”La pareja tradicional es una institución en crisis” Participa

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Lucía Tolosa

Fotografía de Davit Ruiz www.davitruiz.com

Lucía Etxebarría (Valencia, 1966) no ha llegado aún a casa cuando aterrizo en su precioso piso del barrio de Lavapiés. Me bastan cinco minutos allí para confirmar lo que llevo años pensando: la casa de un escritor le define. ‘’Mi casilla, mi quietud, mi güertillo’’- que diría Lope. El oasis de la escritora vasca es como una de sus novelas: ecléctico, acogedor, original, interesante. Los libros emergen a raudales, las paredes alternan elementos cinematográficos y literarios, las fotografías te trasladan a épocas pasadas, y dos perras corren a sus anchas por la habitación.

La mujer que acaba de entrar por la puerta y charlará conmigo la siguiente hora es una polifacética prosista, ganadora de premios como el Planeta, el Primavera, o el Nadal. Una mujer que ha escrito novela, ensayo, poesía y guiones de cine, y cuya extensa obra gira entorno a temas como el feminismo, la sexualidad o los estereotipos de género. Ella es como su obra: inimitable. Precisamente así podría definirse su último libro ‘Más peligroso es no amar, publicado por la editorial Aguilar, y en cuyas páginas aborda un sesudo análisis entorno al Poliamor y otras formas de relaciones amorosas y sexuales en el siglo XXI. Casi 400 páginas en las que Etxebarría no sólo reflexiona sobre dichos vínculos afectivos, sino que presenta casos reales, dándoles visibilidad y reivindicando el derecho a salirse de las reglas sociales autoimpuestas. Un libro mordaz e inteligente, que se convierte hoy en la excusa perfecta para una charla con su autora.

P. ¿Estas nuevas formas de relacionarse son un reflejo de nuestra época?
R. No creo que el poliamor sea un reflejo de nuestro siglo. Esta forma de amar ya existía en los años 30, concretamente en España había muchas comunas de amor libre. En Europa, en países como Austria, también hubo comunas potentísimas. Yo lo descubrí hace tiempo, porque siempre me he movido en colectivos artísticos y he conocido a parejas abiertas, en cuartetos o en círculos. Este no es un movimiento nuevo, pero ahora se visibiliza más gracias a Internet y otras herramientas que lo están mercantilizando.

P. ¿Cómo definirías el poliamor? ¿Por qué debería interesarse la sociedad por un libro como este?
R. En el poliamor hay diferentes sectores y cada cual piensa que lo suyo es mejor. Por ejemplo, muchos piensan que una pareja abierta no es poliamor porque es jerárquica, otros opinan que sí. Yo diferencio claramente dos corrientes: la corriente feminista anti-sistema y la de base burguesa. El modelo de esta última suele ser una pareja hetero, casados jóvenes, con casa en propiedad, y con niños. Cuando los niños se hacen mayores, están aburridos, les falla el sexo, pero no se quieren separar porque les unen aún muchas cosas. Entonces llegan a un pacto de pareja abierta para conservar la estructura familiar, en donde la pareja fusional se mantiene. El otro sector, el de la corriente feminista, quiere precisamente lo contrario.

Todo esto es interesante porque el poliamor demuestra que hay otras alternativas a la pareja tradicional, es una vía útil que abre nuevos horizontes para la gente que no quiere mantener relaciones de usar y tirar, pero tampoco se encuentra a gusto en un modelo de pareja fusional. Es interesante porque es feminista, porque desmantela el sistema heteropatriarcal del amor romántico, basado en conseguir que la mujer esté en una posición subordinada pensando que es feliz estándolo.

P. ¿El poliamor ofrece ventajas que no encontramos en la pareja tradicional?
R. El libro no pretende decir eso. Eso sería como decir: ‘’ser gay es mejor que ser hetero’’. Sería completamente absurdo. Es sólo una opción, pero una opción que existe y se debe respetar. Hoy en día no está respetada.

