Y las ugandesas dijeron basta Entrevista, Planeta

Una marcha sin precedentes en la capital, Kampala, marca un hito de las activistas feministas por la justicia y la depuración de responsabilidades, tras un año de feminicidios sin resolver. Hablamos con Godiva Akullo, abogada ugandesa y una de las organizadoras de esta Marcha de Mujeres Ugandesas.

Manifestantes contra el feminicidio el pasado 30 de junio en Kampala./ Foto tomada del Facebook de Women’s Protest Working Group

Manifestantes contra el feminicidio el pasado 30 de junio en Kampala./ Foto tomada del Facebook de WPWG

Teddy Nakacwa. Regina Zawedde. Beatrice Mudondo. Nansubuca Patricia Alias. Desire Mirembe. Nampijja Juliet. Rehema Nassali. Allen Ampumuza. Birungi Maria. Josephine Nakazibwe.

Los nombres se amontonan hasta al menos cuarenta y tres. Cuarenta y tres mujeres secuestradas y asesinadas desde finales de mayo de 2017, cuyos cuerpos fueron encontrados en la capital ugandesa y alrededores, en muchos casos, con signos de asfixia, tortura física y sexual. No había detenciones, no había culpables, no parecía haber urgencia por hacer justicia a estos asesinatos. Un buen número de estos asesinatos se enmarcan en una oleada de secuestros por rescate creciente en el país, pero ni todos los casos responden a este patrón (muchas otras víctimas sufrieron las agresiones sin petición de rescate alguno), ni hay un perfil constante de las víctimas o los asesinos, y hasta el momento, aunque se han llevado a cabo algunos arrestos, en la mayoría de los casos no se han dado condenas contra los agresores.

Y las ugandesas dijeron basta. El pasado sábado 30 de junio cientos de personas recorrieron las calles de Kampala y bajo las consignas #WomensLivesMatterUg (la vida de las mujeres importa) o #WomensMarchUg (marcha de mujeres) exigieron al gobierno, las fuerzas de seguridad y a la sociedad en general el fin de la violencia contra las mujeres y la impunidad rampante. Exigieron justicia, al fin y al cabo, en una manifestación sin precedentes en el país.

Las que hemos seguido los acontecimientos estas últimas semanas hemos asistido expectantes a un crescendo particular. El 5 de junio las activistas se desplazaron hasta la comisaría donde en principio debían reunirse con el investigador general de la policía para transmitirle su preocupación y exigir responsabilidades. Las recibieron los antidisturbios y algunas de las integrantes, fueron arrestadas (la reacción gubernamental habitual frente a las protestas). Tan solo 10 días después tuvo lugar esa reunión, y parece que se abrieron vías de comunicación para trabajar conjuntamente. Sin embargo, a cuatro días de la convocatoria, el mismo inspector general denegó el permiso para su realización. Tan solo en la víspera las organizadoras recibieron, finalmente, luz verde y protección policial asegurada para la marcha. El éxito de esta convocatoria no se mide tan solo por la asistencia de centenares de personas (entre ellas activistas de otros países de la región, o las embajadoras de Francia y EEUU), sino por la ausencia de altercados y de represión policial, así como por la representatividad de colectivos duramente castigados en el país, como las comunidades LGBTIQ y las trabajadores sexuales.

Lo que comenzó como una petición de responsabilidad ante la inacción de la policía y justicia para estas víctimas, tiene potencial para convertirse en una marea que con el tiempo pueda vertebrar otras reivindicaciones más amplias de la sociedad civil del país.

Hemos hablado con Godiva Akullo, activista, profesora de derecho y abogada feminista ugandesa especializada en derechos humanos, derechos de los colectivos LGTBIQ, y una de las mujeres detrás del Women’s Protest Working Group, organizador de las movilizaciones.

"Godiva Akullo en una acción anterior a la marcha" Crédito: Michael O'Hagan (@micoh)

Godiva Akullo en una acción anterior a la marcha./ Michael O’Hagan 

— Más de 40 mujeres secuestradas y asesinadas en un año. ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso y motivó este movimiento? ¿Se estaban realizando ya acciones de bajo perfil para lidiar con estos asesinatos?

