Rebeldes y peligrosas: la sexualidad como juego de poder en el cine Crítica, Pikagramas

María Castejón fue comisionaria, el año pasado, del ciclo de cine ‘Gandules’17: Rebeldes y peligrosas’ del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, durante el que se proyectaron nueve películas protagonizadas por personajes femeninos que dinamitan los mandatos de género y que, sobre todo, no asumen el papel de víctimas. Todas las protagonistas tienen la fuerza y la entidad suficientes como para escribir ríos de tinta, pero uno de los criterios principales de selección son las estrategias que algunos de estos personajes femeninos utilizan para desenvolverse en un entorno hostil, y del que salen victoriosas.

Mae West.

Mae West.

Mae West en ‘No soy un ángel’ y Sharon Stone en ‘Instinto básico’, a pesar de los años transcurridos entre los ambientes y contextos en los que se mueven el personaje de Tira y Catherine Tranell, usan su sexualidad como fuente de poder de una manera consciente. Y lo hacen desde el juego y la diversión, porque les interesa, les conviene, pero sobre todo porque les gusta. El cine ha representado la sexualidad femenina y los cuerpos de las mujeres como objetos de consumo, como carnaza para la mirada masculina. Estos dos personajes tan icónicos, tan independientes y tan libres, rompen esa tendencia. La sexualidad como poder, como gozo y, más que nada, como juego en el que las reglas las marcan ellas, estableciendo nuevas relaciones de poder, tiene mucho de rebeldía, de peligrosidad y de inspiración… ¡Larga vida a la rebeldes y peligrosas!

Mae West, la chica mala que siempre fue a todas las partes

Mae West, la rubia platino que contonea sus rotundas caderas mientras escupe inteligentes, osadas y mordaces palabras llenas de doble sentido —que escandalizan y maravillan por igual—, es famosa por sus citas irreverentes. Quizá no sepas que fue ella la que dijo aquella inmortal frase de ” las chicas buenas van al cielo y las malas, a todas partes”, que ha vehiculado el ciclo de cine ‘Rebeldes y peligrosas’.

He de confesar que había oído hablar de Mae West, pero no me había visto ninguna de sus películas. No sabía de su rebeldía, de la peligrosidad de sus caderas ni de su arrebatadora sexualidad. No me había planteado lo subversiva que resulta su exuberante presencia y lo inspirador que resulta ver cómo usa sus encantos para sobrevivir en un entorno masculino y salir siempre victoriosa.
Como alguien que se inició como espectadora con el cine familiar de los años 80 y que, posteriormente, combinó esta afición con películas militantes y feministas, descubrir a Mae West me ha hecho poner el foco en el cine clásico con el furor de la conversa. No puedo más que maravillarme con una actriz y creadora que está orgullosa de su feminidad, de su cuerpo y de su sexualidad… Porque solo verla moverse ya es un espectáculo.

Polémica, incendiaria, provocadora, Mae West era hija de un boxeador y detective privado y de una modelo; desde muy niña estuvo en contacto con el mundo de la farándula. Ya en los inicios de su carrera era, a su vez, guionista: escribía los textos que interpretaba. Siempre descarada, excesiva, reina del vodevil, donde brilló con luz propia, estuvo en la cárcel diez días, en 1926, acusada de obscenidad por ‘Sex’, su musical de Broadway. Las fotos de su arresto se confunden con cualquier fotograma de sus películas. Lejos de amilanarse escribió un musical sobre la homosexualidad masculina, ‘Drag’, que la catapultó definitivamente a la fama.

‘No soy ningún Ángel’ fue su mayor triunfo de taquilla. En ella interpreta al personaje de Tira, una cantante que trabaja en un circo y que se ve obligada a convertirse en domadora de leones por la traición de un hombre. Sin complejos, pasea su contundente figura por el circo mientras muestra su colección de amantes (¡incluso hay un hombre negro!) y seduce y utiliza a un joven adinerado que cae rendido a sus pies. Descubrimos a una Mae West poderosa, inteligente y muy lista, capaz de responder a las mujeres burguesas que la intentan humillar.

Su personaje propicia una lectura que va más allá de considerarla un mito sexual o un objeto de deseo. La West usa ese deseo a su favor, lo exprime, lo reinterpreta, lo deconstruye y se erige poderosa. Desde cada fotograma nos demuestra que las estrategias femeninas son diversas y que, en la década de los 30, usar tu cuerpo, tu belleza y tu sexualidad para hacer lo que te da la gana y dinamitar las relaciones heteropatriarcales significa ser muy rebelde e implica que te tachen de peligrosa. Y todo desde la indolencia, la ambición, cierta soberbia, mucha teatralidad y mucha generosidad. La feminidad, como demuestra West, es pura teatralidad.

