Vernon Subutex: Virginie Despentes pasa a la acción Participa

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Lola Schutz

“Habrá problemas con el dinero, problemas con los egos, problemas con la manipulación, problemas con las traiciones… Habrá de todo lo necesario para provocar disputas y decepciones. Pero por el momento, se dedican a preparar la tercera ceremonia. No tienen nada que celebrar.”

Portada del nuevo libro de la autora. Es una ilustración del rostro de una mujer con el maquillaje corrido

No, no se trata de un artículo de opinión acerca de un hipotético Vistalegre 3, sino de un fragmento de la novela más reciente de Virginie Despentes. La autora de La Teoría King Kong regresa a la ficción como la dinamitera que es: lo que allí expresaba en clave de ensayo encuentra su encarnación en el mundo diverso, abigarrado y marginal de Vernon Subutex. Además, el suyo es un realismo 5.0: una polifonía omnisciente, cotidiana, sensorial y emotiva, donde la web, la gran telaraña, y las redes sociales están presentes, además de muy bien representadas.

Balzac daba comienzo a La Chica de los Ojos de Oro, un relato de amores prohibidos y truculentos, con una descripción de Las fisionomías parisinas que le sirve para trazar un gran mural de las miserias de todos y cada uno de los estratos que conformaban “la ciudad de la luz”. Al torrente elocutivo de Balzac, un tanto desmedido para las lectoras[1] de hoy, cabe comparar el realismo y los potentes retratos que sostienen la narración de Virginie Despentes. Vernon Subutex es una novela dura –dura a lo Balzac, por sus largas digresiones, pero también por las instantáneas de una sociedad en descomposición. Y es que el individualismo no nos sienta tan bien.

Para el hashtag quiénesVernonSubutex? se podrían aventurar múltiples respuestas: el protagonista, un antiguo disquero desahuciado, tiene nombre de colchón, de suavizante, de alienígena. Vernon recuerda, por qué no, a la propia Virginie. Hay nombres que remiten a la idea de limpieza en este libro: Alex Bleach, una referencia constante, sería el principal, porque existe podredumbre y violencia entre los círculos de amistades de Vernon Subutex, como veremos durante la trayectoria errática del protagonista, antes de que acabe escuchando la música de las esferas.

La música, el rock principalmente, ocupa un lugar protagónico en la novela, prestándose tanto para recrear épocas y ambientes como para describir el perfil de los personajes, empezando por el propio Vernon, una especie DJ gurú, capaz de poner a todo el mundo en trance en la pista de baile. Los Kills, White Stripes, The Strokes, Tricky, Janes Joplin, AC/DC, The Clash, Marvin Gaye, Temptations, Stiff Little Fingers, Redskins, Bad Brains, The Dogs, Led Zeppelin, Jane’s Addiction, Pixies, The Stooges, Bertrand Burgalat, David Bowie o Boosty Collins son sólo unas cuantas boyas en este océano sonoro.

Despentes vertebra un capítulo fundamental, el del discurso grabado por Alex Bleach, en torno a la música y a la industria musical: un testamento generacional que arranca con este “Acuérdate, Vernon, nos iniciábamos en el rock como quien entra en una catedral…” en el que un Bleach bien puesto a base de güisqui y cocaína[2] se extiende a lo largo de 25 páginas de desmesura despentiana de la buena.

[1] Sí, permitidme emplear lectoras, en femenino plural, por economía del lenguaje y no en el sentido despectivo de “lector hembra” usado por Julio Cortázar. Dado que somos una gran mayoría las que leemos (lo demuestran todas las estadísticas), por lectoras entiéndase entonces “público entendido actual”, englobando a ambos sexos.

[2] El personaje de Marcia, en uno de los muchos momentos brillantes de la narración, mientras ella misma se pone una raya, discurre así: “Con cada raya que te metes, tienes que pensar que estás esnifándote el narcotráfico, el capitalismo más gore que puedas imaginar, el trabajo de los campesinos que hay que mantener hundidos en la miseria no vaya a ser que se les ocurra subir los precios, los cárteles y la policía, los ejércitos privados, las exacciones de los kaibiles y la prostitución que todo eso genera… Los tíos que cortan cabezas con una motosierra… Es el dinero de la cocaína quien ha salvado a la banca, todo el sistema sirve solo para blanquear ese dinero. ¿Sabes dónde se inventó esta droga? En Austria. No me digas que no sabes a dónde quiero llegar. Es la única droga que no tiene espiritualidad ninguna. Junto con su prima, el crack. Incluso el MDMA te acerca a Dios. La coca te engancha y nada más, se contenta solo con hacerte más gilipollas de lo que ya eras antes.”

Vernon Subutex: Virginie Despentes pasa a la acción
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