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Por qué elegí a un hombre que no se auto-define feminista Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

María García Prieto

Una mujer cruza sus trenzas en la barbilla a modo de barba y tiene un aire pensativo

Me toca, por varios roles de mi vida y por el principal que para mí siempre será ser mujer (mujer blanca, occidental, heterosexual y de clase media), repensar sobre todos los estereotipos y prejuicios de género ajenos y propios (Sí, los propios también, y con más razón). Me ha tocado desaprender desde el amor romántico hasta el ideario moderno de maternidad, pasando por todas aquellas cuestiones que el feminismo reclama tradicionalmente desde hace siglos y que estamos a años luz de conseguir.

Te confieso, aunque tú ya lo sabes, que antes de ti yo ya había renunciado a la idea de una vida en pareja. Me daba mucha pereza existencial (¿eso existe?) implicarme de nuevo a nivel emocional con los hombres en general y con los hombres que se auto-proclaman feministas en particular.

-¡Pero niña! ¿Tú no querías que nosotras compartiésemos vuestra lucha?

Sí pero… me importa un pijo que hables en femenino si lo haces mientras “matizas” las palabras de una compañera para decir lo mismo pero dejando bien claro que en cualquier espacio la última palabra es la tuya. Tampoco sirve tu apoyo si para ti significa dar lecciones de feminismo de libro a quienes sufren esas opresiones que tú solo has leído. Os he escuchado y leído, a todos vosotros quejaros tantas veces de los espacios no mixtos y llamarnos feminazis por atender a nuestra necesidad de tener espacios propios donde organizarnos, empoderarnos, apoyarnos y querernos sin vuestra supervisión paternalista. Os he visto, todas os hemos visto, en primera fila en las manifestaciones del ocho de marzo mientras vuestras compañeras, madres, amigas, hermanas, no han podido acudir porque tienen que cuidar a lxs que también son vuestrxs hijxs, padres, madres, abuelxs, etc. ¡Joder! Os he visto tantas veces tratándonos mal de puertas para adentro y ondeando la bandera de la igualdad de puertas para fuera; dejar solas, tremendamente solas a vuestras amigas del alma cuando han sido mamás y ya no pueden compartir su tiempo de ocio con vosotros en un bar sino en un parque…Y sí, también os he escuchado demasiadas veces decirle a una mujer que cuestionaba vuestros privilegios que lo que le hace falta es una buena polla. Ya no os cuento todas las veces que os he visto molestando y acosando a una mujer, usando vuestro discurso “feministo” para meternos mano o no respetarnos cuando hemos bebido de más y no hay una amiga mujer cerca. Todo esto a todos vosotros, hombres de mi alrededor que os llamáis feministas. A ninguna nos sirve de nada que vuestro lenguaje sea inclusivo ni que os defináis como feministas porque somos capaces de ver que vuestros actos siguen siendo asquerosos y vuestros privilegios siguen estando intactos.

Antes de que llegases, me prometí a mí misma que el día que me implicase en una relación a nivel sentimental, al nivel más de amor romántico que me permite mi grado actual de deconstrucción, sería un hombre con quien la palabra crianza adquiriese todas sus dimensiones, o todas las mías ¿por qué no decirlo? Así que prácticamente asumí que no criaría con un hombre sino que como tantas mujeres, tendríamos que alimentarnos emocional, afectiva y logísticamente de la tribu. De la familia de sangre, de la familia elegida.

Y de entre los hombres que pasaban por mi vida para cubrir necesidades solo físicas llegaste tú para cubrir también las afectivas. Casi sin darme cuenta me sorprendí hablando en clave de futuro de temas para mí cuasi sagrados y que solo trato en consejos de sabias. Como para mí casi todos los temas son susceptibles de análisis en clave de género el feminismo no tardó en salir y hablamos (vale, hablé) de mis activismos personales y de todos aquellos que he tenido la oportunidad de compartir con mujeres, muchas mujeres bellas y empoderadoras. Y tu cara era un poema que parecía no entender algunas cosas (vale, muchas cosas). No me dejaste que te analizase ni un poquito. Escuchaste y callaste, y a esto nosotras no estamos acostumbradas porque siempre hay una frase que dice algo así como “entiendo lo que me dices pero…” Aún así seguimos viéndonos sin que yo supiese muy bien por qué tú sí y otros tantos no y fue de nuevo mi perspectiva de género la que me dio la respuesta al ver que tú, que jamás te has llamado feminista, eres el hombre más feminista que conozco.