— Las feministas ugandesas se han estado organizando contra estos secuestros a lo largo del año bajo diferentes paraguas. De hecho, un grupo de mujeres fueron arrestadas el año pasado mientras protestaban en Entebbe [ciudad próxima a la capital, y aeropuerto internacional del país], y es por estos esfuerzos que incluso el [antiguo] Inspector General de la Policía Kale Kayihura y el propio presidente Museveni fueron a Entebbe a intentar lanzar una investigación.

Pero la gota que colmó el vaso fue la reacción tras el asesinato de Susan Magara, hija de un hombre adinerado, que de repente consiguió que hasta los militares intervinieran, se ofrecieran recompensas por información sobre los secuestradores… El hecho es que había sido asesinada de una manera muy similar a otras víctimas, la única diferencia es que aquellos casos se desestimaron porque se trataba de trabajadoras sexuales, mujeres que andaban solas por la noche… pero cuando se trata de la hija de un hombre adinerado de repente es un asunto de importancia nacional. Así que nuestra lógica fue: si es un tema tan importante, ¿por qué no nos tratáis a todas como si nuestras vidas importaran? Para nosotras fue importante presionar organizando esto, aunque por supuesto ya se estaban haciendo esfuerzos en este sentido; por ejemplo, el reclamo #NotAthotherWoman (ni una más) que era utilizado por mujeres de organizaciones de base y feministas ugandesas exigiendo un fin a estos asesinatos. Así que cuando se convocó la manifestación ya se había llevado a cabo un montón de trabajo de concienciación y visibilización sobre los feminicidios y las maneras en las que las vidas de las mujeres son ignoradas.

— Algunas de vosotras tenéis experiencia trabajando en organizaciones o instituciones de derechos humanos así como en diversos activismos. ¿Cómo decidisteis crear el Women’s Protest Working Group como tal? ¿Había un vacío para canalizar la indignación de la gente sobre este tema?

— El WPWG es una agrupación heterogénea de mujeres provenientes de diferentes contextos laborales y vitales, aunque inicialmente la convocante fue la Dra. Stella Nyanzi [arrestada en diversas ocasiones, es una prominente académica y activista política y social feminista, conocida por su confrontación con los estamentos académicos de la Universidad de Makerere, así como por su liderazgo en una campaña que reclamaba medios materiales para las niñas con la menstruación para evitar su absentismo escolar, y los insultos que le dedicó al mismísimo presidente Museveni]. Ella fue quien nos contactó instándonos a organizar algo formal, incluida la manifestación, y así decidimos constituirnos como grupo dedicado específicamente a este tema. Así que la involucración ha venido dictada por la disponibilidad, pero también por lo que podías aportar al movimiento, qué habilidades tienes que podamos utilizar a estas alturas. Así que sí, puede ser que hubiera un vacío en cómo canalizar la indignación de la gente en este tema, sobre todo debido a las reputaciones de las activistas implicadas por su trabajo individual. Por ejemplo, la Dra. Nyanzi provocaba mucha resistencia, especialmente por parte de la policía y personal gubernamental, porque no querían trabajar con alguien que había protestado desnudándose (lo hizo hace dos años en la Universidad Makerere), y esto afectó al trato que dio la policía. También afectaba, por supuesto, la reacción general de la población ugandesa ante el feminismo, y estaba claro que estas iniciativas eran lideradas por feministas. Pero al final logramos una movilización que transversalizó clase, género, orientación sexual, a través de todo tipo de identidades diversas.

— ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrentan las activistas en Uganda cuando se trata de generar conciencia sobre temas vinculados a la equidad y la violencia contra las mujeres?

— El mayor obstáculo es la respuesta gubernamental. Vivimos bajo un régimen de 32 años que está más preocupado por su autopreservación y la protección de sus intereses que por permitir cualquier clase de disidencia que lo cuestione, y por supuesto, el activismo feminista necesariamente lo pone en cuestión y lo desafía para mejorarlo, por las mujeres pero también por el bien de la sociedad en general. Así que la respuesta del gobierno enviando policía y antidisturbios, lanzando gas lacrimógeno contra los protestantes… es un gran impedimento a la hora de animar a la gente a protestar. “Ven, este es un tema importante” y la primera pregunta es “¿estaré segura?”; cuando la gente no sabe si su integridad física está asegurada… y por eso ha impactado tanto cómo ha salido la movilización, “¿cómo, no han lanzado gases lacrimógenos?”