P. Porque ni siquiera se reconoce como una opción…
R. Exacto. A mí me invitan a los Goya y sólo puedo ir con un acompañante. Ocurre lo mismo cuando me llega la invitación por la fiesta de la Constitución. Podría ir con una chica, eso se respetaría, pero no con dos novios. Hoy en día, nadie puede casarse con dos personas a la vez. El estado español no legitima las relaciones poliamorosas. Esto se ve claramente en el tema de las pensiones, o de las herencias, en donde una trieja es inconcebible, porque el estado no dota de los mismos derechos a los tres.

P. El poliamor no es compatible con el modelo de familia tradicional…
R. La familia nuclear es un invento, sólo representa el 17% del mundo. De hecho, en España, no es el modelo habitual, porque hay más divorciados y familias mecano que familias nucleares. Las familias mecano son familias reconstruidas. Solemos tener el mito de la familia tradicional como si fuera la preponderante, y no lo es. Los datos lo demuestran. El modelo que entendemos por tradicional, ya no es el habitual.

P. ¿El modelo tradicional, como la pareja, estaría en crisis?
R. Por supuesto. La pareja tradicional es una institución en crisis. Que haya parejas que estén bien, no quiere decir que el modelo no esté en crisis. Que tú seas católico no quiere decir que la Iglesia Católica no esté perdiendo fieles. Uno tiene que ir siempre a los datos, porque sin ellos no se puede demostrar nada. Y los datos nos dicen que, en España, 7 de cada 10 parejas se divorcian antes de los 10 años. Y esto es así, es inapelable.

P. ¿En el Poliamor va implícita una lucha política?
R. Depende de la corriente. Como mencioné hace un rato, el Poliamor abarca dos sectores. El que viene de un mundo burgués no quiere romper nada de la estructura tradicional, no parte de ninguna base política. El burgués se mete en el poliamor precisamente desde su base burguesa, para preservar su estructura tradicional de pareja, y de hecho utiliza el poliamor como herramienta para salvar su matrimonio.

En cambio, si hablamos del sector que representa el feminismo anarco y anti-sistema, la lucha política es innegable. Los que se adhieren a esta corriente tienen una fuerte vocación política y quieren cargarse la estructura hetero patriarcal en la que no creen. Además, creen que el amor romántico es un sistema de dominación que perjudica a la mujer.

P. ¿Crees que alimentamos el mito del amor romántico?
R. El mito del amor romántico es algo que mucha gente interioriza y le destroza que se lo destruyan. Es como un niño al que le dicen que los reyes no existen. En realidad, es un mito que se alimenta porque al sistema le interesa. ¿Por qué le interesa que haya parejas? Porque consumen más. Nos venden el amor como alguien que te tiene que sacar a cenar, comprar regalos en fechas señaladas como San Valentín, alguien que te tiene que sacar de escapadas… Toda la idea del amor romántico actual se vende como pareja consumidora. Además, suele estar asociado a la belleza, a generar atracción mediante nuestro físico. Todo esto es tremendo, y la resistencia al mito es muy grande.

P. En el mito del amor romántico también va incluido el amor para toda la vida. ¿Es una utopía?
R. El único amor que dura toda la vida suele ser el que se siente por los hijos. Desde el momento en el que hay sexo de por medio, ya está condicionado ese amor. El fantasma de que no dure va a estar. Yo no conozco ningún matrimonio de 80 años que siga enamorado, aunque también hay que diferenciar el amor del enamoramiento. Yo a la persona que más amo del mundo es a mi hija, y no estoy enamorada de ella. Amar es algo incondicional, mientras que el enamoramiento es un estado hormonal, de fascinación brutal que no tiene garantías de perdurar.

P. En el libro se presenta el discurso de Helen Fisher hablando de la infidelidad como algo natural, como algo necesario, biológico. ¿La monogamia es algo antinatural?
R. Por supuesto, y cualquier sociólogo o biólogo te lo afirmaría. De hecho, siempre se plantea el mito de las especies monógamas como el caballito de mar, o las gaviotas, cuando es mentira. Se han hecho estudios con las gaviotas y otras aves consideradas monógamas, en los que se demuestra que, incluso esterilizando a su pareja, la hembra seguía teniendo crías. La monogamia no es algo natural. Estos animales crean parejas, como puede hacerlo un humano, pero la monogamia es algo impuesto. No es algo natural, ni biológico.

