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¿Soy ciudadana bilbaína? Opinión, Voces

En el Día Internacional contra el Racismo, Afaf el Halaoui recuerda la negación de los derechos civiles que supone supeditar el sufragio a la obtención de la nacionalidad.

Afaf El Haloui 

Afaf el Halaoui en la manifestación del pasado 8 de marzo en Bilbao

Afaf el Halaoui en la manifestación del pasado 8 de marzo en Bilbao

Pocos meses después de mi llegada a Bilbao, hace nueve años, tuve la suerte de conocer a un grupo de feministas y lesbianas, su calor humano era especial, me convenció a quedarme y resistirme… Adopté la filosofía feminista como alternativa. Acudí a todas las actividades—talleres, dinámicas, charlas, escuelas y fiestas…— que tienen como ideología la teoría feminista, participé de manera activa en los grupos—Mujeres del Mundo Babel, Sare Lesbianista, Asamblea de Mujeres de Bizkaia, Plataforma de la Marcha Mundial de las Mujeres…— que tejen alianzas entre mujeres, que creen en el cambio sistémico, y en que una vida pacífica, igualitaria, justa e incluyente es posible. Me convertí en una activista feminista y formé parte de la lucha antipatriarcal, anticapitalista y antirracista. Me sentí escuchada, útil y creativa.

Me encontré rodeada de personas acogedoras y tan buenas que me sentí en varias ocasiones como una niña mimada y bien cuidada. Al pasar el tiempo, en la convivencia chocaba con ellas por malos entendidos culturales, pero con la paciencia y el diálogo se solucionó todo. Las diferencias pasaron a ser riquezas y lo aburrido lo convertimos en divertido.

Mi proceso personal me pareció interesante y pudo servir como modelo de integración, una de las cosas que me animó a fundar Ahizpatasuna, asociación sociocultural de mujeres vascas y marroquíes. Otra cosa que motivó esta creación era mi preocupación por la situación vulnerable que vivían mis paisanas y la marginación que sufrían por ser mujeres, emigrantes y marroquíes. La convivencia era nuestro objetivo principal. Parecía complicado desde el inicio. Me acordaba que algunas personas me dijeron en su momento que nuestro proyecto es imposible. Nos costó mucho al principio, porque ¡las personas autóctonas tenían miedo a la cultura y religión musulmana, y mis paisanas tenían miedo a perder su identidad cultural y religiosa! Así, el miedo mutuo era el mayor obstáculo.

La gran energía que me aportó el feminismo me dio la fuerza para poder con la dificultad y lograr tener paciencia y respetar los ritmos y los procesos de mis paisanas. También los recursos que nos aportaron algunas instituciones que apoyan a las mujeres con tanta facilidad eran parte de la solución. Tener la posibilidad de acudir a los recursos y a la información era lo mejor.

Dentro de la sociedad vasca me di cuenta de que la mejor manera de integrarse es estudiar el idioma y la cultura del país. También me di cuenta de que las personas con quienes me agrupaba tenían un nivel académico alto. Es verdad que la vida me enseñó mucho, pero me faltaba algo importante: el lenguaje técnico para poder comunicarme y transmitir mis saberes. Así que me encontré en la universidad.

Mi hija estudia en el colegio público Miribilla, en buenas condiciones y sus profesoras y profesores son buenas personas y están bien cualificados. Participo en el AMPA del colegio y formo parte del consejo escolar, donde me siento escuchada y respondida.

En la Semana Grande, las fiestas de Bilbao, las feministas dicen: ‘Las fiestas también son nuestras’. ¡Y también son mías! Año tras año lograba integrarme dentro la comparsa feminista Mamiki, donde pasé semanas inolvidables.

Salgo de noche y vuelvo a casa tranquila y segura, la mala fama que tiene el barrio San Francisco, Zabala y Bilbao La Vieja es una mentira.

Todo esto me parece genial y me da la impresión de que ya soy ciudadana bilbaína.

La única pregunta que tengo ahora y que me preocupa mucho es: pero, ¿por qué entonces no puedo votar en esta ciudad? ¡No puedo formar parte de un partido y de la vida política! ¡No puedo elegir, y ser elegida! No puedo votar, simplemente porque no tengo la nacionalidad española. Y, para tenerla, tengo que cumplir 10 años de padrón mas el trámite que dura más de tres años. Esto es injusto, en una ciudad que me ofrece mucho, pero que excluye mi voz, mi opinión, mi decisión y mi derecho al voto.

Esto es racismo sistémico.

¿Realmente soy ciudadana bilbaína?

¿Soy ciudadana bilbaína?
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