¿Por qué solo Rosalía? Superar el sí y el no Participa

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Ana María García

En las redes rondan miles de opiniones dispuestas a hundir o aplaudir a Rosalía. Las críticas hacia esta artista revelación giran en torno a tres temáticas fundamentales, Rosalía es blanca, paya y catalana. Pero, también, cabe decir que el debate se vuelve mucho más delicado cuando escuchas su música, te gusta, y aun así te quieres mantener crítica con una figura artística que está emergiendo y triunfando dentro y fuera de tierras españolas. Aquí comienzan los “peros”: “Rosalía es blanca, pero…” , “Es apropiación cultural, pero…”, “No apoya el maltrato animal, pero…”

Bien, nos puede gustar Rosalía musicalmente o no, eso da igual, ¿por qué? porque también nos puede gustar la música que hace, por ejemplo, Costa y eso no quita que sea un payaso;  la crítica no implica censura, pero mis tendencias musicales tampoco implican ausencia de crítica interna y externa. Por lo tanto, el caso de Rosalía puede ser una gran oportunidad para re-pensarnos otras cuestiones propias de las cuales Rosalía es tan solo un reflejo.

Con esto vengo a decir, o más bien a cuestionar, ¿en qué nos diferenciamos de Rosalía? Con esta pregunta hago alusión a quienes dicen no tener privilegios, a nosotres, españoles blancxs, que realmente no estamos siendo capaces de ir más allá de la crítica dicotómica hacia Rosalía. Nuestro discurso simplemente gira en torno a cerrar un debate que concluya con un sí o un no y punto, porque “qué cansina es la peñica con las apropiaciones culturales” . No somos capaces de romper el binarismo y en el caso de serlo nos requiere mucho tiempo y reflexión, ya que profundizar en las razones de nuestros discursos también significa reconocer nuestro racismo inter (y exter)-iorizado.

Por lo tanto, podría decirse, que el problema es que Rosalía, como muchas otras personas blancas y españolas, en lugar de tomar esta controvertida situación como una oportunidad para re-pensarnos y re-tomar un discurso necesario sobre la situación de las personas gitanas en España, prefieren publicar Instagram Stories en las que apoyan a la artista a grito de “Vivan tus apropiaciones culturales”, como por ejemplo hizo el actor Paco León.

En mi caso, como feminista blanca, me gustaría usar a Rosalía como uno de los tantos ejemplos mainstream actuales que nos llevan a replantear(nos) cuestiones varias dentro del feminismo blanco. La primera cuestión se inspira en un comentario de una compañera: “Me parece muy poco feminista machacar así a Rosalía”. Yo me pregunto, ¿es poco feminista? ¿por qué? Desde la crítica constructiva admiro a las compañeras que triunfan, pero esto no conlleva apoyar acríticamente a todo el mundo. Para mí la sororidad queda lejos cuando te tienes que enfrentar a feministas TERF, por ejemplo.

Entonces, Rosalía, que no se ha posicionado abiertamente como feminista, quiera o no, sí se ha encasillado como liberal. Básicamente, como explicó en una entrevista de La Razón, a ella le interesan las mujeres que emprenden, las mujeres que son poderosas y llevan la iniciativa, “Me identifico y me inspira esa mujer: mi madre y mi hermana. Trabajar duro y llevar las riendas es lo que significa ser mujer en la industria de la música”, afirmó la cantante.

Pero ¿qué pasa con el resto de mujeres? Desde un círculo intelectual artístico, como es el de Rosalía, nada es casual, cada detalle visual, musical y artístico en general está minuciosamente estudiado.  Cómo, pues, ¿no hemos escuchado un posicionamiento clave por parte de Rosalía en el que se valore y re-piense las críticas de otras mujeres que no son “poderosas” ni “llevan la iniciativa”? Porque, como bien dice, no le interesa. Aunque el Mal Querer sea una oda en contra de la violencia de género, una oda que convierte en música y vídeo la historia de una mujer que sobrevive a la violencia machista, Rosalía y el Mal Querer, cometen los mismos errores que las feministas blancas hemos cometido y seguimos cometiendo: nos resulta muy difícil reconocer nuestros privilegios y de-construirlos, trabajarnos. Rosalía, como muchas de nosotras, utiliza la clásica “culpa blanca” para justificarse:

“Lo que sí que me sabe mal es que digan que he tenido un privilegio, porque el único que he tenido es que mis padres se matasen a trabajar para que yo pudiera estudiar música. En el flamenco, ser catalana, mujer y paya, más bien, lo tienes muy mal.”

¿Tan mal lo tienes, Rosalía? Es aquí donde llega el punto en el que la sororidad chirría, la suya y la mía. Se hace difícil no ser crítica con Rosalía, aplaudir su maravilloso triunfo, cuando afirma que lo tiene mal por ser catalana y paya. No hace falta explicar mucho para darse cuenta que ese argumento no encaja, es decir, ¿desde cuándo ser paya oprime?. Ser catalana y paya, dentro del contexto español – así como en muchos otros –  es un gran privilegio, da igual que cantes flamenco, fandango, trap o reggaetón.

Conclusión, como grandes colonizadores nos encanta apoderarmos, apropiarnos y excluir, promoviendo un mayor rechazo hacia los cuerpos que, en repercusión, invisibilizamos. Por ello, es importante alejarnos de una discusión que se basa en censurar o dar total libertad de expresión a les artistas: Rosalía sí o Rosalía no.  Es importante mirar los diferentes prismas y darnos cuenta que la discusión va más allá de la cantante, ya que una de las razones por las cuales este debate es tan controvertido es debido a que gira en torno al racismo propio. Por ello, sería mucho más fructífero si este momento sirviera para generar auto-crítica y no censura. Como bien explica Noelia Cortés, es importante remarcar la diferencia entre el personaje y la persona:

“¿Hay algo de malo en crear un personaje, como Rosalía hace? No del todo, siempre y cuando se hable de ello como de un personaje y no se le tiren todas las flores que se le niegan a las personas que son lo que el otro interpreta, como en un teatro, a partir de la simbología de ellos. Negando que sea algo ajeno que se ha elegido explorar. Es decir, negando su identidad a la gente que te inspira.”

Por lo tanto, la cuestión no es  lapidar a Rosalía, la cuestión es valorizar y visibilizar lo que queda escondido debido a la adoración de un personaje privilegiado. La cuestión es replantearnos los límites en los que orgullosamente defendemos que todo vale y preguntarnos, entre tantas otras cosas, ¿por qué solo Rosalía?

Sobre la autora

Ana María García López es activista, feminista, queer y andaluza. Graduada en Trabajo Social en la Universidad de Granada, actualmente cursa su segundo año en el Máster GEMMA (Utrecht-Lodz). Sus intereses de investigación se nutren de la teoría queer y giran en torno a la representación de los cuerpo

¿Por qué solo Rosalía? Superar el sí y el no
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