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Las Exterminadoras Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

LADES CONOCIDA

Dedicado A todas

Objetivo: Ni una agresión más

Esta historia surge como consecuencia de la hartura.

No está basada en un hecho real del pasado como es habitual en otras historias, sino que se antecede en el tiempo y está a punto de suceder y propagarse.

Comenzará de manera local para reproducirse en todo el planeta. Las brujas no están muertas. La venganza será memorable.

Año 2016. Seis mujeres de carne y hueso deciden tomar la ley por su mano cuando la voz del “hasta los ovarios” llama a su puerta. No dan crédito a que tras más de 40 años de democracia, sigan sin ser libres, sigan siendo juzgadas y sigan siendo culpables de las agresiones que padecen, en un sistema patriarcal sin límite. Es suficiente. El país pide a gritos una limpieza sin piedad. Sangre, sesos, testículos y pollas, rociarán las paredes de las calles de la ciudad donde viva todo aquel patán que las humille. No habrá juicios pero sí justicia. Al fin llegan… LAS EXTERMINADORAS.

Queda claro que las leyes y medidas gubernamentales actuales solo las enfadan más. ¡Basta!

Que empiece la carnicería. Llegan…

LAS EXTERMINADORAS

Las exterminadoras viven escondidas. Por supuesto, están perseguidas por la ley y el gobierno ha puesto precio a sus cabezas. Se han registrado TREINTA asesinatos reivindicados por ellas en dos meses. Heroínas o villanas, las buscan vivas. Representan la primera plana de la prensa local y estatal cada semana desde hace un tiempo. Al fin mujeres.

Dicen que se cagan en los parámetros sexistas que los hombres han establecido de lo que significa su mujer ideal. Son inteligentes, ágiles, fuertes y valientes. Jamás las encontrarán.

Ellas saben siempre cuando hay una mujer a punto de ser asesinada o maltratada o cuando se está produciendo un atentado contra su integridad. Insultos, acoso o simples chistes misóginos. Conocen los rincones donde el porcentaje de zocotroquismo es más elevado y pide el exterminio. Se dice que han reventado los dientes a varios viejos verdes de catálogo y hay tres adolescentes en coma por vejaciones a sus parejas. Ni qué decir tiene que han reventado a cuatro proxenetas abusones y a los cinco violadores de una famosa fiesta nacional pero lo mejor es que… No van a dejar de actuar.

La policía está detrás del asunto. Es todo un misterio.

¿Habrán generado algún tipo de comunicación con las víctimas? ¿Tendrán topos dentro del sistema policial y de protección a la víctima?

Lo que está claro es que son la última sensación. Las mujeres las aman.

Pero…

¿Quiénes son las exterminadoras?

  1. Lady Gas: cuentan que es diminuta pero muy rápida. Los zocotrocos destacan su larga melena cuando quieren molestarla. Le gusta disfrutar de sus paseos independientes y por ello algunos hombres piensan que necesita protección. Cuando eso sucede… les arrincona y se pedorrea en su propia boca. Ella no sabía que tenía este poder hasta que algo en su interior la llevó a utilizarlo. Se han detectado casos graves de hombres hospitalizados por asfixia y shocks post traumáticos con alucinaciones, en pacientes que han tenido que ser ingresados en psiquiatría con un diagnóstico poco alentador.
  2. Lady veneno: la llaman “la rubia”. Increíblemente elegante y sofisticada, los zocotrocos la miran con ojos de huevo al pasar. Se hartó cuando se sentó a leer en la terraza de una cafetería y un grupo de paletas pervertidos comenzó a decirle cosas guarras. Decidió invitarles a una ronda y murieron todos en el acto, sin la extrema unción del santo padre. Ella se dio cuenta que de sus lágrimas de rabia surgía una pócima dulce pero letal que no dudó en utilizar a modo de terrón de azúcar. La asquerosidad de los vómitos y convulsiones de los muertos fue insoportable.
  3. Lady Casquería: bella, sabia y calculadora, jamás se le pasa un detalle. Estando aun embarazada de su pequeña y de camino a su carnicería de confianza, un hombre insinuó en voz alta que se “la iba a meter hasta adentro”. No tuvo opción. Sin saber que contaba con ese poder entró en la tienda, se colocó el mandil de carnicera y lanzó el cuchillo más mortífero de su vida. El corte fue limpio. La cabeza rodó durante semanas hasta que la encontraron. Fue aterrador.
  4. Lady Calaznicov: terapeuta, pacifista y etérea. Extremadamente inteligente y perfeccionista. Jamás había utilizado un arma hasta que comenzó a atender a demasiadas víctimas de violencia en un solo día. Una amiga rusa le regaló el arma como suvenir y puesto que no encontraba solución a la miseria de sus casos, decidió seguirlas. Jamás había brillado por su puntería en las salidas de paintball con sus amigas, pero bordó el asalto. Tres muertos en una tarde. Fue un escándalo.
  5. Lady Bazoca: largo historial en manifestaciones y activismo. Muy atractiva, fuerte y leal. Agilidad deportiva extrema. Abuela maqui. Experiencia secreta con la guerrilla mejicana. Durante una huelga, sin darse cuenta, detecto que tenía el poder para destruir a fuego a los compañeros que la creyeron débil por ser mujer. No quedó uno vivo. Fue agonizante.
  6. Lady Palillos: extremadamente valiente, dulce y hábil con los idiomas, es capaz de matar y torturar en diversas lenguas. Se enteró de su poder en un restaurante oriental, donde su habilidad en el uso de palillos convirtió a dos elegantes hombres de negocios en pinchito de feria. Al parecer, vieron incompatible su apariencia juvenil con la posibilidad de cerrar un acuerdo internacional. Dicen que la visión de las víctimas resultó horripilante.

Y…

¿CÓMO SE CONOCIERON?

1er episodio

Entre tapas y a lo loco

Con una mezcla de liberación y extraña sensación por las muertes generadas, las exterminadoras se escondieron después de lo sucedido. Tenían miedo de ser reconocidas. Abandonaron sus hogares y sus puestos de trabajo de inmediato y se despidieron de sus familias y seres queridos, asegurando un viaje largo al extranjero para recargar pilas, que todo el mundo se creyó sin más explicaciones. Todas ellas fueron partícipes por la prensa local de los actos que cada una había perpetrado pero no veían la manera de encontrase para compartir la vivencia y trazar un nuevo futuro.

Cambiaron de peinado, se alejaron de las zonas céntricas de la ciudad y esperaron guardando cada uno de los recortes de los noticiarios que consideraban un hálito de esperanza.

-“¿Quiénes somos? -¿Dónde estáis?- ¿cómo podemos hablar?”

Era angustioso.

Sin embargo… muy pronto tendrían las respuesta a sus preguntas y a su soledad.

***

Jueza en casos de violencia sexista, la doctora Sinjuicio llevaba un tiempo con la mosca detrás de la oreja al respecto de varios de sus casos, resueltos sin necesidad de dictar largas sentencias o llamar al orden a auténticos y desechables energúmenos sociales: Habían muerto antes de abrir la sesión en la corte.

Algunos periodistas habían querido entrevistarla, también activistas, abogadxs y policías. No sabía muy bien qué querían que explicase y a decir verdad, las exterminadoras, como ya eran llamadas estas lobas solitarias por lxs expertxs, le simpatizaban extremadamente.

Vivía en soledad en un barrio acomodado y alejado del centro urbano. Lo necesitaba después de largas horas de concentración y alboroto en la ciudad de la justicia y… aquella mañana de domingo, después de tomar su religioso café matinal entre periódicos, tomó la decisión de saber quién eran esas amazonas. Estaba claro que representaban una clara solución a una sociedad machista que parecía no avanzar y estaba dispuesta a encontrarlas. Sin embargo, no podía correr riesgos. No tenía ninguna intención de pasar sus últimos años de vida en una cárcel de mierda. Debía de premeditarlo y ejecutarlo con clase.

***

Dos semanas después y en la capital del estado, un grupo de feministas en lucha, decidieron okupar un conocido mercado central en plena hora punta, dado que varias de sus trabajadoras se habían quejado de actitudes sexistas y vejatorias por parte de varios de sus compañeros.

Estaban hartas y se habían empoderado bastante después de los sucesos de las llamadas “exterminadoras”. No podían abandonar sus puestos de trabajo porque tenían que comer y tampoco podían cambiar el comportamiento estructural de los que podríamos denominar “hombres deshecho”. –¿Y es que usted se pone ese shortsito porque quiere que le meta una mano o qué?– era lo último que habían escuchado a uno de ellos en pleno mes de agosto con las temperaturas a 40º. No se hicieron esperar y contactaron con algunas amigas activistas que no lo dudaron ni un solo momento. Allí se presentaron el día siguiente entre tapas y a lo loco, cincuenta de ellas con globos de pintura y cacerolas pero también la policía, con un dispositivo propio de un atentado terrorista: 4 lecheras y sus consecuentes integrantes, más parecidos a los zocotrocos agresores del mercado que a las guerrilleras urbanas, claro está. Las consecuencias…las esperadas: 20 heridas, 10 detenidas y zocotrocos libres de culpa en sus puestos de trabajo.

Aunque bastante magullados…, estas cucarachas terminaron riéndose a carcajada limpia de los sucedido, afirmando ante la prensa que “eran muchachos decentes” y por supuesto ellas, “unas marimachos deseosas de comerse una buena polla”. Algunos medios de comunicación se llevaron las manos a la cabeza. Otros no.

Las indignadas trabajadoras estaban abiertamente frustradas. Llegaron a casa con deseos de matar a aquellos seres despreciables, pero ellas eran humanas, no tenían poderes como “las exterminadoras”.

Aquella noche era luna llena y decidieron tomarse unas birras pensando en cómo iban a afrontar la tortura de la semana. La más intrépida saltó a la ventana, la abrió y gritó sin miedo a lo que el vecindario pudiera pensar: –¡exterminadorassssssss! Exterminadorasssssssssssssss. De repente tuvo un pálpito, algo estaba a punto de suceder.

El viento trajo consigo una misteriosa nota: –resiste. Ya llegamos.

***

En distintos y recónditos lugares de la Condal, las exterminadoras comenzaron a despertarse ante unos gritos que no sabían dónde ubicar. Lady Gas notó como su vientre crecía, lady Veneno estaba a punto de un trágico llanto, lady Casquería solo pensaba en vísceras y lady Calasnicov en cerebros reventados. Lady Bazoca veía arder cuerpos en grandes explosiones y por último lady Palillos, soñaba en pinchitos de corazón helados y crujientitos, a punto de ser elaborados. No se conocían pero apenas salieron de sus escondites, se dejaron llevar por las ondas expansivas de los gritos. Era impresionante pero podían volar. En una hora, estaban en la puerta del sol y sin conocerse absolutamente de nada, todas supieron quién era cada una.

Nunca volverían a separarse.

***

Lucía el sol en la capi. Las cañas frescas corrían de mesa en mesa a ritmo de rock y chotis, en las veraniegas fiestas de La Latina. Allí estaban Las Exterminadoras trazando el plan. Sabían que varias mujeres del mercado central las necesitaban y la actuación policial y de los medios en la pasada manifestación habían resultado bochornosas.

Lady Palillos y lady Casquería pensaron que sería pan comido. El mercado tenía todos los ingredientes para convertir en tapa a esas sanguijuelas.

Calasnicov y Bazoca quedarían en la entrada por si llegaba la poli y mientras tanto… Gas y Veneno crearían un clima confuso sin llegar a matar a nadie con dosis menos elevadas de pedos y llantos, suficientes para dormir a la clientela y si era necesario…, a medio barrio. El espectáculo estaba garantizado.

Y así fue. Casquería entró y pidió una deliciosa tapita de gambas. Ahí vio la cara de la primera sabandija, casualmente, el que más se había reído de las víctimas el pasado día y al que habían visto en la televisión. Con un libidinoso –aquí tienes… guapa, casquería tuvo suficiente. Agarró el machete de la pescadilla y entre tapas y a lo loco… cortó uno a uno los deditos pajeros del “macho alfa” sin atender a sus gritos y súplicas. Gas y veneno fueron rápidas. Generaron un ambiente nauseabundo que hizo que la gente saliera corriendo haciendo caso omiso a los gritos del pobre pero asqueroso machista. Al mediodía, su cuerpo troceado por lady palillos pendía de la puerta principal con un letrero que pudo leer todo Madrid: “Ante el maltratador, tolerancia cero”.

La policía no tardó en llegar. Calaznicov y Bazoca les estaban esperando. Con una bola de fuego y la escopeta de perdigones… les dejaron el culo hecho unos zorros. La plaza del mercado quedó inmersa en una nube de humo y Las Exterminadoras lograron escapar. Desenlace: tres zocotrocos abusadores menos y la dignidad de las mujeres en lo alto. Nunca las fiestas de la latina fueron tan memorables y nunca las sonrisas de las agredidas, habían sido tan amplias y agradecidas. Eso sí… debían simular que el asunto, nada tenía que ver con ellas.

***

Las tres trabajadoras del mercado no cabían en sí de gozo. Cierto era que las muertes habían sido de una violencia extrema pero ellas habían sido vengadas. Aquella nota reveladora en la ventana la pasada noche… ¿habría sido un sueño? No podían revelar su secreto a nadie o quedarían expuestas en un sistema judicial injusto.

A pesar de su silencio y su discreción, una semana más tarde recibieron una visita muy poco usual. La doctora Sinjuicio, a la que conocían por sus numerosos artículos feministas y su clase ante las cámaras, se presentaba en el mercado pidiendo su tapa de boquerones y calamaricitos fritos.

–¿Son ustedes las famosas trabajadoras causantes de la manifestación de hace unos días? Solicito una entrevista con ustedes de inmediato. No teman. Se trata de un tema de seguridad nacional. Entenderán que no pueden negarse.

Con una mezcla de angustia y curiosidad aceptaron. Lugar de quedada: un bar de tapas de Lavapiés. No podían levantar sospechas. A las 7 de la tarde de aquel martes de agosto, currelas y jueza se encontraron con cuatro cañas y un asunto: debían encontrar a Las Exterminadoras. Eran conscientes de que el estado las necesitaba. Había que pulir su mañas… quizá demasiado estridentes y excéntricas pero las mujeres de este país tenían sed de venganza. La violencia machista no se podía permitir más. Los juicios eran lentos y las actitudes de acoso micromachista no cesaban.

Cinco cañas más tarde no pudieron negarse. La jueza subió a su casa, le repitieron cada paso de la noche anterior y revelaron la relación entre sus gritos de auxilio y la nota. Trataron junto a Sinjuicio de repetir el ritual paso a paso pero no hubo éxito. Sinjuicio debía estar alerta. Quizá otros futuros casos de violencia podían sacarle de dudas. Habría que esperar. La única y reveladora pista eran unos gritos en la noche y una nota.

Pronto las encontraría. Su sexto sentido no la abandonaría. Ella amadrinaría a Las Exterminadoras.

Las Exterminadoras
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