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América Latina en lucha: renovadas aperturas en tiempos de devastación Análisis, Planeta

Se está abriendo un nuevo momento de lucha y deliberación política donde las mujeres ya no se entienden a sí mismas como un sector, sino que se presentan públicamente como una experiencia histórica y presente, con voz y mirada propia.

Raquel Gutiérrez Aguilar, Mariana Menéndez e Itandehui Reyes Díaz*

Protestas en Buenos Aires contra el Gobierno de Macri. / Foto: Constanza Portnoy

Protestas en Buenos Aires contra el Gobierno de Macri. / Foto: Constanza Portnoy

En diversos países de América Latina están ocurriendo dos importantes procesos políticos simultáneos y divergentes, difíciles de abordar en su complejidad. Por una parte, estamos viviendo tiempos difíciles donde se agotan y colapsan específicos dispositivos expropiatorios de las luchas, lo cual produce un contradictorio doble efecto: los gobiernos progresistas se debilitan ante renovadas y devastadoras ofensivas del capital extractivo transnacionalizado y se separan cada vez más de los heterogéneos procesos de transformación social que resurgieron a través de múltiples luchas a ras de suelo a las cuales buscan sujetar y controlar. Así, es fértil comprender cómo, durante la última década, estos gobiernos se han dedicado a secar la auténtica fuente de la fuerza transformadora, dada su vocación de anular el protagonismo social y contener la capacidad de lucha desde abajo, variopinta y a veces contradictoria. De ahí el nuevo momento de violencia y expropiación que se despliega en nuestros países: como desafío electoral, como maniobra jurídica o como agresión abierta.

Por otra, desde 2015, se expande y acelera en múltiples procesos locales una creciente y multiforme ola de luchas de mujeres, explícitamente feministas algunas y otras no, contra todas las violencias machistas y capitalistas: las íntimas-domésticas —presuntamente “privadas”— las laborales, las públicas y estructurales. Así, de la mano de una lucha eminentemente antipatriarcal se renueva el horizonte del anticapitalismo con inusitados significados y se abren nuevos caminos.

Ambos fenómenos recorren el continente a ritmos diferenciados y pasos disonantes; por lo general, se suele mirar y analizar cada uno por separado y no se teje una mirada integral que logre entender en un solo movimiento la crisis del llamado “ciclo progresista” y los renovados feminismos y luchas de mujeres de todas las edades y condiciones que se despliegan por estos territorios. Nosotras nos proponemos enlazar ambas temáticas para lo cual requerimos establecer una clave feminista de comprensión del agotamiento del “ciclo progresista”: tal declive es el tendencial colapso de una específica forma política de capturar la energía social que en otros momentos fue capaz de poner en crisis al régimen neoliberal. Sus expresiones son diversas pues asumen formas nacionales: se hace evidente en la destitución de Dilma Rousseff en Brasil o en el impensable regreso de posiciones tan reaccionarias como las del gobierno de Mauricio Macri en Argentina; en la pequeña diferencia electoral que permitió a Alianza País mantenerse en el Gobierno de Ecuador; así como en el apretado resultado del referéndum del 2016, donde el pueblo boliviano dijo “no” a la reelección indefinida de Evo Morales. ¿Cómo es posible que los gobiernos de corte “progresista” y origen más o menos popular sean echados del poder o permanezcan en él con mucho menos apoyo electoral? ¿Por qué, como sociedades latinoamericana en lucha, hemos perdido la fuerza que fuimos capaces de desplegar hace relativamente pocos años?

