La Inmaculada Concepción, un dogma feminista Análisis, Voces

Si no puedes con tu enemiga, únete a ella. Ese podría ser el resumen de la aceptación dogma de la Inmaculada Concepción por parte de la Iglesia Católica. Independientemente de nuestras creencias, todas hemos escuchado alguna vez aquello de “Ave María purísima, sin pecado concebida”, pero ¿qué significan exactamente estas palabras? ¿Y por qué podrían tener interés para el feminismo? De eso vamos a hablar en este artículo.

San Pablo y Santa Hildegarda en un meme de Alicia Murillo

San Pablo y Santa Hildegarda en un meme de Alicia Murillo

La Inmaculada Concepción de María es el dogma que establece que la Virgen nació de forma milagrosa (y no por los medios naturales por los que cualquier ser humano llega a este mundo). Ahora que ya la Iglesia lo reconoce (y lo ha resignificado en su propio beneficio), este concepto ha perdido mucha de la fuerza de rebeldía con la que nació, pero en su origen constituyó un hueso duro de roer para el Vaticano.

La Inmaculada Concepción nace como un movimiento católico popular en el que se dibuja la figura de María como ser femenino, celeste y perfecto, como obra maestra e hija de lo divino. Surge así la creencia que defiende que María, al igual que Jesús, es engendrada sin la participación de un hombre, tras haber tenido su madre, Santa Ana, una revelación mística. Esto constituye el nacimiento de una figura de mujer igualada a Cristo, merecedora de la misma devoción y con un estatus teológico idéntico al de Él. Esta rompedora idea fue reflejada en la obra de muchas teólogas a lo largo de la historia pero, lo más importante, es que nace y es defendida por la devoción del pueblo y aceptada por el alto clero de mala gana y con muchos siglos de retraso.

Para comprender la importancia de la Inmaculada Concepción tenemos que visualizar la orfandad maternal a la que la Iglesia primitiva condena a sus fieles a través de la masculinización de Yaveh. El pueblo necesitaba una madre espiritual y la encontró en María, para disgusto de los patriarcas.

¿Cuándo nace la Inmaculada Concepción?

Es difícil dar una fecha de nacimiento para la Inmaculada Concepción porque, como todo lo popular, brota de la literatura oral y, de las devociones de calle y domésticas, heredadas de generación en generación. En todo caso tampoco puede hablarse falta de testimonios tangibles porque, al igual que pasó con el dogma de la Ascensión de la Virgen, se llegaron a construir hasta iglesias y catedrales dedicadas a estos conceptos mucho antes de que el Vaticano diese su visto bueno. Queda además, como testimonio escrito, la bibliografía que conforman evangelios apócrifos como los de Nag Hammadi.

Las representaciones populares artísticas de este dogma son numerosísimas pero hay un ejemplo de esta rebeldía mariana popular (frente a lo canónico patriarcal) que, personalmente, me parece muy descriptiva del ambiente de conflicto que se llegó a vivir por esta cuestión: el nazareno de la espada de la Hermandad del Silencio de Sevilla. Se trata de un penitente que, en la madrugada del Viernes Santo, camina armado con una espada, junto a la insignia de la Inmaculada, para defenderla ante quien ose agraviarla. La insignia es de 1617. El dogma no se reconoce canónicamente hasta el 1854. Pero, ¿ante quién defiende este nazareno a la Inmaculada? ¿Ante los musulmanes? ¿Ante los protestantes? Pues no, la defiende ante el propio Vaticano ya que, en el siglo XVII, el papa Gregorio V prohibió la festividad de la Concepción de la Virgen. Hubo que esperar al siglo XIX para que esta creencia popular se convirtiera en dogma e incluso después de haber sido reconocida como tal, ha seguido siendo motivo de conflicto. Ejemplo de ello lo encontramos en el intento de censura por parte del Vaticano de la obra de Maria Valtorta, escritora mística italiana del siglo XX. Su El evangelio como me ha sido revelado fue un libro escrito por canalización en el que se refuerza la idea de la Inmaculada Concepción y se la describe como ser femenino, poderoso, perfecto y celestial.

El lenguaje como instrumento de opresión

El dogma de la Inmaculada Concepción, a lo largo de la historia, ha sido defendido por unos, condenado por otros, politizado, manipulado… Y es que la idea de una figura femenina que estuviera a la altura espiritual del Cristo era demasiado peligrosa para el patriarcado y, por tanto, tuvo que ser frenada, reapropiada y resignificada por los padres de la Iglesia. El retrato de María, por tanto, fue transformado a lo largo de los siglos. En este cuadro podemos observar algunos ejemplos:

Expresión o concepto

Etimología y significado original

Reapropiación patriarcal

Inmaculada

Perfecta

Sin sexualidad o con sexualidad controlada por el Padre

Virgen

De viril + génesis: fuerte e independiente, capaz de dar vida por sí misma, sin la participación masculina, es decir, a través del proceso sexual llamado partenogénesis.

Mujer sin sexualidad

Prudentísima

Mujer sabia capaz de ver con antelación.

Mujer obediente y temerosa.

Además, desde la institución, quitaron importancia a todas las expresiones que revelaran a una María poderosa o capitana. La reapropiación de su figura llevó a los patriarcas a destruir o a hacer caer en el olvido representaciones artísticas y literarias (orales y escritas) que hicieran alusión al poder sobrenatural de la Virgen. De hecho, la inercia de la institución ha sido siempre eliminar estas expresiones de todo lo litúrgico y oficial.