Otro obstáculo es la intención del gobierno de controlar las redes sociales y los medios. Hemos vivido en los últimos años el cierre de medios, ahora han impuesto una nueva tasa al uso de las redes sociales… y todo mientras las RRSS son un espacio en el que la población ugandesa expresa su disidencia, sus “sueños” para Uganda. [Mientras escribo, los y las activistas ugandesas vuelven a estar en las calles, esta vez por este motivo. Echa un vistazo al hashtag #ThisTaxMustGo]

Otro gran escollo es por supuesto la propaganda antifeminista, basada en la ignorancia. Vivimos en una sociedad patriarcal, y cuando hablamos de violencia contra la mujer o de relaciones patriarcales que otorgan poder al hombre sobre la mujer, son temas imbricados en teoría en feminismo, pero la gente que quiere desprestigiar nuestro mensaje lo reduce a “esas tan solo son lesbianas, odian a los hombres…” y es un gran problema porque la gente lo convierte en oportunidades para atacar a feministas particulares, en lugar de centrarse en los temas que estamos tratando de visibilizar y solucionar. Por ejemplo, después de la manifestación, debido a que había una fuerte presencia de colectivos LGBTIQ -que son además miembros muy activos del WPWG- han tratado de desprestigiar la manifestación diciendo que era un engaño y una excusa para apoyar a estos colectivos en lugar de a las mujeres. Esto se debe a la ignorancia, la homofobia y la estrechez de miras de la población ugandesa, que suponen a unas personas más derechos que a otras, y por lo tanto estas últimas no tienen derecho a participar en acciones contra el gobierno, protestar, etc.

— ¿Cómo evalúas el apoyo popular al movimiento por parte de la población? Llamarlo abiertamente feminista ¿puede haber representado un problema?

— Por supuesto que llamarlo feminista ha sido un obstáculo, porque la gente quiere malinterpretar lo que significa. Pero creo que las feministas ugandesas han hecho mucho trabajo a lo largo de los años en términos de concienciación, así que a pesar de ello, o quizás precisamente por el hecho de que esta era una manifestación feminista, la gente vino en gran número. Hay esa percepción pública de que el trabajo de defensa de los derechos de las mujeres es dominio de las organizaciones que trabajan estos temas, así que creo que llamándolo “causa feminista” realmente democratiza el espacio, la gente sabe que puede participar aunque no tenga credenciales como activista o miembro de una ONG o CBO [community-based organizations, organizaciones comunitarias de base]. Evidenció que cualquiera que apoye esos ideales feministas y perciba a las mujeres como seres humanos es más que bienvenido. Por un lado representó un obstáculo, pero creo que también fue una de nuestras mayores fortalezas, su identificación como una movilización feminista y no como algo convocado por una organización de derechos humanos u ONG.

— Habéis llevado a cabo durante semanas una intensa campaña en las redes sociales, por lo que el ciberactivismo es un pilar importante de esta movilización. ¿Dirías que por ahora es un movimiento inminentemente urbano? ¿Cómo se vinculó la gente de zonas más rurales o desconectadas?

— Una de las críticas que se le suele hacer a una supuesta “élite urbana” es que es apática, que está desmovilizada, que son individuos acomodados que no participan en acciones de justicia social… Sin embargo, hemos logrado movilizar a centenares de estas personas que supuestamente son apáticas. Así que creo que hay mucho que aprender de cómo las feministas ugandesas, del este de África y del continente han movilizado a la gente para esta protesta. Esto demuestra que la próxima vez que convoquemos seremos capaces de movilizar a más gente, es un proceso de aprendizaje, todo es una oportunidad para aprender.

También, la palabra “urbano” se está convirtiendo en algo bastante despectivo, algo utilizado para atacarnos. Cuando en realidad, cualquiera que asistiera pudo ver que había trabajadoras sexuales, miembros de la comunidad LGBTIQ, jóvenes que no provenían de áreas urbanas… Pero de alguna manera, esa imagen de urbanidad se ha reforzado por el trato recibido por la policía, por el hecho de que pudiéramos llegar a asegurar una especie de relación “profesional” con los cuerpos de seguridad, y está siendo utilizada para hacer valoraciones negativas sobre el movimiento.

