mejor lo vivido y esto a su vez traduce lo leído a términos personales; uno y otro se iluminan mutuamente, se matizan, se comparan, se corrigen, se contradicen a veces” y entonces la grandiosa escritora se pregunta a ver por qué no veía plasmada ninguna de sus intensas amistades con otras mujeres en las lecturas de las que ella disfrutaba por entonces. Todo cambia, cuando de golpe y porrazo se pone a repasar las lecturas de sus últimos años, donde encuentra “personajes con sus propios proyectos, puntos de vista y relaciones con otras mujeres”. Hace casi diez años de esto, pero es absolutamente atemporal y una lectura excelente para quienes disfrutan con textos cortos e historias breves. ¿Que tienes 15 trayectos de metro mientras vas a trabajar? Te da tiempo a leerte a una autora a la ida y otra a la vuelta. ¿Que estas fiestas navideñas no quieres tener conversaciones de ascensor antes de ponerte a comer porque te da pereza? Llegas justa a comer y en esos diez minutillos te lees a otra autora. ¿Qué la family viene a tu casa a comer? Mientras el brócoli se asa en el horno, sacas tu libro y empiezas con el aperitivo que más te guste. Nadie se acercará a darte la brasa.

¿Quieres hacerte una idea de qué se cuece? Te hago un escaneo saltando de una escritora a otra rapidito y sin espóilers para que te quedes con las ganas:

Carmen Martín Gaite  cuenta que su personaje “medía las semanas por el tiempo que había pasado con Cecilia, y así le parecía que habían sido más largas o más cortas” ¿A que te ha pasado? Cristina Peri Rossi narra la historia de Lucía y Eva y explica cómo  “a veces el amor es tan fuerte, tan insoportable, tan absorbente que se necesita una buena pelea para que las amantes vuelvan a ser seres autónomas, dolorosamente independientes, dueñas de sí mismas”. Sin comentarios. Tú sabrás dónde te metes y de dónde sales, que ya eres mayorcita, Mariloli. Cristina Fernández Cubas nos traduce los pensamientos de una mujer que confiesa algo tan terrenal y universal como que: “fueron quizás mis ansias desmesuradas de conversar con un ser humano de algo más que el precio del café, o tal vez la necesidad, apenas disimulada, de repetir en alta voz los monólogos tantas veces ensayados  frente al espejo,  lo que me hizo responder con excesiva vivacidad a la pregunta ritual de una mujer desconocida”. ¿Quién no habla consigo misma? ¿Quién no prepara bromas que dirá? ¿Cuántas veces habéis ensayado delante del espejo conversaciones? ¿Cuántas veces habéis repasado una discusión y os han venido a la cabeza miles de ideas que en el momento se os pasaron por alto? Las rumiantes somos lo máximo.  Nuria Amat va directa al grano cuando su personaje decide que “contar es traficar con la verdad” y que “lo humano es narcotizarse cuando se está desesperada. Lo espiritual: creer en los milagros” siempre teniendo en cuenta que “para ser feliz se deberían tener presentes las desgracias que aún no han ocurrido”. ¿Alguien duda que la combinación entre expectativas y realidad es lo que hará que el batacazo sea mayor o menor? Yo no.  Y “es difícil escribir sobre los vivos, porque es gente que se pasa el tiempo cambiando”, reza el inicio del relato de la argentina Flavia Company Navau, porque resulta evidente a día de hoy que quien se mantenga estática y monodimensional, se ha estancado, justamente como sucede con  la descripción de Clara Sánchez sobre el marido de Alicia, que es “más normal que corriente” y se pregunta “por qué Alicia se hubiera enamorado de alguien de quien yo no podría enamorarme jamás”. Pero sin lugar a dudas, la complicidad que desprenden los personajes de Esther Tusquets es mi favorita. Dos viejas amigas. Elisa recibe un email de Irene, “ven en cuanto puedas, te necesito”, y coge el primer vuelo a Venecia que encuentra. El final es tan realista que abruma, y le pone a una en la tesitura de qué haría si le sucediera tal cosa.

Yo no sé si te gusta leer, yo no sé si tienes amigas, lo que sí sé es que si te haces con una copia de una obra tan singular, vas a sentir que tienes un cachito de vida de gente en tus manos. Sentirás que puedes identificarte con muchas de las personajes. Sentirás que por una vez, estás ante una obra narrativa no mixta de mujeres con sustancia. Y lo mejor de todo, es que aunque las personajes sean mujeres, hoy por hoy sabemos que quien lo lea puede ser de género fluido, mujer, hombre, trans, cis, agénero, animal, planta o lo que se sienta. ¿Por qué lo escrito por autoras protagonizado por mujeres debería interesar TAN SOLO a las lectoras? Basta ya de hacer de lo masculino algo universal y de relegar nuestras propias creaciones a la otredad.

Amigas de la infancia, desconocidas que se conocen, madres, hijas, amantes ocasionales, parejas, novias, alumnas, maestras, vecinas, mujeres viejas, mujeres jóvenes, alguna de Venecia, Anja —una mujer no española que viene como trabajadora del hogar—. Y a ver, es cierto que Anja podría no haber sido encasillada y que la cruda realidad es que no hay mujeres con diversidad funcional, ni mujeres trans, ni mujeres con un pecho, ni mujeres gordas,  pero estoy segura que de haberse compilado a día de hoy en el siglo XXI (diez años más tarde) las hubieran incluido seguro. Quiero pensar que sí. ¿Soy muy ilusa? Y oye, desde aquí un llamamiento: ¿alguien se anima a crear otra antología con las mujeres cuyas historias no han sido compiladas?

¡¡Necesitamos más Cuentos de amigas!! ¿Pero qué te parece echarle un ojo a lo que ya está escrito? A mí me parece un libro muy necesario de ojear y de tener en la recámara si eres profesora y quieres usar personajes femeninos para que todo lo que tu alumnado lea no sea el día de la marmota. A mí me parece un libro muy necesario si tienes una hija o si tienes un hijo o si tienes une hije y le quieres mostrar que los protagonistas no tienen por qué ser siempre ellos. A mí me parece un libro muy necesario de leer si tienes alguna crisis amistosa con alguien y necesitas ese pequeño empujoncito para mandarle un audio y proponerle quedar. A mí me parece un libro superbonito de regalar. Es que es un libro precioso. Cuentos de amigas. ¡¿Y te lo vas a perder?!

¡Necesitamos más ‘Cuentos de amigas’!
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

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