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La Frontera, poemas de Lucy Berry Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

 

Traducción del Poema de Lucy Berry por Laura Jiménez

Lucy Berry

The Border

Not one more step, the soldier said.

You must go back. You can’t stay here.

They’re killing little boys! I said.

We can’t go back – you’ve no idea.

They’re killing all the little boys;

we have a boy. We can’t stay there.

Do you have proof of what you say?

It’s really none of our affair.

They’re killing baby boys! I said.

Here is my son. We have to stay.

Do you have proof of who you are?

No, we’ve none. We ran away;

didn’t have time to grab a thing.

We just ran out, soon as we heard.

Soldier looks us up and down.

Seems like he doesn’t believe a word.

What makes you think I can let you in? What made you think we could let you stay?

Anyone kind would let us in.

We border with you; it’s the quickest

way.

Do you know anyone from here;

someone who’d vouch for you today?

No we haven’t anyone.

Couldn’t you look the other way?

More than my job is worth, he said.

Unless of course you’re gonna pay.

We haven’t any cash I said.

We’ve only got the clothes we wear.

Your only way to get in, he said,

is to go back home and apply from there.

I fall at his feet and I start to shout; we are not getting anywhere.

 

WE ARE NOT GOING ANYWHERE.

THEY’RE KILLING LITTLE BABY BOYS.

 

Soldier shifts his gun. He says:

No need at all to raise your voice.

Not one more step, the soldier said. You must go back. You can’t stay here.

They’re killing little boys! I said. We can’t go back – you’ve no idea.

They’re killing all the little boys; we have a boy. We can’t stay there.

Do you have proof of what you say? It’s really none of our affair.

They’re killing baby boys! I said. Here is my son. We have to stay.

Do you have proof of who you are? No, we’ve none. We ran away;

didn’t have time to grab a thing. We just ran out, soon as we heard.

Soldier looks us up and down.

Seems like he doesn’t believe a word.

What makes you think I can let you in? What made you think we could let you stay?

Anyone kind would let us in.

We border with you; it’s the quickest way.

Do you know anyone from here; someone who’d vouch for you today?

No we haven’t anyone.

Couldn’t you look the other way?

More than my job is worth, he said. Unless of course you’re gonna pay.

We haven’t any cash I said.

We’ve only got the clothes we wear.

Your only way to get in, he said,

is to go back home and apply from there.

I fall at his feet and I start to shout;

we are not getting anywhere.

 

WE ARE NOT GOING ANYWHERE. THEY’RE KILLING LITTLE BABY BOYS.

 

Soldier shifts his gun. He says: No need at all to raise your voice.

 

Laura Jiménez

La Frontera

Ni un paso más, dijo el soldado. Dad la vuelta. No podéis quedaros.

¡Están matando a los niños! Contesté yo.

No podemos volver no podéis

imaginaros…

Están matando a todos los niños pequeños; tenemos un hijo. Teníamos que marcharnos.

¿Tenéis alguna prueba de que lo que contáis es verdad?

Esto no es asunto nuestro, en realidad.

¡Están matando a los niños pequeños!

Repliqué.

Aquí tengo a mi hijo. Dejadnos pasar, por piedad.

¿Tenéis algo que confirme vuestra identidad?

Nada, no tenemos nada. Huimos con lo puesto,

no hubo tiempo para hacer el equipaje. En cuanto oímos lo que pasaba corrimos al peaje.

El soldado nos mira de arriba abajo. Queda claro que no se cree una sola palabra.

¿Qué os hace pensar que voy a dejar que paséis?

¿Qué os hace creer que dejaremos que os quedéis?

Y yo no entiendo la broma macabra. Cualquiera con un corazón decente nos dejaría pasar;

Nuestras fronteras son colindantes, es la forma más rápida de cruzar.

¿Conocéis a alguien aquí?

¿Hay alguien que os pueda avalar?

No, no conocemos a nadie. Te lo suplico, déjanos entrar.

Imposible, no traicionaré mi uniforme, respondió.

A no ser que puedas pagar.

¡Pero si no tenemos dinero,

las ropas que llevamos puestas, nada más!

Pues entonces tenéis que volver por donde habéis venido.

Acudid a vuestras instituciones; que ellas os concedan permiso.

Yo me derrumbo y a sus pies me pongo a gritar:

Así no se llega a ninguna parte.

 

¡ESTÁN ASESINANDO A        LOS NIÑOS!

¡LOS   VAN A MATAR A TODOS!

 

El arma del soldado cambia amenazadoramente de lado. Cuidado. No hay necesidad de subir el tono.

Ni un paso más, dijo el soldado. Dad la vuelta. No podéis quedaros.

¡Están matando a los niños! Contesté yo.

No podemos volver – no podéis imaginaros…

Están matando a todos los niños pequeños; tenemos un hijo. Teníamos que marcharnos.

¿Tenéis alguna prueba de que lo que contáis es verdad? Esto no es asunto nuestro, en realidad.

¡Están matando a los niños pequeños! Repliqué. Aquí tengo a mi hijo. Dejadnos pasar, por piedad.

¿Tenéis algo que confirme vuestra identidad?

Nada, no tenemos nada. Huimos con lo puesto,

no hubo tiempo para hacer el equipaje. En cuanto oímos lo que pasaba corrimos al peaje.

El soldado nos mira de arriba abajo. Queda claro que no se cree una sola palabra.

¿Qué os hace pensar que voy a dejar que paséis?

¿Qué os hace creer que dejaremos que os quedéis?

Y yo no entiendo la broma macabra. Cualquiera con un corazón decente nos dejaría pasar; nuestras fronteras son colindantes, es la forma más rápida de cruzar.

¿Conocéis a alguien aquí?

¿Hay alguien que os pueda avalar?

No, no conocemos a nadie.

Te lo suplico, déjanos entrar.

Imposible, no traicionaré mi uniforme,

respondió.

A no ser que puedas pagar.

¡Pero si no tenemos dinero,

las ropas que llevamos puestas, nada más!

Pues entonces tenéis que volver por donde habéis venido.

Acudid a vuestras instituciones; que ellas os concedan permiso.

Yo me derrumbo y a sus pies me pongo a gritar:

Así no se llega a ninguna parte.

 

¡ESTÁN ASESINANDO A LOS NIÑOS!

¡LOS VAN A MATAR A TODOS!

 

El arma del soldado cambia amenazadoramente de lado.

Cuidado. No hay necesidad de subir el tono.

La Frontera, poemas de Lucy Berry
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