fbpx

Habitación doble Ficciones, Relatos

Dos camas individuales o una de matrimonio. Un relato sobre los abusos en la infancia.

María Arango

Ilustración: Irene Vidal

Ilustración: Irene Vidal*

Un verano casi como otros veranos, singular y previsible a la vez, atrapado en el tiempo. Al intentar visualizarlo parecía estar tumbada de lado, sobre las sábanas limpias que la abuela habría lavado a mano. Me volvía siempre hacia la pared pintada con pulcritud, que absorbía la imponente luz blanca de una ciudad en letargo intentando aferrarse al mediodía. La cadencia de las cortinas, animadas por una brisa muda, las obligaba a desvelar su delicadeza.

Aquel lugar parecía un templo consagrado a la siesta, junto a mi hermana, empeñada al igual que yo en dormir como los adultos dormían la siesta, con el semblante firme y vigilante del que nunca descansa en el ejercicio de su poder. Ella intentaba disimular varias veces cuando me volvía al notar su mirada clavándose en mi espalda. Entonces miraba al techo, entrecerraba los ojos y posaba su mano de virgen sobre el pecho con el gesto aterciopelado, la boca relajada, los párpados temblones. Para asustarme interrumpía de un plumazo su encanto con una carcajada demente que restaba carga emotiva a la situación. Acabábamos de comer, yo sin ganas. El hecho de masticar algo era toda una misión. Ella no sabía disimular su siesta de niña. Yo lo sabía y ella sabía que yo lo sabía, pero no me lo diría jamás.

Era una tarde limpia, tan parecida a otras tardes de verano y sin embargo tan peculiar que todavía dudo. No sé si realmente existió o si mi memoria la armó con la ayuda de varias tardes, de varias luces, de varios olores, de varias angustias que seguro existieron. Mi hermana se cansó de su siesta de niña y salió airada de la cama. Me acusaba de que no la dejaba dormir, aunque lo que ocurría, yo lo sé bien, es que su siesta no era de adulta y que yo lo tuviese tan claro en el fondo mataba su diversión. A veces la cuerda fraternal se tensa tanto que es mejor aflojar antes de que se rompa de verdad.

Nunca sabré si ella pensaba seguir allí después de haber reconocido que el juego no daba más de sí. Lo cierto es que algo extraño, repentino y afilado respiró nuestro aire hasta asfixiarnos, de una bocanada. Ella se reía con una risa como de ofrenda, de compromiso, evasiva y apresurada. Desapareció. Yo me quedé clavada en la cama con mis sandalias de plástico transparente sin abrochar y los talones planeando entre el somier y el suelo.

En mi alma creció un punzante vacío repleto de muebles y objetos: la mesita de noche, la cómoda, los vestidos estampados y los zapatos de colores, los zafiros y los sellos, los pequeños crucifijos chapados en oro, las fotografías de aquellos adultos que ya nada significaban, las estampas religiosas, las braguitas de croché… Todo se mezclaba en caída libre hacía el estómago. Una nube negra nubló la habitación, se coló por mis entrañas y salía de nuevo por las orejas, por los ojos, por la nariz…, encontraba una y otra vez su camino colándose por todos los orificios de mi cuerpo. Para terminar, me arropó hasta convertirse en una bolsa putrefacta colgada del techo, como las cigüeñas hacen con los niños que vienen de París, que no recuerdo en qué se diferenciaban de otros niños que vienen de otros sitios.

Todavía hoy me sorprendo intentando matar de hambre a la víbora negra y brumosa que me seca y me oprime el sexo y el corazón. Hace muchísimo tiempo, en estados primigenios de la materia, en veranos singulares que se repiten, en el reposo del que nada desea, en la ignorancia del que no comprende por qué los otros comprenden, en el manso cinismo de aquellos que se sacuden la caspa de la solapa aprendí a dormir la siesta de los adultos.

*Ilustración realizada para el reportaje de Emilia Arias ‘Niñas abusadas, mujeres rotas’.

Habitación doble
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

Uso de cookies

Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies