Rosalía, hacer alfombras y posar desnudo Tocador de señores, Voces

Que un hombre de cincuenta años, inteligente y simpático quiera mostrar su cuerpo en redes sociales… ¿es apropiación cultural? Vuelve la pluma afilada de José Luis Serrano en su versión más deslenguada y provocadora. Quedaos con dos personajes recurrentes: Ofelia y el euskogalego.

José Luis Serrano conectando con su lado hetero./ Foto de su archivo personal

José Luis Serrano conectando con su lado hetero./ Foto de su archivo personal

He pasado unas semanas bastante ajetreadas: oír 435.876 veces el disco de Rosalía (sí, dejémoslo claro, no soy cristiano, Rosalío soy, y a Rosalía adoro, y en Rosalía creo, y a Rosalía amo), una boda familiar en Gran Canaria (¡una boda hetero en Maspalomas, en la que he vuelto a tener dudas sobre mi orientación sexual: nada me vuelve más hetero que unos zapatos castellanos con calcetines ejecutivo. Es verlos y necesitar comerme una bragas color carne), discutir sobre Rosalía en redes sociales, defender a Rosalía ante desconocidos como si fuera mi prima o algo, posar desnudo ante un fotógrafo rumano…

Al final, cuando tengo alguna duda concreta, acudo a Ofelia, mi compañera de trabajo. Ofelia padece desde hace años una otitis vaginal severa (oye lo que se sale del coño). Me lo dijo una vez. Así que yo preguntaba y preguntaba y no me hacía ni caso. Al final, me dijo que a ella la que le gustaba de Rosalía era la de Follas Novas. Me lo esperaba, casi, ella es muy básica. Y se va por ahí gritando “Adios, ríos, adios, fontes, adios, regatos pequenos, tra-trá”. En la reunión de seguimiento de proyectos de todos los lunes con mi Director, he decidido sustituir los habituales “Cost performance index” o “Schedule performance index” por otros nuevos índices que han triunfado: “malamente” o “mal mu mal mu mal mu mal”.

Luego resulta que por casualidades de la vida, me veo envuelto en una polémica sobre unas fotos desnudo que me ha hecho el fotógrafo Tiberiu Căpudean (aquí dejan ustedes de leer y se ponen a buscarlas hasta por la red profunda) para su proyecto NAKED. Resulta que como llevo unos meses en el gimnasio (con mi entrenador euskogalego), pues está muy mal que me haga las fotos ahora porque pongo en evidencia e invisibilizo otros cuerpos o cuerpas que no van al gimnasio porque no pueden o porque no quieren o porque prefieren ponerse ciegos a chocolate con churros como hacía yo hasta hace unos meses o porque te deberías haber hecho las fotos antes cuando te ponías de gallinejas y cocacola como un cerdo y no ahora que estás cañón. Supongo que esperaban unas fotos de esas de perfil de Grindr en las que fuerzo mis esplendorosos músculos y contraigo mi vientre hasta la asfixia. La polémica se terminó cuando aparecieron las famosas (y preciosas) fotos, en las que más bien parezco la odalisca de Ingres, con mis curvitas, mi laxitud, mi relajación. El fotógrafo vino a mi casa y se quitó los zapatos nada más entrar (durante unos segundos pensé que se iba a desnudar del todo para hacer que me sintiera cómodo o algo así) y empezamos a hablar. En medio de la conversación, cuando él lo consideraba, disparaba. Y me pillaba en posturas no Grindr. En este proyecto fotografía a hombres gays de varios países que cuentan historias de homofobia y superación. Me preguntó que cuál era mi historia y me detuve en seco. Quizá yo no merecía estar ahí, yo soy blanco, con trabajo, estudios, no he tenido episodios violentos de homofobia, no me han agredido, ni mi vida social o familiar o laboral o pública se ha visto truncada por mi homosexualidad (¡más bien al contrario!). Así que tuve que pensar en un momento concreto y lo encontré. En el Instragram de Tiberiu Căpudean pueden encontrar la historia. Y me verán en pelotas en museos de Berlín, Londres, qué sé yo.

Por lo demás, sigo sin entender parte de la polémica: el que un hombre de cincuenta años, inteligente y simpático quiera además ser atractivo (para sí mismo o para los demás) ¿es apropiación cultural? Un abogado amigo me respondió: son los guapos los que ejercen la apropiación cultural cuando leen. Tras una encuesta (“¿Qué creen que debo hacer con las personas ofendides que creen que, por haber descubierto a los 50 años que cierta actividad física me viene muy bien para seguir desarrollando mis otras facetas en un buen estado de salud corporal y mental, estoy menospreciando otras realidades corporales y mentales?”) decidí hacer caso al 96% de mis seguidores y mandar al carajo a les ofendides.

Me he acordado mucho esta semana de una cosa que hacíamos en casa de pequeños: alfombras. Yo extendía mis brazos con la madeja de hilo y mi madre o mis hermanos hacían ovillos o lo liaban alrededor de unos cartones que luego cortaban, hacían una especie de fideos de lana de colores y con unos aparatitos metálicos que jamás me dejaron tocar (con buen criterio) reproducían el dibujo marcado en la base de plástico de la alfombra. Me he acordado porque pasábamos así las tardes, muchas tardes. Y con lo corta que es la vida, no entendí cómo se puede perder el tiempo de esa forma, toda la familia sentada en el salón haciendo alfombras horribles, en lugar de andar discutiendo con desconocidos en redes sociales sobre Rosalía o sobre si debo o no ir al gimnasio. Eran otros tiempos.

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José Luis Serrano

Matemático sin teorema, historiador sin publicaciones, inmigrante con papeles, poeta sin libro, director de cine sin película, eurofan sin bandera, católico sin iglesia, oso sin pelo, queer sin seminario sobre teoría de género. Nacido en Ciudad Real, a los dieciocho años emigró a Madrid a estudiar Matemáticas, donde descubrió a Gödel y Turing, perdió la fe en las ciencias y se dedicó a la contemplación de la perversa obra de Dios. En 2012 publicó su primera novela (Hermano) y una colección de relatos de viajes, cuentos y escritos contra la homofobia (La tumba del chicle Bazooka). En 2014 publicó su segunda novela, Sebastián en la laguna. En 2015 publicó su tercera novela, Lo peor de todo es la luz. Fue coordinador durante 10 años de la sección cultural de la web www.dosmanzanas.com, donde se dedicó cada viernes, con la columna Desayuno en Urano, a comentar películas y libros de temática LGTB.

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