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Machos con estatus Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Carla Santángelo

Donald Trump sostiene un cartel rosa que reza "Mujeres por Trump"

Los machos con estatus son aquellos que digan lo que digan o hagan lo que hagan, serán tomados como referentes eternos. Se les perdonará todo. Seguirán siendo ellos no solo en el plano profesional, sino en el plano ilusorio del imaginario colectivo. Seguiremos teniendo con ellos una suerte de Síndrome de Estocolmo. Este concepto no tiene que ver con un estatus socio-económico, sino “intelectual” o “artístico”, por decirlo de alguna forma. Son los que siempre podrán protegerse detrás de su currículum o su obra. Es decir, cuanto más arriba esté un hombre en la escala de la opinión pública, más impunemente machista podrá ser.

Estamos hartas de enfrentar agresiones machistas en los medios de comunicación y por supuesto, en la vida cotidiana. De que se desacredite el feminismo por parte de los “reyes del mambo” del periodismo actual (y ya no tan actual). De tragar saliva mientras releemos novelas misóginas que siempre tuvimos como libros de cabecera sin darnos cuenta de cuán lejos llegaban en su discurso de odio. De que nos duelan los oídos viendo de nuevo grandes películas que nos marcaron definitivamente y que ahora, gracias a ser capaces de mirar de otra forma, podemos darnos cuenta de cuantísimo nos envenenaron. ¿La ejecución literaria de algunos autores es menos buena por esto? No, definitivamente, no. Pero, ¿debemos dejar de decirlo? ¿Debemos dejar de revisarlo, de analizarlo, de tratar de que no se repita? Por supuesto que no.

Concebir la obra o la carrera de alguien de forma independiente, como un ente autónomo, puede ser un ejercicio muy peligroso. Si una obra es universal es porque sigue vigente. Sigue provocando algo: una herida, por ejemplo. Por tanto, es necesario revisarla y no pasar por alto cualquier mensaje que contenga.

Pero no se trata solo de mirar hacia atrás, sino hacia los lados. Actualmente, frente a casos de violencia machista, escuchamos constantemente a los susodichos defenderse enumerando la cantidad de libros publicados que tienen o la larga y ardua carrera profesional que se han labrado con tanto esfuerzo y dedicación. Además de añadir lo muchísimo que adoran a las mujeres. Como si eso les eximiera de ser machistas. De ser violentos. De traducir la violencia machista de formas muy diversas.

Volvamos al pasado. Marlon Brando violó a una mujer. Pero era Brando. Entonces, la obra se pone por delante del individuo y estamos simplemente delante del mejor actor de la Historia, y obviamos que orquestó una violación junto con Bertolucci para “conseguir” lo que buscaban en una escena. El director reconoció que aquello pasó en contra de la voluntad de María Schneider y también dijo cosas como: «Las películas se hacen así. Las provocaciones son a veces más importantes que las explicaciones». Brando, por su parte, le dijo a la actriz que no debía preocuparse, porque solo se trataba de una película.

Pablo Neruda violó a una mujer. Pero era Neruda, y fueron muchos quienes frente al escándalo póstumo que produjo la revisión de aquel episodio, defendieron que “eran otros tiempos” o que “no llegó a forzarla”. Resulta que lo que pasaba en “otros tiempos”, sigue pasando hoy. Y sí, la forzó.

Ellos fueron (entre tanto otros) machos con estatus para hacer con las mujeres lo que les dio la gana, sin consecuencias. No solo sin consecuencias inmediatas, sino sin consecuencias a posteriori. Quienes queremos que los machos con estatus sean juzgados públicamente por lo que hicieron o por lo que hacen, nos referimos a que el revisionismo frente a la pandemia machista tiene que ser efectivo y para eso, debe llegar a todas las partes enfermas de este cuerpo social que somos, incluso y sobre todo, a las más incómodas.

Machos con estatus
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Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

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