“La música tradicional y popular es la que hacen las personas que no tienen una voz importante en la sociedad” Entrevista, Planeta

En una entrevista del proyecto Diálogos Musicales, del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Lorena Álvarez se definía como “una persona con muchas personas dentro, y una de ellas es una música y cantautora”. Nacida en San Antolín de Ibias, Asturias, y admiradora de la capacidad del folklore tradicional para describir el mundo y transmitir alegría, ha hecho que esta música suene de nuevo en festivales y radios. Para ella, el arte es curiosidad y búsqueda, y hemos contactado con ella en un buen momento creativo.

Irene García Roces y Patricia Dopazo Gallego*

Lorena Álvarez. / Foto: Esperanza Collado

Lorena Álvarez. / Foto: Esperanza Collado

– ¿En qué momento de tu vida creativa te encuentras ahora? (Si te apetece compartirlo)
– Sí que me apetece compartirlo porque me encuentro en un momento creativo muy importante para mí. Había atesorado una gran cantidad de canciones compuestas en los últimos años, pero tenía muchas dudas y me agobiaba grabarlas porque no paraba de pensar que debería cantar mucho mejor, tocar la guitarra mejor, buscar a alguien que me produjera el disco, etc. Hasta que hace poco tuve una revelación observando un dibujo que me regaló mi abuela. Mi abuela no sabía dibujar, pero insistí tanto en que intentara hacer un dibujo que un día apareció con éste del que os hablo. En él sale un monigote muy gracioso tocando la guitarra con un brazo mucho más largo que el otro, rodeado de flores y árboles. A pesar de que este dibujo me acompaña desde hace años, nunca lo había observado tan profundamente. De repente vi claramente un mensaje oculto que contenía: que esa soy yo, un monigote que no necesita hacer las cosas de una manera diferente a como le salen. A partir de ese día tuve todo más claro y comencé a grabar canciones en casa, escogiendo las que considero que están hechas de verdad con el corazón y en conexión conmigo misma, las que he sido capaz de componer obviando el ruido del exterior y sin intentar cantar mejor, ni tocar mejor, ni esperar a tener dinero para invertir en una producción. Esa es la lección que aprendí del dibujo de mi abuela y la que quiero compartir con la gente que quiera escuchar el disco, espero que próximamente. He encontrado un camino, ¡así que estoy contentísima!

– Naciste y creciste en una aldea de Asturias. ¿Cómo de importante piensas que ha sido ese hecho para tu desarrollo personal y creativo? ¿Mantienes vínculos con el pueblo? ¿Qué valor tienen los pueblos y su cultura para ti?
– Pues la misma importancia que tiene para cualquier persona el lugar donde nace y crece. Algunas de las cosas que han sido decisivas para mi creatividad y que tienen que ver con haber nacido en un pueblo son, en primer lugar, el aburrimiento y la soledad, que te hacen tener que inventar muchas cosas para entretenerte. También la curiosidad que he desarrollado por todas las cosas a las que no podía acceder, y, por otra parte, tener mucho tiempo, para entregarlo a estar con una misma, desarrollarte interiormente e intentar entender el mundo tranquilamente. Sigo teniendo contacto, sí, hace un tiempo estuve viviendo allí durante un año, y también voy a menudo a estar con mi familia.

Algunas de las cosas que han sido decisivas para mi creatividad y que tienen que ver con haber nacido en un pueblo son, en primer lugar, el aburrimiento y la soledad, que te hacen tener que inventar muchas cosas para entretenerte.

– ¿Cómo son tus recuerdos de la vida allí? ¿Recuerdas haber sentido en algún momento de tu infancia o juventud la dicotomía ciudad-pueblo, urbano-rural o lo viviste como una continuidad, como dos mundos integrados?
– Mis recuerdos de infancia son bastante felices, los de la adolescencia no tanto, precisamente porque tenía mucha curiosidad y muy pocos medios para desarrollarla. Por ejemplo, lo que más me gustaba era leer y en mi pueblo no había ningún sitio donde pudieras comprarte un libro. La biblioteca era una habitacioncilla en los bajos del ayuntamiento con más polvo que páginas…
También echaba mucho de menos hablar con gente porque allí, por ejemplo, en invierno puedes pasar días sin ver a nadie, vas a dar un paseo por el pueblo y solo le faltan las bolas esas de paja rodando por los caminos. Así que sí, claro que veía una diferencia con la ciudad; de hecho, mis recuerdos más exóticos son de la ciudad. Me encantaba de niña todo lo que ahora detesto: el ruido de los coches y los camiones de la basura, el olor de la contaminación, la masa de gente, las escaleras mecánicas… Ahora me alegro mucho de haber pasado tanta soledad, aburrimiento y silencio, y de no haber podido acceder a las cosas que hay en las ciudades, porque me ayudó a crear un lugar dentro de mí que sigue siendo sagrado y al que puedo acudir siempre. Quizás, si hubiera nacido en una ciudad, no habría aprendido eso; o no lo habría necesitado.

