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Cien pepinas no hacen ensalada Participa

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S. Cornelius

Un sólido silencio se cierne ante el altivo avance de la Plataforma de Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción, algunas de cuyas defensoras llegan a afirmar que su propuesta es apoyada por el Movimiento Feminista español, cosa incierta, puesto que tan solo es defendida por una parte de este. Los sectores a favor de la ley tienden a ser feministas de viejo cuño (quienes necesitaron oponerse a la casa y los cuidados), en gran medida institucionalizadas, urbanas, burguesas, profesionales, blancas. Pero hay vida, mucha vida más allá de la PPiiNA, aunque esta postura esté sobrerrepresentada en los medios y los debates.

La propuesta de ley de la PPiiNA limita brutalmente la potencia de los cuerpos con útero y tetas. Si a los cuatro meses debo volver al trabajo para que coja la baja “el padre” (de haberlo), entonces no puedo lactar a la criatura siquiera durante el tiempo mínimo de seis meses sugerido por la OMS. Reflexionemos un momento: mi cuerpo, que ha parido, tiene (si no se la han robado) la facultad de mantener a mi criatura con vida durante al menos un año. Aunque desde los seis meses el bebé vaya comiendo otras cosas, mi cuerpo tiene la capacidad de mantenerlo con vida, lo que es en sí mismo impresionante y además impagable en caso de enfermedad, de oleada de calor, de gastroenteritis, etc. Una ley que silencia esta realidad e infravalora la capacidad del cuerpo de las madres de alimentar a sus hijas/os durante meses y meses es, cuanto menos, una ley que desatiende los cuerpos lactantes y que ha sido enunciada desde el androcentrismo (el cuerpo del hombre como modelo de presunta neutralidad).

Permitidme creer que la propuesta podría ser mucho, mucho más feminista, si se formulase desde los intereses y las potencias de todas, todas las cuerpas (sobre la exterogestación y por qué es mala idea separar a madres y crías durante el puerperio, léase a Ibone Olza).

Es obscena y patriarcaliza una propuesta de ley sobre bajas de mapaternidad que no proponga además alargar la mísera, ridícula, violenta duración de la baja actual para madres. Si de derechos para ellas se tratara, otro gallo nos cantaría en el congreso y los partidos. Por otro lado, una justicia de género basada en igualar cuerpos es un veneno para nuestra lucha. Necesitamos que los esfuerzos puestos en la esfera de la reproducción equivalgan, no que lo que podemos hacer las mujeres se anule e infravalore porque ellos no puedan hacerlo. Por ejemplo, que no sean solo las madres las que reducen jornada para poder vivir con sus criaturas y hacerse cargo de la casa, además de trabajar.

En Suecia, las bajas de mapaternidad, mucho más justas (que no generosas*) no resuelven el problema de la desigualdad en el hogar. La baja, dentro del cómputo de la vida laboral a la hora de calcular pensiones, es una parte ínfima si se compara con el asunto de la reducción de jornada, masivamente solicitada por las mujeres para poder hacerse cargo de todo durante los años en que tienen criaturas a su cargo. Los datos muestran que los hombres, por mucha baja que se cojan (como si se la cogen toda) no cuidan tanto como las mujeres una vez terminado el permiso. Priorizan su carrera, y eso hace que ellas tengan que adaptarse y cargar con mucho más. La desigualdad nace en la posibilidad de que ellos pongan sus trabajos por delante, no en la baja mapaternal del primer año. Lo primero, además, es una cuestión de abuso de poder. Lo segundo es cuerpo, y no, no está mal que tengamos una baja más larga. Y sí, sí nos necesitan más a nosotras los bebés el primer año. Porque han estado en nuestro vientre y nos conocen. Porque nos han salido del coño. Es un debate viciado centrarnos en la igualdad en los primeros meses de vida. Es un velo para no debatir la desigualdad que se perpetúa en la relación con hijes (y casa) en los diecisiete años restantes.


*Suelen ser de entre seis meses/un año y pico para la madre y, respectivamente, entre seis meses y tres para su pareja. El número de días laborables por criatura (480) se distribuye según convenga a cada familia, salvo tres meses que van obligatoriamente para cada progenitor.

Cien pepinas no hacen ensalada
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