Ivanka Trump y Kellyanne Conway: cómo parasitar un discurso de género Participa

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Diana Eguía Armenteros

Kellyanne Conway aparece vestida de rosa con la entrevistadora Mercedes Schlapp

Kellyanne Conway y Mercedes Schlapp en una entrevista./Foto de Gage Skidmore a través de Foter.com / CC BY-SA

Ivanka Trump y Kellyanne Conway son dos mujeres exitosas, con estudios de alto nivel, influyentes e importantes en sus respectivos campos, pero desde luego no pueden postularse a sí mismas como adalides del feminismo, sí como defensoras de su clase social. No son las únicas que confunden estas luchas, en este caso, antagónicas. Recurrentemente, vemos personalidades del conservadurismo político (María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría, Isabel San Sebastián, etc.) ser defendidas y explicadas como ejemplos para otras mujeres, cuando lo que en realidad están postulando es una defensa de los privilegios de su clase social.

Ivanka Trump estudió en la prestigiosa “Ivy Legue”, es diseñadora de joyas y ropa, ha sido modelo, presentadora de televisión y, ahora, le ocurre ser la hija del presidente de los Estados Unidos. Kellyanne Conway tiene un perfil más interesante. Exitosa en los estudios desde joven, de familia modesta, se ha dedicado a las encuestas de opinión hasta convertirse en cargo de confianza del nuevo presidente de los Estados Unidos. Su fama como tertuliana de los medios de comunicación la precede, pero su mayor éxito es haber sido la primera mujer en dirigir una campaña electoral ganadora: la de Donald J. Trump. Aunque Kellyanne Conway no sea demasiado conocida en España, se ha convertido en una de las personalidades más influyentes de la nueva administración a nivel mediático, por lo que parece lógico pensar que otras políticas y tertulianas de similar ideología la están siguiendo de cerca. Conway es especialista es detectar y crear tendencias, por eso, es probable que su argumentario empiece a calar y a ser reproducido por todas esas mujeres que, desde su posición económica privilegiada, pretenden añadirse méritos de género.

Estas dos mujeres, I. Trump y K. Conway, fueron notica la semana pasada cuando la exclusiva línea de moda de Ivanka Trump para la cadena Nordstrom fue suspendida. La empresa ha puesto final al contrato, seguramente debido a la presión por redes. Por resumir la contienda, el contribuyente americano se escandaliza de las cifras de dinero público que no tiene más remedio que invertir en la seguridad de una familia extensa que necesita moverse para mantener sus negocios y estilo de vida. Por ejemplo, el viaje de negocios de Eric Trump a Uruguay ha costado más de 97,830 dólares de dinero público, la decisión de Melania Trump de seguir viviendo en la Trump Tower de Manhattan ha incrementado el presupuesto asignado a la primera dama doblando el de cultura. Estos datos hacen que la resistencia contra el fascismo del padre se extienda al resto de miembros de su familia. Sea por lo que fuere, Nordstrom le dio la patada a Ivanka para enfado de su padre, quien tuiteó contra la marca de ropa y se retuiteó a sí mismo desde su cuenta oficial de presidente. Sin embargo, por una vez no fue el tuit de Trump lo más inapropiado de este capítulo, sino la aparición televisiva de Kellyanne Conway en Fox en defensa de la hija mayor de la familia. La asesora y tertuliana rompió todos los principios éticos del gobierno federal declarando en directo: “Comprad los productos de Ivanka. Es una línea maravillosa. Yo tengo algunas cosas. Voy a hacer un anuncio gratis aquí. Comprad hoy, todo el mundo. Los podéis encontrar online” (las traducciones son mías).

Posteriormente, Conway fue amonestada desde la Casa Blanca por violar la imparcialidad del gobierno en asuntos comerciales y levantar, una vez más, la sospecha de los conflictos de interés que persiguen a todos los Trump. No obstante, nadie ha reparado en que su defensa de Ivanka comenzó por beatificarla como líder feminista: “ella ha sido una campeona del empoderamiento de las mujeres, de las mujeres en el espacio laboral”. Creo que merece la pena reflexionar sobre este comentario desapercibido, porque empieza a repetirse entre las mujeres de clase alta sin que nadie lo denuncie.

Desgraciadamente, nadie le ha aclarado a la asesora de Trump que Ivanka no empodera a ninguna mujer, sino que se sirve de los privilegios de su clase social, y lo que ella como tertuliana hace es decididamente lo mismo. Me gustaría ver a cualquiera de las dos defendiendo el acceso igualitario al mundo laboral de otras mujeres, las que no son de su raza ni de su posición. Me gustaría verlas defendiendo a los transexuales, a las mujeres migrantes, a las afroamericanas, a quienes realizan trabajos de cuidados, pero sé que eso no va a pasar, al menos por el momento. Por tanto, por favor, tengan la decencia de no situar a Ivanka Trump o Kellyann Conway como un modelo para otras mujeres, porque ellas solo pueden ser un modelo para aquellos que pertenecen a su círculo económico.

No digo que Ivanka Trump y Kellyanne Conway no sufran bajo el patriarcado. Claramente lo hacen como demuestran sus cuerpos, tan fuertemente adheridos a los cánones de belleza impuestos. Si I. Trump y K. Conway quieren unirse a la lucha de los feminismos, serán bienvenidas, es más, sería un giro muy interesante. Hasta entonces, por favor, no parasiten un pseudodiscurso mal defendido que, probablemente, conserven, escaso y mal (casi puedo imaginar las cabezas de Trump y Conway confundiendo nombres como Mary Wollstonecraft o Simone de Beuvoir, mezclando las imágenes de Virginia Wolf y Nicole Kidman…). No utilicen el pensamiento feminista para defender sus derechos de mujeres blancas de clase alta, para vender sus productos, para salir por televisión reforzando estereotipos de género, para ayudar a un presidente intolerante y a una familia billonaria.

Trump y Conway seguramente piensen que el feminismo es un producto de las mujeres blancas de clase alta de la ilustración y, aún más probable, este pensamiento las lleve a sentirse sus herederas, a endurecer la visión de sí mismas como superiores. Me encantaría que públicamente alguien les explicase que no pueden empoderar a ninguna mujer encarnando valores económicos y políticos de opresión, y que los feminismos son diversos. Desgraciadamente, son ellas las que tienen ahora el altavoz de los medios, y de manera muy fuerte, además. Por tanto, hay que estar atentas para que estas defensas de los privilegios de clase y raza no se nos cuelen tan fácilmente disfrazadas de “empoderamiento para las mujeres”.

Ivanka Trump y Kellyanne Conway: cómo parasitar un discurso de género
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