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“Nadie quiere rendir homenaje a lo que conseguimos las lesbianas” En red, Entrevista

La historiadora feminista estadounidense Bonnie Morris lucha por preservar la memoria de los espacios culturales lésbicos que proliferaron en los años setenta y que han desaparecido con la supuesta normalización de la diversidad sexual

Matilde Gordero y Elisenda Rovira 

Foto del archivo de Facebook de Michigan Womyn’s Music Festival

Foto del archivo de Facebook de Michigan Womyn’s Music Festival

La cultura lésbica en Estados Unidos tuvo como meca durante 40 años el Michigan Womyn’s Music Festival, organizado únicamente por mujeres, que finalizó en 2015 después de una gran controversia por no permitir la entrada a personas transexuales. Los espacios exclusivos para mujeres lesbianas se popularizaron en Estados Unidos en los años 70, 80 y 90 —festivales, conciertos, librerías y otras actividades culturales—, pero en la actualidad casi han desaparecido. La historiadora feminista Bonnie Morris los rememora en el libro ‘The Disappearing L’.1, en el que reivindica la necesidad de recuperar esta parte de la memoria LGTBI. Durante su reciente estancia en una residencia para artistas en Gales, la exprofesora en la Universidad de Georgetown ha hablado con Pikara sobre la necesidad de rendir homenaje a las mujeres que impulsaron los espacios para lesbianas, pero también sobre la forma en que, a su parecer, la cultura queer invisibiliza la tradición lésbica y cómo el capitalismo ha asimilado parte de la lucha de esta comunidad.

¿Cómo eran los espacios culturales creados por activistas lesbianas en las décadas de los 70, los 80 y los 90 que reivindicas en tu libro?

En la década de 1970 [en Estados Unidos] las mujeres lesbianas no veían sus artículos publicados en la prensa masiva ni podían escuchar música que hablase sobre sus vidas en las radios convencionales. Por ese motivo, parte de la actividad del movimiento consistía en enseñar a otras mujeres a hacerlo ellas mismas: montar una editorial o una discográfica, imprimir, tocar la batería o el bajo, crear espacios seguros sólo para mujeres en los que pudieran hablar sobre sus vidas… Todo lo relativo a las mujeres había sido negado, así que aparte de crear una nueva cultura, lo que también se hizo fue descubrir quiénes eran las artistas perdidas del pasado. Asimismo, se trabajó mucho en medicina y en salud, para no tomar como cierta únicamente la palabra del hombre médico y aprender a cuestionar a la autoridad: examinarse las mamas, saber lo que era normal en su cuerpo o tocar su vagina. Fue apabullante. En casi cada evento feminista las mujeres aprendían unas de otras sobre artistas, revistas, clínicas, conciertos, etc.

¿Cuándo entraste en contacto con estos espacios?

Cuando salí del armario en 1980 pude acceder a una gran variedad de espacios para lesbianas en Washington DC. Había una atmósfera muy activa formada por mujeres con una variedad de intereses muy amplia. Para conocer a alguien no tenías que ir a un bar y beber, podías ir a un auditorio a escuchar música clásica, aunque eso llevaba asociado un cierto privilegio de clase con el que tuve que lidiar más tarde. Aun así, esta atmósfera era poco conocida fuera de los círculos lésbicos y feministas.

«EN LOS 90 EXISTÍA UNA GRAN ATMÓSFERA FEMINISTA Y LÉSBICA DE CONCIERTOS Y DEMÁS, PERO AÚN TE PODÍAN DESPEDIR POR HOMOSEXUAL»
Cuando quise convertirme en profesora de Historia de la Mujer, sólo había dos lugares en Estados Unidos donde doctorarme en esa materia. Además, cuando decidí que mi tema como historiadora serían precisamente los festivales de música para lesbianas, en el mundo universitario no se lo tomaron muy en serio. Yo ya estaba fuera del armario desde hacía mucho tiempo, pero tuve que salir otra vez como intelectual lesbiana.

