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Las invisibles de las comisarías Análisis, En red

Estibaliz de Miguel Calvo, doctora en Sociología por la Universidad del País Vasco, trabajadora y educadora social, ha presentado, junto a Lohitzune Zuloaga, y Miren Ortubay, la investigación ‘Experiencia de la detención policial en las mujeres de la Comunidad Autónoma de Euskadi durante el periodo 2011-2016’. Hablamos con ella sobre la masculinización de las comisarías, los estigmas a los que se enfrentan las mujeres detenidas, la invisibilidad de sus casos y la necesidad de una formación específica sobre género en estos espacios.

Estibaliz de Miguel, frente a la redacción de Pikara. / Foto: Marina León

Estibaliz de Miguel, frente a la redacción de Pikara. / Foto: Marina León

“El día que hablé contigo me acordé de una, y de momento no me acordé de más… Como sabía que ibas a venir estuve mirando el archivo y encontré esas cuatro”. Llama la atención el esfuerzo que tienen que hacer abogadas y agentes de policía para conseguir recordar los casos de mujeres detenidas que han atendido.

Esta es una de las cuestiones por las cuales las investigadoras Estibaliz de Miguel Calvo, Lohitzune Zuloaga, y Miren Ortubay deciden tratar de visibilizar las problemáticas reales de estas mujeres: porque no se trata de una cuestión cuantitativa, de si son 15 o 50 detenidas al año, se trata de valorar y tener en cuenta sus experiencias y vivencias particulares.

Durante el periodo analizado en el estudio ‘Experiencia de la detención policial en las mujeres de la Comunidad Autónoma de Euskadi durante el periodo 2011-2016’, las mujeres representaron de media el 10,9 por ciento de las detenciones realizadas por la Ertzaintza, mientras que un 89,1 por ciento correspondió a hombres. En cuanto a las imputaciones, el 24,5 por ciento se ejecutaron a mujeres y un 75,5 por ciento a hombres. Por lo tanto, y si consideramos el conjunto de detenciones e imputaciones que conforman las estadísticas policiales de la Ertzaintza, las mujeres constituyen de media un 20,6 por ciento de los casos registrados. El tránsito de mujeres por el sistema penal es claramente menor que el de hombres, y así lo evidencian las estadísticas policiales recogidas en este proyecto pero, viendo las cifras que representan, tampoco constituyen “una aguja en un pajar”, comenta la investigadora Estibaliz de Miguel Calvo, doctora en Sociología por la Universidad del País Vasco, trabajadora y educadora social, en una entrevista con Pikara Magazine.

“Nos dimos cuenta de que se había producido un efecto de invisibilización en cuanto a los casos de las detenciones a mujeres. Tanto la abogacía como la policía nos decían que no habían atendido a muchas mujeres y en algunos casos revisaban los expedientes con nosotras y caían en la cuenta de que habían atendido a más mujeres de las que pensaban en un principio“, explica Estibaliz de Miguel. Por ello, además de datos, la investigación se ha basado en 62 entrevistas, para recoger la voz de las propias protagonistas y la mirada plural y diversa de diferentes agentes implicados, como son el personal policial, profesionales de la abogacía y personas pertenecientes a entidades sociales.

Violencia en el ámbito familiar y denuncias cruzadas

“El efecto de invisibilización parece tan metafórico, porque en otros ámbitos hay un efecto de saturación que, aunque no es verdad, parece que las mujeres estamos en todos lados. Pero en estos casos se produce el efecto contrario. Al final son las dos caras de la misma moneda: o demasiado o demasiado poco para no vernos en nuestra justa medida”, comenta la investigadora.

Aunque haya ascendido el número de imputaciones, como muestran los datos, no necesariamente las mujeres tienen que haber delinquido más. “Nuestra hipótesis sobre este aumento es que probablemente se deba a la cuestión de la violencia en el ámbito familiar y por lo que nos han dicho abogacía y policía se deba también a las contradenuncias”, aclara. Se dan otra serie de razones jurídicas que también entran en juego, por ejemplo, la última reforma del Código Penal que suprimía las faltas y convierte todas las conductas punibles en delitos, ese puede ser otro de los elementos que haya provocado el aumento, “hay que rascar mucho y ver las distintas capas”, detalla.

La primera categoría de delitos cometidos por mujeres son delitos contra el patrimonio, hurtos en su mayoría. La segunda categoría, identificada en las estadísticas de la Ertzaintza con un 14,1 por ciento de las imputaciones o detenciones a mujeres, es la de violencia en el ámbito familiar. “Este dato no nos lo esperábamos, preguntando a algunas expertas en esta cuestión veíamos que, aun existiendo fenómenos de violencia en el ámbito doméstico hacia los hijos o los padres, el peso mayor venía de esta cuestión: ellas denuncian por violencia de género a su pareja y al mismo tiempo reciben una contradenuncia”, explica.

Frente al paso que se ha dado con la visibilización de la violencia machista como grave vulneración de la dignidad y libertad de las mujeres, parece estarse produciendo una reacción, más o menos articulada, que conlleva un afloramiento de antiguos mitos sobre la mujer, “mitos que nunca han desaparecido del todo de nuestra sociedad, tampoco del sistema penal”, asegura De Miguel. En este contexto, junto con las campañas de extensión del mito de las denuncias falsas, empieza a aparecer esta estrategia empleada por los acusados de violencia de género consistente en denunciar a su vez supuestas agresiones realizadas por la mujer, algo que ponen de manifiesto profesionales de la abogacía, así como experiencias y opiniones de las mujeres que han sufrido violencia de género y se recoge, por ejemplo, en este reportaje.

