Marchamos porque el grito no es bastante Crónica, En red

Hago la mochila y me voy a cubrir las Jornadas de Formación Feminista en Iruñea, el calentamiento para la Marcha Mundial de las Mujeres que celebrará su encuentro internacional en Bilbao la semana que viene. Entre ponencias con las que viajo de Guatemala al Kurdistán, busco los pasos de más mujeres que mueven el mundo.

 

El público durante la presentación de las jornadas de formación feminista en Iruñea. / Foto cedida por la organización.

El público durante la presentación de las jornadas de formación feminista en Iruñea. / Foto cedida por la organización.

Después de un intenso episodio de migraña, provocado por un tipo pesado que me tocó al lado en el autobús que no paraba de mirarme y de reaccionar sonora y asquerosamente a cualquier movimiento que yo hacía, llegué a la estación de Iruñea con la intención de observar y absorber todo lo que percibiera en las siguientes 42 horas. Soy una friki que lo anota todo a mano en un cuaderno precioso y tenía —tengo— que escribir una crónica sobre las jornadas de formación feminista Construyamos soberanías sobre nuestros cuerpos y territorios, que tuvieron lugar en la ciudad los días 27 y 28 de septiembre.

El 4 de octubre empecé a redactar tras leer las cuarenta páginas que escribí durante mi corta estancia en la capital del Reino de Navarra, y mis sentimientos hacia este relato han cambiado desde que llegué a la estación de autobuses al lado de la Ciudadela, una fortificación renacentista militar ya en desuso. La idea inicial, supongo, era contar lo acontecido en las jornadas. Sin embargo, si soy sincera, siento que lo que más me interesaba de la experiencia en Iruñea es justo aquello a lo que menos tenía que atender, lo superfluo. No sé cómo narrar los encuentros, así que voy a contar lo que yo, Andrea Liba, vergonzosa becaria recién llegada a Pikara Magazine, viví esos dos días.

Ya me dio miedo pensar en ir en ‘representación’ de Pikara a unas jornadas feministas desde el momento que me lo propusieron, pero traté de sobreponerme a semejante tontería y cogí los billetes de autobús para llegar seis horas antes e irme seis después. Así tendría tiempo para explorar la ciudad, comer bien, tomar alguna infusión y llegar serena al lugar de reunión; y luego,  reposar lo experimentado en la ciudad al terminar los encuentros.

Cargada con la mochila llena de porsiacasos, en un extremo de Iruñea, sudando como si hubiera hecho tres cuartas partes del camino de Santiago y peleándome con Google Maps para llegar al albergue, comenzó la aventura de cubrir un evento por primera vez para Pikara. Siempre ilusiona pisar un suelo desconocido para tus zapatos y, en esta ocasión, no había buscado ni fotos de la ciudad. “¿Pamplona? ¿Qué narices hay en Pamplona?” Pues mira, lo mismo se preguntarán en Pamplona sobre Murcia -mi región natal-, supongo. Para mi grata sorpresa, Iruñea me pareció un jodido bastión feminista envidiable para muchas ciudades del Estado español.

Después de hacer el check-in, instalarme, comer mi maravilloso táper de cuscús con verdura en una plaza en la que dos mujeres me desearon alegremente buen provecho y tomar un té rojo sin azúcar, llegué al lugar de celebración de las jornadas organizadas por Euskal Herriko Emakumeon Mundu Martxa. “Qué vergüenza”, dije para mí. “Auguro que no voy a hablar con nadie en los próximos días”, supuse también. Me equivoqué. Sí hablé con una persona porque teníamos que compartir auriculares en una charla. Puse el primer tuit desde el perfil de Pikara y me senté en una esquina a escribir lo que veía. Lo que veía y solo lo que veía, porque si me hubiera propuesto escribir lo que escuchaba solo podría reproducir algunos sonidos. Todo el mundo hablaba euskera. “Maravilloso”, pensé irónicamente. Adoro el euskera, el tono, cómo suena en diferentes voces, cómo te atrapa aun no entendiendo nada. Me gusta y, sobre todo, le tengo un profundo respeto por cuestiones ideológicas. Pero chica, no me entero de una mierda. ¿Así cómo voy a captar la esencia, si sé decir kaixo de milagro? Barkatu por mi ignorancia, baina el euskera es oso difícil para quienes nacimos en la España profunda.

