“El Alarde demuestra que las mujeres no podemos confiar en este sistema” Entrevista, Voces

Merche Tranche es un rostro emblemático en la defensa de la participación igualitaria en fiestas, derecho que los tradicionalistas niegan con violencia en los municipios guipuzcoanos de Irun y Hondarribia. Bibliotecaria e investigadora, imparte talleres sobre literatura escrita por mujeres y es autora de cuatro libros sobre la historia de su localidad.

Merche Tranche fotografiada por Dani Blanco para Argia

Merche Tranche fotografiada por Dani Blanco para Argia

Nos reunimos con Mertxe Tranche (Irun, 1965) en la librería Brontë de Irun. ¿Dónde si no? Y es que para Tranche los libros son, a la vez, pasión y medio de vida. Ha hecho de todo con ellos: leerlos, venderlos, ordenarlos, escribirlos, impartir talleres… Por lo tanto, en esta entrevista hemos hablado necesariamente sobre literatura. Y también, necesariamente, sobre realidad e historia. Y es que la lucha por el Alarde igualitario, que dura ya dos décadas, ha marcado la vida de esta irunesa.

¿Cuál es la primera lectura que recuerdas?

No es la primera, pero recuerdo Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Cada vez que viene una adolescente a la biblioteca, aunque venga a por cualquier otra cosa, se lo lleva. Porque me parece que con Jane Eyre hay un antes y un después.

¿Por qué te supuso un antes y un después?

Cuando lo leí debía de tener 12 años, hasta entonces no había leído más que libros juveniles, y recuerdo que me angustió mucho. Descubrí que en literatura podía haber otras cosas.

¿Qué fue lo que te angustió?

Jane Eyre es, en muchos sentidos, un libro técnicamente flojo, pero tiene tal pasión… El parlamento que ella hace en la azotea me sigue poniendo los pelos de punta, y creo que trata un tema que para las mujeres es muy importante, que es el dominio de la rabia.

“TENGO LA IMPRESIÓN DE QUE LAS ESCRITORAS CREEN QUE SI NO HACEN UNA LITERATURA ‘DURA’ NO VAN A SER TOMADAS EN SERIO”
Nunca nos enseñan qué tenemos que hacer con la rabia que necesariamente sentimos por vivir en este sistema. Todas lidiamos con la rabia, pero nadie nos enseña qué hacer con ella. Nos dicen, siéntate, estate quietita, pero seguimos sintiendo lo que sentimos. Cuando leemos Jane Eyre vemos de qué manera podemos servirnos de la rabia a nuestro favor, y creo que eso es lo que le da fuerza al libro.

Me gustaría que habláramos de otro libro. Virginia Woolf publicó Un cuarto propio en 1928, hace 90 años. Woolf repasa la literatura escrita por mujeres hasta entonces, y pide a las mujeres del futuro que conserven su libertad y que escriban de todo. Les dio cien años. Visto que das talleres sobre literatura escrita por mujeres, ¿cómo ves el asunto?

Yo creo que en esos casi cien años ya se han escrito unos cuantos buenos libros. Yo lo que diría ahora, pero es una opinión completamente personal, y ya un poco viejuna igual, es que estaría bien que las escritoras dejaran de pensar que tienen que ser apocalípticas para ser interesantes. La nueva generación es absolutamente apocalíptica y distópica, y nos deja a todas sin aliento, pero no propone ninguna salida. Lo están haciendo brutalmente, pero te meten una patada en la boca del estómago… El diagnóstico está de cine, pero a la herida habrá que ponerle algún emplasto, ¿no? O por lo menos dejarla al sol, no podemos vivir así. Tengo la impresión de que creen que si no hacen una literatura “dura”, no van a ser tomadas en serio. A mí me gustaría como que se perdiera esa impresión de que hay que ser muy duras para ser tomadas en serio. Que seguramente es una impresión acertada, así que igual lo que me gustaría es que el mundo no fuera así.

En un momento dado, pasaste de leerlos a venderlos. Montaste la librería Auskalo, junto con Josune Urrusolo, en los años noventa. ¿Cómo empezó?

Una de las cosas que tuvo de bueno la movida del Alarde, que tuvo muchas, fue que nos encontramos un montón de gente que no nos conocíamos. Entre las que nos conocimos, algunas teníamos los mismos proyectos. Y ahí coincidimos Josune y yo, el sueño de las dos era tener una librería. Josune era mucho más osada que yo, yo me habría pasado la vida soñando y nunca hubiera hecho nada, pero ella descubrió que hacía falta bastante poco dinero para montar una librería tal como la queríamos montar.

¿Cuántos años duró Auskalo?