– Hoy en día, la identidad y el sentimiento de pertenencia a un territorio, a una comunidad, pueblo, ciudad, paisaje…, con todo lo que conlleva en el ámbito cultural y de visión propia del mundo, parece que pierde valor, que todo se homogeneiza. Estos rasgos identitarios estaban muy presentes en el folklore. ¿Qué piensas de esto? ¿Habría que tender a recuperar estas conexiones?
Ahora mismo, si se puede decir que existe un sentimiento de pertenencia a algo, es a internet y a los móviles. Si tuviera la oportunidad, iría a la sede central de internet, si es que eso existe y lo desenchufaría. Ja, ja, ja. Nos han vendido internet y las redes sociales como herramientas de conexión entre las personas, cuando en realidad son herramientas de conexión a una máquina. Parece que estamos encantados de ser secretarias todo el día contestando emails, whatsapps, llamadas, subiendo posts a las redes sociales, haciendo publicidad a las marcas, pero ¿esto qué es? ¿Qué espacio deja eso dentro de ti para fijarte un poco en lo que tienes a tu lado? ¿Para pensar y aprender por ti mismo, incluso para tener ideas?
Para mí, esta es la razón más importante por la que se pierde el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Ya costaría un montón estar presente en la vida y relacionarte con lo que tienes alrededor, aunque no existiera internet. Ahora ya es prácticamente imposible y a mí eso me descorazona cada día más. Al futuro no le veo nada bueno; no es que quiera volver al pasado, pero me gustaría vivir en un futuro muy distinto, en el que —a parte de que no hubiese guerras ni hambre— todos tuviésemos los mismos derechos, y se respetase la naturaleza y las personas fuésemos capaces de disfrutar un poco nuestras cortas vidas sintiéndonos parte de nuestro entorno cercano y lo intentáramos mejorar estableciendo lazos con lo que tenemos alrededor. ¡Que eso siempre da mucha satisfacción, hombre!

 Ahora mismo, si se puede decir que existe un sentimiento de pertenencia a algo, es a internet y a los móviles. Nos han vendido internet y las redes sociales como herramientas de conexión entre las personas, cuando en realidad son herramientas de conexión a una máquina.

– ¿Cómo definirías el folklore? ¿Qué significa para ti?
La palabra folklore significa originalmente el conocimiento del pueblo, o sea, un conjunto de saberes que son el resultado del aprendizaje de las personas, que no viene enseñado por una academia por ejemplo.
Para mí la música tradicional y popular es la que hacen las personas que no tienen una voz importante en la sociedad en la que vivimos; es la música que no se vende, sino que se disfruta y que está enraizada en la vida, que hunde sus raíces en las personas, en las cosas que tenemos en común y en la naturaleza. Hace poco aprendí que los ritmos binarios, que son los menos utilizados en el folklore, son los ritmos marciales, los crea el hombre para ir a la guerra. Y, sin embargo, otro tipo de ritmos más utilizados en el folklore —ternarios u otros— tienen más que ver con ciclos naturales, con aspectos espirituales y con la magia. Ese es el tipo de música que me interesa.

– ¿Es el folklore lo contrario a la música moderna? ¿Pueden dialogar?
– En nuestro país parece que son lo contrario, pero en otros lugares como América del Sur, la mayoría de la música de hoy en día sigue bebiendo de la música tradicional, aunque cada uno lo interprete a su manera. Claro que pueden dialogar. Si no dialoga la música, que es de las cosas más abiertas que existen en este mundo, ¿quién va a dialogar?

–Tú que has profundizado por afición y por profesión en la música popular tradicional: ¿Cuál es tu impresión sobre el papel de las mujeres en ella? ¿Había protagonismo masculino en el ámbito de la interpretación y la composición? ¿Y en las letras?
No me llama especialmente la atención el machismo en la música tradicional. Me parece que hombres y mujeres pueden expresarse de igual manera. Es cierto que existen instrumentos y cantes más típicamente masculinos, pero también otros instrumentos y cantes más típicamente femeninos; cantan y tocan los hombres y las mujeres. Me llama más la atención la ausencia, por ejemplo, de letras que hablen de lo diferente; pero me parece que se debe a que es un tipo de música cuyas letras se centran más en lo que todos tenemos en común: la vida, la muerte, el amor, la tristeza, la alegría…, y esos temas todos los hemos vivido, da igual que seas hombre, mujer, gay, lesbiana, joven, viejo, listo o tonto.