En los 90 existía una gran atmósfera feminista y lésbica de conciertos, artistas y demás, pero aún te podían despedir del trabajo si admitías tu homosexualidad abiertamente. Había un montón de espacios confortables donde las mujeres lesbianas podían ir a recargar las pilas y dejar de lidiar con la homofobia ambiental, porque no encontrabas personas homosexuales en televisión ni en política. Había muchas mentiras alrededor del sida y de otras enfermedades. Pero los espacios donde se podía escuchar música o leer libros lésbicos empezaron a desaparecer. Incluso la gente como yo, que procedía de un ambiente muy abierto, sólo pudo sentirse bien siendo una pensadora lesbiana durante unos cinco años.

¿Por qué desaparecieron?

«INTERNET SUSTITUYÓ A LOS FESTIVALES PARA MUJERES COMO PUNTO DE ENCUENTRO ENTRE LESBIANAS»

Una de las causas principales es internet. Al final de la década de 1990, las grandes cadenas de librerías empezaron a tener una sección de temática homosexual, así que muchas librerías especializadas sobre mujeres cerraron. Y pronto las cadenas cerraron también: la gente utilizaba Kindle y se bajaba los libros de internet. Ellen DeGeneres y otras personalidades famosas reconocieron su homosexualidad públicamente y las jóvenes lesbianas empezaron a luchar para conseguir grupos de apoyo en las escuelas. Ya no era necesario esperar a ser adulta para salir del armario, podías conseguir toda información que quisieras desde tu ordenador y ya no tenías que ir a una librería o a un festival especializado para conocer a gente como tú. Internet sustituyó a los festivales para mujeres como punto de encuentro, especialmente entre las personas que vivían en sitios aislados.

Pero hay otro motivo: empezó a haber un auténtica reacción contraria a las lesbianas. Mi libro es una especie de advertencia. Es cierto que cada generación mira a la anterior y piensa: “Oh, Dios mío, yo no quiero ser como mis padres”, pero cuando yo salí del armario estaba muy entusiasmada con cualquier cosa que otras mujeres hubieran creado antes de mí. Esto ahora no pasa. Muchas de mis estudiantes están mucho más interesadas en los derechos de las personas transexuales y ven a las lesbianas como el enemigo de estos derechos. En los años 1995, 1996 y 1997 mucha gente empezó a boicotear el Michigan Womyn’s Music Festival porque las personas trans no eran bienvenidas.

¿Por qué el festival no admitía a mujeres transexuales?

«SI TE GANAS LA REPUTACIÓN DE FEMINISTA SEPARATISTA, TE BOICOTEAN ONLINE Y EN ACTOS PÚBLICOS»

En el festival había mujeres que habían sido víctimas de agresiones sexuales. Es interesante tener espacios mixtos, pero también de todos los tipos: que los hombres gays tengan los suyos, que existan grupos de apoyo para transexuales (niños, mujeres, hombres) y que haya sitios donde las lesbianas podamos ir y estar sólo con lesbianas. En Michigan muchas mujeres lesbianas que no eran bienvenidas en otros sitios -por ejemplo, con estética butch o dyke- se sentían como en casa. No tiene que ser así todo el tiempo y en todos lados, pero tampoco se trata de que nunca jamás pueda existir un espacio donde mujeres lesbianas se encuentren con otras. Las personas transexuales sí cuentan con espacios propios en los que poder compartir lo que supone crecer siendo transexual.

Mucha gente argumentó que si en Michigan no se reconocía a las personas que se identifican como mujeres, una cárcel o en un hospital o cualquier otra institución podía decir a una persona transexual: “Yo tampoco te veo como a una mujer”. Emergieron muchas discusiones en internet. Hubo amenazas contra las mujeres que iban a estos festivales y boicots contra cualquier artista o poeta que alguna vez hubiera actuado allí. Ahora, cualquier persona que formó parte de aquel evento es considerada una criminal de delitos de odio. Así de rápido ha cambiado. A las lesbianas no se les permite tener espacio, identidad, eventos o arte propios. De nuevo, dentro de las reivindicaciones LGTBI, la “L” es ilegal, impopular, avergonzada, está otra vez dentro del armario. No creo que esto sea progresista. Creo que la izquierda está equivocada en esto.

¿Dirías que actualmente los espacios de lesbianas están perseguidos?