La femme fatale moderna. El triunfo de la independencia y de la sexualidad

Sharon Stone en Instinto Básico.

Sharon Stone en Instinto Básico.

Hay películas que influyen de forma poderosa en el imaginario sexual de las sociedades. ‘Instinto básico’, el thriller sexual que lanzó a la actriz Sharon Stone al estrellato en el Festival de Cannes de hace más de 25 años, es una de ellas. El polvo del siglo, el cunnilingus, los espejos en el techo, que te aten a una cama, picar hielo con un punzón… forman parte de la educación sexual del público de la década de los 90 y de décadas posteriores. Como buena película clásica y mítica, tiene sus leyendas; una de ellas dice que Paul Verhoeven engañó a Stone con el tema de la ropa interior en la memorable secuencia del interrogatorio. Sea como fuere, ‘Instinto básico’ supuso un antes y un después en la representación de la sexualidad femenina. Verhoeven ha seguido indagando en la construcción de la sexualidad y el poder con las controvertidas, perturbadoras e impactantes ‘Showgirls’ (1995) y ‘Elle’ (2016).

En ‘Instinto básico’, Catherine Tramell, una famosa escritora y psicóloga, es investigada por la policía como sospechosa por el asesinato de su novio, una estrella del rock. Pronto se establecerá una intensa y apasionada relación entre Catherine y Nick (Michael Douglas), un policía con un oscuro pasado lleno de excesos y violencias. La sospecha y la duda sobre la Tramell, como la llaman los policías, será uno de los ejes argumentales de la película, así como la relación de poder y sexo entre los dos protagonistas, que ella siempre domina. Catherine manipula, desafía y marca las reglas del juego. Ella se divierte mientras él se obsesiona y va perdiendo el control.

Catherine Tramell es una mujer poderosa, inteligente y muy rica. Le gusta el sexo, y le gusta mucho. Disfruta del placer de follar sin tener que estar enamorada —toda una declaración de principios— y mantiene relaciones amorosas y sexuales con mujeres, algo poco habitual en el cine del año 1991. Su seguridad y el uso consciente del impacto que tiene su sexualidad en —sobre todo— los hombres hacen de ella un personaje único y complejo.

Es muy interesante observar las consecuencias que tiene en la representación de la masculinidad la existencia de un personaje como el de Catherine. Porque Nick sufre un proceso que tambalea los cimientos de su masculinidad patriarcal y que rompe con la histórica mirada masculina voyerística. Tanto en ‘Instinto básico’ como en ‘Atracción fatal’ (1987) o ‘Acoso’ (1994), Douglas representa una masculinidad que las mujeres rebeldes y peligrosas fagocitan, lo que hace que pierda su tradicional poder, a pesar de la moralidad de los mensajes que subyacen en las mencionadas películas.

Catherine Tramell continúa con la estela de los personajes de mujeres fatales del cine negro de los años 40 y 50 interpretados por actrices como Barbara Stanwyck, Lauren Bacall, Lana Turner, Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Ava Gardner, Sue Lyon o Gene Tierney; pero las trasciende y de alguna manera las venga porque nadie la castiga por subvertir los estereotipos de género y poner en peligro la imagen de la mujer tradicional, por disfrutar de su sexualidad, por su promiscuidad y por ser una mujer ambiciosa. Porque ella, que quiere follar como una leona, pero no quiere tener hijos, siempre dormirá con un picahielos debajo de la cama. Por si acaso.

Las nueve películas del ciclo

No soy un ángel (Wesley Ruggles, 1933)

Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)

La gran ciudad [Mahanagar] (Satyajit Ray, 1963)

Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992)

Mommy (Xavier Dolan, 2014)

Girlhood [Bande de filles] (Céline Sciamma, 2014)

La calle de la vergüenza [Akasen Chitai] (Kenji Mizoguchi, 1956)

La novia vestía de negro (François Truffaut,1968)

Nacidas para sufrir (Miguel Albaladejo, 2009)

:

 


Este artículo fue publicado en el número 5 de #PikaraEnPapel, que puedes conseguir en nuestra tienda online.

Rebeldes y peligrosas: la sexualidad como juego de poder en el cine
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

María Castejón Leorza es Doctora en Historia. Tiene diversas especialidades de conocimiento como la historia y teoría de género, pero sobre todo es especialista en representaciones, género y medios de comunicación. Es editora del blog Las princesas también friegan, donde escribe sobre cultura y feminismos. Es autora del libro "Fotogramas de género. Representaciones de feminidades y masculinidades en el cine español (1977-1989)" (Logroño, Siníndice, 2013)

    Uso de cookies

    Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies