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El feministómetro por doquier Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Sofía Sánchez

Autor: rabiem22 | Título:
No Entry! | Licencia Creative Commons | Vía Flickr

Una tarde hablando con una amiga, me dijo que en su habitación tenía un post-it en la pared que dice orgulloso: Feminism saved me. Muchas de nosotras consideramos que el feminismo nos ha salvado en muchos aspectos. Nos da una forma diferente de mirar el mundo, de relacionarnos con el entorno y las personas, y de relacionarnos con nosotras mismas. Nos da las famosas gafas violeta tan imprescindibles.

Podría seguir añadiendo todo lo que me aporta pero me interesa principalmente transmitir cuán vinculada me siento a este movimiento. El feminismo se ha convertido en una de las cosas más importantes en mi vida. Ha cambiado mi forma de estar y de ser en el mundo. Es por ello que cada vez busco más, leo más, escucho más, debato más sobre ello; ya sea mediante libros, artículos, lecturas, reuniones con amigxs, grupos de Facebook, música, películas, documentales… Supongo que, a raíz de esta constante e imparable inmersión, estoy empezando a ser consciente de ciertas actitudes que veo mayoritariamente en las redes sociales y que me preocupan. Puesto que llevo unas semanas pensando en ello, he sentido la necesidad de sentarme a escribir sobre el tema con idea de compartir mi opinión.

Observo bastantes actitudes de superioridad de unas feministas a otras por diferir en opiniones. Es curioso porque a veces basta un comentario de una o dos frases de alguien que no conocemos de nada para que nazcan las susceptibilidades. También he visto agresiones verbales y desvalorización de opiniones. Siento el feministómetro por todos lados. La barrita de medición. El miedo a comentar, qué palabras usar, cómo expresarnos. Y me preocupa mucho. Porque creo que nos hace daño y hace daño al feminismo.

La verdad es que siempre me han dicho (y me dicen) “es que tú nunca te enfadas”. Bueno, algo de razón hay en la afirmación: me enfado, pero a mi manera. Me gusta hablar con calma, dialogar. Soy una pacifista de mierda, Sí. Y me encanta, porque es algo que siempre me ha hecho mucho bien y que me viene de muy adentro. Estamos de acuerdo en que hay gente con la que no merece el esfuerzo dialogar, pero estoy haciendo alusión situaciones y casos muy concretos. Hablo de la compañera que opina diferente; del chico que está empezando a leer sobre feminismo; de la mujer con la que tienes una gran diferencia cultural y que te comenta otra visión del asunto que sea; de tu tía Pepita que tiene Facebook desde hace dos meses, lee lo que publicas sobre feminismo y quizá es la primera vez que escucha “heteropatriarcado”, pero “da vergüenza” lo que comenta porque son vivencias personales de su día a día y no una parrafada de doctoranda en Teorías de género. Me da mucha rabia que las redes sociales sean un caldo de cultivo de malas contestaciones.

Creo que construir un ambiente de respeto es algo básico. Y si estamos hablando con una persona a la que no conocemos apenas de nada, el respeto me parece lo mínimo. No sabemos nada de ella, de su vida, de cómo es, de cómo funciona su cerebro… Sin embargo, con lo mínimo que diga que no encaje con cómo pensamos, comenzamos a lanzar disertaciones y a imponer lo que pensamos como si fuera la verdad absoluta. Nadie tiene la verdad absoluta. Por la sencillísima razón de no somos robots, somos personas con nuestra idiosincrasia, nuestro bagaje, nuestra historia.

Parece que estoy diciendo algo enormemente obvio, pero es que se olvida demasiado. En esto reside que yo sea una amante del respeto y de la asertividad. Porque me parece algo básico al relacionarnos. Podemos expresarnos de muchísimas maneras, y siendo así, elegimos antes las borderías que intercambiar tranquilamente unas ideas y tener debates enriquecedores.

Pienso que debemos aspirar a generar espacios de confianza, de respeto, espacios donde no nos dé el miedo hablar, tengamos vagina, pene, pene con tetas, vagina sin tetas, y sea lo que sea lo que tengamos en el cerebro. Porque queremos aprender, queremos compartir, queremos revolvernos los cimientos.

Adoro el feminismo y por eso me gustaría gritar que sigamos ayudándonos a caminar, que ofrezcamos manos a quienes acaban de llegar, que nos alimentemos entre todxs; que si alguien se tropieza, no le digamos cómo no vio esa piedra, sino que estamos a su lado para continuar y aprender a ver las piedras y todo lo que se nos ponga por delante.

El feministómetro por doquier
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Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

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