ŽeneBiH, la memoria histórica de las mujeres en Bosnia Planeta, Reportaje

Un proyecto histórico-artístico recupera 50 biografías de mujeres de la historia de Bosnia y Herzegovina, a partir del siglo XIX -profesoras, científicas, pilotos, bailarinas- en un libro ilustrado por artistas locales. Masha Durkalić, una de las tres activistas impulsoras del proyecto, denuncia la falta de un movimiento feminista en su país, aunque destaca otro tipo de iniciativas rurales y comunitarias.

Masha Durkalić, Hatidža Gušić y Amila Hrustić Batovanja, impulsoras del proyecto ŽeneBiH./ Imrana Kapetanovic

Masha Durkalić, Hatidža Gušić y Amila Hrustić Batovanja, impulsoras del proyecto ŽeneBiH./ Imrana Kapetanovic

Las amigas Amila Hrustić Batovanja, Hatidža Gušić y Masha Durkalić, desde Praga, Sarajevo y Reykjavik respectivamente, discutían en marzo del año pasado por un chat de Facebook, comentando cómo se celebraba en el mundo el mes dedicado a las mujeres. Coincidieron en una percepción conjunta: que en Bosnia y Herzegovina, su país natal, no había constancia de los logros conseguidos por las luchadoras feministas. Decidieron ponerse manos a la obra.

Hatidža, coordinadora de proyectos, Amila, diseñadora gráfica y Masha, periodista, se pusieron de acuerdo para lanzar una campaña sencilla, nacida de su activismo feminista. Difundieron las biografías de 30 mujeres rebeldes de su país, con su correspondiente fotografía, para poner en valor lo que habían hecho durante sus vidas.

Aunque la campaña fue mínima, tuvimos una reacción en las redes muy positiva”, asegura Durkalić. Esto las animó tanto que decidieron que la campaña tomara otro calado: publicarían un libro, titulado #ŽeneBiH [MujeresBiH], incluyendo hasta 50 biografías, que acompañarían de retratos hechos por artistas e ilustradoras bosnias. Como feministas queríamos hacer algo para las mujeres que nos abrieron el camino. Lo mínimo que podíamos hacer era recordarlas, ponerles cara para que la gente supiera cómo eran”, recuerda Durkalić.

Sin lugar en el espacio público

En Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, el equipo de ŽeneBiH tiene contabilizadas solo 17 calles con nombres de mujer. Y tampoco hay otros espacios que las recuerden -con la excepción del jardín dedicado a la judía sefardita Laura Papo Bohoreta, una de las primeras escritoras feministas que procedía de España.El legado de las mujeres está olvidado y estamos acostumbradas a escuchar solo la memoria histórica de los hombres”, recuerda la periodista. Esta fue una de las razones del proyecto, visibilizar lo que no es visible en los lugares públicos.

No tenemos financiación, no somos una ONG ni queremos registrarnos como tal”, asegura esta periodista, que ya ha vuelto a vivir a Sarajevo. Por eso decidieron impulsar un micromecenazgo  que iniciaron en septiembre. El éxito fue inmediato: en menos de 24h habían doblado su objetivo y al cierre de la campaña habían conseguido 20.000 euros. El libro estará listo para marzo que viene, y han decidido aumentar el tiraje para llegar a las bibliotecas.

Pioneras

Las tres impulsoras de ŽeneBiH decidieron escoger a las primeras mujeres que entraron en la era de la emancipación, que fueron conscientes que como mujeres tenían el derecho a una posición igual. Doctoras, artistas, profesoras, matemáticas, periodistas, de diferentes etnicidades, que vivieron a partir del 1800. Se pusieron a leer mucho: si Google no les daba ningún rastro, tenían que cavar más hondo. “Fuimos a archivos, hicimos entrevistas, hablamos con parientes o amigos o hablamos con editores de libros que mencionaban estas mujeres”, rememora esta periodista.

Un ejemplo es la poeta Umihana Čuvidina, nacida en 1794. Hay tan poca documentación de ella que aún no están seguras que existiera. Fue enterrada entre 1850 y 1870 en una tumba anónima, el destino que correspondía a las mujeres pobres y no casadas. El libro incluirá también a la primera piloto Fatima Mušić Manojlović (la primera en volar, aunque no fue profesional) o Riki Levi, la primera bailarina, hermana de Laura Papo Bohoreta.

