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Transitando en ficción: cuerpos y encrucijadas trans en la industria del entretenimiento Análisis, Ficciones

Si en 2014 era todo un orgullo que la realidad de una mujer trans mayor se escenificara en ‘Transparent’ con un actor “cis”, en solo tres años el cuestionamiento hacia quién representa estos personajes está más vivo que nunca. Aitzole Araneta, activista que abandonó el mundo de la interpretación debido a la transfobia que topó, analiza esta evolución.

Indya Moore, Angelica Ross, MJ Rodriguez, Hallie Sahar, Dominique Jackson son parte del elenco de la serie 'Pose'

Indya Moore, Angelica Ross, MJ Rodriguez, Hallie Sahar, Dominique Jackson son parte del elenco de la serie ‘Pose’

Los personajes trans* han sido, como lo son las personas que pertenecen a esta comunidad, individuos de segundo tiempo, o más bien “de prórroga”—haciendo un símil con el aún discriminatorio mundo del deporte— donde nuestra palabra era ignorada y nuestra realidad tildada de “capricho” o “decisión individual abocada a un triste devenir”. Bien es cierto que en muy poco tiempo los derechos trans y la visibilización de familias de menores y jóvenes han dado un vuelco: hoy se habla más que nunca sobre la patologización de personas trans, de derechos así como de los mitos y estereotipos que, cada vez más, nos empeñamos en derribar.

¿Y los personajes trans?

En poco tiempo la representación de las personas trans en ficciones de todo tipo ha sufrido un drástico vuelco: en la década de los 90 y los 2000 los personajes trans eran, salvo honrosas excepciones, presentados como personajes  de mofa —Jim Carrey se ducha y se lava la cara después de darse cuenta de que había besado a una mujer trans—, repulsivos el protagonista enamorado de la sensual Dil de The Crying Game (1993), descubre que ella tiene pene y no puede evitar ir a vomitar al baño— o pérfidos, insanos y egoístas —Buffalo Bill secuestra y despelleja a mujeres para fabricarse su propio cuerpo de mujer en El Silencio de los Corderos (1992)—. Los personajes trans estaban se englobaban en la aún común idea de “hombres que quieren ser/se disfrazan de mujeres”, y salvo honorosas excepciones —Boys dont cry (2000)— la representación de chicos nacidos con vulva no existía.

Felicity Huffman interpretó a la protagonista de 'Transamérica'

Felicity Huffman interpretó a la protagonista de ‘Transamérica’

Haciendo un flash-forward de varios años nos encontramos con personajes más complejos, protagonistas de ficciones audiovisuales: la Lilly Elbe de La Chica Danesa (2015) da cuenta de cómo va descubriendo su verdadera identidad —con esas normas no escritas sobre lo que es una mujer y un cuerpo de mujer— y cómo ello afecta a su relación con la pintora Gerda Wegener en el mundo artístico de los años 20, o del viaje transformador —en muchos sentidos— que inicia Bree al conocer que tiene  un hijo una semana antes de su intervención de genitales en Transamérica (2005).

De esta última podríamos destacar que es una de las pocas ficciones que durante esas décadas estuvieron protagonizadas por una mujer que interpretaba a otra mujer trans, ya que lo habitual era que los escasísimos personajes de chicos trans fueran interpretados por mujeres, y los personajes de mujer trans por hombres—como Jared Leto, quien llegó a ganar un Óscar por su composición de la politoxicómana, trabajadora sexual y enferma de VIH Rayon en Dallas Buyers Club (2013)—.

Los penes y las penas

Hace poco, el actor Paco León fue objeto de críticas por el anuncio de que interpreta a una mujer trans en la serie de Netflix La casa de las flores. El provocativo —y cutre— anuncio en su cuenta de Instagram con pecho peludo, peluca al canto y sentado en el retrete suscitó cientos de comentarios sobre un debate que se viene dando desde hace unos meses: ¿por qué no actores y actrices trans representando a personajes trans?

Llegadas a este punto voy a reconocer que no es casual que mente a este actor: trabajé como actriz en una obra de teatro (Lisístrata, dirigida por Jerôme Savary, 2010) para el Festival de Mérida que él protagonizaba. Fue mi último trabajo, ya que, a pesar de haber realizado pruebas como actriz —sin el adjetivo trans—, al ser abierta con mis circunstancias corrió en los mentideros de la profesión la noticia de que tenía pene: después de terminar este proyecto recibí bastantes ofertas de trabajo donde los “personajes” —entrecomillo ya que en la mayoría de las propuestas este apelativo quedaba grande para el trabajo de interpretación que me proponían— en algún momento tenían que enseñar los genitales, convirtiéndose en poco más que“penes con tetas” que daban la sorpresa, creaban morbo y expectación… y poco más. El típico caso de typecasting o  encasillamento. Al rato abandonaba “el mundillo”, convencida de que, a pesar de la falta de autoconfianza inherente como la mujer que soy, y el obstáculo que supone presentarte a un casting habiendo empezado a socializar como mujer más tarde que el resto, a pesar de ello superando algunos, no había sitio en el sector para alguien como yo.

