Gabourey se pronuncia como Cabaré Ficciones, Para más señas

Leer la autobiografía de Gabourey Sidibe ha sido un ecuador vital para mí. Chispeante y absolutamente ingeniosa, con una capacidad de disección digna de una cirujana. En los cinco días que tardé en leer esta peazo de vomitona sincericida sublime, reí, lloré y sentí que era la propia escritora y actriz

Gabourey Sidibe en fotos para promocionar su libro./ Editorial Mariner

Gabourey Sidibe en fotos para promocionar su libro./ Editorial Mariner

A mí no me gusta viajar. Al menos no en el sentido estricto de la palabra. Me ha gustado vivir en un par de sitios, crearme una minivida temporal (importante que yo entonces no supiera que esa minivida sería temporal), y me gusta de vez en cuando (cada vez menos) visitar a amigas que viven en otros sitios para ver si lo que me cuentan es verdad, o si exageran y se inventan cosas. Yo me invento cosas que creo que son ciertas y sobre todo, por si alguien tenía alguna duda, exagero un pelín. Creo que era Dalí quien decía que “la gente de lo único que no se cansa en esta vida es de la exageración”. A mí la verdad es que me entretiene esto de hiperbolizar. Y como me pasa a mí, supongo que le pasa a todo el mundo. (PERO EN ESTA RESEÑA NO EXAGERO NI UN POCO, LO JURO). En fin. Que yo viajo pensando que no es realmente un viaje. No quiero crearme nuevas enemistades, pero tengo que decir que cuando la gente habla de “conocer nuevas culturas” o “patearme el país de cabo a rabo” a mí me dan escalofríos y suelo tener que rascarme la nariz, cambiarme el pelo de lado o toser. No sé qué me pasa, pero me pongo nerviosa con “lo mejor de nosédónde son sus gentes” , “a nosotres nos gusta hacer vida con locales” o ya no te quiero ni contar el famoso y vergonzoso “hay que regatear porque aquí esto funciona así”. Muchas amigas mías dicen estas cosas. (También dicen “generar, gestionar, sentires, cuidados y tiempos”, cosa que también me da repelús). Mi entorno es aventurero y viajero. Mochilero, lo llaman. Jamás he compartido esta afición. Yo caí en Dinamarca de Erasmus porque mi novio de turno se iba a Alemania y no me iba a quedar aquí esperando ni mirando a las musarañas (gracias, por cierto). Un año después aparecí en Nebraska porque quería huir del percal bilbaíno que tenía y no se me ocurrió nada mejor que salir pitando a estudiar gratis a cambio de ser mano de obra barata en el extranjero. Nunca me he ido por razones reales como: enriquecerme o culturizarme. Por cierto, añado que tengo superespecial rechazo a los comentarios de quienes viajan como cooperantes y vuelven diciendo “iba a enseñarles cosas y al final me han enseñado más a mí”. Me pone muy MUY nerviosa. Sé que no voy a hacer amigas diciendo esto, y que las que ya tengo, me van a recibir a empujones al verme. Pero lo quería decir. Por supuesto: todo mi respeto a quienes viajan, migran en realidad, porque no les queda más remedio. No es justo. NO ES JUSTO.

En fin. Este verano he viajado de la manera más tonta. He pasado por aeropuertos estadounidenses no porque me molen los deportes de riesgo (nada más lejos, yo si quiero aventura me como un yogur caducado o me echo un champú que no sea el mío en la cabeza… verás qué viaje… no me hacen falta más emociones fuertes en mi vida teniendo esta intensidad), sino porque he estado en Nebraska de visita diez días. Y diréis: ¿diez días?, ¿sólo? Sí. Es una laaaaaaaaarga historia. ¿Nebraska? Sí. Un estado en el midwest de USA. Al lado de Colorado. Debajo de South Dakota. A 8 horas de Chicago. Os sonará también porque Penny de The Big Bang Theory dice ser de allí. La peli Boys don´t cry, sobre la vida de un chico trans en un entorno rural, no podía pasar en otro sitio y también hay otro filme sobre un anciano que va a canjear un premio allí, con el topónimo en cuestión como título: Nebraska, vaya. Os cuento ya en plan pregunta de trivial que el archiconocido activista por los derechos afroamericanos Malcom X, allí nació. ¿En serio? ¿¿Malcom X?? Pues sí, el que viste y calza. El mismito. Bueno y ahora también os sonará porque yo también viví allí. Señora ilustre donde las haya. No fui por voluntad propia sino por una serie de situaciones que me llevaron a ello. Mi psicóloga hablaría de “historias de vida” que repetimos. Yo antes pensaba que me pasaban cosas, que me caían encima como un cubo de agua situaciones que yo no entendía de dónde mierda venían. Ahora sé y veo que yo misma con mis conductas propicio muchas de esas surrealistas estampas dignas de telenovela Topacio. ¿Iré puliendo mi modus operandi hasta dejar de ponerme en compromiso a mí misma? ¿Aprenderé a salir ilesa de esos berenjenales en los que me meto? Nadie lo sabe. Lo qué si sé es que no hay un alma a mi alrededor que cuando hable de la película Precious, no piense en esa peazo protagonista que la encarna. Hay quien la llama Gabby, pero a la genialísima actriz de la seria The big C y ahora también guionista de su propia serie, American Horror Story, así como escritora de su autobiografía, This is just my face: Try not to stare, le gusta más que le llamen por su nombre completo: Gabourey Sidibe. ¿Por dónde empiezo? Pues por decir que Gabourey, se pronuncia como cabaré. O eso nos dice ella.