Staka Skenderova, serbia del s. XIX, pionera en la educación para chicas en Bosnia y Herzegovina, ilustrada por Merisa Bašić

Staka Skenderova, serbia del s. XIX, pionera en la educación para chicas en Bosnia y Herzegovina, ilustrada por Merisa Bašić

La primera mujer que inició la educación para chicas en BiH, en Sarajevo, se llamaba Staka Skenderova, y era una mujer serbia que vivió en el s. XIX. Fue una pionera y acabó por hacerse monja. Nunca se casó; siempre se vestía de negro y cubría su cabeza con un pañuelo negro. Actuaba literalmente como los hombres de la época (iba a los cafés, fumaba y bebía alcohol). Fue una activista de la justicia social que se encargó de las niñas sin familia, que trabajaban en condiciones peligrosas o eran trasladadas en burdeles. Skenderova tenía una amiga inglesa, Adeline Paulina Irby, llamada Miss Irby, que continuó con su trabajo, el de dar apoyo a la educación de las chicas. Irby era muy famosa y hay una calle en Sarajevo que recibe su nombre.

En la selección también quisieron incluir cinco partisanas de la resistencia contra los nazis, porque, como denuncia Durkalić, la parte de la época socialista acostumbra a ser ignorada. Una es Radojka Lakić, una de las pocas mujeres con una estatua en Bosnia. Otra es Vahida Maglajlić, partisana de Banja Luka y miembro de la resistencia, una mujer que hizo mucho trabajo para promover el empoderamiento de otras compañeras en los años 40. Finalmente, Lepa Radić, partisana de 17 años, murió colgada por los nazis. Mujeres rebeldes de ayer y de hoy.

Sin movimiento feminista en Bosnia y Herzegovina

Masha Durkalić hizo su tesis sobre los movimientos feministas en Croacia que luchan contra los grupos autodenominados profamilia. “En Bosnia no existe un movimiento feminista como tal”, asegura con seguridad. Las feministas en Bosnia no están representadas en la calle, sino a través de las ONG. Si hace memoria, no se acuerda de la última marcha feminista, solo una pequeña concentración el día 8 de marzo. Lo atribuye a “la pasividad de la sociedad” y a una “falta de cultura de protesta”. “Si protestas en la calle donde la gente está tomando café te miran y creen que estás loca, empiezan a decirte tonterías o a humillarte”, añade.

En cambio en Serbia o en Croacia, la presencia en las calles es mucho mayor (el caso croata fue relatado recientemente en Pikara Magazine). En Croacia, donde se llegó a preguntar si el aborto tenía que ser legal, las feministas salieron a la calle, hicieron marchas y performances. Defendieron, recuerda Durkalić, que esa pregunta no se podía formular.

Masha Durkalić en un momento de la entrevista./ Mar Carrera

Masha Durkalić en un momento de la entrevista./ Mar Carrera

Hay más motivos sobre esta falta de actividad contestataria. La caída de la República Federativa de Yugoslavia en el año 1991 y la guerra que siguió alteraron el país para siempre. La liberalización y la economía de mercado desembarcaron en esta parte del mundo y con el contexto de posguerra, también se hicieron su lugar las ONG. “La oenegeización es una herramienta poderosa de supresión del activismo porque se basa en las políticas de los donantes”, reflexiona Durkalić. Y en las ONG, los activistas no tienen libertad para incidir en aquello que ven importante.

La última movilización que recuerda Durkalić fueron dos rondas de protestas laborales en 2013 y 2014 contra el gobierno local, una de las capas del complicado sistema gubernamental que resultó de los Acuerdos de Dayton de 1995. “Después de 2013-2014, todas las demandas de los ciudadanos fueron ignoradas”, lamenta Durkalić.

En su diagnóstico de la situación en Bosnia, sin embargo, señala un movimiento cívico que sí que está ganando presencia en las calles. Se trata de Justicia para David (Pravda za Davida), que tiene lugar en Baja Luka, la capital de la República Srpska, una de las dos entidades que conforman Bosnia y Herzegovina -la otra es la Federación de BiH. Este movimiento empezó en marzo del año pasado y fue iniciativa del padre de David, un joven asesinado brutalmente por razones desconocidas. Para denunciar la inacción de la policía y el juzgado, el padre de David y sus amigos empezaron una protesta diaria, que se ha extendido a otras regiones.