Las denuncias cruzadas se dan cuando una mujer denuncia una agresión y el acusado cuenta haber sido supuestamente agredido a su vez y también denuncia. La intención suele ser que la mujer se retire del proceso y puede además dar lugar a la absolución o condena de ambos o a que se archive el caso.

Miedos e incertidumbres

Estibaliz de Miguel, en un momento de la entrevista. / Foto: Marina León

Estibaliz de Miguel, en un momento de la entrevista. / Foto: Marina León

¿Las mujeres son socialmente castigadas por su comportamiento agresivo con más dureza que los hombres? “Desde la criminología está claramente demostrado que sí”, afirma la investigadora, quien comenta que uno de los pilares de masculinidad es la legitimidad de la violencia o, por lo menos, es una pugna por el uso de la violencia. Decía la abogada y escritora Lidia Falcón, en un libro sobre mujeres presas, que siempre hay un toque de heroicidad en los hombres criminales, incluso un poco de admiración hacia estos malos. Sin embargo, el uso de la violencia va en contra de la construcción de la feminidad, “por definición patriarcal somos dóciles, suaves, sensibles… desde la criminología clásica se ha definido a la mujer que comete delitos como monstruosa”, declara Estibaliz de Miguel.

En el momento de poner un pie en comisaria, sea por el delito que sea, muchas mujeres piensan en cómo organizar todo lo que hay fuera, muestran una mayor preocupación por los hijos e hijas, y viven con la incertidumbre que provoca el no saber lo que va a pasar. Es un sentimiento común entre las entrevistadas el de llegar a prisión y sentir alivio, ya que una vez ahí saben a qué atenerse a diferencia de las horas que pasan en comisaría. Muestra también el estudio, financiado por Emakunde, que afrontan la situación con miedo, conscientes de la estigmatización e inquietas por cómo será la interacción con una institución masculina con respecto a elementos como el aseo y la higiene, la vivencia del cuerpo, etc.

Si hablamos de cuestiones concretas, siempre se cumple el cacheo por parte de mujeres; pero durante el resto del proceso no tiene que haberlas necesariamente, por lo que las detenidas están rodeadas de hombres y en esas horas sí que se producen situaciones que pueden resultar incómodas. “Algunas agentes mujeres decían que es completamente normal que les resultase violento pedir una compresa a un agente o ir a orinar y saber que al otro lado del muro hay un hombre”, dice Estibaliz de Miguel.

A la hora de enfrentarse a ciertas fases del proceso, muchas mujeres tienden a pensar que, contando la verdad, estarán fuera de todo peligro: “Quizás porque el propio sistema judicial tiene esa lógica androcéntrica y porque de alguna manera somos educadas a pensar que, si una va con la verdad por delante y haciendo el bien, no le puede pasar nada”. De Miguel afirma que gran parte de la ciudadanía, entre la que se incluye, no deja de asombrarse con el funcionamiento del sistema judicial, “no acabamos de entender que el sistema judicial tiene una lógica propia, distinta a la de nuestro día a día”. Algo que influye tanto en personas con cierta formación y recursos personales, “pero si esto se produce en personas que pasan por temas de exclusión social, el consumo de drogas, el haber padecido violencia de género, el ser una mujer etiquetada como delincuente… pues todo esto es una bomba”, comenta la investigadora.

Otra realidad que también permanece invisible: mujeres extranjeras detenidas

Existe una sobrerrepresentación de mujeres extranjeras en cuanto a la violencia en el ámbito familiar, concretamente de mujeres latinoamericanas, recoge la investigación, en la que se apunta que la mayoría de policías atribuyen estas conductas a razones culturales propias del lugar de origen de estas mujeres. Este tipo de concepciones culturales que existen sobre determinados comportamientos se aprecian en algunos discursos de abogacía y de la policía y que refleja esta investigación. “Lo que reclamamos en este aspecto, a parte de una perspectiva de género, es una perspectiva interseccional, es decir, entender que las mujeres también somos diversas, y que en la detención se dan sesgos racistas”, explica la doctora en Sociología.

A la hora de hablar de la detención de una persona extranjera es fundamental tener en cuenta como elemento principal la Ley de Extranjería, en el caso de que las mujeres se encuentren en lo que se denomina situación irregular. La influencia de esta legislación, en forma de expedientes sancionadores, y la actividad policial derivada de ella se hace efectiva en varios contextos concretos especialmente excluyentes, dando muestra del carácter selectivo de la actuación policial.

“El hecho de que la mujer detenida no conozca el idioma se convierte en un factor de vulnerabilidad de primer orden. Sí cuentan con traductor o traductora porque por ley tiene que haberlo, pero también en la puesta en marcha de ese derecho hay ciertas dificultades, a veces tarda en llegar o no es una persona profesional, además aumenta esa sensación de desconocimiento de qué es lo que va a pasar, a qué tengo derecho a que no”, relata Estibaliz de Miguel.

De hecho, la investigación apunta que las mujeres extranjeras están más afectadas por la actividad policial especialmente si se encuentran en situación irregular o son víctimas de trata con fines de explotación sexual. Las redadas contra la trata “se venden como una forma de salvarlas de esas redes, pero también tiene muchas contrapartidas y dificultades para ellas. En una redada se les intercepta, se abre un expediente de expulsión si ellas no tienen papeles y este expediente queda paralizado si ellas denuncian, pero claro, hay varios motivos de extorsión en sus países de origen que hacen que se lo quieran pensar dos veces”, explica. Las investigadoras concluyen relatando que no hace falta hacer una redada o entrar una noche en un club para poder investigar si estos establecimientos tienen los papeles en regla y están cumpliendo la legalidad.


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