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Hollywood relega a las mujeres mayores al fuera de campo Análisis, Ficciones

Un paseo por dos generaciones de películas que muestran el rechazo de la industria del cine hacia la vejez de las actrices: de ‘El crepúsculo de los dioses’ y ‘Qué fue de Baby Jane’ a ‘The Congress’ y ‘Advantageous’.

Bette Davis en 'Qué fue de Baby Jane'

Bette Davis en ‘Qué fue de Baby Jane’

Madre de tres niños de 10, 11 y 15 años. Divorciada. Americana. 30 años de experiencia como actriz en películas. Aún móvil y más cordial de lo que los rumores dejan entrever. Se ofrece para empleo estable en Hollywood (con experiencia en Broadway.)

Bette Davis

Referencias a disposición de quien las solicite

Esta es la traducción del anuncio que Bette Davis puso en el Hollywood Reporter en 1962 con más de 70 títulos a la espalda y tras haber demostrado sobradamente su valía con directores de la talla de Curtiz, Dieterle, Wyler, Huston, Vidor, Mankiewicz, Negulesco o Capra. No eran suficientes dos Oscars en la repisa, ni la cantidad de papeles en producciones de enjundia pues la edad no perdona y Hollywood menos. Así, una Bette Davis en la cincuentena se vio obligada a publicar este anuncio en el periódico con no poca ironía; algunos especulan que para denunciar en forma de broma la situación de sequía laboral que se les presenta a las actrices cuando empiezan a acumular años; otros – quizá más realistas – lo interpretaron como un acto desesperado. Los rumores y el boca a boca hicieron pasar por cierta una versión de los hechos en la que Bette Davis conseguía el papel en ‘Qué fue de Baby Jane’ (1962, Robert Aldrich) como consecuencia de haber publicado este anuncio en el periódico. Lo cierto es que esto no es más que una leyenda de la farándula hollywoodiense: Davis publicó el anuncio en el intervalo entre haber terminado el rodaje de Aldrich y antes de su estreno, pues sentía que no recibía los papeles que merecía.

En palabras de Terenci Moix, “durante tres décadas, el star system implantado por los grandes estudios de Hollywood se convirtió en un fenómeno industrial de primera magnitud, así como en un caso sociológico sin el cual no se explicaría la formidable incidencia del cine norteamericano en las costumbres del siglo. Y si bien el predominio de las estrellas existía ya en la década anterior, lo cierto es que en los años treinta se vio definitivamente sistematizado gracias al sentido del monopolio y exclusividad de los estudios”. Es decir, toda una estrategia comercial que dejó muchos juguetes rotos por el camino. La propia Bette Davis se refería a Hollywood como un sistema esclavista. Habiendo cimentado su éxito sobre la eficacia del primer plano y la crueldad – y posteriormente ruinas – del star system, ¿queda alguien que no conciba Hollywood como una gran maquinaria industrial que devora y regurgita a sus trabajadores? La meca del cine se dedicaba a crear y encumbrar estrellas para atraer público a las salas. ¿Reflejaba Hitchcock la mentalidad de una época cuando le dijo a Truffaut que los actores son como ganado?

Imagen de 'Sabrina' que muestra la diferencia de edad entre actrices y actores.

Imagen de ‘Sabrina’ que muestra la diferencia de edad entre actrices y actores.

Esta glorificación prefabricada de los intérpretes solía venir acompañada de una discriminación por edad hacia las actrices, práctica bastante habitual en el cine clásico. No hay más que pensar en los 25 años de diferencia que le sacaba James Stewart a Kim Novak en ‘Vertigo’ (1958); o en Cary Grant también un cuarto de siglo mayor que Grace Kelly en ‘Atrapa a un ladrón’ (1955). O Humphrey Bogart, a menudo emparejado en la ficción con actrices infinitamente más jóvenes, como Audrey Hepburn en ‘Sabrina’ (1954) a la que sacaba 30 años. Ni qué decir que en la actualidad no ha cambiado mucho el panorama. Hay multitud de gráficas y análisis que demuestran que de forma temprana en sus carreras, las mujeres reciben más papeles que los hombres. Sin embargo, esto se invierte cuando ellas cumplen los treinta, momento en que los actores comienzan a despuntar y ellas a desaparecer de las pantallas según van cumpliendo años. Especialmente ilustrativo es el caso de las compañeras de Tom Cruise en la ficción restando años a velocidad alarmante según él acumula cumpleaños y patas de gallo. Y sin embargo, siendo justas, quizás todo esto no sea del todo culpa de Hollywood y sus cánones ridículos. Es evidente que esta aprensión a la longevidad femenina no es solo una constante en el mundo occidental: así lo retrata el maestro Yasujiro Ozu no pocas veces en sus crónicas sobre la sociedad japonesa de la posguerra mostrando las dificultades a la hora de encontrar marido para las mujeres a punto de entrar en la treintena.