Nosotras entendemos la época actual utilizando como clave analítica la noción de expropiación. Específicamente, atendiendo a las formas de expropiación de la capacidad transformadora desde abajo, en su despliegue radical y heterogéneo como luchas antineoliberales tendencialmente anticapitalistas y antiestatales; atrapadas y concentradas en nuevos mandatarios de izquierda que, al tiempo que construyeron discursos ad hoc para justificar sus acciones, han impulsado desde la “izquierda” un amplísimo proceso de acumulación de capital, sobre todo extractivo. Analizar los procesos económicos y políticos de expropiación en América Latina, recrudecidos por la izquierda, nos convoca a poner atención en la relación entre sociedad autoorganizada y movilizada de la anterior oleada de luchas y los gobiernos progresistas que se construyeron con el doble significado de inscribir en el Estado los logros que se deliberaron en cientos de asambleas y se alcanzaron en las calles y, también, de contener esa energía transformadora que se desplegó desde abajo durante varios años. Nos concentraremos ahora en el caso boliviano pues es, quizá, el más significativo cuando se lee con la clave de expropiación de los procesos de lucha.

Tutela y despojo: rasgos del régimen político del extractivismo

Para entender lo que pasa es necesario despegarse de la retórica que el Gobierno del MAS (Movimiento al Socialismo) ha construido en torno a sus acciones: reconstrucción y fortalecimiento del Estado frente a la tiranía del mercado, recomposición de las formas estatales reconociendo nuevos derechos ciudadanos y colectivos, redistribución de la renta, etc. son rasgos de los que se alardea; es lo que ellos dicen de sí mismos. Sin embargo, lo que caracteriza de fondo a tales procesos es la contención de anteriores capacidades de lucha y, por tanto, el sabotaje de las posibilidades políticas regeneradas y dispersas en todo el cuerpo social; a través de la construcción de instancias partidarias —y de gobierno— fundadas en amargos y rancios procesos de despojo y tutela. Despojo de la capacidad política desde abajo mediante la concentración de la decisión sobre cuestiones generales en estructuras verticales y jerárquicamente ascendentes. Despojo de la posibilidad de decidir colectivamente sobre la riqueza material mediante la instalación de rígidas instancias de monopolio de las decisiones políticas que, a su vez, se van paulatinamente convirtiendo en organismos de control y tutelaje. Despojo de la riqueza material mediante la tutela política. Despojo político mediante la tutela económica de las transferencias condicionadas. Y todo esto ocurriendo en medio de estridentes discursos de “cambio político” que acompañan la apertura completa al capital transnacional extractivo, en su forma de minería, hidrocarburos, construcción de represas para electricidad o apertura de nuevos campos para el agronegocio.

Protestas en Buenos Aires contra el Gobierno de Macri. / Foto: Constanza Portnoy

Protestas en Buenos Aires contra el Gobierno de Macri. / Foto: Constanza Portnoy

Así se ha construido lo que en Bolivia llaman la “pinza Gobierno/derecha”, es decir, cualquier crítica a las políticas gubernamentales es inmediatamente calificada desde el Gobierno como “derechista” y las voces que emiten las críticas son desautorizadas, invalidadas, denigradas, cuando no perseguidas y anuladas. Se bloquea cualquier discusión y se persigue toda disidencia. ¿Será que esto nomás es el gobierno de la izquierda en el siglo XXI?

El panorama de lo que ocurre no es alentador si se parte de una mirada estadocéntrica; sin embargo, hay un conjunto de hilos de lucha que se van renovando y extendiendo: en los territorios más amenazados por la devastación capitalista que —se afirma desde el Gobierno— constituirán la posibilidad de “desarrollo”, las mujeres están levantando sus voces y poniendo sus cuerpos para impugnar las decisiones ajenas. En algunos territorios guaraníes al sureste de Bolivia, en reservas naturales como Tariquía, Tarija, hoy amenazada por la ambición petrolera, en las zonas bajas del Oriente donde se pretende desviar y represar afluentes del Amazonas y en las regiones altas de Oruro, donde la minería está contaminando y devastando tierras y aguas, las mujeres están en la primera línea de defensa de sus territorios, de sus cuerpos, de su autonomía política y, en general, de la vida que se prolonga también a través de ellas.

