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Binta y la gran frontera Lectura Fácil, Planeta

Adaptación del texto “Binta y la gran frontera”, una crónica de Lucía Muñoz a los criterios de lectura fácil (LF) por Lectura Fácil Euskadi Irakurketa Erraza. Recomendamos su lectura en un ordenador por su mejor adaptabilidad.

Sobrevivientes de la Frontera Sur en su llegada al puerto de Motril tras cruzar en patera*. / Foto: Lucía Muñoz

Sobrevivientes de la Frontera Sur en su llegada al puerto de Motril tras cruzar en patera*. / Foto: Lucía Muñoz

Binta tuvo que emigrar de Costa de Marfil por ser mujer,
le gustaban las mujeres y quería mejorar el mundo.
La historia de Binta es la historia de muchos hombres
y muchas mujeres que se perdieron en el desierto,
en una patera o en un calabozo.
Binta ha podido contarla.

Binta es una joven inquieta,
se ocupa de su madre y de sus 3 hermanas
desde que su padre las abandonó.
Tiene que casarse con un hombre mucho mayor que ella.
Su familia no sabe que a Binta le gustan las mujeres.
No lo cuenta porque más de una vez ha escuchado a su madre
decir que “si tuviera un hijo homosexual le mataría”
La prima de Binta denunció a su marido por violación,
pero en la policía se rieron y la obligaron a volver con él.

Binta ha decidido no casarse: “ningún hombre decidirá mi destino”.
– Tenemos que aprender que una mujer que vive sola no es una puta o lleva mala vida. Podemos tomar nuestras decisiones.

Binta huye
Binta escapa de su casa de noche y llega a Malí en autobús.
Luego viaja en coche por Níger y el desierto del Sáhara hasta Argelia.
Desde allí va a Marruecos escondiéndose de la policía
y de las personas que cobran para ayudar a pasar fronteras.
Se queda sin dinero y vive durante 8 meses en un campamento
que organiza las tareas de forma comunitaria.
Estos campamentos son habituales y están llenos de personas
que han tenido que irse de sus países del sur del Sahára.
Para sobrevivir, piden comida en las calles de Tánger.

El gobierno de Marruecos ordena entrar en los campamentos
y los policías queman y arrasan todo lo que encuentran.
Las personas que allí viven deben huir de nuevo
y suben a pateras inseguras o saltan las vallas de la frontera.
Son imágenes que vemos a menudo en los medios de comunicación.

En patera y sin chaleco salvavidas
La Frontera Sur recorre el Norte de África,
donde están las ciudades españolas de Ceuta y Melilla,
el Estrecho de Gibraltar, las costas de Andalucía, Murcia y Canarias.

Las personas que emigran deben por alguna de estas zonas
en pateras, balsas de plástico débiles, algunas sin motor.
Caben una 10 personas, pero meten hasta 60.
Subir en la patera tiene un precio.
Binta no tiene dinero y tiene que prostituirse
para conseguir plaza en la balsa.
Las violaciones y los chantajes a las mujeres allí son frecuentes
El cuerpo se convierte en moneda para poder comer, sobrevivir y escapar.

Binta huye del campamento a las 8 de la tarde
y sube a la patera a las 7 de la mañana, con hambre y miedo.
Hay 14 hombres. Ella es la única mujer.
La única que no lleva chaleco salvavidas.
Nunca han visto el mar y nadie les acompaña.
– De repente, aparece la Guardia Civil de España – cuenta Binta.
Creemos que nos van a rescatar, pero hablan en español
y no los entendemos. En la patera entra agua, nos vamos a hundir.

La Guardia Civil quiere devolverlos a Marruecos.
Las llamadas devoluciones en caliente
no sólo se dan en las vallas de las ciudades de Ceuta y Melilla,
sino también en el mar.
Con la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana,
conocida como Ley Mordaza, pueden mandar de nuevo a su país
a los emigrantes sin dar explicaciones.
– Pensaba que me ahogaría allí– recuerda Binta-
Los policías dirían que no pudieron hacer nada y no se sabría la verdad.