Hollywood ha representado de muchas maneras el rechazo de los grandes estudios hacia la vejez de las actrices y el trauma que eso conlleva. Probablemente dos de las películas donde mejor se aprecia la huella de este fenómeno misógino de la diva enclaustrada forzosamente por edad son ‘El crepúsculo de los dioses’ (1950, Billy Wilder) y ‘Qué fue de Baby Jane’ (1962, Robert Aldrich). Si en la de Wilder es una antigua actriz de cine mudo (Gloria Swanson) la que se esconde en su palazzo hollywoodiense de Sunset Boulevard esperando que los estudios vuelvan a reclamar su presencia en el set de rodaje; en ‘Qué fue de Baby Jane’, ambientada una década más tarde, son dos hermanas las que lidian con el final forzoso de sus carreras como actrices, una por discapacidad, la otra por edad. Uno de los tantos que se marcó Aldrich en su carrera fue orquestar uno de los duelos interpretativos de la historia del cine, erigido entre Joan Crawford y Bette Davis.

En su planteamiento de la actriz aislada, ambos filmes exhiben la casa como el espacio femenino por excelencia. Ya no se trata de que la única manera de aproximarse a estas infelices sea a través de sus fortalezas. Tras llegar y ver por primera vez la casa abandonada y en ese estado de dejadez, el narrador de ‘El crepúsculo de los dioses’ compara la mansión de Gloria Swanson con Miss Havisham, un personaje femenino de Dickens al que dejan plantado en el altar. Todas confinadas a un espacio doméstico como jaula y escondite de un mundo que ya no las reclama. Todas alimentándose de sus recuerdos y sus oasis particulares del pasado.

Por ello, no es casual que uno de los motivos recurrentes en ambos largometrajes sean las rejas. En la puerta principal de Gloria Swanson y en la ventana desde la que se asoma Joan Crawford a ver el exterior. Hay multitud de planos reforzando esta idea de protagonistas recluidas: desde la jaula del pájaro de Joan Crawford en ‘Qué fue de Baby Jane’ a una escena con Gloria Swanson absorta en sus recuerdos (enclaustrada en un pasado) tras una puerta de barrotes. Es una manera eficaz de introducir visualmente el conflicto que agita a estas mujeres: se saben prescindibles y condenadas a una vejez de la que los estudios de cine no quieren oír hablar.

Gloria Swanson en 'El crepúsculo de los dioses'

Gloria Swanson en ‘El crepúsculo de los dioses’

Así se puede deducir que el ego de estas estrellas se vuelva frágil. Cuando el sistema ha impulsado todo un circo en torno a su persona que les hace depender de la aceptación ajena en forma de aplausos o cartas de admiradores, es comprensible que terminen reencarnándose en los deshechos tristes de una época de esplendor que ya no va a volver. Lo aclara Roman Gubern: “El star system es el fetichismo colectivo de la estrella y de cada acto de su vida privada, la identificación con el ídolo, la evasión de la propia personalidad, la industrialización de los mitos”. Conscientes de que el mismo sistema que las ha encumbrado prescinde ahora de ellas, cada una sobrelleva este desprecio de la industria como puede: frente al poder sedante del alcohol al que se somete Bette Davis en ‘Qué fue de Baby Jane’ a los intentos de suicidio de Gloria Swanson.