Más allá del género

Sé que aquello de focalizar la lucha feminista en la cuestión de género, y desde el binarismo, está superado. Sin embargo, por algún inexplicable motivo, solo registré en mi precioso cuaderno detalles sobre mujeres diversas y diversas mujeres que me iba tropezando por el camino. La mirada cómplice de la mujer que comprendió mi cara de repugnancia en el autobús; la que me atendió en la recepción del albergue; la que pedía para comer en la puerta de la Catedral de Santa María la Real; las dos nórdicas que leían la versión alemana de Pulseres vermelles tumbadas en dos bancos al sol en el Mirador del Caballo Blanco; la mujer con rasgos latinos que paseaba con una maleta a cuestas y a la que confundí con una de las ponentes de las jornadas; la que me cobró el queso en lonchas en el súper a la noche; y, sobre todo, las que nos reunimos para escucharnos y aprender. Escribí sobre mujeres sabiendo que podía equivocarme, porque a ninguna de esas mujeres les había preguntado yo sobre su identidad de género. Me basé en algo tan nimio como el aspecto físico. De repente, alguien en la sala sentencia: “El género ha muerto. Hay que hablar de circuitos políticos, no de géneros políticos”. Tócate los pies. Lo primero que pensé fue: “A tomar por culo las diez páginas que tenía escritas para la crónica. Pero es que ya lo sabías, Andrea, con tanto mujeres mujeres te estabas empezando a parecer a Inés Arrimadas hablando de feminismo”.

“Yo ahora me estoy hormonando. ¿Me vais a echar del colectivo feminista cuando me cambie la voz?”, preguntó la misma persona. Creía tenerlo clarísimo, pero la cara que se me quedó se parecía mucho al emoticono de WhatsApp de la risa incómoda y la gota de sudor en la frente. La misma que se te queda cuando una compañera racializada te dice: “Lo tuyo está muy bien, pero a eso añádele ser negra, chata”. Lo primero que quise saber es cómo se llamaba la persona que hablaba. Como buena vergonzosa —y mala periodista—, no atiné ni a aplaudir la intervención, y no podía ni citar la fuente con un mínimo de decencia en mi cuaderno precioso. Después supe que era Josebe Iturrioz.

Así como en algunos territorios se reivindica la muerte del género, en otros, como América Latina, el género nunca ha existido como tal. Lo explicó Karina Ochoa, socióloga mexicana, desde una perspectiva feminista decolonial, aludiendo a la parte negativa del concepto de modernidad y de sus promesas de emancipación a través de la ciencia: “Cancelaron la reproducción de nuestros símbolos. Asesinato, aniquilación física, genocidio. Se nos condenó a no ser sujeto, se discutía la humanidad del indio —recordaba—. Nos constituimos como el otro, deshumanizado, para que Europa pudiera constituirse como centro. Somos la primera periferia, la otra otredad”. Aura Cumes, activista por los derechos indígenas y sociales en Guatemala, lo remarcó también al día siguiente. Contó cómo se dirigían, durante el mal llamado descubrimiento de América, los colonizadores al pueblo indígena: “¿Quién eres? ¿Tienes alma? ¿Eres humano?”. Las mismas preguntas se hacían en Europa a los animales.

No hace falta escuchar mucho más para darse cuenta de que las violencias machistas tienen su origen y desarrollo mucho más allá del género. Las compañeras con diversidad funcional, las trans y las racializadas lo dejaron claro. Y digo yo que, llegadas a este punto, podemos, si así lo encontramos oportuno, hablar de mujeres, pero hemos de saber que mujer ya nunca más significará algo tan simple como tener útero, llevar falda o tener un papel secundario en la sociedad. Utilice, quien lo desee, mujer para denunciar las violencias del sistema heteropatriarcal, pero sabiendo que no solo interviene la cuestión de género porque “no se es mujer, sino que llega una a serlo”, como diría Beauvoir, que son múltiples las formas de opresión. La otredad. La otredad es lo que define a las partes oprimidas, a los seres sujetos a la dominación del hombre champiñón, que diría Irantzu Varela.

Una vida que se pueda vivir

Sobrevivir no es vivir. Karina Ochoa lo recordó así en su ponencia. En un mundo en el que la explotación está presente en todos los ámbitos e impregna toda la cultura; en un mundo en el que se potencia la masculinidad entendida como una expresión de género que se sustenta y se autoafirma “a través de la aniquilación de la otredad (las mujeres), ¿hay solución sin violencia?”, se preguntaba Ochoa. Yo, a esas alturas del día, me preguntaba tantas cosas que me entró un hambre insaciable. Los cinco sándwiches de queso que me comí no calmaron el frío ni la frustración que sentía tras escucharla. La sala se quedó vacía sobre las 21:30 y, a la misma hora, se llenaron los bares del casco antiguo de Iruñea. Era viernes y, aunque el colonialismo pesaba en nuestras cabezas, me arriesgaría a afirmar que muchas pensamos que una caña bien fría, de cualquier cerveza industrial, podría aligerar nuestro traumita. Lo de siempre: “Qué pena Aylan, pásame la sal”. Hasta rima.