La cuestión es que, en este sentido, la devoción mariana popular significó siempre un muro infranqueable para la Iglesia, que ha tenido que negociar el retrato de la Virgen con el pueblo. Así, en las letanías lauretanas (recitadas al final del Santo Rosario), encontramos expresiones tales como: “Virgen poderosa”; “Trono de sabiduría”; “Reina de los patriarcas”; “Reina de los profetas”; “Reina de los apóstoles”; “Reina de los confesores”; etc. que sitúan a María por encima del poder masculino. Todos estos versos son logros populares marianos frente al poder patriarcal eclesiástico.

El poder de la oración

Dentro del campo de la oración cabe destacar el rezo del Santo Rosario como una de las más populares invocaciones a la figura de María. Su origen, como el de casi todos los rituales religiosos, es la suma y evolución de varios sincretismos y tradiciones de distintas culturas. En todo caso no es hasta el siglo XIII cuando Santo Domingo de Guzmán lo populariza como un movimiento callejero de oposición pacífica a los catares (se rezaba en cofradías que procesionaban por la vía pública). El catarismo fue un movimiento religioso que negaba la encarnación del Cristo como hijo de Dios y a cuyos seguidores la Iglesia Católica tuvo que hacer frente, incluso con guerras, durante la Edad Media.

Vemos, por tanto, como el Rosario es un ejemplo histórico de reapropiación de la devoción hacia lo femenino por el patriarcado. Los padres de la Iglesia han sabido siempre usar a su favor la fuerza del fervor popular por María para propio beneficio.

La herencia de las madres de la Iglesia

María de Jesús de Ágreda fue una monja concepcionista que vivió en el siglo XVII. Nunca salió de su aldea donde fue abadesa de su congregación.

Su obra, Mística Ciudad de Dios, es una de los mejores ejemplos de la teología protofeminista europea de todos los tiempos. En ella desarrolla la metodología de estudio y escritura heredada de Santa Teresa de Jesús y la radicaliza aún más afirmando que la figura de la Virgen María debería ser considerada por los cristianos a la misma altura que Cristo. Toda su vida abogó por la necesidad de la representación divina femenina dentro de la cristiandad. Siempre estuvo perseguida por la Inquisición y su poder político fue absoluto: Felipe IV no tomaba ni una sola decisión sin consultarla, según atestigua la intensa correspondencia de más de 600 cartas que aún se conserva.

En gran medida es gracias a su trabajo que hoy decimos sin pecado concebida al referirnos a María. Esto puede parecer banal pero a ella casi le cuesta el morir en la hoguera ya que, gracias a sus escritos, la Iglesia tuvo que reconocer el origen celeste de la Virgen. Hoy día es uno de esos personajes que el clero preferiría que olvidáramos. Su proceso de canonización lleva siglos estancado porque validar sus estudios significaría cambiar el paradigma católico patriarcal y negarlos, un daño enorme para la propia Iglesia. Para los patriarcas es más conveniente enterrar su memoria.

Creo que el feminismo tiene con ella una enorme deuda histórica. Su obra fue esencial para la conformación del retrato de una Virgen lideresa espiritual que participó de forma activa en la divulgación de las ideas de su hijo. De María dice en su libro Mística ciudad de Dios:

El ejercicio de la prudencia regnativa o monárquica tuvo como Emperatriz única en la Iglesia, enseñando, amonestando y gobernando a los sagrados apóstoles en la primitiva Iglesia, para fundarla y establecer en ella las leyes, ritos y ceremonias más necesarios y convenientes para su propagación y firmeza.

También Santa Hildegarda nos ofrece un repertorio musical y poético de alabanza a la Virgen, escrito para voces blancas (voces femeninas) en las que se nos muestra a María como una mujer perfecta y poderosa y como un modelo de virtudes:

O vivificum instrumentum

et laetum ornamentum

et dulcedo omnium deliciarum,

quae in te non deficient.

Ora pro nobis

ad tuum natum,

stella maris,

Maria.

[Oh instrumento vivo

y gozoso ornamento

y dulzura de todas las delicias,

que en ti no faltan.

Ruega por nosotros a tu hijo,

estrella del mar,

María].

El concepto teológico de María en Hildegarda fue también base fundamental para la constitución de Inmaculada Concepción. Ella describe a María como la esperanza tras el tropiezo de Eva, como esa segunda oportunidad de la que, también las mujeres, somos merecedoras: el pecado de las mujeres ha sido perdonado por Dios y la prueba es el nacimiento inmaculado de María. Al igual que Cristo fue el nuevo Adán, María es la nueva Eva.

Hildegarda expone además que Eva fue un ser superior a Adán. En su tratado de medicina Causae et Curae (Causas y Remedios), nos explica que al crear primero a Adán, Dios tuvo que hacerlo de barro, por eso los hombres están tan apegados a lo terrenal. Para Eva, en cambio, ya pudo utilizar materia humana y soplo divino.

Y fuera de la Teología, si buscamos en las representaciones más populares, basta darnos un paseo por muchos de nuestros barrios para darnos cuenta de cómo en lo doméstico, en lo más cercano, la representación la Virgen es casi siempre un modelo de poder y no de sumisión. Por ejemplo, los dos primeros versos de la Salve de la Esperanza de Triana dicen así:

Dios te salve,

Reina, Madre y Capitana…

La Inmaculada Concepción, un dogma feminista
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Soy la pesadilla de los novios heteroaburridos de mis amigas. Desayuno escroto ibérico a la brasa. Te cuento todo esto y mucho más en mis vídeo-artículos de Píkara. Blog: http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/

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