‘Nuestra Hermana Aguafiestas’: el viaje de una africana a la Europa cuna de nazismo Ficciones, Reseñas

La novela-poema ‘Nuestra Hermana Aguafiestas’ de Ama Ata Aidoo es una de las obras más audaces, “modernas”, visionarias y radicales que han surgido de África en la época de las postindependencias. Compartimos el prólogo, que contextualiza a la autora y al libro, de Marta Sofía López para la edición en español, que ha publicado la editorial Cambalache.

Marta Sofía López

La primera vez que leí Nuestra Hermana Aguafiestas fue a principios de los años 90 y, junto con Scarlet Song, de Mariama Bâ, fue el tema de mi trabajo de investigación predoctoral. Revisitar la obra de Ama Ata Aidoo más de 20 años después, cuando he dedicado muchas horas de mi vida a África, a sus escritoras y a sus escritores, cuando he organizado y asistido a innumerables foros académicos sobre el continente y he tenido la oportunidad de visitar algunos países africanos, cuando he enseñado en decenas de cursos sobre teorías y literaturas postcoloniales, ha sido una confirmación de lo que entonces, desde mi casi completa ignorancia sobre literatura africana, ya intuí: que la novela-poema de Aidoo es, con mucha diferencia, una de las obras más audaces, «modernas», visionarias y radicales que han surgido de África en la época de las postindependencias. O quizás la más.

Concebida en los años 60, cuando la propia escritora era una jovencísima y brillante estudiante que recorría el mundo occidental a la manera de su protagonista, y publicada a finales de los años 70, el texto de Aidoo resuena de principio a fin con tonos de profecía apocalíptica en nuestros oídos contemporáneos. En ningún momento la autora se deja deslumbrar por «los soles de las independencias», esa ola de optimismo sobre el futuro del continente africano que recorrió el mundo entero en la era de las descolonizaciones. Y mucho menos por el oropel del mundo occidental, especialmente de una Europa paternalista y falsamente benevolente que aparentaba (y sigue aparentando) apostar por el desarrollo, las políticas democráticas y el lavado de conciencia colectivo sobre la historia del esclavismo, el imperialismo, la colonización y la neocolonización.

Me pregunto qué habrá pensado Ama Ata Aidoo cuando, a mediados del verano de 2014, la Organización Mundial de la Salud necesitó tres días de reuniones intensivas en Ginebra para determinar si el brote de ébola en el oeste de África era o no una emergencia sanitaria internacional. Me pregunto qué pensará cuando, a instancias de organizaciones independientes, los bancos europeos y norteamericanos se ven obligados a declarar las enormes fortunas que un sinnúmero de «líderes» africanos acumulan en sus arcas. Me pregunto qué pensará sobre los campos de personas refugiadas, los desplazamientos masivos, las hambrunas, los golpes de estado, las matanzas, las inflaciones galopantes, la pandemia del SIDA, las compras de inmensas extensiones de tierras y acuíferos por parte de las potencias neocoloniales emergentes, el tráfico internacional de armas, el depósito recurrente de toda clase de residuos tóxicos procedentes del «Primer Mundo» a lo largo y ancho del continente… Si acaso, y si eso fuera posible, su visión se habrá hecho aún más afilada, más ácida, más fundamentada incluso que la de Sissie.

Porque Nuestra Hermana no sufre precisamente de una «neurosis antioccidental» ni de prejuicios antieuropeos o antiamericanos, sino de una dosis extraordinaria de lucidez, de visión global, de memoria histórica. Décadas antes de que se inventaran el «cosmopolitanismo» a la manera de su compatriota Anthony Kwame Appiah o el «afropolitanismo» de Taije Selasie, el personaje de Ama Ata Aidoo, como seguramente ella misma, fue capaz, como ciudadana del mundo, de entender y denunciar que los males del continente se gestan, y llevan siglos gestándose, en un millar de sepulcros blanqueados salpicados por todo el «Primer Mundo». Marlow, el personaje de Conrad, afirmaba en El corazón de las tinieblas que «toda Europa había contribuido a hacer a Kurtz». Y, acertadamente, sitúa ese centro neurálgico del mal en Bélgica, un país insignificante en la Europa de entonces, pero cuyo modelo colonial en el Congo, liderado por el rey Leopoldo II, ha pasado a los anales de la infamia universal.