Cinco. Funcionó bastante bien la verdad, no cerramos porque no funcionara, sino porque teníamos otras exigencias laborales. Además, había un sofá, y como eran los tiempos del Alarde, llegaba la gente a las 6 de la tarde y no se iba hasta las 12 de la noche. Los sábados íbamos al mercadillo. No teníamos vida. Estábamos agotadas.

Tranche en un momento de la entrevista./ Dani Blanco para Argia

Tranche en un momento de la entrevista./ Dani Blanco para Argia

Pasemos ahora a los libros que has escrito. ¿Cómo empezaste?

Yo trabajaba en [el teatro] Legaleón, hasta que se fueron a montar otra compañía en Suiza: L’Alacran. Nos quedamos sin trabajo. Había un premio de investigación, y presenté un proyecto: investigué a las cerilleras, que era algo que había durado en Irun 100 años, que 600 mujeres trabajaban en esa fábrica, yo tenía como indicios de que habían sido muy cañeras, pero nadie sabía nada de ellas a ciencia cierta. Gané, y entonces, seguí investigando el tema de las fábricas. Empecé a ver que lo que se había dicho siempre de que Irun no había sido industrial no era cierto: Irun sí se industrializó, pero de otra manera. Y luego pues ya una vez que te metes ahí, te empiezan a salir expedientes de los que te enamoras cada dos por tres. Y empiezas a hilar. Te conviertes como en la experta de una cierta época, que en mi caso es el siglo XIX, te empiezan a encargar cosas…

La investigación se hace para conocer cosas que no se conocían… ¿tú qué has aprendido?

Sobre Irun y yo diría que sobre el mundo en general, lo que me queda muy claro es que las élites se transforman siempre, que la frase de El Gatopardo de que todo cambie para que todo siga igual es así. En cada época se adaptan a lo que es necesario, pero también a unas ciertas modas. En el siglo XVIII por ejemplo era muy importante para ser élite, en el caso de los Olazabal, ser muy aparente, ahora es muy necesario ser muy discreto; los Olazabal ahora son los dueños de la mayor bodega de Portugal, están en todos los bancos, pero nadie lo diría.

Pasemos ahora a un tema que ya ha aparecido varias veces durante esta entrevista. Miremos al pasado, al 30 de junio de 1996. La primera vez que salisteis en el Alarde. ¿Cómo recuerdas aquel día, ahora que han pasado más de 20 años?

Ese año estaba en la organización, no estaba dentro, pero iba corriendo en paralelo a ellas. Para cuando llegamos al 30 de junio ya nos habían dado hasta en el carnet de identidad, pero creo que hasta diez segundos antes todavía pensábamos que ah, igual no nos recibirían mal. Entonces estar de repente en la plaza de San Juan y ver cómo nos recibieron, fue una revelación. Creces de repente, o te salen canas, pero te das cuenta del mundo en el que vives. Y bueno, luego fue, no se puede describir, es inefable, cómo vivimos durante algunos años, vivimos recluidas, constantemente amenazadas, no podíamos dar un paso por la calle, en cualquier día, cualquier momento, no podías ir a un bar, a nosotras nos metían silicona en la librería cada fin de semana, te destrozaban el coche….

¿De dónde sacabais la fuerza?

Yo es lo que sigo sintiendo ahora, una lealtad a las que estábamos allí, es que solo nos teníamos a nosotras, entonces nosotras no podíamos fallar, nos teníamos que sostener, no podías, alguna gente no pudo aguantar la presión, y sabíamos lo que significaba que alguien dijera de repente no puedo, te dejaba más sola que la leche. Solo había un bar en Irun donde podíamos tomar algo, que era el Kabi, nadie nos daba trabajo… No se puede explicar lo que era, porque era cada minuto del día, en cuanto abrías la puerta y salías a la calle, las miradas, los insultos… Y ahí lo que aprendimos es que el Alarde es un microcosmos de cómo funciona el poder. Lo de se acata, pero no se cumple… Más sentencias a favor no podemos tener, pero si el poder decide que no se cumple, ya encuentran la manera de no cumplirlo.

Este año hemos visto en Hondarribia uno de los Alardes más duros de los últimos años.

Lo bueno es que alguna otra gente que no somos nosotras ha visto cómo se las gasta el matón de la clase. Al matón de la clase todo el mundo le ha estado jaleando y diciéndole qué bien que pegas. Y este año cuándo han pegado al cura o cuando… han visto, ostras, ¿igual el matón se nos ha ido de las manos, y es ingobernable, y ya no los gobernamos ni nosotros? ¿Ahora cómo dominamos esto? De todas formas, es el fallo del sistema absolutamente, yo creo que lo que el Alarde demuestra es que las mujeres no podemos confiar en el sistema democrático o en la división de poderes tal y como está montada, a las mujeres no nos ha protegido. Teniendo razón.

¿Por qué ha reventado tanto esto aquí?

No creo que seamos especiales.

Por eso.