El primer libro de esta estrella de madre estadounidense y padre senegalés, lo publicó MARINER en 2017 y cuesta 15,99 dólares. En Canadá algún eurillo más. Si yo fuera tú, entraba en internet y me lo pillaba ya mismo porque vas a flipar MUCHO. Si tienes nivel de inglés intermedio NO TE VAS A ARREPENTIR. Se entiende todo estupendamente, porque cuando lo que se cuenta es de verdad, no hacen falta complicaciones, filigranas ni enrevesamientos lingüísticos. ¿Que no te ves capaz de leértelo tú pero conoces a alguien que sabe inglés? Hazle este regalazo y no va hacer ni falta que le pidas que te lo cuente, porque según comience a leer te va a pillar por banda y va a empezar a compartir contigo hasta el último escondrijo de la mente de esta señora. Es que no tiene nombre. Lo mismo leía una frase y me quedaba pensativa media hora, como me cepillaba 30 páginas sin pestañear y luego con cara de WHAT THE FUCK miraba alrededor buscando una cara a la que, ojiplática, hacerle ver mediante gestos que estaba flipando pepinillos. Es que mientras leía me sentía FELIZ. Como si mi vida real no existiera. Esta lectura es un absorbimiento máximo por la vida de Gabourey Sidibe, como si estuvieras en el ojo de un ciclón y vieras partes de su vida girándote alrededor a una velocidad vertiginosa. Y tú allí, a salvo y mirando todo sin saber si estás dentro o fuera y dudando si te quedas o te vas a dejar arrastrar. Es la hostia, ¡JODER!

En los cinco días que tardé en leer esta peazo de vomitona sincericida sublime, reí, lloré y sentí que era la propia escritora y actriz. Esto lo he dicho alguna otra vez. Pero para que a mí me guste una lectura tengo que SENTIRLA Y VIVIRLA COMO MÍA. Si no, a no ser que sea un ensayo, yo no sé por qué, me desenchufo. El caso es que aquí, además, sientes que no son siquiera imaginaciones tuyas, porque llega un momento hacia el final del libro en el que ELLA MISMA se refiere a ti como “su amiga”. Te dice algo así como (cito libremente) “puedo contarte esto, porque somos amigas ya, ¿no?”. Y tú sientes que te habla A TI Y A NADIE MÁS QUE A TI, porque estabas pensando justamente que lo siguiente que pasaría sería encontrarte un audio suyo de 3 minutos en tu whatsapp o que te etiquetara en un meme. Os lo juro. Quieres ser su mejor amiga. Es la tía más guay del Planeta Tierra. Os juro que es la BOOOOOOMBA esta mujer. Lista, graciosa, entretenida, carismática, sincera a rrrrrabiar, analítica, crítica consigo misma y con lo que le rodea, ¿he dicho ya que es desternillante?, muy tierna, pero sobre todo es ROMPEDORA. Para mí leer esta autobiografía ha sido un ecuador vital. Además ha coincidido con haber visto un documental de Lady Gaga, el de Amy Winehouse y el IMPERDIBLE Y MARAVILLOSÉRRIMO Nannette de Hanna Gadsby. BOOOOM!!!! Soy otra. Como dice Nagore Iturrioz, “Nannette es convalidable por seis meses de terapia semanal”. Y es que es cierto. Si cogemos la vida y la forma en la que Gabourey habla de sí misma, la enfermedad de Lady Gaga, las presiones que sufrió Amy y el monólogo de Hanna… te explota el puñetero cerebro. Os lo juro. Esto es un cóctel para leer-escuchar y ver todojunto. Si puede ser el mismo mes, mejor. Y entonces llegas a terapia y tu psicóloga te dice que después de año y medio de paja hemos llegado al quid de la cuestión. Quiero decir una vez más que mi anterior psicóloga me dio el alta PORQUE ESTABA BIEN. Y quiero añadir que si sientes que tu psicóloga no te pilla el punto y piensa que estás bien cuando no eres capaz de tener una vida ni medio estándar rodeada de gente “normal”, es hora de decirle: hastaluegomaricarmen de un portazo. Hay terapeutas que dan por hecho que no tienes solución o que no te quieren hacer el acompañamiento porque no sigues sus pautas conductistas. Que se vayan a la playa, chica. Yo desde aquí animo a tol mundo a la psicología humanista integrativa, que coge un poco de cada palo y te deja ser, creyendo en ti. Sin victimismos, pero sin presión. A mí por ejemplo me dan flores de Bach y yo esto no sé si sirve para algo, pero me las tomo. No voy a decir religiosamente, porque yo sólo soy constante para lavarme el pelo cuando voy a ser vista por gente, pero sí es verdad que me las tomo cuando me acuerdo a lo largo del día. Y me siento mejor. No sé si es porque esta mujer me sujeta bien, o porque aunque no entiendo y sé prever mucho de lo que me pasa, ni sé llevar todo lo mal que me siento en muchas ocasiones, he aprendido a reconocer algunos patrones de conducta que tengo, y ahora en cuanto estoy en momento arriba-arriba me digo: ojo, María, que cuando estás muy arriba lo siguiente es bajar. Y efectiviwonder, yo no me mantengo lineal jamás. Cosa buena saberlo, porque cuando estoy en las catacumbas hasta el cuello de agua me digo: Unanue, tú tranquila que siempre acabas saliendo. Y salgo. Y así vivo. Entre el clímax y el pozo sombrío. A veces me cuesta más salir que otras. Pero voy. Porque aunque no consigo controlar impulsos, ni calmar cómo me siento, sé que pasará, porque siempre pasa. ¿Y si no pasa? Me pregunto a menudo. Pasará. ¿Ya pero y si no pasa? Pasará. Y si no pasa, pues ya veremos. En fin, que ánimo y todo mi respeto a las que vivimos en montañas rusas, porque la gente ni medio entiende el esfuerzo CAPITAL diario de levantarte de la cama y formar parte de rutinas que directamente TE COLAPSAN. Pero bueno. Paro. Que me voy por las ramas.