Como doctoranda fascinada por la plétora de teorías críticas que las «nuevas humanidades» alumbraban sin cesar en las últimas décadas del siglo XX, mis primeras lecturas de Nuestra Hermana Aguafiestas tenían mucho que ver con la sistemática deconstrucción que, desde una perspectiva postcolonial y feminista, Aidoo llevaba a cabo con respecto a El corazón de las tinieblas. En lugar de un joven europeo que se adentra en la selva primigenia africana, una joven africana que se adentra en el corazón más oscuro de Europa, la cuna del nazismo y del Holocausto. No la oscuridad de Lucifer, sino la despiadada «blancura» del mundo occidental, con su profunda miseria humana y su infinita hipocresía, constituyen en la conciencia de Sissie la visión del abismo. No ya el tráfico de marfil, sino el comercio en órganos y en vidas sigue siendo un gran motor de la desigualdad global. No los recovecos del río Congo, con sus orillas infectadas de seres incomprensibles cuya humanidad resulta dudosa, sino la asepsia y el vacío de una habitación conyugal en un hogar de clase media, en medio de una ciudad europea industrial y pequeño-burguesa, representan el «HORROR». Y cualquier intento por reconciliar las vidas particulares de dos mujeres, un ama de casa alemana y una estudiante africana, está condenado de antemano por siglos de historia, de una historia que no es sino voluntad de poder a la manera nietzscheana.

También, y aquí entra en juego el feminismo innegociable y afrocéntrico de Aidoo, está condenado al fracaso el entendimiento entre una mujer africana comprometida consigo misma, con su cultura, con su país y con su continente, y un hombre o unos cuantos hombres africanos que se han olvidado de quiénes son, de quiénes están destinados a ser en sus falsamente placenteros auto-exilios, en el vientre de la ballena, en Babilonia. La literatura africana postcolonial está cuajada de «viajados», los conocidos como been-tos, que se han dejado la mente y el corazón en su torpe empeño por asimilar y emular los modos de vida occidentales. Que han dejado atrás a sus madres, a sus hermanas, a sus mujeres y a sus hijas para ser finalmente devorados por la bestia: llámese ciencia, tecnología, sociedad del bienestar (¿para quién?), capitalismo, academia, un coche de lujo…

Pero, si la subalterna consigue hablar, si su voz puede resonar con tonos de profecía apocalíptica en algún rincón del planeta, no tiene demasiado que esperar de sus «hermanos». La propia Aidoo relata, con justificada amargura, el olvido en el que cayó Nuestra Hermana Aguafiestas por lo que respecta a los críticos y editores africanos en su ensayo Unwelcome Pals and Decorative Slaves. Glimpses of Women as Writers and Characters in Contemporary African Literature (Colegas indeseadas y esclavas decorativas. Visiones sobre las mujeres como escritoras y personajes en la literatura africana contemporánea) . El feminismo de Aidoo no es deudor de Mary Wollstonecraft, de Betty Friedan o de Hélène Cixous. No arraiga en la Revolución Francesa, ni en el movimiento sufragista, ni en la «segunda ola». Surge de la dignidad insobornable de las mujeres negras, de su autosuficiencia atávica, de sus instituciones solidarias y su voluntad de contribuir a la supervivencia del grupo humano: la familia, el clan, la tribu, la nación, la diáspora…

«¿Acaso yo no soy una mujer?», preguntaba la activista negra Sojourner Truth a sus compatriotas norteamericanas en la época de la Declaración de Seneca Falls, a finales del siglo XIX. Desde los años 70 del siglo XX, Ama Ata Aidoo lleva interpelando por igual a las mujeres blancas y a los hombres negros con su obra y con su vida. Como Nuestra Hermana Aguafiestas, Aidoo revienta nuestras certezas, socava nuestra autocomplacencia, mina nuestras excusas. Como su hermana afrocaribeña norteamericana Audre Lorde, con la que sin duda podría haber tenido, o quizás tuviera, más de una agria polémica, Aidoo nos mira a los ojos y nos dice: «Yo estoy haciendo mi trabajo. ¿Estáis vosotros y vosotras haciendo el vuestro?».

La novela, como todos los libros de Editorial Cambalache, está disponible para libre descarga en su web.

 

Próximas presentaciones:

  • 22 de noviembre, en La Libre, de Santander a las 20h.
  • 23 de noviembre, en la librería Louise Michel Liburuak, de Bilbao a las 19.30h.
  • 24 de noviembre, en el Ateneo Riojano, a las 12.30h organizado por Mujeres enRE_BELDÍA (Logroño).

 

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