Se me ocurrió gritar que me dolía la barriga,
que estaba embarazada y que era menor de edad.
Con esta mentira Binta salvó su vida y la de sus compañeros de patera.
La Guardia Civil la trasladó a un calabozo de Ceuta
y luego al CETI.

Binta estuvo 4 meses allí y aprovechó para aprender español.

Cuando llega una patera a algún puerto español,
las personas en tránsito son detenidas sin cometer delito.
A estas personas no se les ofrece ayuda médica o psicológica
ni información o ayuda para obtener la documentación necesaria.
La única ayuda es la de Cruz Roja cuando llegan al puerto.
Ellos les toman la temperatura, les dan algo ropa y comida.
Las personas voluntarias ofrecen apoyo y cariño
pero no es suficiente para una ONG multinacional
que recibe mucho dinero del Gobierno para dar estas atenciones.

En la península española las personas migrantes van a los CIE,
donde están un máximo de 2 meses.
Luego son deportadas a sus países o van a la calle
sin tener dónde ir.

  • 3 de cada 4 personas en los CIE han llegando en patera.
  • 300 mil euros ha gastado el Gobierno español en los CIE
  • 12 millones de euros en vuelos de deportaciones y vallas de fronteras.
  • No se invierte en centros para información y ayuda.

Esta falta de apoyo provoca rechazo hacia las personas negras.
Las noticias de los atentados de terroristas provocan miedo,
se relaciona el terrorismo con la religión musulmana.
Las personas que llegan a las fronteras en la patera o saltando
vallas de más de 3 metros que acaban en afiladas concertinas
se juegan la vida para escapar del hambre, de la violencia
y para luchar por un futuro mejor para todas, como Binta.
No emigran para hacer daño.

Carta roja para la Ley de Asilo
Binta vive en la península, donde es conocida y querida.
Pidió asilo, pero los documentos tardan meses en llegar.
Tiene una tarjeta roja que limita sus derechos y movimientos.
No la pueden deportar, no puede salir de España y nadie le da trabajo
ya que está aún en una situación temporal.
– Conseguir asilo es complicado porque dicen que mi vida,
no está en peligro – cuenta Binta –.
Las mujeres morimos lentamente con la mutilación genital,
la explotación sexual, cuando no nos dejan siquiera pensar.
Eso también es violencia.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía
resalta en su Informe Frontera Sur que cada 100 migrantes,
25 son mujeres. Cada vez hay más mujeres que tienen que huir.
En julio del 2017, por primera vez, llegó una patera solo con mujeres.
Iban 26 mujeres y 5 bebés, todas de Costa de Marfil.
España reconoce el derecho de asilo por persecución de género
que se debe demostrar para llegar a ser refugiada.
La Unión Europea tiene unas cuotas para refugiar personas
de países en guerra, como Siria, Irak, Afganistán y Eritrea.
En Costa de Marfil están en guerra desde hace más de 10 años.
Esa y otras guerras no se tienen en cuenta.

Binta sabe que puede conseguir lo que se proponga.
Ahora quiere ser periodista y regresar a su país sin esconderse.
Sabe que en Europa la vida no es fácil para los emigrantes,
y no recomienda a nadie el viaje que tuvo que hacer.
Binta ha conseguido expresarse y ser la voz de muchas mujeres.
Esta es una parte de las historia que se cuenta
en el documental ‘Binta y la gran idea’ de Javier Fesser.



































































CETI: Centro Temporal de Internamiento para Extranjeros. Están en Ceuta y Melilla y son del Ministerio de Fomento






CIE: Centro de Internamiento de Emigrantes. Están en ciudades de la península.




























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Binta y la gran frontera
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Lucía Muñoz

Camarógrafa, periodista y flamenca. Me compré unas buenas zapatillas para recorrer el mundo y tengo un objetivo violeta para ver a través de él. Me decanto por escribir sobre mujeres y migración. Algún día, nos bañaremos en las playas de una Sahara Libre.

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