No he encontrado la traducción en español de esta obra, y ruego a las Diosas que si no existe aún, a alguien se le haya ocurrido hacerla para cuando salga esto. Os cuento que este deslumbrante texto está dividido en 18 partes. Cada cual con su titulito y una cita, un tuit o una frase creativa al empezar. No sé ni por cuál decantarme. Lo mismo te cuenta sus coqueteos con estudiar psicología, como citas que ha tenido, sesiones de terapia, anécdotas reales de su familia nuclear, la historia del nuevo matrimonio de su padre con su prima, las historias de su madre cantante de metro a la que le proponen hacer el papel de JUSTAMENTE “la madre” en la mismísima película Precious, años antes de que ella se llevara el papel protagonista, o su trabajo de teleoperadora erótica. También habla de su gordura. Mucho. Y de ser negra. Mogollón. Y sobre todo de su vida desde que le llegó la fama. Teoriza de la manera más simple los entresijos del famoseo y te deja ojiplática con su visión de la vida. No te puedes sentir más identificada. Es una cosa fascinante. Y no lo digo sólo yo.

Lo dice Roxane Gay (que, OMG!, también es de Nebraska): “Ofrece una memorable mirada sobre qué sucede cuando los sueños de una chica negra se hacen realidad (…) Sidibe no tiene miedo, es increíblemente graciosa y preciosamente abierta”.

Lo dice Lena Dunham: “Aquí, Gabourey Sidibe asienta su estatus como la reina de Hollywood a la que le importa todo una mierda, así como la perspicaz mejor amiga de dentro de tu cabeza”.

Lo dice Gloria Steinem: “Escribí la verdad. Y me hizo sentir mejor”. Este es el tema real de esta única y universal obra por una joven mujer que es una sorpresa total y un clásico instantáneo”.

Y lo dice Barack Obama: “Eres la BOMBA, tía”. Que no es que nos importe la opinión de este señor, pero lo pongo como curiosidad anecdótica llamativa.

Cuando te leas esta autobiografía te vas a conocer más a ti misma. Va a ser una especie de transformación a muchos niveles. Entendiendo a Sidibe, comprendes no sólo lo que llevas viviendo toda tu vida, sino lo que hace tu vecina del cuarto o el señor que te vende los tomates. Es algo así como un oráculo. Como si se hubiera metido una cámara por la oreja y vieras todo lo que tiene dentro…y de repente sucede que estamos todas cortadas por el mismo patrón y te cuadran más cosas de las que nunca hubieras pensado. En serio, híncale el diente YA MISMO. Y si no sabes inglés y aún no han sacado la traducción, píllaselo a tu hermana, a tu prima la del pueblo o a tu madre jubilada que se ha apuntado a la escuela de idiomas. Te lo va a agradecer siempre y vas a quedarte patidifusa con lo que te cuenta sobre su lectura.

Siento un profundo respeto por Gabourey Sidibe y la más sincera complicidad con su persona y vivencias. Toda ella es vital, chispeante y absolutamente ingeniosa, con una capacidad de disección digna de una cirujana. Su autobiografía es exactamente igual. No te miento.

LARGA VIDA A GABOUREY SIDIBE para que escriba montañas de diarios y memorias como éstas. Las necesitamos.

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Gabourey se pronuncia como Cabaré
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

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