fbpx

Los trapos sucios también se limpian en asamblea Análisis, En red

Tania Martínez Portugal nos presenta su investigación sobre violencia sexista en colectivos de izquierda y recopila las fuentes de información y experiencias que ha encontrado. Sus objetivos: romper el tabú, que se deje de considerar también en ellos un “asunto privado” o que no existe, y colaborar en la búsqueda de aquellos resortes que contribuyan a una gestión empoderante.

Tania Martínez Portugal

Ilustración de Akesi Martínez para el TFG de Tania Martínez Portugal

Ilustración de Akesi Martínez para el TFG de Tania Martínez Portugal

Este septiembre se cumplieron tres años desde que comencé de forma –más o menos-continuada, a investigar sobre la violencia sexista en colectividades de izquierda. En el momento en el que decidí trabajar un aspecto tan complejo como la violencia sexista, no tenía ningún tipo de formación previa específica, ni en Estudios de Género, ni en feminismo, ni en el propio fenómeno de la violencia como tal. Partía de una experiencia personal -la de haber sido discriminada y maltratada por mi condición de mujer en el seno de un colectivo social- que me había marcado profundamente. Esta experiencia me hizo plantearme muchas cuestiones sobre las que hasta entonces, no había reflexionado. Me hizo buscar respuestas y formarme teórica y políticamente. Y una vez me sentí preparada para ello, compartí lo sucedido y comprobé que otras mujeres a mi alrededor habían vivido historias similares. Más aún, sentí que existía una necesidad compartida de hablar y ser escuchadas, de arrancar de nuestras entrañas aquel sentimiento de honesto enfado y utilizarlo como elemento dinamizador del cambio social.

Que deje de ser un tema tabú dentro de los colectivos, que cese la vergonzosa actitud que supone considerarlo también en ellos un “asunto privado” -o directamente, un “asunto” que no existe-, y colaborar en la búsqueda de aquellos resortes que contribuyan a una gestión empoderante, son algunos de los objetivos del trabajo de la investigación en curso.

En este sentido, una de las claves a subrayar es la necesidad de romper imaginarios en torno a las formas de expresión de la violencia y las mujeres que son objeto de la misma, su contexto, y los sujetos que la ejercen. Por ello, no viene mal recordar que la violencia sexista es un fenómeno estructural que cumple con una función instrumental: sostener y legitimar la opresión y supremacía que ejerce el hombre heterosexual. Da igual por lo tanto cuál sea el color político de la agrupación, o que el maltratador haya adoptado una identidad activista. La capacidad de ejercer violencia persiste y se reproduce en la misma medida sino existe la voluntad de trabajar(se), tanto a nivel individual como colectivo, el reconocimiento, la deconstrucción, y redistribución de las relaciones de poder que se generan dentro de cualquier espacio en el que nos socialicemos.

Tres años más tarde, esta investigación ha tomado forma de tesis doctoral y de un proyecto de investigación paralelo, habiéndose nutrido muy especialmente de aquellos trabajos que, frente a la preocupación por la multitud de agresiones dentro de nuestros espacios y la incongruencia de los discursos políticos, han ido surgiendo desde los colectivos sociales y feministas en los últimos tiempos: «Nosotras nos preguntamos por qué hay tantas agresiones dentro de los movimientos sociales y por qué tanta incapacidad para gestionarlas colectivamente. Nos preocupa el nivel de tolerancia que hay en los espacios políticos ante las agresiones y la naturalización/normalización de ciertas formas de violencia. Nos inquieta la incongruencia entre discurso y práctica y la falta absoluta de sensibilidad al respecto.» (Las Afines, 2007). En un texto más reciente, Antifeminismo y agresiones de género en entornos antiautoritarios y espacios liberados, la autora va más allá a la hora de hacer un análisis en torno a las causas: «Haciendo una radiografía de nuestros espacios nos encontramos con un antifeminismo ferviente no reconocido, una mezcla entre un feminismo de la «igualdad» incrustado y la creencia de que el gueto se salva de las actitudes de mierda que se reproducen fuera de él” (A., 2014).

Durante este tiempo, he tenido la oportunidad de reafirmar el interés que existe en torno a este tema – y también de comprobar la desconfianza por parte de algunos y algunas integrantes de los movimientos al sentirse interpeladxs- no solo por el hecho de que cada vez que explicaba el objeto central de mi tesis doctoral encontraba una respuesta similar al otro lado: “ah, qué tema tan interesante”; sino porque ante la necesidad de poner sobre la mesa un asunto indiscutiblemente político, cada vez son más y más las activistas y colectivos que, organizadas o no tanto, sienten la necesidad de buscar respuestas y actuar a través de diferentes fórmulas.