P. A los poliamorosos se les suele criticar por su incapacidad para ser monógamos, tachándoles de promiscuos. ¿En qué se diferencia el poliamor de la promiscuidad?
R. El poliamor tiene un compromiso de cuidado y lealtad. La promiscuidad es usar un cuerpo como un clínex, cogerlo sin importar la persona que hay detrás. Cuando uno entra en una relación poliamorosa, acepta un compromiso de cuidado mutuo. De hecho, hay anarco relacionales que dejan de lado el sexo. Yo puedo ser poliamorosa y no tener nada de sexo. En el libro lo especifico a través de un caso en el que tres hombres están en una relación poliamorosa, pero el más mayor no tiene sexo con los otros dos. Estos le cuidan y tienen una relación afectiva con él, pero sin añadir ningún componente sexual. Para tener una relación de amor, no es imprescindible tener sexo. Y al revés, pasa igual. Es un constructo occidental lo que nos hace creer lo contrario.

P. ¿El poliamor no favorece, por sus características, conductas tóxicas como los celos?
R. El poliamor no hay que juzgarlo emocionalmente, sino racionalmente. Hay que entenderlo y respetarlo. Cuando me preguntan que si favorece los celos, lo hacen desde una perspectiva individual y personal. Hay que verlo desde la perspectiva de un sociólogo: es algo que existe y no favorece más o menos las conductas tóxicas. A mí no me gustan los tacones, pero entiendo que a otros les encante. Tampoco me gusta el sadomaso, y sin embargo hay gente que sí. Desde el momento en el que existe gente a la que sí le gusta y escoge esa opción de relacionarse, hay que respetarlo sin añadirle prejuicios individuales.

P. Los valores que defiende el poliamor son respetables. ¿Por qué hay tanta gente poliamorosa en el armario?
R. Yo viví una época en la que cuando era joven, la homosexualidad era inconcebible. Los jóvenes de hoy en día han nacido con la homosexualidad mucho más aceptada, pero al poliamor aún le queda mucho camino para ser respetado. Ahora mismo no podría haber un político del PP diciendo abiertamente que está en una trieja. Si España no está preparada para tener un presidente gay, mucho menos lo está para tener uno poliamoroso. Estamos avanzando en tolerancia y respeto, pero aún no está normalizado. ¿En prácticas que son privadas, y que no afectan a nadie, qué tiene que decir nadie de que alguien viva a tres, o a cuatro? Pues aún se critica, se juzga, se discrimina.

P. Y a pesar de todo ello, hay gente interesada en proclamarse poliamorosa sin serlo. En el libro hablas de los Polifakes.
R. Sí, por puro interés. Suele ser el típico hombre que tiene una novia o está casado, y quiere aventuras nuevas. A su pareja no se lo dice, pero se declara poliamoroso. Al escribir este libro, me llegaron a entrar muchísimos hombres con el discurso de lo modernos que eran, y al poco tiempo descubría que la mayor parte de ellos eran casados.

P. Para escribir el libro, te inscribiste en varias aplicaciones para ligar. ¿El género importa a la hora de ligar?
R. Por supuesto. A las mujeres se las socializa para el amor de una forma completamente diferente, y eso repercute en nuestra forma de relacionarnos. En las redes sociales queda patente, lo ves claro. En el mundo homosexual masculino, hay un nivel de promiscuidad que no existe en el mundo lésbico. En Grindr, la mayoría busca sexo y las conversaciones son explícitas y enfocadas a ello. Los hombres que buscan amor, no entran a Grindr, se van a Tinder. Es un código implícito que existe. En general, las mujeres usan menos las aplicaciones para obtener sexo. De hecho, si nos vamos a datos: en Tinder hay seis hombres por una mujer.