Volviendo a los santuarios del pasado que conforman estos espacios domésticos de ambas películas, el deseo de aferrarse a la falsa creencia de que sus fans las recuerdan se lleva a cabo mediante calculados ejercicios de masoquismo. La cámara de ‘El crepúsculo de los dioses’ se recrea contemplando todos los retratos de Gloria Swanson apilados en muebles. Mediante un plano cenital se la ve inclinada sobre una mesa a rebosar de fotos suyas para fans inexistentes. También está la réplica de Bette Davis en forma de muñeca. Davis con la voz quebrada por el alcohol, haciendo su número infantil ante un público solo vivo en su memoria frente a su réplica de plástico. La crueldad de una lámpara de cocina iluminando siniestramente a modo de foco de cine el exceso de maquillaje y el paso del tiempo por el rostro de la actriz en una de las escenas más duras de tragar del filme. Estas prisiones mentales llenas de recuerdos en bucle también tienen en común la presencia de un proyector donde las protagonistas pasan sus películas una y otra vez. A modo de curiosidad, Ida Lupino protagonizó un episodio para ‘The Twilight Zone’ basado en ‘El crepúsculo de los dioses’ donde encarnaba a una actriz obsesionada con su yo de celuloide que solo encuentra consuelo viendo sus películas en su proyector. Teniendo en cuenta su trayectoria, no es de extrañar que Lupino se interesase por denunciar los abusos de una institución como Hollywood hacia las mujeres.

La existencia anacrónica de estas actrices se refleja en Gloria Swanson una vez conocemos que es una diva del cine mudo que nunca se adaptó al sonoro. Y así se la representa: exagerando el lenguaje corporal y las expresiones faciales, como se hacía en el cine mudo para compensar la ausencia de diálogos. El hecho de que ella haya incorporado esto a su vida da una pista del trastorno que arrastra. No es casual que un micrófono la golpee por detrás cuando visita el set de rodaje de Cecil B. DeMille. Por otra parte, es curioso que otro punto que comparten estos filmes sea una presencia masculina pusilánime que se cuela en ambas casas y termina desbaratando todo o al menos acelerando el proceso. Ya sea el guionista mantenido en ‘El crepúsculo de los dioses’ o el músico incapaz de salir de las faldas de su madre en ‘Qué fue de Baby Jane’. Y sin embargo, ninguno de ellos tiene peso en la trama, son meros instrumentos.

Esta faceta oscura de Hollywood termina demostrando que el único escenario final posible para estas mujeres es la catarsis. Por lo que ambas optan por volver a lugares seguros: la playa para Baby Jane – ahí ensayaba con su padre de pequeña – y el set de rodaje al que vuelve mentalmente Gloria Swanson – el lugar donde se ha sentido apreciada y que tanto añora. De una forma u otra, ambas terminan liberadas de sus cargas. Billy Wilder juega con los fundidos en ‘El crepúsculo de los dioses’ para crear una de las escenas más poderosas de todo el filme. Tras pronunciar su famosa frase “Las estrellas son eternas”, la cara de Gloria Swanson se desvanece en un fundido tenue aludiendo así a su propia inmortalidad. No es casual que se nos muestre así, ya que vivía dentro de un recuerdo de celuloide. Y como tal se desvanece. En ese polvo que flota cuando un halo de luz atraviesa un rincón oscuro. Es en esa mezcla de luz y polvo donde se evapora ella. Como el episodio de ‘The Twilight Zone’ antes mencionado: Ida Lupino termina desapareciendo y transportándose a su película. Un final tan conveniente como perturbador.

El avatar de Robin Wright en 'The Congress'

El avatar de Robin Wright en ‘The Congress’

Por último, enfrentar ‘El crepúsculo de los dioses’ y ‘Qué fue de Baby Jane’ con dos películas actuales de ciencia ficción (‘The Congress’ y ‘Advantageous’) permite crear un diálogo y comprobar cómo en el futuro la tecnología se alía de forma perversa contra las mujeres para seguir perpetuando el canon estético. Paradójicamente, el salto tecnológico vuelve a ser crucial para condenar a estas mujeres. En el caso de ‘The Congress’ (Ari Folman, 2013), el tema del consentimiento y la manipulación de los estudios se lleva al extremo cuando se le propone a Robin Wright firmar un contrato que les permita escanearla digitalmente y usar su personaje virtual para rodar cualquier película sin su permiso. Por otra parte, la sentencia de Gloria Swanson sobre la inmortalidad de las estrellas vaticina también esta presión por conservar la juventud que se le plantea a la protagonista de ‘Advantageous’ (Jennifer Phang, 2015), que se ve forzada a transferir su conciencia a otro cuerpo (más joven, por supuesto) para poder recuperar su trabajo. Poco queda por decir más allá de que siendo una perspectiva amarga la que se despliega para estas actrices, la resistencia pasa por reivindicar la vejez en los primeros planos y alejado de los fundidos.

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