‘Croma’: la despedida en colores de Derek Jarman Ficciones, Reseñas

Escenógrafo, actor, director de cine, pintor, escritor, jardinero, Jarman trató la sexualidad y el homoerotismo de forma directa y desacomplejada. Caja Negra ha editado en castellano el singular tratado sobre los colores que escribió mientras el sida lo estaba dejando ciego.

Derek Jarman en una foto de Gorup de Besanez cedida a Wikimedia Commons

Derek Jarman en una foto de Gorup de Besanez cedida a Wikimedia Commons

Los blancos caballos de mar han traído consigo la locura, estoy irritable, incómodo, ansioso. Odio el blanco.

Derek Jarman no encaja bien en el imaginario descafeinado del revival de los 80 que triunfa (tan cansino ya) en los últimos años. Y es una lástima, porque es uno de los representantes más originales de la cultura popular ochentera. Considerado un artista total, Derek Jarman era escenógrafo, actor, director de cine, pintor, escritor, jardinero. Queer por encima de gay, Jarman trató la sexualidad y el homoerotismo de forma directa y desacomplejada, ganándose por parte de la crítica la etiqueta de cineasta de maricones. Cuando Derek Jarman contrajo el VIH, lejos de esconderse, hizo pública su enfermedad y la usó como materia de arte. De sus últimos años son sus mejores obras. Escribió Croma (Caja Negra, 2017), su personal tratado sobre los colores, mientras el sida lo estaba dejando ciego. Se fue muriendo entre color y color hasta llegar al azul y entonces decidió hacer una película, la última: Blue (1994), cuyo guion, que explica sus vivencias como enfermo de sida, queda ilustrado por un fondo monocromo azul como única imagen.

El rojo se protege a sí mismo. Ningún color es tan territorial. Plantea su reclamo, se mantiene alerta contra el resto del espectro.

Mientras leo Croma quedo fascinada por la erudición del autor. Entre materiales para hacer pigmentos, píldoras de colores para mitigar la enfermedad y recuerdos personales, Derek Jarman hace un recorrido por el uso del color a lo largo de la historia. Cita de memoria pasajes de Safo, Ficino, Aristóteles, Petronio, Da Vinci, Miguel Angel, Newton, Goethe, Wittgenstein (a quién dedica en 1993 una de sus mejores películas, del mismo nombre)… para mayor reto de Hugo Salas, editor encargado de la traducción en castellano de la editorial Caja Negra, que ha tenido que investigar y poner en orden las menciones de Jarman. “Es copia infiel, pero realizada con la más absoluta de las lealtades”, dice Salas, sobre su edición de Croma. Derek Jarman, al igual que su amiga y actriz fetiche Tilda Swinton, pasó por los más exclusivos internados de Inglaterra en su juventud. Su exquisita formación cultural y artística siempre estuvo acompañada, al igual que en el caso de Swinton, por una aversión hacia el ambiente aristocrático y sus instituciones, lo cual siempre le hizo ser un personaje incómodo para la clase alta, pero también para las clases populares, que no acababan de empatizar con su arte.

El gris nos rodea y lo ignoramos. Las rutas por las que viajamos son cintas grises que diseccionan campos de color.

Durante sus estudios artísticos en la universidad, a principios de los años 60, Derek Jarman participó en varias exposiciones de pintura y comenzó a diseñar escenografías. El director de cine Ken Russell lo fichó para encargarse de la escenografía de su película The devils (1971) y a partir de entonces empezó a experimentar en la creación de películas en Super 8. De hecho, filmó pedazos de su intimidad en Super 8 durante toda su vida, incorporando su biografía a su propio arte. Estrenó su primer largometraje en 1976, Sebastiane, rodada en latín, que recrea la vida y martirio de un  soldado romano del siglo IV, y que da nombre a los premios de cine LGBTI del festival de cine de San Sebastián. De 1978 es Jubilee, en la que la reina Isabel I (1578) viaja en el tiempo hasta la Gran Bretaña post-apocalíptica del futuro, cuyas calles están dominadas por punks violentos. Mientras maduraba como cineasta, Jarman publicaba libros de poemas como A finger in the fishes mouth, seguía con su carrera como pintor y con su pasión por la jardinería.

Mezclando pinturas nunca lograrás llegar al amarillo, aunque para hacerlo emplees un aceite dorado. Arenas amarillas. Rayo amarillo.

El cine de Derek Jarman se alimenta en gran medida de su obra plástica y de su sensibilidad para los detalles y el uso de los colores. A la vez, incorpora su preocupación por la política neoconservadora de Margaret Tatcher y su militancia queer, antes de que el concepto queer estuviera de moda. De 1986 es Carvaggio, la lectura que hace de la vida de Michelangelo Merisi da Carvaggio, su alter ego del barroco, homosexual, incomprendido y polémico. Jarman trabaja cada escena de la película a modo de lienzo, yuxtaponiendo las obras del pintor con su propia reinterpretación cinematográfica y añadiendo elementos anacrónicos de estética punk. El estilo vanguardista de Derek Jarman atrajo a músicos populares de los 80, llevándole a dirigir videoclips para artistas como The Smiths, Marianne Faithfull, Pet Shop Boys, Marc Almond o Bryan Ferry. Como joya curiosa, queda la entrevista que le hizo Paloma Chamorro en su programa “La edad de Oro” en 1984, a propósito de una colaboración entre Jarman, el grupo Psychic TV y Jordi Valls, de Vagina Dentada Organ, para realizar un videoclip. En el video aparecían fragmentos del entierro de Franco, la manifestación por la autonomía catalana y un cristo con cabeza de cerdo que, aunque solo se vio un segundo, derivó en una querella contra el programa, que tuvo que dejar de emitirse poco después.

 

Para los japoneses, la campanilla azul es lo que para los ingleses la rosa o para los holandeses el tulipán: esta flor de color azul profundo florece al amanecer y se cierra al atardecer.

Muchos de los amigos y conocidos de Derek Jarman habían muerto de sida cuando él desarrolló la enfermedad. Pronto se convirtió en una de las pocas figuras públicas que hablaba abiertamente del sida en los medios. Se trasladó a vivir a Prospect Cottage, una cabaña en la costa cerca de la central nuclear de Dungeness, y se volcó en la creación de un jardín en un terreno infértil, transformando el paisaje con variedad de plantas autóctonas junto a otras especies. Acompañó el jardín de esculturas, grandes piedras, trozos de madera y de metal, aplicando su creatividad como si estuviera trabajando en una de sus películas o pinturas. En Prospect Cottage se fue quedando ciego, produjo sus últimas películas y escribió Croma y Derek Jarman’s Garden, dedicado a su jardín. Siempre acompañado de Kevin Collins, su última pareja, al que se refiere en Croma como HB (de Hinny Beast, “bestia de carga”, en sentido cariñoso). Su actitud frente a la vida y frente al arte, inseparables en su caso, queda reflejada en el tratamiento que hizo de su enfermedad, a la que consideró, en propias palabras, “como un regalo que me ha dado toda clase de perspectivas que de otra forma nunca hubiera tenido”.

‘Croma’: la despedida en colores de Derek Jarman
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Ana Belén Herrera de la Cruz

Licenciada en ADE y con un máster en Edición, llevo en el mundo editorial desde 2007. Gran lectora siempre, a veces soy escribidora de relatos y artículos sobre literatura. Aprecio la concreción y la claridad en el mensaje por encima de todo, tanto en el discurso como en la literatura.

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