En la aplicación ‘’wapa’’, puedes ver que las mujeres no van buscando sexo. Seguro que hay excepciones de lesbianas que sólo buscan sexo, no lo dudo, pero hay menos cantidad. La promiscuidad es mayor en el género masculino, y eso se ve en cosas como el fracaso de determinados negocios como las saunas para chicas. Cuando se han intentado hacer en España saunas para chica, han fracasado. Además, está el tema de la vergüenza. Una amiga creó una red LesWorking y me contó que las mujeres entran a través de una red de profesionales, para que no se vea que están ligando. Esto se debe a que la mujer, por el hecho de serlo, ha interiorizado el sexo como algo vergonzoso, tiene el complejo de puta.

P. El complejo de Madona/Puta del que hablas en el libro.
R. Sí, y eso es porque nuestra sociedad es extremadamente machista. Las mujeres vivimos en una sociedad en la que un hombre que se tira a cincuenta está bien visto, y una tía que se tira a cincuenta, se convierte en una puta. Vivimos en una sociedad en la que hay una violación por parte de cinco tíos a la tía no la creen. Llegamos a tal locura que la sociedad piensa que es normal que una chica quiera irse con cinco y que es circunstancial que le roben el móvil y se vayan. El caso de la Manada no sólo demuestra el machismo imperante, sino que también ilustra lo negativo que pueden ser los mitos adoptados del porno.

P. ¿Consideras el porno como algo negativo?
R. El porno mainstream es tremendamente negativo. Hace unos años, nadie habría pensado que una mujer quiera irse con cinco hombres, porque entre otras cosas, es doloroso. El porno crea la idea, normaliza la situación. Me refiero al porno mainstream, no a otros como el de Erika Lust. Yo no voy contra todos los tipos de porno, sino que critico el de consumo, el que llaman porno feroz, que es un auténtico horror que cosifica a las mujeres y favorece la creencia de que los cuerpos son cosas a los que uno puede humillar a su antojo. No me gusta que venda fantasías de adolescentes queriendo acostarse con adultos, o vendiendo la idea de que una violación puede ser seductora y divertida.

P. ¿Los terrenos de la fantasía no deberían respetarse y diferenciarse de la realidad? Clara Serra evidenciaba que muchas mujeres tienen la fantasía de violación y reivindicaba la defensa de esos deseos femeninos.
R. Necesitaría un estudio para saber si ese tipo de fantasías son una muestra representativa, y no residual. De todos modos, la cuestión es ¿por qué las mujeres tienen una fantasía sadomasoquista? ¿Por qué podrían fantasear con mantener sexo no consentido? Porque tienen tan interiorizado que el sexo es malo, que necesitan que alguien tome el control para no sentirse culpables. Desde ahí, puedo entender que una mujer tenga la fantasía de ser violada. Pero una fantasía sexual basada en que alguien te domine, ¿no demuestra que tienes interiorizado un sistema que es peligroso? Yo puedo respetar a esas mujeres que tienen fantasías de violación, igual que respeto a las que disfrutan leyendo 50 sombras de Grey, pero hay que tener claro que con ello se alimenta un sistema que no beneficia a las mujeres. Es un sistema de dominación. El feminismo lucha por todo lo contrario.

P. ¿Qué crítica constructiva se le podría hacer al movimiento feminista?
R. El feminismo clásico está metido en un mundo en el que se retroalimenta y no sale. Hay mujeres que no tienen acceso a la cultura, que no se interesarán por leer mi libro, o que sencillamente no están en condiciones de leer un libro sobre Beauvoir o Angela Davis. El feminismo tiene que ampliar sus discursos y crear lenguajes que incluyan a todo tipo de mujeres. En ese sentido, admiro lo que ha conseguido Ylenia, porque una tía que tiene un millón de seguidores y consigue concienciar a otras de que el novio no debe cogerles el móvil y mirar sus mensajes, es un cambio radical. El feminismo no debe demostrar superioridad. No se puede mirar al resto con superioridad sólo porque tú hayas leído. Hay un deje de clasismo inconsciente, un clasismo cultural e intelectual que debemos evitar.

”La pareja tradicional es una institución en crisis”
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