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Mis primeros tés en Pikara Crónicas desde el sofá, En red

Hacer prácticas curriculares no siempre es conformarse con poner buena cara durante 300 horas en una redacción en la que no quieres estar porque te parece inútil. Pikara no es resignación, es la tersura del aprendizaje.

De izquierda a derecha: June Fernández, Andrea Rubio, Andrea Momoitio, Mª Ángeles Fernández y Tamia Quima

De izquierda a derecha: June Fernández, Andrea Liba, Andrea Momoitio, Mª Ángeles Fernández y Tamia Quima en la redacción de Pikara Magazine en Bilbao

-¿Te apetece escribir sobre tus primeras semanas en Pikara?

-Vaya, ¡claro!

Y, curiosamente, lo primero que me viene a la cabeza es: ¿qué escribiré sobre Pikara el día que me marche? ¿Será como un tatuaje grabado a fuego en la piel para siempre? ¿Solo una calcomanía de las que venían en una bola de plástico en las máquinas expendedoras de principios de los 2000? ¿Echaré de menos el olor a revista nueva de las 8:30 de la mañana, las almendras de June, la risa de Andrea, la caricia de Mª Ángeles en mi hombro derecho cada día o los kilómetros de pegatinas de Tami? Quién sabe. Por ahora, me centraré en el comienzo.

“Este año toca pensar en hacer prácticas, ¿no?”; “Ya tienes el 75% de la carrera, ¿dónde vas a hacer las prácticas?”; “Métete en CIPE y mira las ofertas de prácticas en empresas”; “COPE, Onda Cero, Voces de Cuenca…”; “Las prácticas, además de ser obligatorias, vienen bien, te aportan experiencia”; “Hay que hacer prácticas, donde sea, es importante”; “Las prácticas, las prácticas, las prácticas”.

Densas frases que parecían índices apuntándome directamente a los ojos fluían por mi cabeza. Es verdad, joder, las putas prácticas. Pues a ver dónde las hago. A mí lo que me gusta es escribir, pero si es que da igual el medio que escoja, no voy a poner más que cafés. Horas en una redacción, o vete tú a saber dónde y haciendo qué, perdiendo clase, de gratis… El becariado. Eso somos las estudiantes en prácticas, una subcategoría más del precariado. Qué pereza. ¿Y para aprender qué? Nada (todo) en contra de los medios generalistas, pero su inutilidad, en los últimos y no tan últimos tiempos, me parece sencillamente sangrante. A escribir noticias como un robot ya aprendí en primero de carrera, a pasarme por el forro los códigos deontológicos ya me enseña la prensa diariamente. Suerte que yo, al menos, la leo, aunque sea para saber lo que no hay que hacer. Porque sangrante es también el porcentaje de estudiantes de Periodismo al que se la suda estar al tanto de la actualidad informativa, que no ha cogido un periódico en su vida o que pasa por la universidad como si se tratara del instituto, un pedregoso puente hacia la vida real. Luego pasa lo que pasa: la redacción como institución total.

Luis García Tojar, haciendo una lectura metafórica de la obra de Erving Goffman Internados, comparaba la redacción con un sanatorio mental. Relataba que “la mayoría de jóvenes periodistas explica su primer contacto con una redacción como ‘traumático’”, ya que, “si entendemos la redacción informativa como una institución social destinada a la reeducación permanente de unos individuos en una serie de normas profesionales y consideramos que esas instituciones están sujetas a los bruscos vaivenes de la economía capitalista global”, básicamente “ese novato [se ve obligado a] borrar una parte de su disco duro para abrir espacio a la programación institucional”. ¿Qué significa esto? Pues que da igual lo mucho o poco que hayas aprendido en la facultad y las inquietudes que tengas, siempre imperará la famosa frase “aquí las cosas se hacen así”. Capacidad de resistencia, prácticamente, nula. La autocensura es inminente.

Yo no quería nada de eso, aunque confieso que en mi cabeza me auto-jaleaba pensando firmemente que a mí jamás podría ocurrirme tal cosa. “Tengo principios, como Jesse Pinkman”, que dirían Los Chikos del Maíz. Bueno, de lo que se trata, precisamente, es que, con tus principios -y un poco de queso, si gustas- puedes hacerte un bocadillo indigerible. Poco más. Bienvenida a la realidad, chica, esto es el Periodismo en ESPAÑA, con mayúsculas. Y me vuelvo a resistir: pero, ¿y el feminismo? Ponte tú a hacer prácticas en La Razón.

Y de repente, una luz que parpadea. No, Andrea, tú sabes bien que hay periodismo más allá de la desvergüenza, que hay una izquierda a la izquierda de la izquierda, que hay resistencia en medio de este lodo. Fíjate en La Marea, en El Salto, en las de Pikara. Por cierto, ¿dónde tendrá Pikara la redacción? Al advertir que estaba situada en el mismo barrio en el que yo vivía, y al lado de Faktoria Lila -te cagas ya-, no me lo pensé. Yo estaba de Sicue en Bilbao, la EHU no era mi universidad ni nada, y no existía oferta alguna en la Universidad de Castilla-La Mancha, obviamente, para hacer prácticas aquí. Monté un jaleo inmediatamente: “Buenas, sé que las prácticas serían para el año que viene, que no tenemos convenio y que es un follón, pero quiero hacer prácticas en Pikara Magazine. Si hace falta me busco un curro, me quedo aquí a vivir otro año y acabo la carrera a distancia. ¿Se pueden hacer exámenes por skype?”.

Total, que aquí estoy. Trabajo en un sitio que me jode la espalda y me trastoca un poco el sueño, pero mi primer contacto con una redacción no ha sido traumático. Andrea y June me recibieron con una sonrisa enorme, muchas ideas y un té rojo sin azúcar -como a mí me gusta- en una taza de Pikara. ¿Se puede soñar una entrada más dulce en el Periodismo?

Una semana después:

-Andrea, ¿escribes un reportaje sobre el tercer sexo, intersexualidad, género no binario, transexualidad…?

Joder, qué miedo, pero sí se podía soñar más dulce. El reportaje ya está hecho y se podrá leer dentro de poco. Welcome to our single jungle. Aquí empieza todo.

PD: El sofá morado de Pikara es mullidito y suave, y hay una rayuela justo al entrar. Si necesitas reggaetón, dale, entra.

Mis primeros tés en Pikara
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Andrea Liba

▼ Todo lo que soy es todo lo que tengo, y no tengo nada, un desierto atravesado y algunas ideas. 🇪🇭 Curro en Pikara Magazine y practico el feminismo.

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