Sí. Si te ganas la reputación de ser una feminista separatista, si alguna vez has ido a algún evento sólo para mujeres, se organizan online para boicotearte y pedir que te impidan participar en actos públicos. Otra cosa que ha cambiado es que la atención se centra en el género y no en la orientación sexual. La gente se cuestiona por qué deberías identificarte con una orientación sexual o con otra y niegan que esta exista, se considera que todo es fluido y que si estás interesada en cultura de mujeres estás muy pasada de moda. ¿Pasadas de moda? ¡Con lo radicales que éramos! Hemos pasado de moda en 10 minutos. Con los hombres gays no ha sucedido lo mismo. Hay un doble rasero.

¿Ocurre lo mismo en el ámbito académico?

Costó mucho que los Estudios de la Mujer se enseñaran en la universidad. Y rápidamente se convirtieron en Estudios de Género, donde la cultura lésbica es prácticamente inexistente. Durante los últimos cinco años he impartido la única clase en Washington DC sobre historia y cultura lésbicas. Fue eliminada este pasado mes de mayo por recortes de presupuesto, o eso dicen.

Creo que hay que preservar las fabulosas contribuciones de las mujeres que han amado a otras mujeres: cómo sobrevivieron, qué las alimentaba… En enero expuse en la Biblioteca del Congreso durante diez semanas parte de la documentación que conservo de los espacios de lesbianas de los 70, los 80 y los 90. ¡Puse la palabra “lesbiana” en un museo federal! La exposición comenzó el primer fin de semana después de la elección de Trump: ¡la gente venía a Washington a celebrar su victoria y tenía que ver esto dentro de un museo! He hecho todo lo que he podido para hacer de la historia lésbica una categoría seria, pero no soy la única: antes que yo ha habido gente que me ha inspirado y que sigue trabajando en ello.

¿A qué atribuyes esta controversia?

Muchas mujeres trans demuestran su feminidad siendo hiperfemeninas: reforzando la idea de que el objetivo es ser una mujer bonita con mucho maquillaje y tacones altos, cosa que por ejemplo las lesbianas “marimachos” [en inglés, dykes] rechazan. Esto hace que a veces la gente vea con mejores ojos a una mujer transexual que a una [mujer cis] lesbiana, porque las primeras responden más a la idea generalizada de lo que una mujer guapa debe ser. También hay algunas mujeres trans más “folkies”, pero la industria de la transición a menudo fomenta el “parecer una chica” y vestir con cosas “realmente muy de chicas”. Todo el mundo debería poder escoger lo que quisiera, pero este énfasis en el glamour deja fuera a las lesbianas con barba, a las que parecen chicos pero nunca hicieron la conversión, a mujeres “butch” muy guapas que rechazan el binarismo femenino pero no quieren tener órganos masculinos, etc. El relato es: o eres privilegiado o eres trans. Pero la mayoría de lesbianas no son privilegiadas tampoco. Y han sido invisibilizadas en el debate queer.

Autorretrato de Bonnie Morris

Autorretrato de Bonnie Morris

¿Crees que el hecho de vivir en una sociedad postindustrial ha contribuido a desdibujar los límites entre el sexo, el género y la orientación sexual?

Cuanta más gente reconoce abiertamente cómo se siente, más cuenta nos damos de la cantidad de opciones que nos quedan por conocer. La pregunta es: ¿tienes que someterte a cirugía y medicarte? En el pasado, algunas de esas personas se habrían definido como homosexuales, no habrían hecho la transición. Hoy en día ya no está bien visto ser una marimacho [butch girl] o un hombre afeminado [sissy boy], tienes que convertirte en hombre o en mujer, y esto dibuja una situación tan binaria como la que había antes.

Ahora es el momento de introducir la historia del activismo LGTBI en los libros de texto y observo que se reduce a lo siguiente: al principio, los homosexuales no tenía ningún derecho; luego, Stonewall; y ahora, el queer. Lo que yo he documentado nunca estará en esos libros, nadie quiere rendir homenaje a lo que conseguimos las lesbianas. Negar lo que pasó es deshonesto y poco riguroso. El festival de Michigan celebró 40 ediciones y el National Women’s Music Festival, que siempre ha aceptado a transexuales, 42. ¿Porque nadie está escribiendo sobre ellos?