Todo por “los trans”, sin “los trans”

La actriz transgénero Jamie Clayton interpreta a Nomi (izq.), una hacker en una relación lésbica

La actriz transgénero Jamie Clayton interpreta a Nomi (izq.), una hacker en una relación lésbica

Quiero creer que esto está cambiando. Hay personajes complejos en historias de ficción relevantes. El mundo de las series es un poderoso contenedor para desarrollos profundos de personajes trans: series como, Sense8 u Orange is the New Black cuentan con poliédricos personajes trans.

La comunidad trans eleva su voz, y se hace oír: la actriz Leticia Dolera se disculpa (a pesar de lo agresivo y poco pedagógico de las formas hacia una aliada de la causa como ella) cuando tuiteras le recriminan asociar tener pene a ser hombre en su ya famosa frase del “campo de nabos” en los Goya, mientras varios personajes públicos tienen que explicar sus meteduras de pata en la cuestión cuando antes ni siquiera se lo planteaban. Definitivamente, hay terrenos de juego donde estamos ganando la partida.

Y sin embargo, el debate sigue ahí. El propio Paco —ahora también director de películas y series— comentaba que lo que realmente es necesario es que cada vez haya más personajes “trans”, y que sin embargo se perdía libertad y visión creativa al limitar la interpretación de estos personajes a actores que lo fueran. Al fin y al cabo, la magia de la ficción consiste en hacer creíble aquello que no es real.

El pasado julio este debate se intensificó con el anuncio de Scarlett Johansson como protagonista de una película donde interpretaría a un hombre trans. Después de la airada respuesta de la comunidad trans en las redes, la actriz decidía no interpretar a Dante “Tex” Gill en Rub&Tug. Estaba reciente la acusación de “blanqueamiento” del muy asiático personaje de la Mayor Kusanagi en la adapatación al cine de Ghost in the Shell (2017). Y la película entraba en suspenso al no contar con el reclamo de tan popular actriz.

La comunidad trans ya no deja pasar por alto estas cuestiones: si en 2014 era todo un orgullo que la realidad de una mujer trans mayor se escenificara en Transparent con su actor “cis” interpretando a la magnética Maura, en solo 3 años el cuestionamiento hacia quién representa estos personajes está más vivo que nunca.

Tal y como comentaba la actriz de Sense8 Jamie Clayton, “las actrices y actores trans nunca estamos en la conversación: ni se nos imagina en papeles que no sean trans, solo podemos realizar audiciones para personajes que lo sean. Y para éstos tampoco contamos, pues siempre hay actores y actrices más mediáticos que, casualidad, no son trans pero sí pueden interpretar a personajes trans”.

Cuando la cruda realidad del mercado laboral para las personas trans es desgarradora con más de un 80% de paro, resulta que tampoco podemos acceder a aquellos trabajos que inciden en lo representativo y lo simbólico de… nuestra propia realidad.

Los argumentos en contra son los mismo que se usaban para que papeles de mujer fueran interpretados por mujeres en la Inglaterra de Shakespeare, o los personajes negros interpretados por blancos pintados hace no tantos años:

1. No hay actores trans con talento. Es decir, no pasamos pruebas porque no tenemos aptitudes ni preparación para ello. Quizá, al igual que ocurre con los techos de cristal, es una cuestión de inexistentes oportunidades.

2. Los actores “que venden” proyectos no son trans: por supuesto, no hay casi actores ni actrices trans reconocidos por esa misma falta de oportunidades. La actriz de Orange is the New Black Laverne Cox hizo historia al ser la primera mujer trans nominada a los premios Emmy. La actriz protagonista de Una Mujer Fantástica, Daniela Vega, hizo historia al ser la primera mujer trans que subía al escenario de los premios Óscar. Dos años antes, la cantante y compositora Anohni, primera nominada a los Óscar, anunciaba que no acudiría a la gala por la discriminación existente a las voces trans en la industria del entretenimiento.

