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¿Capacidad intelectual límite? ¡Pues no se te nota! Cuerpos, Opinión

¿Cómo reacciona el entorno cuando cuentas que tienes una discapacidad intelectual? Mireia Guilera narra su experiencia.

Ilustración: Ío Wuerich

Ilustración: Ío Wuerich

¡Hola! ¡Soy Mireia!

Tengo 34 años y soy borderline. Me refiero a que estoy al borde de la línea, ya que mi grado de capacidad es inferior a lo considerado “normal”. No confundir con trastorno borderline, (trastorno limite de la personalidad o TLP) que tiene que ver con temas de salud mental.

Esto que puede parecer una presentación de Alcohólicos Anónimos.

Es mi manera de empezar a contar anécdotas sobre mi vida.

No siempre me ha resultado fácil hablar de mi discapacidad.

Recuerdo un día en un curso de Monitora.

Que no se cómo, ni bien por qué, pero tuve la necesidad de contar al resto de mis compañeros que tenía una discapacidad.

Era como un impulso, un run-run me repetía: ¡CUÉNTALO,  CUÉNTALO!

Así lo hice.

La verdad es que en ese momento, en parte sentí una liberación, pero por otro pensé:

“¿Y ahora qué? ¿Me tratarán diferente que antes de revelarlo?”                   

Las reacciones fueron bastante positivas.

Pero SIEMPRE alguien tiene que dar la nota.

Después del shock, de repente una chica de las del curso dijo: “Te felicito, porque no se te nota”.

¿Cómo? ¿Qué significa “no se te nota”? Ahhh, claro… No llevo un post–it en la frente que diga “soy discapacitada “

Esta experiencia me curtió un poco.

Pero a la vez, cogí miedo a contarlo, pero yo que soy tozuda, seguí adelante.

Años más tarde y acostumbrada a que todas mis amistades fueran personas con alguna discapacidad.

Conocí a personas sin discapacidad.

La verdad es que para mí fue de nuevo un reto.

Pero claro, volvieron los miedos, la angustia, el ¿qué pensarán?, ¿qué dirán?, ¿lo van a notar?

Además es que mi época de colegio tampoco fue precisamente fantástica, los niños pueden ser muy crueles.

Y en instituto la cosa no mejoró.

Al contrario, empecé el primer curso de ESO con una amiga y acabe cuarto sin ninguna amiga.

El recreo para mí era una pesadilla.

El último curso recuerdo que muchas veces desayunaba en los baños, donde mis compis de clase no pudieran verme.

Era el año 2001, donde el ahora conocido como bullying aún no tenía nombre.

Pero pasaba igual, con nombre o sin él.

Por eso, y volviendo al año 2013:

Tenía miedo, ya que a lo largo de los años había experimentado reacciones como:                      

A) “Tu madre ha hecho un gran trabajo”.

B) “No sufras tanto, mujer”.

C) Practicar el escapismo; si te he visto no me acuerdo.

D) “Algo intuía, pero tranquila, venga, vamos a tomar un GinTonic”.

Esto que ahora cuento con humor, ha sido para mí un estigma durante muchos años.

Pero tal vez, si no tuviera una discapacidad, no hubiera podido entrar a trabajar donde trabajo.

No hubiera conocido a muchas de mis compañeras de trabajo, que ahora son amigas,

No tendría a mis queridísimas amigas de la OAU, y no sería la que soy, si no Border Line.

Tal vez pero nunca lo sabré.

No todo es color rosa… También está el color mierda, pero no lo voy a contar todo el primer día.

Muchas gracias y hasta la próxima.

 

Mireia Guilera es socia del Grupo Caliu en el Ateneu Divers, una iniciativa pionera en Catalunya que desde hace 26 años trabaja para mejorar, la calidad de vida, de las personas con discapacidad, y sus familias, que tiene como misión, garantizar el oció inclusivo para las personas con discapacidad, y romper estigmas y etiquetas. También es socia de la Asociación Ladd, en defensa de las personas con discapacidad intelectual.

¿Capacidad intelectual límite? ¡Pues no se te nota!
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