– Generalmente, se suele decir que el medio rural es más cerrado y atrasado respecto a la igualdad de género o la diversidad sexual y afectiva, que prevalecen más los hábitos explícitamente machistas que en la ciudad. ¿Qué opinas de esto?
– En cuanto a la diversidad sexual y afectiva, sí que me parece que en una ciudad es mucho más fácil vivir con libertad la sexualidad en el caso de que no sea la tradicional. Pero en cuanto al machismo, opino que hay tanto machismo en los pueblos como en las ciudades; allí donde haya gente, hay machismo. Si por casualidad alguien piensa que hay más machismo en los pueblos, es porque en un grupo pequeño de gente, se ven los comportamientos como aumentados, tienes la oportunidad de conocer a todas y cada una de las personas y saber cómo se comportan y cómo piensan. Si tuvieras esa oportunidad en una ciudad llena de gente, creo que se vería exactamente lo mismo, sobre todo porque desgraciadamente a todos nos han educado más o menos igual en ese aspecto.

Hay tanto machismo en los pueblos como en las ciudades; allí donde haya gente, hay machismo.

– En una entrevista hablaste de que no te sientes identificada con el feminismo porque te da la sensación de que propone formas de cambio que son masculinas, en lugar de validar la mirada femenina y su forma diferente de entender el mundo. Y que integrando esa otra sensibilidad femenina (que también está en los hombres) todo sería diferente. Vandana Shiva dice que la crisis medioambiental y socioeconómica es de raíz sexogenérica, es decir, fruto del heteropatriarcado. ¿Qué opinas de esto? ¿Conoces el concepto de ecofeminismo?
– En primer lugar, ahora mismo no diría que no soy feminista, porque ya me he enterado de que sí lo soy y de que ya lo era en ese momento, aunque la palabra en sí no me gustaba tanto. Ahora uso la palabra feminista sin ningún tipo de recelo.
Por otra parte, no sé quién es Vandana Shiva, pero estoy totalmente de acuerdo con sus palabras. Me gusta mucho leer sobre civilizaciones antiguas y varias teorías apuntan a que en la prehistoria los mitos que regían el comportamiento humano eran femeninos, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que debido a los ciclos menstruales y a la capacidad de dar a luz de la mujer y su consonancia con los ciclos lunares y de la naturaleza, existía la visión de que los animales, las plantas y las personas eran sagrados, todos tenían el mismo valor y había que mantenerse en armonía con las criaturas de la tierra. Si hoy en día los hombres y algunas mujeres que tienen el poder creyesen que un árbol vale lo mismo que su persona, no creo que destrozaran los bosques con tanta ligereza, o si pensaran que un pollo es igual de importante que ellos, tampoco creo que los tuvieran hacinados en granjas. Sí que creo que la crisis medioambiental y socioeconómica son fruto del heteropatriarcado.

– Y por último, también te hemos oído decir que te gusta sentirte parte de procesos que vienen de aprendizajes pasados, de tradiciones, como un hilo conductor que llega hasta el presente. La soberanía alimentaria trata de rehacer ese hilo de las agriculturas campesinas que se rompió con la agroindustria, con la entrada del capitalismo en el campo y la de la alimentación en el libre comercio. La agroecología es, de alguna manera, parecida al folklore en ese sentido. Y con esta entrevista estamos poniéndolas a conversar. Si fueras el folklore, ¿qué le dirías a la agroecología?
– Sí, esas mismas razones también son algunas de las que han influido en la casi total desaparición del folklore.
¿Qué podría decir? No sé… Podría cantar esta coplilla tradicional:

Yo sembré una mirada,
nació un deseo,
floreció un desengaño,
cogí un afecto.
¡Feliz quien siembra,
si al fin de sus afanes
tiene cosecha!

* Irene García Roces, pertenece al Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC). Patricia Dopazo Gallego es coordinadora en la Revista SABC.

 


Esta entrevista ha sido publicada inicialmente en el número 31 de la Revista Soberanía Alimentaria. Biodiverisdad y Culturas.

“La música tradicional y popular es la que hacen las personas que no tienen una voz importante en la sociedad”
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Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas es una publicación trimestral de información, debate y reflexión de todo aquello que sabemos condiciona la vida rural, la agricultura y la alimentación. Una revista de pensamiento crítico que quiere ayudar a imaginar y construir nuevas realidades sociales y económicas para dejar atrás el capitalismo.

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