— A lo largo de la campaña habéis pasado de ser arrestadas por la policía a trabajar codo con codo, e incluso producir documentos conjuntos sobre cómo abordar los secuestros y asesinatos. ¿Cuáles eran vuestras demandas principales? ¿Qué se tiene que hacer aún?

— Nuestras exigencias se mantienen, y continuamos haciendo seguimiento de su evolución, porque una de nuestras principales demandas es que queremos una investigación profunda sobre los asesinatos, porque es información importante para que las ugandesas puedan protegerse. También estamos presionando para que la policía establezca una unidad especial dedicada a estos casos, que incluya a miembros del WPWG en él.

Pero nuestras exigencias no eran solo hacia la policía, sino a la sociedad ugandesa, e hicimos demandas muy específicas para acabar con la cultura de la violación, con la culpabilización de las víctimas, que se entienda que esto es el motivo por el que los asesinatos de mujeres pueden ignorarse hasta que tienes a las mujeres gritando en la calle y ya has contado 43 cadáveres. Y seguimos intentando crear vínculos con parlamentarias y en general con el Parlamento para asegurarnos de que se cumplen estas demandas, y que la seguridad de las mujeres se pone en el centro de la acción de las diferentes agencias gubernamentales.

Por supuesto, la relación con la Policía no ha sido siempre fácil. Cuando al principio nos detenían y agredían no eran nada cooperativos, incluso la luz verde a la manifestación se debió a que la decisión del inspector general de la policía fue supervisada por el ministro de Asuntos Internos. Así que yo no enfatizaría tanto nuestra buena relación con la policía, aún es muy frágil, y queremos seguir fortaleciéndola para poder hacer este tipo de acciones en el futuro sin que nadie resulte herido.

— Unos días antes de la manifestación algunas de vosotras asististeis en Kenia a un encuentro de feministas del este de África. ¿Se están forjando alianzas regionales? ¿Cómo esperas que estas se materialicen?

— En esa reunión de feministas del este y el cuerno de África hablamos mucho sobre cooperación internacional, y se hizo evidente que si queremos que el feminismo trabaje en pos de los procesos democráticos es muy necesario que trabajemos juntas, porque nuestros temas se entrecruzan, son muy similares. Por ejemplo, los feminicidios. Las feministas de Sudáfrica, Botsuana, etc. están preparando acciones directas para llamar la atención sobre los feminicidos y su mala gestión por parte de la policía y otros servicios públicos de seguridad; los múltiples casos de brutalidad policial en Kenia son similares a los que ocurren en Uganda… así que está claro que tratamos con problemas muy similares y que es necesario que trabajemos juntas para amplificar nuestras voces, crear estrategias conjuntas y poder presionar suficientemente a nuestros gobiernos. Como viste, algunas feministas kenianas y etíopes estuvieron presentes acompañándonos en la manifestación, y estuvieron bastante involucradas en la propia organización, así que esperamos que esta cooperación continúe. Seguimos en contacto para contar las unas con las otras y establecer cómo podemos apoyarnos estratégicamente más allá de la acción directa que fue la Manifestación de Mujeres en Kampala.

— ¿Cuáles son los próximos pasos y retos?

— Creo que el principal reto es ver cómo continuamos trabajando con la policía y las instituciones gubernamentales para asegurarnos de que nuestras exigencias se materialicen. Asegurarnos de que las historias de estas mujeres se cuentan y se hace justicia, que alguien es llevado a la justicia por estos brutales asesinatos, pero también que nuestra sociedad empieza a tomarse la vida de las mujeres en serio, que nuestra sociedad sienta esas muertes en lugar de echarnos la culpa por nuestros propios asesinatos… Así que sí, el reto es cambiar la sociedad ugandesa, convertirla en una que valore a las mujeres, en una que reaccione en el momento en el que la vida de una mujer está en peligro, y que atienda y piense en maneras para que las mujeres puedan sentirse seguras.

Y las ugandesas dijeron basta
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Aprendedora. Feminista. Miembro del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, y editora de Africaye.org.

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