De izquierda a derecha, Edurne Epelde, Aura Cumes y Eda Uzgun, en la mesa redonda de las jornadas de formación feminista en Iruñea. / Foto cedida por la organización.

De izquierda a derecha, Edurne Epelde, Aura Cumes y Eda Uzgun, en la mesa redonda de las jornadas de formación feminista en Iruñea. / Foto cedida por la organización.

Al llegar al albergue y conocer a mis compañeras de habitación me di cuenta de que la mayoría de la gente que se alojaba allí estaba haciendo ”el camino”. El de Santiago, claro. Porque sería impensable que alguien hiciera un camino vinculado a la memoria de alguna Santiaga. Pero, vaya, para camino el que hizo Eda Uzgun desde Kurdistán: 5122 kilómetros, que caminando serían 41 días, aunque vamos a pensar que vino en avión. Esta socióloga kurda apuntaba en su ponencia que nunca antes, como ahora, en el sistema capitalista, las mujeres habían estado tan esclavizadas. Lo que recuerda a Silvia Federici, en palabras de Aura Cumes: “¿Nos hemos creído el cuento de que las mujeres nunca hemos estado mejor? ¿Siempre hemos estado subordinadas? No, las mujeres hemos tenido mayor control sobre nosotras mismas y sobre la tierra”. Entonces, “¿cuándo empieza el patriarcado? ¿Qué es lo que hemos perdido?”. Y, aun así, se muestra optimista: “Donde hay antecedentes de libertad, hay posibilidades de emancipación”, concluyó, de manera que la lucha continúa siendo el único camino. Pero, a lo largo de esta senda, como subrayó Edurne Epelde, integrante de la asociación Euskal Herriko Bilgune Feminista, es fundamental construir modelos de militancia sostenibles, “vidas que se puedan vivir”. ¿Cómo? Entendiendo la sanación feminista como una acción política y el autocuidado como línea estratégica. “Cuando yo sano, sanas tú”. Y así se agotó el tiempo de la mesa redonda previa a los talleres con las ponentes.

Los encuentros terminaron con una comida vegeta a la que no asistí, así que, hacia las 16:00, ya estaba yo suplicando al universo que llegara la hora de irme. Mira que cogerme el billete de autobús tan tarde. ¿A quién se le ocurre? Pasé por Katakrak, una maravillosa librería-bar, para hacer tiempo, y quise quedarme a vivir entre las secciones Latinoamérica, África y Feminismo. Quedó oficialmente inaugurada como mi particular Triángulo de las Bermudas.

Mientras volvía a Bilbao, sin pesados en la costa —que para mí los moros siempre han sido bienvenidos—, recordé a Ochoa, a Uzgun, a Cumes, a Epelde. Pensé que viajar con falda es incomodísimo y en la mierda de tuits que había puesto desde el perfil de Pikara, e hice balance de las jornadas. Entonces recordé una entrevista de Pablo Iglesias a Irantzu Varela en Otra Vuelta de Tuerka. Aquí voy a hacer un inciso, porque mi idolatría a Irantzu Varela se está empezando a hacer demasiado notoria. Ella no estuvo en las jornadas, pero yo —qué os voy a decir— siempre busco una referencia en ella para casi todo. A otras les pasa con Los Simpsons. El caso es que Varela brindó en la entrevista, con la mano izquierda, “por todas las mujeres a las que nunca van a hacer una entrevista”. Yo, que tampoco soy muy amiga de tarimas ni atriles, me voy de Iruñea pensando también en ellas, en todas las que luchan en las calles. Por todas ellas, marcharemos hasta que seamos libres.


No te pierdas la programación que tiene preparada la Marcha Mundial de las Mujeres para su encuentro internacional, que se celebrá en Bilbao del 22 al 27 de octubre.

Marchamos porque el grito no es bastante
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Andrea Liba

Periodista. Feminista radical, de las que incomodan. Con un desierto atravesado. Sáhara Libre 🇪🇭 Contacto: andrealibaa@gmail.com

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