¿Qué hacen las feministas si no son activas en el espacio público? En espacios rurales, se hibrida otro tipo de activismo. Durkalić considera que el dinero de los donantes se ha empleado bien en estas zonas, donde proliferan grupos informales de mujeres que se reúnen para cocinar y darse apoyo. Es muy extraño, el empoderamiento contra el patriarcado está ocurriendo en pequeñas comunidades, con mujeres mayores que no están cualificadas; su conciencia es mayor que en jóvenes que no sienten la necesidad de protestar por sus derechos”, diagnostica esta feminista.

Los motivos para salir a la calle

Aunque no lo hagan, tienen motivos para protestar en la calle. Uno es la falta de casas de acogida para mujeres maltratadas. La Federación de BiH debería financiar estas casas pero no lo hace, son gestionadas por ONG. Solo en la República Srpska de Bosnia hay un poco de financiación para estos espacios.

EL PODER JUDICIAL ES UNO DE LOS ESCOLLOS MÁS IMPORTANTES PARA COMBATIR LA VIOLENCIA MACHISTA, EN UN PAÍS DONDE MUCHOS HOMBRES ESTÁN MARCADOS POR EL TRAUMA DE LA GUERRA
Durkalić conecta una parte de la violencia machista con una de las consecuencias de la guerra, el Síndrome de Estrés Postraumático que padecen muchos hombres. Y añade que el principal problema sigue siendo que no se denuncia: “Se dice que es una cosa privada; la gente llamará a la policía si te oyen practicar sexo pero no llamaran a la policía si un hombre está pegando a su mujer”.

Su opinión sobre las leyes contra la violencia machista es positiva, aunque cree que se falla en su implementación: los castigos son demasiado bajos y la rehabilitación de los agresores no funciona.

Las redes sociales contra el acoso sexual

En febrero pasado, Durkalić participó en un caso contra el acoso sexual. Un comentario sexista sobre maternidad por parte del escritor Goran Samardžić contra la periodista Jelena Kalinić generó una lluvia de comentarios en la red. Durkalić fue una de las primeras a denunciarlo y decenas de usuarios compartieron su reacción, así como también webs de derechos humanos como el portal contra la discriminación Diskriminacija.ba. A raíz del caso, dos escritores cancelaron acuerdos editoriales con Samardžić y él acabó por disculparse y dejó ciertas responsabilidades en su editorial. “Después de este caso fui tachada de feminista enfadada, pero no me preocupa. ¿Acaso no hay motivos para estar enfada? Y si estoy enfadada, ¡haré algo al respecto!”, asegura Durkalić.

La peor brecha salarial de Europa

La investigadora Tea Hadziristic comparaba en un artículo la situación actual del país con la vida que le tocó vivir a su abuela, en la era socialista. Actualmente, el país tiene una de las peores brechas salariales de Europa, ya que las mujeres cobran el 54% de lo que ganan ellos. A Durkalić no le extraña esta situación, teniendo en cuenta la tasa de paro está en el 20,5% y el paro juvenil a 45,8% (datos de 2017). “No hay oportunidades de trabajo, la gente emigra y las mujeres son vistas como cuidadoras”, asegura.

En un país que vivió cuatro décadas de medidas socialistas durante su pertenencia a la ex Yugoslavia, impulsadas por Josip Broz Tito, extraña ver datos económicos de este calado. “Éramos un país socialista, pero ahora no tenemos ni la protesta del 1º de Mayo”. Además, le añade otro elemento: los acuerdos de Dayton de 1995 no tuvieron en cuenta la perspectiva de género. “El acuerdo se firmó sin ninguna mujer implicada”, comenta, y las mujeres habían sido violadas, habían tenido que dejar sus hogares y/o cuidar de sus familias rotas. Como afirma Vanessa Pupavac citando diversas fuentes feministas, con la paz promovida por la comunidad internacional, llegaron intervenciones económicas que dejaron a las mujeres en una situación más vulnerable: la erosión del estado, la privatización masiva, entre otros factores.

Ni Masha Durkalić, ni el equipo entero de ŽeneBiH se rinden, y aunque reciban negativas, insisten. “Cuando recordamos la importancia de la perspectiva de género, nos dicen que hay cosas más importantes primero. Y no ven que la igualdad en todos los sentidos comporta prosperidad y más oportunidades”, concluye.

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Mar Carrera

Periodista y editora en Pol·len edicions sccl (Foto de Antolín Avezuela)

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