¿Crees que la discriminación por edad contribuye a esta invisibilización?

La menopausia nos invisibiliza. Se aplaude lo que hacen las mujeres jóvenes y lo que hacen las mujeres mayores, pero las que ahora tenemos 55 no le importamos a nadie. Eso me hace pensar que dentro de 20 años vendrán a entrevistarme y, entonces sí, me preguntarán cómo eran esos festivales.

Hubo mujeres que sacrificaron su vida por los derechos de las personas gays y nunca tuvieron un trabajo de verdad ni una atención sanitaria adecuada. Ahora son mayores y se las tacha de opresoras porque no aceptaron a las mujeres transexuales en las juntas de sus organizaciones. Ellas no hablaban de género, hablaban de lo que conocían: de la vida de las lesbianas. Ahora la única opción que se les da para volver a participar en el debate público es reconocer que todo lo que hicieron estuvo mal. No es justo.

En más de una ocasión has hablado sobre el rechazo de las nuevas generaciones de feministas hacia vuestras reivindicaciones.

Cada generación rechaza lo que hizo la anterior y todo es demasiado reciente como para se considere valioso, pero es urgente: esas mujeres están envejeciendo. Ya discutiremos al respecto, pero hay que entrevistarlas ya, mientras estén vivas.

¿Está la comunidad LGTBI perdiendo su memoria?

Es la primera vez que oigo a alguien formularlo de esa forma. Es exactamente lo que está pasando. Parece que no sea deliberado, pero lo es: si no las incluyen, quedan fuera. Es una de mis preocupaciones como profesora de historia. Es espeluznante perder tus mejores recuerdos. ¿Qué harías si te dijeran que tienes que olvidar la mejor parte de tu vida? Es como volver a la era de McCarthy.

La sociedad y los medios de comunicación parecen haber aceptado ciertos modelos de homosexualidad. ¿Crees que el capitalismo ha asimilado la lucha de la comunidad LGTBI?

En los años 70, las mujeres querían acabar con la iglesia, con el gobierno, con el ejército. Y en poco tiempo, las reivindicaciones cambiaron: se pedía que las mujeres pudieran ser sacerdotisas, madres o soldados. Uno de los mayores cambios fue el hecho de que pudieran tener niños sin miedo a que les retiraran la custodia por ser lesbianas. Algunas de ellas alcanzaron una vida más estable y sus prioridades cambiaron. Tenían que pensar en sus hijos y causar una buena impresión en el barrio y en la escuela. La aceptación de las familias formadas por lesbianas cambió los objetivos de la comunidad LGTBI.

La cultura gay en general también ha vivido esa transición: antes era un ambiente en el que la sexualidad adulta estaba muy presente, no eran espacios para todos los públicos. Pero cambiaron. Era controvertidos. Ahora predomina la idea de que todo el mundo tiene que poder ir a todos los sitios. Es importante crear espacios para todas las mujeres, pero con círculos específicos para mujeres negras o que han perdido a sus madres, por ejemplo. Para mí, los festivales eran un grupo de apoyo de lesbianas para lesbianas, pero no quería decir que no interactuáramos con otras comunidades en otros espacios.

Nota de las editoras: Para una lectura crítica de esta entrevista, recomendamos leer también el reportaje de Florencia Goldsman y el artículo de Beatriz Gimeno sobre la exclusión de las trans en espacios feministas, así como conocer a trans lesbianas como Laura Bugalho, Zuriñe Baztan o Alicia Ramos.

1 Morris, B. (2016). The Disappearing L. Erasure of Lesbian Spaces and Culture. Albany: State University of New York Press.

“Nadie quiere rendir homenaje a lo que conseguimos las lesbianas”
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Matilde Gordero

Cullera, València, 1984. Periodista y escritora. A parte de Pikara Magazine, colabora con Diari La Veu i Media.Cat. También trabaja como consultora de comunicación en el ámbito de la salud, mayoritariamente en las áreas de relaciones con la prensa y la redacción, corrección y edición de textos. Le interesan especialmente los temas relacionados con el uso del lenguaje y la discriminación. Portfolio: https://muckrack.com/matilde-gordero-moreno

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