En otro sitio sería otra cosa, el callo estaría en otro sitio. Aquí hemos tocado un callo. De todas maneras, somos una sociedad complicada, Irún es una isla en todo. Tenemos una historia particular, una composición sociológica particular, y creo que tenemos una vieja disputa aquí muy enconada que toma formas diversas. Yo por ejemplo lo que descubrí estudiando su historia es que lo mismo que ha pasado con el Alarde ha pasado ya otras tres veces en Irun. En 1864, se lio una idéntica porque el organista de la banda municipal era carlista, y el ayuntamiento era liberal.

¿Y qué hicieron, lo echaron?

No, la solución en Irun siempre es la misma.

“SIEMPRE PENSAMOS QUE ALGUNA DE NOSOTRAS IBA A MORIR. SALÍAMOS A LA PLAZA CON 8.000 TÍOS BORRACHOS A LOS QUE SE LES HABÍA DICHO QUE ESTABA MUY BIEN PEGARNOS”
Como el organista era además el director de la banda, lo que hacen es crear dos bandas [risas]. Y entonces cuando la banda liberal toca, los carlistas se van de la plaza, y viceversa. Luego hubo otra con la banda de música, y la tercera fue con el fútbol, con el Racing y el Sporting. Ha sido la única vez que se ha solucionado y por eso se llama Real Unión. Ahí está la clave: se soluciona porque interviene el rey. Interviene la institución, y aquí eso es lo que ha fallado.

¿Y es demasiado tarde para que intervenga?

Bueno yo creo que tienen que intervenir de una manera mucho más radical de lo que ha hecho [el lehendakari] Urkullu, aunque ha hecho más que todos los demás, porque no ha dicho que hay dos sensibilidades ni las ha puesto a la par. No hay dos sensibilidades igualmente legítimas, hay dos sensibilidades en todo caso igualmente legales. No puede ser igual de legítimo quien integra que quien no integra. Éste por lo menos ha dicho hacia dónde tienen que ir las cosas, es más de lo que hizo Ibarretxe con todos sus “los vascos y las vascas”. Es más de lo que ha hecho nadie, pero desde luego la institución tiene que intervenir de una manera mucho más… indicando claramente dónde está el camino y dónde se posiciona.

¿Cómo?

Hay experiencias en otras partes. En Donostia se acabaron las subvenciones… Tenemos una ley de igualdad que prohíbe los espectáculos públicos discriminatorios. Es muy fácil. Lo que pasa es que esa no es la solución. Yo no quiero que el Alarde tradicional se prohíba, al igual que no quiero que se prohíban los plásticos; quiero que quienes están detrás de los plásticos no quiera sacar los plásticos. Pero para eso habrá que hacer pedagogía, y los primeros que tienen que hacer pedagogía son los que tienen autoridad en el sentido clásico, es decir, autoritas, aquellos a quienes se va a escuchar. A nosotras no se nos escucha, igual a Urkullu sí. Y sobre todo tendrán que ser menos cortoplacistas, y no pensar en las siguientes elecciones, sino pensar en dónde está de verdad lo legítimo.

¿Eres optimista?

No tengo ninguna duda de que está ganado. Otra cosa es que todavía vayamos a tener el miedo en el cuerpo muchas veces. Soy optimista además porque nosotras siempre pensamos, y de ahí venía además nuestro terror, que íbamos a morir, nosotras salíamos a la plaza con 8.000 tíos borrachos a los que se les había calentado y a los que se les había dicho que estaba muy bien que nos pegaran, y siempre pensamos que alguna de nosotras iba a morir, yo ahora salgo… antes salía muerta de miedo. Y luego tú ves la compañía de Jaizkibel, ves el Alarde [mixto], cómo crece, cómo está lleno de gente joven… Claro que soy optimista, es una cuestión de tiempo. Lo único que yo espero llegar a verlo, y voy cumpliendo años. No sé quién decía “yo no lo veré”, yo espero que sí.

Así que no te arrepientes.

Lo hemos pasado de pena, pero pregúntale a cualquiera si se arrepiente, y te dirá que no. Hemos vivido momentos de orgullo, de alegría, de tener la sensación haber ganado; sobre todo mucha sensación de orgullo: estoy, con todo el miedo que tengo, estoy donde tengo que estar. Y esa sensación no tiene igual en la vida.


Obras publicadas de Merche Tranche: 

  • Historia de las mujeres en Irún, 1931-1992

  • Un modelo diferente: vida municipal de Irún durante el reinado de Isabel II

  • Los buenos hijos: una visión sobre la guerra civil, sus antecedentes y consecuencias en Irún

  • Junto con Ana Galdos, Los Olazabal: un ejemplo de surgimiento, persistencia y transformación de las élites locales en Irún (siglos XV-XVIII).

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Danele Sarriugarte Mochales

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