3. Las actrices y actores trans no pueden representar personajes que no sean trans porque no “pasan” como hombres y mujeres: las mujeres trans tiene cuerpos y voces masculinas, mientras que ellos no dan al ojo como hombres. Esta cuestión es peliaguda porque se trata de ampliar el imaginario colectivo acerca de todas las formas posibles de ser mujer, hombre etc. que hay. Puede incluso de que en algunas historias este adjetivo “trans” no sea el foco central de conflicto del personaje, sino una circunstancia más que lo enriquezca o añada una dimensión. ¿Acaso hay solo una forma de tener una corporalidad “trans”? ¿En todo caso, alguien dudaría de que esta actriz no pueda interpretar a un personaje que no sea “trans”?

Nicole Maines es una joven actriz que interpretará a la primera superheroína trans de la televisión en la serie Supergirl.

Nicole Maines es una joven actriz que interpretará a la primera superheroína trans de la televisión en la serie ‘Supergirl’.

4. Es como si los personajes de gays y lesbianas solo pudieran estar interpretados por… gays y lesbianas: Conviene recordar que aún hoy en día, en ciertos star system de la industria del entretenimiento —fruto de una sociedad capitalista e individualista aspiracional que daría para otro amplio debate sobre la legitimidad del propio término— figuras que han llegado a ser relevantes temen hacer pública su orientación del deseo por el miedo al encasillamiento —juegan, aún en 2018, con desventaja con respecto a sus colegas hetero—  y a no encontrar más trabajo.

Sin embargo, esta comparación es muy pertinente más allá de que el común de los mortales no distinga aún entre la orientación del deseo y la propia identidad (e ignorando que una persona trans bien pudiera ser hetero, entre otras): el campo de batalla, y vamos otra vez con ello, de “el cuerpo” y lo que ello simboliza.

Si los cuerpos y las expresiones de los personajes de hombres homosexuales ya no son sólo de aquellos personajes con pluma, si las lesbianas ya no son solo representadas como camioneras, quizá cuando hablamos de la representación trans sí que lo reducimos a la representación de cuerpos con ciertas características masculinas o femeninas. O como recientemente me lanzaba una periodista después de una entrevista para un informativo, “si no quieres que en el cartel ponga que eres trans sino tu profesión, tendrás o tendremos que decir que lo eres porque si no no se va a saber”. Es decir, el cuerpo ha de ser leído como “trans” según el imaginario social de “Manolo” asociado a ello . Y la gente “trans” solo es “trans”: “trans” de profesión, “trans” de voz, “trans” de expresiones… trans en esencia.

Y sin embargo, se mueve

La industria de la ficción y el sector artístico (a muchos molesta la denominación de “entretenimiento”, sin embargo las grandes ligas de la representación se juegan en eso que denominas precisamente entretenimiento) se mueve. Se mueve porque nos movemos, porque decimos basta, porque nos hacemos escuchar, y también porque nos encontramos con algunos aliados (y más aliadAs, aunque en posiciones minorizadas) con poder de decisión que están dispuestos a escuchar y aprender.

Es necesaria hacer toda una pedagogía que vaya en el camino de la representación compleja de nuestras realidades más allá del estereotipo. Como primordial es que contemos nuestra propias historias: guionistas como Our Lady J, escritoras y productoras como Janet Mock, directores de ficción como Silas Howard —sí, el imperio de los USA nos lleva ventaja con respecto a la pobre representación de Alba en la ficción española La que se avecina— se han juntado en un equipo de talento con el adjetivo “trans” para contar historias de esta comunidad en la valiosísima Pose (2018)—pilotada por el todopoderoso showrunner Ryan Murphy—, ficción sobre las comunidades LGTBI y trans en la crisis del SIDA de los 80, donde descubrimos verdaderos talentos  interpretativos frente a la cámara: MJ Rodríguez, Indya Moore, Dominique Jackson…

Tenemos realidades desconocidas que merecen ser contadas, investigadas, y ficcionadas… por nosotras, nosotros, nosotrxs y/o nosotres. Un imaginario rico que se está dando a conocer tímidamente que bien merece un acercamiento al público general. Una oportunidad para derribar mitos y estrecheces que nos oprimen. Y, ¿por qué no?, más oportunidades para interpretar todo esto que hasta ahora ha sido contado e interpretado por otros.

Transitando en ficción: cuerpos y encrucijadas trans en la industria del entretenimiento
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Euskalduna. Sexologoa, responsable del departamento de Igualdad del ayuntamiento de Pasaia. Activista trans, feminista, y de pequeñas causas perdidas

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