Las voces de las mujeres resuenan y los cuerpos se reúnen. Se forman toda clase de comités de defensa del territorio en diversos lugares. Mujeres urbanas se hacen eco de estos esfuerzos y también piensan la defensa de sus territorios urbanos y reflexionan sobre sus territorios domésticos y sobre sus propios cuerpos. El Gobierno más descaradamente misógino del que se tenga recuerdo es enfrentado a diario por diversas voces que comienzan a conversar. Todavía bajito, todavía con dudas, pero al mismo tiempo con la convicción que da el estar ante renovadas amenazas de desarraigo y devastación.

Y es ahí como estos renovados feminismos populares engarzan con la ola de luchas de mujeres principalmente urbanas —aunque no únicamente— que late en otros países del extremo sur. Las feministas del Río de la Plata están abriendo enérgicos caminos de lucha, que emergieron de forma masiva en la lucha contra la violencia machista, pero que fueron abriendo un proceso de comprensión sobre la relación violencia-capital. En Buenos Aires y en Montevideo, pero también en Mar del Plata y en Colonia, las mujeres están inaugurando una nueva forma de hacer política al tiempo que renuevan los términos de la crítica política. Una primera novedad es que “hablan para sí mismas”, lo que desmonta la clásica figura del estadocentrismo decadente que entiende la movilización únicamente como demanda hacia otros. Abren un ejercicio político no estadocéntrico cuyos horizontes de deseo iluminan anhelos que van más allá del Estado. Pero tampoco podríamos definirlas como antiestatales, ya que no se niegan a inscribir ciertas pautas en el Estado (la demanda por la despenalización del aborto es buen ejemplo en este sentido). Más que tomar el Estado como único interlocutor, es un llamado desde la calle al “entre mujeres”. Este “nosotras” se convoca para reconocerse comunes en las diferencias y para alentar un proceso de autoorganización, que interpelan a la vez a la sociedad a hacerse cargo de una jerarquía que la atraviesa y la desgarra, claves centrales en tiempos de renovación del afán de tutela por caudillos de “izquierda”.

Si bien estas acciones han generado algunos cambios en las leyes y las expresiones públicas de su malestar han buscado ser contenidas en ofertas políticas clásicas, nosotras decimos, una y otra vez, que nos proponemos “transformar la vida toda” y que por eso, lo que pretendemos no cabe en las leyes ni se representa en los partidos tradicionales. Los debates y las dudas son acalorados. Hay un camino que desbrozar en esta apuesta y es mucho lo que hemos recorrido hasta hoy al generar instancias de coordinación, al hablar con voz propia, al inventar lenguajes nuevos de lucha y al recuperar la capacidad de intervenir en los asuntos públicos.

Este es el caso de las compañeras en Argentina cuyas luchas se han expandido, contribuyendo por ejemplo a frenar el guiño que el Gobierno de Macri pretendió hacer durante mayo a los represores encarcelados al reducirles la condena. La gigantesca movilización social que hizo recular al Gobierno se nutrió de la fuerza de las mujeres en la calle durante el #8M. Así pues, la fuerza de la sociedad, en los sitios donde se han reposicionado gobiernos de derecha, aún es insuficiente para frenar algunas de las peores decisiones que tales personajes están tomando, pero se está abriendo un nuevo momento de lucha y deliberación política donde las mujeres ya no se entienden a sí mismas como un sector, sino que se presentan públicamente como una experiencia histórica y presente, con voz y mirada propia. El tiempo del desborde y la transformación desde abajo está otra vez abierto, aunque haya quienes, desde la miopía más dramática, insistan en saturar de confusión la discusión política negando la fuerza renovada de nuestra intervención política como mujeres.

 

*Muchas de las ideas que se presentan en este documento son producto de las discusiones realizadas en Cochabamba, Bolivia, entre el 7 y 9 de julio de 2017 en el Encuentro en tiempos de fragmentación, convocado por el colectivo Nosotrxs, y al que asistieron intelectuales y luchadoras de diversos países de América Latina para discutir con colegas bolivianos y de diversas nacionalidades indígenas.


Este reportaje fue publicado originalmente en el número 5 de #PikaraEnPapel, publicado en octubre de 2017.

 


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