-Tú eres esa persona que durante tantos años se ocupó, siempre, de los cuidados de su yayo. Lección uno: Para ti los cuidados no son cosa de mujeres.

-Eres esa persona que está al lado de sus amigas mujeres, y sé que no entiendes y que te preocupan muchas cosas de las que hacen o muchas de las decisiones que toman pero jamás te he escuchado aún juzgar a ninguna de ellas, mientras veo con pena como a muchas de nosotras nos cuesta hacer aún un ejercicio tan básico de empatía. Lección dos: Yo a tu lado suspendo en sororidad, aunque sé que no es correcto aplicarte ese término a ti.

-Eres esa persona que besa y abraza a sus amigos y familiares, a ellas y también a ellos. Lección tres: tu masculinidad no se mide por la fuerza con que golpeas a otros machos, si alguien cree que se mide así me encanta que hagas saber que te importa una mierda su construcción social de masculinidad.

-Eres esa persona que teniendo un trabajo fijo se mudó a unos cuantos km y a unas cuantas curvas renunciando a la comodidad de una posición X para compartir conmigo ¡conmigo! trabajadora temporal que empujada por un sueño prefiere alternar jornales en el campo con periodos de hostelería antes que buscar un “buen trabajo de lo suyo” porque es una loca sin domesticar que en la ciudad se marchita. Lección cuatro: Tu trabajo y tu posición socioeconómica (mejores que la mía) no tienen que condicionar mis deseos. No he tenido que hacer renuncias, ni tan siquiera concesiones.

-Eres esa persona que llegó a casa pensando, como tantos hombres que la ropa la lavaban duendecillos mientras dormías y que desde el día uno pone lavadoras, friega, hace baños y recoge caca de gato del arenero. Lección cinco: Soy hombre y no “colaboro” sino que hago. Y, esto es un clásico, no hago mal las tareas para que al final desistas de intentarlo y acabes haciéndolo tú.

-Eres esa persona que un día me dijo lo más bonito que me han dicho nunca aquel día que en el coche me dijiste “He preguntado en el trabajo y puedo pedir una excedencia de dos años sin perder mi puesto”. Ahora estás pensando que eso no es lo más bonito que me has dicho pero sí lo es porque ese día supe que aquel día que yo, y solo yo, hablé de feminismo tú lo entendiste todo y por eso no había ninguna frase con “pero”. La lección más importante es que entendiste la crianza en todas mis dimensiones y ahora son las nuestras. Ahora sé que cuando lleguen lxs niñxs tendrán siempre a unx de lxs dos para acompañarles en sus procesos hasta que estén preparadxs y que cuando yo necesite volver a la esfera de lo público (aunque sea dentro de la precariedad más absoluta) tú estarás para recoger el testigo de la esfera de lo privado y ¡joder! Desde mi situación y mi forma de entender todo esto no se me ocurre nada más feminista que eso.

Y criaremos en tribu como para mí no puede ser de otra forma pero desde luego contigo aquí será una tribu aún más fuerte de lo que imaginaba.

GRACIAS. Por hacerme confiar de nuevo, porque existen hombres feministas aunque nunca se hayan llamado así a sí mismos. Ahora entiendo que no tienen importancia tantas cosas a las que antes daba valor, no importa que no sepas lo que es el feminismo de la diferencia o que jamás hayas leído a Simone de Beauvoir, incluso que a ti eso de feminismo provinciano interseccional te suene a diálogo de amanece que no es poco. Ahora no me pierdo en discursos vacíos y sé que lo importante es que te demuestren con actos que te quieren libre, que te quieren feliz y que te cuidan para que no dejes de ser fuerte y no porque te crean débil.

Ahora vamos a seguir deconstruyendo para construir, seguro que nunca llegaremos a terminar pero mientras dure, estaremos en el camino.

PD: Dicen que existen excepciones de todas las reglas. Jairo, Luquicas, sin duda en este tema vosotros sois las mías <3

Por qué elegí a un hombre que no se auto-define feminista
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