Un ejemplo reciente es el blog Hartas combativas, impulsado por diferentes colectivos feministas asturianos que trabajan las agresiones sexistas en los espacios de reivindicación y lucha social de izquierda. En su comunicado, hacen hincapié en el peso de los imaginarios tradicionales a la hora de identificar la violencia sexista en este tipo de escenarios:

“En general, en el momento que una persona decide hacer público que ha sido agredida, no reaccionamos colectivamente, no sabemos o no queremos reaccionar, se tiende a invisibilizar, a evitar…. Nos cuesta aceptar la agresión como tal, porque en nuestro imaginario, los agresores son psicópatas, enfermos que acechan en callejones oscuros o esperan agazapados en un portal”. Los perfiles de lo que Barbara Biglia y Conchi San Martín denominan como “maltratadores políticamente correctos”, son delineados en un libro que he manoseado hasta reducirlo a una masa de papel informe: Estado de Wonderbra: Entretejiendo narraciones feministas sobre las violencias de género (2007). La existencia de estos imaginarios y la necesidad de (re) significar las violencias son algunos de los hilos conductores de esta obra colectiva.

En este sentido, el control sobre el discurso de la violencia, su contexto social, qué características debe cumplir la mujer o persona que la percibe, o qué tipo de hombre la ejerce, es una expresión más de violencia en sí: pensemos solo en quién(es) son los que controlan, definen e instituyen dichos imaginarios, y por qué el movimiento feminista ha trabajado de forma incansable en la re-significación de tantos conceptos. Del mismo modo, no existe un tipo específico de maltratador, es solo que aquellos que nos encontramos en nuestras asambleas, manifestaciones, fiestas, incluso aquellos que se dicen feministas, mantienen un discurso político que no se corresponde con sus prácticas reales.

Sin olvidarme de trabajos de recopilación como el de Tijeras para todas (2008); videos de la artista polifacética y colaboradora de esta revista, Alicia Murillo; fanzines como Torres más altas hemos vistos caer –que yo he conocido gracias a las participantes del Foro de Pikara Magazine Micromachismos y actitudes sexistas en espacios supuestamente «revolucionarios»-, dentro del País Vasco hemos aportado nuestro granito de arena al debate. Un ejemplo es el trabajo en formato videoblog y charla de la activista feminista Irantzu Varela. En segundo lugar, y centrado en las relaciones de género en los gaztetxes, se encuentra el trabajo Pili Álvarez Molés, y sobre todo el que a partir de él ha venido realizando con diversos colectivos.

Cabe señalar también dentro de este ámbito, el trabajo de fin de máster en Estudios Feministas y de Género de la arriba firmante, y que precede a este artículo: La violencia sexista en colectividades sociales y políticas de izquierdas: casos y procesos de resiliencia de mujeres activistas. Por último -y no es sino por desconocimiento que no alcanzo a nombrar ninguno más en esta línea- mencionar los encuentros que junto con la complicidad de diversos espacios de militancia y autogestión hemos realizado las arriba mencionadas recientemente, con la intención de visibilizar el fenómeno de la violencia sexista en las colectivos y movimientos sociales de izquierda.

Compartir experiencias y producir saberes en colectivo

Este viaje no habría sido posible sin la participación, en primera instancia, de las activistas que de forma anónima deciden compartir su vivencia y aprendizaje. Entre las mujeres que han participado en la investigación hasta ahora, más allá de los motivos individuales, existen rasgos comunes con un componente político fundamental. En primer lugar, están politizadas, poseen conciencia feminista, y han llevado a cabo su propio proceso de aprendizaje y empoderamiento respecto a su vivencia violenta. Estas tres cuestiones contribuyen al hecho de que ellas mismas hayan identificado la necesidad de poner el tema sobre la mesa, en calidad de reivindicación política. En este sentido, la participación a través de su experiencia en un estudio que aborda esta temática desde una perspectiva crítica, supone una oportunidad para exponer lo vivido y lo aprendido en clave política, denunciarlo, y que sirva de ayuda a otras mujeres y colectivos en los que tales dinámicas se puedan dar.

Para continuar las investigaciones -que por cuestiones de índole práctica alcanza solamente el País Vasco y Cataluña- es necesario y enriquecedor contar con un mayor número de voces y narrativasi. Por ello, me gustaría que este artículo cumpliera una doble función: en primer lugar, el de reunir y visibilizar algunas de las principales fuentes de información y experiencias que he encontrado y que me han resultado útiles, en la creencia de que puedan ser útiles también a quien se interese por este tema. En segundo lugar, difundir la existencia del propio trabajo en curso, e invitar a participar a través de su propia narrativa a todas aquellas activistas que se vean reflejadas. Para ello puedes ponerte en contacto conmigo a través de: transformandoimaginarios@gmail.com.

iLas producciones narrativas es la técnica de investigación mediante la cual las activistas y la investigadora generan un texto (narrativa) en torno a la vivencia de violencia, que es puesto en diálogo de forma fragmentada con el resto del cuerpo del análisis, pudiendo constituir testimonio y/o teoría.

Si quieres debatir sobre este artículo, aportar más recursos o contar tu experiencia en un entorno libre de (machi)trolls, vente al Foro de Debate Feminista.

Los trapos sucios también se limpian en asamblea
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

Uso de cookies

Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies